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Cuba: coraje y valor

Cuba - Politica y Revolucion

50 años: sin dejar de pisar tierra firme

Aunque ya enero va entregándonos su cuota final de días, no quiero que termine sin compartir con ustedes dos textos que celebran el 50 Aniversario de nuestra Revolución.


El primero viene desde la Patria de Allende y de Neruda, y lo envía un camarada de luchas cibernéticas: uno de los primeros con los que compartimos la defensa de la Revolución en Listas de Correo electrónico, y que fuera activo colaborador del Boletín Librínsula, bastión de la Batalla de Ideas durante varios años: les hablo del felizmente reencontrado Profesor Carlos Poblete, del Movimiento de Solidaridad con Cuba de Rancagua, Chile.

El segundo es de un soldado de la palabra que desde nuestra Patria linda, sabe defender, sin apañar errores, la fuerza de nuestra cincuentenaria Revolución, y les hablo del periodista José Alejandro Rodríguez, en su trinchera del Diario Juventud Rebelde.

Disfrútenlos y sigamos dando Vivas a esta Revolucion "con todos y para el bien de todos"

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CUBA, 50 AÑOS DE REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Iniciamos el presente año 2009 quienes valoramos la Revolución Cubana, celebrando los 50 años de su existencia. En rigor histórico, su carácter socialista se declaró al poco tiempo de su triunfo, ocurrido en enero de 1959.

Dura ha sido la batalla por sus conquistas plenas de humanismo. No será fácil seguir su camino constructor de más socialismo y, más aún, alcanzar en el tiempo el gran objetivo del comunismo. Estamos ciertos que Cuba no se quedará sólo en el empeño.

La Isla del Apóstol, a su modo, con su proceso ha recreado la teoría de los egregios pensadores del socialismo científico. Su práctica diaria enriquece ese pensamiento teórico. Ha sido ése otro de sus desafíos permanentes. No ha existido otra revolución en el hemisferio occidental que hable en castellano.

En todo proceso histórico-social transformador hay que estimar siempre la idiosincrasia de cada pueblo. En la tierra de Martí también se ha marcado un hito en ese aspecto. Su hazaña es creación propia. Ciertamente ningún proceso es un círculo cerrado, recibe y proyecta influencias. Mucho de lo que ha sucedido en América Latina en este medio siglo, y de lo que ocurre, tiene relación con la experiencia de la isla caribeña. Los pueblos y sus líderes del continente han vivido alumbrados por los destellos de la Sierra Maestra.

La revolución isleña nos entregó al Che y su moral, y al conductor de pueblos que es Fidel. Ambos nos enseñan con sus palabras y sus actos que un mundo nuevo es posible, que se puede y se debe. Que la solidaridad humana aplicada es adversaria irreconciliable del egoísmo.
Son millones los seres humanos de diversas latitudes planetarias que han sufrido el desamparo que el capitalismo provoca, que han recibido de Cuba de forma directa el humanismo de su revolución.

Fue Fidel quien dijo en un Foro Mundial hace unos años : " Desaparezca el hambre y no el hombre ".

Conocidos, y reconocidas por entidades internacionales son las metas alcanzadas por la revolución en áreas tan sensibles como educación y salud. Esos logros hacen de la Isla una potencia mundial.

Cuando hace 20 años cayeron los procesos y los países que en Europa del Este construían una forma de socialismo, a Cuba algunos le daban el pésame y otros le contaban los días. Entonces, apareció Fidel para decir : "Solos, pero en la cima ". Aquellos no conocían ni saben del temple de ese pueblo, bloqueado criminalmente hasta hoy durante 48 años por la potencia imperialista. En esas mismas circunstancias en extremo díficiles para Cuba y el mundo, Fidel, una tarde, en un encuentro con él en el Palacio de la Revolución, nos dijo : "Tenemos que resistir, y también desarrollarnos ". Agregó : " Cuba no los defraudará ".

El proceso histórico-social en la patria de José Martí lo revolucionó todo, en lo material y en lo moral. Allá la palabra Patria es plena de sentido, porque hay decoro. Es una revolución social y cultural, pero por sobre todo es una revolución ética.

El nuevo cumpleaños de la revolución martiana y socialista es un buen motivo para el abrazo en el año que se inicia.

Carlos Poblete Avila, Profesor de Estado
Ex dirigente nacional / internacional docente.

Chile, enero 2 de 2009.


Publicado en http://www.elrancahuaso.cl/admin/render/noticia/17255

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La lealtad insurgente

Por José Alejandro Rodríguez

Es el compromiso no entendido como fanatismo ni tampoco cual conformista complacencia, sino como fidelidad participativa y crítica, en el mejor sentido de la palabra: enjuiciar lo que se ama con la misma intensidad con que se le besa; pensar en lo que acecha y se incuba, alertar de las turbulencias que no dejan ver la luz.

Es fidelidad, porque no supone que todo anda bien, ni se cree que los paradigmas y valores supremos se trasfunden por sí mismos en la realidad, por una especie de ósmosis ideológica. Lleva una sana insurgencia, que ignoran los acomodados —de bienes o de mente—, oportunistas, dogmáticos, simuladores, cínicos y tecnócratas descreídos. Los que tienen la otra casaca preparada por si las moscas.

Los fieles inconformes que respondieron al llamado de Raúl de debatir sin tabúes nuestros problemas, ahora aguardan —claro que sin milagros, pero sí con esperanza— que del inventario se deriven cambios para más socialismo, que quiere decir mejor. Socialismo sin estigmas, trabas, dogmas e ineficacias que nuestro sistema debe dejar atrás para cumplir ese compromiso de la plenitud en cuerpo y alma, que tiene con el ser humano.

Ante tanto desafío, no solo urge debatir y consultar, sino vigorizar el sistema y la institucionalidad con mayor participación del sujeto supremo: las masas. Control popular, participación colectiva en la administración y dirección de muchos frentes, descentralización de funciones, que en modo alguno significa abandonar las riendas desde arriba, sino complementarlas con la vigorización horizontal que desburocratice muchos procesos, especialmente la economía.

Claro que son retadores los asuntos, en medio de tantas presiones exteriores que nos bloquean no digo yo el sustento, hasta el pensar y el soñar. Pero no hay más alternativa que recomponer el país si queremos que la carcoma no nos mine y se nos vayan de la mano los problemas, en una etapa en que, inevitablemente, la generación histórica de la Revolución va desapareciendo. A fin de cuentas, aún tenemos el timón de la nave y podemos guiarla a puerto seguro.

En este empeño salvador, es inestimable lo que pueden contribuir las investigaciones y diagnósticos de las ciencias sociales cubanas, de una agudeza sorprendente, y no siempre tenidos en cuenta en las políticas ni en la toma de decisiones sobre asuntos vitales del país.

No es menos cierto que Cuba es un país sui géneris, con un síndrome de cerco y plaza sitiada que ha generado muchos vaivenes y vientos encontrados en sus políticas, para readaptarse constantemente. Pero afortunadamente, la vida nos dice cada vez más que el empirismo, el voluntarismo y la improvisación en las políticas, sin el sedimento de la cientificidad que descubra y prevea tendencias, escenarios y factibilidades, son serios obstáculos para el avance.

Esas profundas introspecciones en el diseño de nuestra sociedad, son elocuentes al revelarnos bajo el principio de la duda científica —que no política ni ideológica— por qué, por ejemplo, la propiedad estatal no precisamente implica la social y el sentido de pertenencia del sujeto. O por qué, a pesar de que busquemos el pleno empleo, no por ello todos van a incorporarse a él con arengas o presiones, si este no se revaloriza, al punto de seducir y compulsar al mismo tiempo.

También la ciencia nos demuestra que los recursos —esa salvación cuantitativa que ponderan muchos— no curan si no se resuelven los problemas funcionales y estructurales de raíz. O que un país pobre, por inteligente que sea, no puede sostener sus abarcadores y crecientes programas sociales si no alcanza elevados niveles de eficacia y eficiencia en nuestra economía, cimentados en crecimientos sostenibles de la productividad y nuevos valores creados.

Detenido en medio del largo y azaroso camino, mirando hacia atrás 50 años y oteando el horizonte por conquistar sin dejar de pisar tierra firme, uno siente la sensación de que, si bien el entusiasmo es decisivo como el primer día, no llegaremos a la victoria si no nos guiamos, cada vez más, por la brújula de la inteligencia y la racionalidad.

El mejor homenaje a la Revolución Cubana en sus 50 años, no son las retóricas cansinas ni las consignas repetitivas, abstraídas de los vía crucis y complejidades que vive el país. La lealtad necesaria hoy no es la cerril con orejeras, sino la que defiende nuestros principios esenciales en lidia con los males intestinos, ojos y oídos alertas ante las plagas —importadas o criollas— que nos atacan y pudieran devorarnos.

http://www.juventudrebelde.cip.cu/opinion/2009-01-18/la-lealtad-insurgente/

Las grandes victorias política-militares y diplomáticas de la Revolución Cubana. II Parte

Desde San José de Costa Rica hasta Playa Girón: Las grandes victorias política-militares y diplomáticas de la Revolución Cubana. II Parte

Por Orlando Cruz Capote

Eisenhower y Kennedy: Playa Girón, el gran fracaso estadounidense. (1)

En 1961 la Revolución Cubana iba a ser causa de grandes movilizaciones en su apoyo en el seno de las sociedades latinoamericanas y no solo en los sectores de los obreros, campesinos e intelectuales, sino en las bases campesinas, agrupaciones juveniles y estudiantiles e incluso entre algunos elementos nacionalistas de los ejércitos de América Latina y el Caribe. Esas fuerzas iban a mostrar su nivel de decisión en el primer cuatrimestre de ese año. Nunca antes la Revolución había estado tan acompañada en la esfera regional e internacional. Y aunque estos acontecimientos fueron tomados o aprovechados por los gobiernos de la región latinoamericana-caribeña para acusar a Cuba de “ayudar a los revoltosos”, la idea no prosperó porque EE.UU. quería ante todo “ocultar el entrenamiento de los mercenarios cubanos", principalmente en Guatemala y Nicaragua. No obstante, las autoridades de Washington enviaron dos portaviones y otras fuerzas militares de tarea (unidades aéreas y anfibias) para apoyar a los regímenes de estas dos naciones ante la posibilidad de rebelión en el interior de sus sociedades.

Mientras, la escalada contra la Revolución Cubana tomó, desde finales de 1960 y mediados de 1961, ribetes dramáticos no solo en el plano externo sino en la proliferación de numerosas bandas contrarrevolucionarias en el interior del país. En la propia medida en que la Revolución se fortalecía internamente y su proyección internacional se abría paso entre innumerables obstáculos, el Gobierno de los EE.UU. instruía a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sobre la necesidad de acelerar los planes subversivos y de desestabilización en la Isla. A esta actividad se sumaron algunos gobiernos de la zona, principalmente los centroamericanos.

Como ya hemos expresado, desde marzo de 1960 el presidente D. W. Eisenhower dio instrucciones para la organización y preparación de una fuerza mercenaria. La misma desde fines del primer semestre tuvio como bases de entrenamientos los campamentos en la Florida, en EE.UU., en la finca Helvetia, en el Departamento de Retalhuleu, en Guatemala y en Puerto Cabezas en Nicaragua. En la XV Asamblea General de la ONU, a la que hemos hecho referencia anteriormente, el canciller cubano acusó en varias ocasiones, con datos precisos, la participación del régimen guatemalteco en las acciones hostiles contra Cuba. Así el 7 de octubre, Roa en el plenario de las Naciones Unidas dijo que “[...] Es notorio el arribo constante a Guatemala, por distintas vías, de aventureros y mercenarios de toda laya contratados por agentes contrarrevolucionarios cubanos y norteamericanos, los cuales son inmediatamente concentrados en campos de entrenamiento militar. Uno de estos campos está situado en la finca Inca de la United Fruit Company, muy cercana a la frontera con Honduras [...] En la finca Helvetia, [...] adquirida recientemente por Roberto Alejo, hermano del embajador de Guatemala en los Estados Unidos [...] están recibiendo entrenamiento especial numerosos exiliados y aventureros de Puerto Rico, bajo el mando de militares norteamericanos. El número total de extranjeros asciende a 185, de los cuales 45 son norteamericanos. En la citada finca, se ha construido una pista de aterrizaje de concreto, con hangares subterráneos y se está construyendo una carretera hacia la costa del Pacífico. Se han instalado, además, aparatos de detención [...] En el aeropuerto de la Aurora se han visto aviones de bombardeo con insignias cubanas. Es rumor público que tienen la doble misión de servir para agredir a Cuba o para simular una agresión cubana contra Guatemala. Este plan fue denunciado, hace pocas semanas, en la propia Guatemala, por adversarios políticos del Gobierno”. (Réplica al delegado de Guatemala, 7 de octubre de 1960, XV Asamblea General de la ONU, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 164-165).

No pudo haber lugar a dudas. Los propios medios de prensa norteamericanos y de algunos países de América Latina y el Caribe brindaron abundante información sobre los preparativos de la invasión. El carácter abierto de la agresión formó parte del cinismo y la seguridad por parte de los EE.UU. y sus seguidores de que si se desarrollaba la misma, la Revolución Cubana iba a ser seguramente destruida.

En Cuba, por otra parte, desde el mes de septiembre de 1960 se desplegó la primera fase de la Limpia del Escambray. (2)

Esta operación en la zona central de la Isla, dirigida por el Comandante Manuel “Piti” Fajardo en un primer momento hasta su muerte en noviembre, y luego por el también Comandante Dermidio Escalona, dio lugar a enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior y las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) contra los bandidos al servicio de una potencia extranjera. En realidad, para estar a tono con la verdad histórica, el pueblo uniformado tuvo prácticamente que ir en busca de estos bandidos contrarrevolucionarios y cercarlos, pues los mismos evitaron a toda costa una confrontación frontal con las fuerzas esenciales de la Revolución, porque más bien se dedicaron a la espera de la anunciada invasión y, mientras tanto, llevaron a vías de hecho asesinatos de campesinos, brigadistas alfabetizadores, sabotajes, ataques a granjas y pequeños propietarios, además de practicar la presión, el chantaje y el soborno para buscarse una ínfima base social de apoyo para sus acciones. Dicha operación de limpieza culminó en su primera etapa, en marzo de 1961, en la que miles de combatientes de todas las provincias del país, principalmente de la capital, y colaboradores campesinos y trabajadores de esa región se incorporaron a la lucha para aplastar ese foco contrarrevolucionario. Cerca de 1 200 bandidos fueron liquidados y con ello se logró evitar cualquier posible apoyo interno a la futura invasión mercenaria. (En, Tomo V Historia de la Revolución Cubana, Op. Cit.)

La situación en las ciudades era también tensa aunque se mantenía el control por parte de las organizaciones revolucionarias. Sin embargo, las ideas anticomunistas y el comportamiento contrarrevolucionario pronorteamericano encontró en el sector retrógrado de la jerarquía católica a uno de sus más fieles aliados. La lucha de clases engendró una enconada lucha ideológica en el seno de la sociedad entre gran parte de esa dirección eclesiástica (católica, apostólica y romana) (3) y la mayoría del pueblo. Muy enconado fue el enfrentamiento en los centros estudiantiles y, especialmente, en la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva. Esa confrontación, evitada todo el tiempo por la dirección de la Revolución, se situó en uno de los primeros planos políticos en los años 1960 y 1961. A finales de 1960, aconteció el clímax del choque entre ambas posiciones que, aunque pareciera limitado al ámbito filosófico e ideopolítico, escondía intereses económicos, financieros y una pretendida, y auto-estimada además, “influencia social” perdida desde hacia algún tiempo por parte de la iglesia. Sobrestimando su fuerza en los sectores juveniles y estudiantiles, la jerarquía católica en su pastoral titulada “Roma o Moscú”, (María del Pilar Díaz Castañón Ideología y Revolución. Cuba, 1959-1962, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001, pp. 289-295), de noviembre de ese año, urgió a los fieles a elegir a favor de la Revolución o contra de ella. Y estos, naturalmente, no eligieron entre una Roma distante y un Moscú también lejano pero cercano en la solidaridad hacia la nación cubana, por lo que optaron con pasión y razón por una Revolución que había ofrecido ya a esas alturas, beneficios inconmensurables a todos los ciudadanos. Pero ese enfrentamiento interno y estimulado desde el exterior fue sobredimensionado en el ámbito regional y Cuba fue acusada en la OEA de violar los derechos humanos acerca de la libertad religiosa.


Sin embargo, el hecho más significativo desde el punto de vista internacional de principios de 1961, fue el rompimiento de relaciones diplomáticas y consulares del Gobierno de los Estados Unidos con el Gobierno Revolucionario de Cuba el 3 de enero. (The Department of State Bulletin, Vol. XLIV, No. 1126, Washington, D.C., enero 23 de 1961, pp. 103-104). La nota cubana que reducía el personal norteamericano a 11 diplomáticos -de cerca de 300 que realizaban labores de espionaje- en su embajada en La Habana fue el pretexto para tal acción. La medida fue en respuesta a una acción similar iniciada por EE.UU., (aunque Cuba nunca tuvo cientos de funcionarios en Washington) pero la verdadera causa del fin de las relaciones era que se aproximaba el momento de la acción armada contra la Revolución. Un diario norteamericano conocedor del proceder internacional de esa nación lo reflejó directamente: "De acuerdo con las tradiciones norteamericanas la ruptura de relaciones diplomáticas es un acontecimiento inusitado que se realiza como precursor de hostilidades". (Herald Tribune, 8 de enero de 1961, Miami, Florida, p. 2). Ni siquiera la prensa norteña estuvo en esta ocasión equivocada.

El 3 de febrero de ese año, el Departamento de Defensa de los EE.UU. recibía de la CIA la petición de que evaluara el Plan Trinidad. Ello era una indicación directa del recién elegido Presidente de ese país John F. Kennedy. Posteriormente, ante las diferentes opiniones existentes que analizaron los pro y los contra del plan, se realizaron reuniones en el seno del Departamento de Estado y otras dependencias del gobierno, consultándose a altos funcionarios acerca de la viabilidad de la posible acción armada mercenaria y las posibilidades del éxito. La variedad de documentos, consultados por este autor, permite detenernos en uno de ellos, en que dos dirigentes se contradicen y dicen algunas verdades inusitadas (objetivas, para una autoridad de ese nivel) junto a las consabidas medias mentiras.


Richard Bissell, uno de los directivos de la CIA, opinó que “[...] Por supuesto, Cuba nunca representará una amenaza directa para Estados Unidos y no es probable que Cuba intente también invadir abiertamente a otro país latinoamericano, ya que Estados Unidos podría entrar en el conflicto del lado del país invadido y lo haría casi con total posibilidad. De todas formas, en la medida en que Castro continúe estabilizando su régimen, obtenga armamento más avanzado y entrene más a sus milicias, Cuba constituirá una base eficaz y bien defendida para las operaciones soviéticas y la expansión de la influencia de ésta en el hemisferio occidental. A partir de Cuba se pueden suministrar armas, dinero y apoyo de organización y de otros tipos a los dirigentes y grupos disidentes de toda América Latina para crear inestabilidad política, incitar el comunismo, debilitar el prestigio de los Estados Unidos [...] la llegada de Castro ha ofrecido a los comunistas una base propicia para la propaganda y la agitación en el resto de América Latina y un ejemplo sumamente explotable de conquistas revolucionarias y de enfrentamiento exitoso a Estados Unidos”. En el mismo memorando, Thomas Mann, Secretario Auxiliar del Departamento de Estado, acotaba sin ambages que, ante la agresión, “[...] Habría que esperar que el régimen de Castro inste a los otros estados americanos [...] a que lo ayuden a rechazar el ataque y solicite al Consejo de seguridad [...] que adopte medidas [...] Sería por tanto en extremo difícil lidiar con las maniobras diplomáticas de Castro en este sentido [...] Y lo que es más importante, la mayoría de los pueblos de América Latina estarían en contra de la operación y cabría esperar que los comunistas y castristas organizaran y dirigieran manifestaciones destinadas a provocar el derrocamiento de nuestros gobiernos amigos. En el mejor de los casos, se perjudicaría nuestra postura moral en todo el hemisferio.” (Memorandum para el Presidente de McGeorge Bundy, 18 de febrero de 1961. Biblioteca Kennedy, Memorandum for the President, 18 de Feb. 1961, NSF, Caja 35. En Tomás Diez La Guerra Encubierta contra Cuba. Documentos desclasificados de la CIA, Editora Política, La Habana, 1997, pp. 64-64).


El 15 de marzo, luego de variadas discusiones es aprobado definitivamente el Plan Pluto y su variante Zapata, y con ello se le daba luz verde a la invasión militar mercenaria contra Cuba por Playa Girón o Bahía de Cochinos. Las élites de poder norteamericanas decidieron derrotar al Gobierno Revolucionario a través de la vía militar. El nuevo Presidente de los EE.UU. John F. Kennedy que heredaba el plan de invasión de Eisenhower no tuvo la valentía y responsabilidad de voltear la maquinaria bélica enfilada contra Cuba. Aunque dicho proyecto de ataque estaba muy avanzado a finales de 1960, en la propia campaña electoral Kennedy se pronunció por realizar variaciones en su política con respecto a La Habana pero, en realidad, en los últimos días de su labor política para alcanzar el poder, habló de que estaba dando una alta prioridad al asunto de Cuba y de la "exportación de su Revolución" hacia toda América Latina. Así, posterior e inmediatamente a su triunfo John F. Kennedy decidió apostar por la invasión armada mercenaria.


Sin embargo, antes del rompimiento de las relaciones, el Comandante en Jefe Fidel Castro había pronunciado un discurso el 2 de enero de 1961, en la Plaza Cívica de La Habana, ante un millón de mujeres y hombres en el cual, junto a la decisión cubana de luchar ante una agresión norteamericana, daba “un margen de duda” acerca de la política del nuevo mandatario estadounidense J. F. Kennedy al expresar que “[...] El peligro que se cierne sobre la patria no acobarda, sino que enardece al pueblo; esperemos confiados cualquier eventualidad; por cruel y traicionero que pueda ser el zarpazo, no nos intimida. Viviremos días de peligro, de verdadero peligro, y la responsabilidad no será solo de esta administración (Eisenhower), sino que será también del Presidente electo de los Estados Unidos, porque si cree que va a descargar la responsabilidad sobre la Administración actual, nosotros denunciamos que cualquier agresión no se llevaría a cabo sin la complicidad de los nuevos gobernantes [...] Nosotros esperamos de la nueva Administración algunas rectificaciones; nosotros sabemos que las circunstancias políticas y del mundo y las circunstancias del cambio que va a tener en los Estados Unidos, obliga a la nueva Administración a una política más sensata y más serena, si no quiere llevar al mundo a una verdadera hecatombe y a un holocausto apocalíptico. El mundo tiene derecho a esperar que haya un mínimo de sensatez en esos hombres, y el mundo tiene derecho a esperar que estos 18 días transcurran sin que la podrida dirigencia de la actual Administración lleve a los Estados Unidos al más criminal, al más vergonzoso, al más cobarde y al más repugnante de sus actos”. (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en la Plaza Cívica de La Habana, el 2 de enero de 1961, Periódico Revolución, 3 de septiembre de 1961, pp. 1-4).


Por su parte la cancillería cubana, después del rompimiento de relaciones, retomó de nuevo la iniciativa en las Naciones Unidas y denunció en el Consejo de Seguridad, en reiteradas ocasiones, las intenciones agresivas e intervensionistas de los EE.UU. El ministro cubano Raúl Roa lo realizó el día 4 de enero de 1961, aclarando que “[...] Nadie se llame a engaño al respecto. Cuba puede ser invadida por la Infantería de Marina norteamericana y los criminales de guerra cubanos y mercenarios alquilados por la Agencia Central de Inteligencia; pero sépase, también, que su gobierno y su pueblo están decididos a repelerla con todos los recursos a su alcance. Cuba no está sola. Y, si su suelo es hollado, el Gobierno Revolucionario y el pueblo cubano tendrán la ayuda, el apoyo y el respaldo de quienes se han comprometido, espontáneamente, a defender su independencia, autodeterminación, soberanía e integridad territorial [...]”. (Raúl Roa García Fundamentos, cargos y pruebas de la denuncia de Cuba, Consejo de Seguridad de la ONU, enero 4 de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit., pp. 183-187).


En otro momento de su intervención el canciller cubano ponía al desnudo las falacias y las presiones de Washington para obligar a tomar parte en la cruzada anticubana a gobiernos del continente al declarar que “[...] La diplomacia norteamericana, empeñosamente dedicada a torcer el camino de la liberación de Cuba, ha logrado ya que gobiernos títeres le hagan el juego, abiertamente, a sus turbios planes. La Guatemala de Idígoras, el Paraguay de Stroessner, la Nicaragua de los hermanos Somoza, la República Dominicana de Trujillo y el Perú de Prado y Beltrán, han obedecido sumisamente, las órdenes bruscas emanadas de la ciudad del Potomac [...]” Y refiriéndose al porqué Cuba resistía aclaró que “[...] debe su sobrevivencia, en esta coyuntura trascendental de su historia, en primer término a la determinación inquebrantable del Gobierno Revolucionario y al coraje prodigioso de su pueblo, y en segundo término, a los países y pueblos que acudieron en su ayuda sin imponerle sometimiento ni compromisos políticos. Cuba pudo salvarse de la catástrofe económica a que la condenó el Gobierno de los Estados Unidos y la Revolución proseguir su marcha, debido, en apreciable medida a la cooperación económica, comercial y técnica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la República Popular China, Checoslovaquia, Polonia, Yugoslavia, la República Árabe Unida, Japón y Canadá, y como estímulo, contó y cuenta con la solidaridad y el apoyo de todos los pueblos de América Latina, África y Asia. Repito: Cuba no está sola. Y, asimismo, repito: Cuba peleará hasta vencer o morir, y peleará acompañada. No quisiéramos provocar el suicidio de la humanidad; pero, de estallar una conflagración atómica como consecuencia de su intervención militar en Cuba, la responsabilidad caerá, por entero, en el Gobierno imperialista y reaccionario del general Eisenhower”.


El propio presidente norteamericano J. F. Kennedy, en su primera intervención oficial como mandatario, expuso que se hacía necesario comenzar de nuevo, recordando a ambas partes que la civilidad no es un signo de debilidad y la sinceridad tiene que estar sujeta siempre a prueba, y que la negociación no se debía realizar por temor pero que no había que temer negociar. Aunque advirtió, en ese mismo discurso del 20 de enero, que "[...] todos nuestros vecinos sepan que estaremos con ellos para oponernos a la agresión y a la subversión en cualquier parte de América y que todas las potencias sepan que este Hemisferio tiene toda intención de seguir siendo el amo en su propia casa." (The Kennedy Presidential Press Conferences, Library of Congress Cataloguing Publication Data, Earl M. Coleman Enterprises, Inc, Publishers, New York, 1978, p. VI). Pero en su Informe ante el Congreso de los EE.UU., retomó la idea de no resolver las diferencias con Cuba mediante negociaciones bilaterales ya que era imposible y afirmó que no negociaría "la dominación comunista" en el Hemisferio, comprometiéndose a trabajar con los demás gobiernos para librar a América de esa expansión extranjera que había establecido una base en Cuba. Del discurso retórico, Kennedy regresó al lenguaje más agresivo.


Los acontecimientos que propiciarían la invasión a Cuba se precipitaron. En los sondeos realizados en la OEA, el Gobierno de los EE.UU. pudo comprobar que no reunía aún los tres cuartos de gobiernos-votos para separar a Cuba de ese organismo. Por otra parte, como ya explicamos, la contrarrevolución interna recibió duros golpes en los tres primeros meses de 1961 por parte del pueblo uniformado. Y un tercer elemento fue que los preparativos estaban tan avanzados y tan escandalosamente conocidos, que la propia prensa norteamericana y de Centroamérica se encargaron de divulgarlo sin ningún recato. El 3 de abril se publicó, por el Departamento de Estado, el llamado “Libro Blanco” en el cual se repitieron las ya viejas tesis que Cuba planteaba un reto muy serio al Hemisferio Occidental y que la Revolución Cubana había sido traicionada. (4) El 11 de ese propio mes Cuba era acusada por Guatemala de preparar un complot para derrocar al gobierno de ese país y que por ese motivo se preparaban en los campamentos militares fuerzas del ejército -los mercenarios cubanos con asesoría yanqui- para repeler la invasión cubana. Finalmente, el día 12 de abril, el Presidente John F. Kennedy, en conferencia de prensa, aseguró que bajo ninguna circunstancia habría una intervención en Cuba por fuerzas de los Estados Unidos y que ningún norteamericano estaría involucrado en acciones dentro de la Isla. La campaña de desinformación parecía llegar a su fin.


El colofón de las mentiras del gobierno norteamericano sucedió, finalmente, el día 15 de abril de 1961, cuando aviones B-26, de fabricación norteamericana, provenientes de ese país y de naciones centroamericanas, bombardearon simultáneamente las bases aéreas de San Antonio de los Baños, de Ciudad Libertad en La Habana y la de Santiago de Cuba, en Oriente y el embajador estadounidense en la ONU aseveró que eran aeronaves de la propia Fuerza Aérea Revolucionaria. Fue el preludio de la invasión militar mercenaria apoyada por buques de la armada estadounidense.


La batalla política-diplomática de Girón.


El propio 15 de abril el jefe de la diplomacia cubana solicitó la palabra en la Asamblea General de la ONU, no por ser de orden formal, sino de orden vital para ese organismo encargado de conocer todas las cuestiones que afectan a la paz y la seguridad internacionales y acusó, "[...] ante el más alto foro de las Naciones Unidas y la opinión pública mundial, al Gobierno imperialista de los Estados Unidos de ser el máximo responsable de ese brutal atentado a la integridad territorial, independencia y soberanía de Cuba, que pone en gravísimo riesgo la paz y la seguridad internacionales [...]" (Raúl Roa Cuba acusa, Asamblea General, abril 15 de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit. P. 205).


Horas más tarde, el Canciller cubano lanzaba un inolvidable discurso en la Sesión de Emergencia de la Comisión Política y de Seguridad de la ONU, en el que iniciaba su acusación formulando lo violado por los EE.UU., en la Carta de la organización mundial, y que este país continuaba una Guerra No Declarada que hacía más de un año le estaba haciendo a Cuba, añadiendo a continuación que "[...] Este es, sin duda, el prólogo de la invasión en gran escala, urdida, organizada, avituallada, armada y financiada por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, con la complicidad de las dictaduras satélites del hemisferio occidental y el concurso de cubanos traidores y mercenarios de toda laya, entrenados en territorio norteamericano y en Guatemala por técnicos del Pentágono y de la Agencia Central de Inteligencia." Y culminó su intervención con la rotunda afirmación de que "[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba acusa solemnemente al Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica [...] de haber recurrido al uso de la fuerza para dirimir sus diferencias con un Estado Miembro de la Organización."


En una controversia política y diplomática con el representante de EE.UU. en las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, Roa le refutó las mentiras de que los aviones eran de la “Fuerza Aérea Cubana” piloteados por miembros disidentes de la misma, señalando que en anteriores sesiones de la ONU, Cuba había advertido que en los aeropuertos militares de Guatemala, los aviones B-26 tenían los emblemas de las FAR e incluso la bandera cubana en el fuselaje, por lo que todo era un trucaje para engañar a los combatientes cubanos, a las Naciones Unidas y a la opinión pública internacional. Y al replicarle acerca de las declaraciones de John F. Kennedy de que los EE.UU. no intervendrían en Cuba expresó que "[...] de más está decir que no ofrece garantías de ninguna clase. Esas declaraciones la formulan usualmente los altos dirigentes de las potencias imperialistas y colonialistas, y en este caso sólo constituyen una cortina de humo tendida sobre la operación intervencionista que el Gobierno norteamericano está efectuando, en estos momentos, en la República de Cuba”. Tiempo después se conoció que el embajador norteamericano no conocía realmente el grado de involucramiento directo de su gobierno en los planes de invasión militar contra Cuba, elemento político que afectó su carrera hacia la presidencia de los EE.UU.


En otra parte de su intervención el canciller cubano arremetió contra las palabras afirmativas del representante de los EE.UU. acerca de que en la Isla existía una dictadura y un régimen autoritario: "[...] El señor Stevenson se ha permitido calificar de "tiránico" al Gobierno de Cuba, a sabiendas de que falsea los hechos. Permítaseme que yo, ajustándome a los hechos, califique al Gobierno de los Estados Unidos de régimen totalitario, angélicamente disfrazado de "democracia representativa".

Mientras en la Isla, la respuesta de la Revolución Cubana no pudo ser más digna y viril. Los aviones agresores fueron inmediatamente repelidos por los jóvenes artilleros antiaéreos que se llenaron de gloria en su bautismo de fuego. Siete cubanos habían caído producto de la cobarde y traicionera acción enemiga, y el 16 de abril en el sepelio de los mártires, el Comandante en Jefe Fidel Castro, proclamó ante una manifestación de habaneros armados, representativos de todos los patriotas de la nación, la decisión cubana de defender la patria, porque "[...] lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba [...] Eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices, ¡y que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos! [...] ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con esos fusiles! ¡Y que esa revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores! [...] Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria, ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes? (Gritos de, Sí)". (Fidel Castro Ruz Discurso en el sepelio de las víctimas del bombardeo del 15 de abril de 1961, 16 de abril de 1961. En, Discursos. Fidel Castro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1976, pp. 32-33).


Y entonces el pueblo cubano, involucrado en la vorágine subversiva de dos años y medio de duras y dinámicas transformaciones revolucionarias y en la que fue el principal protagonista de esa hechura revolucionaria, se percata de su alta conciencia política y asimila el socialismo como un hecho normal que, sin embargo, había rechazado anteriormente por viejos prejuicios, pero que lo ha ido construyendo en la práctica cotidiana y trascendente. Es el momento de las definiciones y el héroe indiscutible es ese pueblo que trascendió lo común y se alzó con la suficiente estatura política para preparase a derrotar la invasión mercenaria y extranjera.


La batalla político-diplomática en la ONU se convertiría, ahora con una Cuba socialista, en un punto crucial de apoyo y definiciones desde el ángulo regional y mundial. Aunque tuvieron que transcurrir dos días para que se demostraran las acusaciones y las verdades de Cuba, el mundo ya estaba avisado de lo que sucedía en el Caribe. Otra vez la diplomacia revolucionaria y popular cubana tomó la iniciativa y acusó al imperialismo yanqui no solo de desarrollar planes agresivos contra la Isla sino de llevar a vías de hecho una invasión militar real contra la misma. El 17 de abril se produjo la invasión mercenaria por Playa Girón (en realidad se desembarcó por ese lugar, aunque además por Playa Larga y se produjo un lanzamiento de paracaidistas en la zona de San Blas y Tapaste). Mientras que en Cuba se combatía en sus arenas, en New York, sede de la ONU, la batalla se reanudó por la diplomacia cubana con el mismo ímpetu con que los milicianos se enfrentaban a los mercenarios. Dos escenarios, pero la misma lucha.


Ese mismo día, el Canciller cubano puso al descubierto la invasión mercenaria y presentó un largo y sustancioso alegato de defensa y al mismo tiempo acusatorio, con pruebas tangibles de las agresiones norteamericanas contra la Isla que corroboraba lo necesario y real de las peticiones cubanas en la ONU y en la OEA para evitar que el poderoso "vecino del norte" se envalentonara aún más en sus acciones hostiles e incrementara su agresividad, que ya era un hecho evidente. El canciller de la dignidad, Raúl Roa expresó indignado que "[...] En ningún caso, huelga decirlo, Cuba obtuvo garantía ni justicia de los organismos internacionales en su heroica batalla contra el imperialismo norteamericano [...] Pero, en todos los casos, [...] la diminuta y erguida patria de Martí [...] obtuvo el respaldo de la opinión pública mundial, la solidaridad de los pueblos subdesarrollados de América Latina, África y Asia, el voto de los gobiernos amantes de la paz y el apoyo de los países que luchan contra todas las formas imperialistas y coloniales de dominio económico, político, racial y cultural”. (Raúl Roa David y Goliat, Intervención en la Comisión Política y de Seguridad de la ONU, 17 de abril de 1961, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit. 209-232.


Paralelamente expuso todo un arsenal de pruebas acerca de la participación norteamericana en la invasión, explicando que “[...] el Presidente Kennedy dijo que evitaría la presencia de ciudadanos norteamericanos en cualquier acción; pero no negó que ayudaría, como es notorio que lo ha estado haciendo, a los contrarrevolucionarios. Ni tampoco negó que ayudaría a las invasiones indirectas o desde territorio extranjero”. Y ante una nota recién entregada en las Naciones Unidas en la cual el Secretario de Estado Dean Rusk, admitía que los Estados Unidos no ha tenido participación alguna en la invasión mercenaria de Cuba; pero que el pueblo norteamericano estaba con los contrarrevolucionarios, afirmó irónicamente que "[...] Si el pueblo de los Estados Unidos está con los contrarrevolucionarios, habrá que enterrar, por segunda vez, a Jefferson, a Hamilton y a Lincoln".

En la defensa de la Revolución Cubana, el Ministro de Relaciones Exteriores acusó al Gobierno de Estados Unidos de haber desatado contra Cuba una guerra de invasión para apoderarse de sus recursos, tierras, fábricas y transportes y retrotraerla a su oprobiosa condición de satélite del imperialismo norteamericano, de delito internacional de agresión, y demandó de las Naciones Unidas la adopción de rápidas, eficaces y enérgicas medidas para evitar que se consumen los planes de agresión y actos de intervención que denuncia. Y culminaba con gran emoción su alocución con la confirmación de que "[...] Un clamor unánime estremece hoy a toda Cuba, resuena en nuestra América y repercute en Asia, África y Europa. Mi pequeña y heroica patria está reiterando la clásica pugna entre David y Goliat. Soldado de esa noble causa en el frente de las relaciones internacionales, permitidme que yo difunda ese clamor en el severo areópago de las Naciones Unidas: ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!".


El terreno de las discusiones entre las delegaciones de Cuba y los EE.UU. tomó el camino de la confrontación ideológica al intervenir Adlai Stevenson y repetir una y otra vez las acusaciones de que "la Revolución Cubana había sido traicionada", al permitir que el comunismo internacional la convirtiera en una base contra los países del hemisferio. Incluso, llegó al extremo de plantear que Roa no había reconocido el papel de Estados Unidos en la independencia de Cuba en su lucha contra España, a fines del siglo XIX. Los debates se trasladaron también al campo histórico y político. El canciller cubano, intelectualmente muy superior al embajador norteamericano, y políticamente mucho más, lo atacó con vehemencia y sin compasión al decir que “[...] el representante de los Estados Unidos opina y dictamina sobre los sentimientos y las aspiraciones del pueblo de Cuba con la suficiencia y seguridad de quien no sólo conoce a fondo sus problemas, sino de quien hubiese penetrado en la intimidad de su conciencia; pero el señor Stevenson opina y dictamina sobre lo que ignora". (Raúl Roa Réplica al delegado yanqui, Comisión Política y de Seguridad, abril 17 de 1961, Idem., p. 237). Y añadió que la Revolución cometió el crimen de "cubanizar" a Cuba y que el conflicto no era entre el pueblo y gobierno cubano con el pueblo norteamericano, y tampoco un conflicto con el hemisferio, sino una confrontación del pueblo de Cuba con los intereses norteamericanos, aclarando que "[...] En Cuba la palabra miedo no existe. Y sepa también, de una vez por todas, que la delegación de Cuba no ha venido a pedir protección ni ayuda de las Naciones Unidas para repeler a los agresores, que están siendo ya batidos por aire, tierra y mar [...] el señor Stevenson se ha ido cínicamente por peteneras y no ha respondido a uno solo de los cargos".


Al tercer día de invasión, la representación cubana en la ONU presentó pruebas contundentes de la participación de pilotos norteamericanos en la zona de combate, gracias a que algunos de los aviones B-26 habían sido derribados por las defensas antiaéreas cubanas. El nombre del piloto que no hacía dudar sobre la presencia de ciudadanos norteamericanos en la agresión fue el de Leo Francis Berliss. Era el tripulante de uno de los cuatro aviones derribados en la mañana del 19 de abril, que ya alcanzaba la cifra de nueve aparatos abatidos desde que empezó la invasión. Y Roa culminaba su exposición con una de sus grandes humoradas y sátiras "[...] Naturalmente -y es el único comentario que voy a hacer al respecto- estos aviones vinieron de la Luna." (Raúl Roa Comunicado oficial, Intervención en la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas,19 de abril de 1961, Idem., p. 246).


No podía descansarse en la denuncia. La idea del gobierno norteamericano era la de crear una "cabeza de playa" en territorio nacional, en caso de no triunfar rápidamente la invasión, y desde ese momento comenzar una guerra de desgaste contra la Revolución para propiciar el respaldo regional y mundial de los gobiernos al fantoche "gobierno provisional" que intentaban enviar a Cuba, de consolidarse los mercenarios en ese pedazo de tierra cubana ocupado. No podía legitimarse internacionalmente una agresión extranjera (arropada con cubanos traidores) y una "representación gubernamental" de la contrarrevolución en la Isla, por lo que la lucha por la victoria, dirigida personalmente por el Comandante en Jefe Fidel Castro, tenía que ser relampagueante.


El día 20 de abril, la situación política-militar en Cuba cambió radicalmente y ello significó un enorme acicate para la representación diplomática cubana. De la defensa por una patria que había sido hollada por fuerzas invasoras ésta tuvo la gran oportunidad de pasar a mostrar una victoria total en el plano diplomático gracias a la derrota militar de la invasión. En un repaso de las largas listas de intervenciones orales extranjeras, la mayoría mostrando la inquietud por lo que pasaba en Cuba, Roa hace alusión a otras peroratas pronunciadas por los distintos representantes de algunos países que, a su decir "son nubes de palabras tras nube de palabra (sic), campana neumática vacía de conceptos". Y llamó la atención sobre el proyecto presentado por Venezuela y respaldado sospechosamente por un grupo numeroso de gobiernos latinoamericanos (Argentina, Guatemala, El Salvador, entre otros) y los propios Estados Unidos -se refiere al Proyecto de Resolución contenido en el documento A/C.1/L. 267, al cual se sumaron los aliados de la OTAN, la CENTO y la SEATO. Documentos del Consejo de Seguridad de la ONU, 1961, New York, ONU-, en que se regresó a la idea de que el conflicto entre EE.UU. y Cuba debía discutirse y dirimirse en el marco hemisférico, o sea en la OEA. Tal proyecto era incongruente tras el discurso de J. F. Kennedy, ese propio día en que señalaba que si las naciones latinoamericanas no tomaban una acción obligatoria contra la agresión comunista del exterior, su país no vacilaría en adoptar resoluciones unilaterales en "defensa de la seguridad de la nación". Y frente a estas y las viejas acusaciones de que el conflicto era entre cubanos, Roa recordó cómo se barrió con más de 1 400 mercenarios por parte de la mayoría aplastante del pueblo uniformado y que tanto la OEA como la ONU, eran los escenarios legítimos para que Cuba expusiera su posición firme e independiente. Y que, al contrario de ese proyecto, Cuba aprobaría el presentado por México en el que se llamaba al respeto de la autodeterminación de los pueblos y a la no injerencia e intervención en los asuntos internos de otros estados.


Raúl Roa leyó entonces emocionado el comunicado final de la victoria de Girón en el seno de la ONU. Y como hijo de su pueblo expresó que "[...] yo, como cubano y como representante en las Naciones Unidas del Gobierno Revolucionario y del pueblo de Cuba, quiero rendirles fervoroso tributo a los hombres y mujeres de mi patria que, a pie firme y unidos en compacto haz, han destrozado la fuerza mercenaria de invasión, organizada, financiada y equipada por el Gobierno de los Estados Unidos". (Raúl Roa Derrota Aplastante, Comisión Política y de Seguridad, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Op. Cit., p. 251).


La voz exterior de la Revolución Cubana, con infinita modestia y sinceridad, agradecía a los que en el principal escenario militar y político, habían decidido la victoria. Era el apotegma de una política internacional que siempre respondió, y responde, en consonancia y armonía con el discurso y sentir, razones y emociones combinadas del pueblo y que no ocultaba su misión de representarla dignamente en cualquier tribuna regional y mundial.


La tragedia de los gobernantes de los EE.UU. era total, como absoluto fue el descalabro de la intervención bélica y grande era la desesperación y la frustración de Adlai Stevenson que se vio inmerso en un rotundo ridículo internacional. Si los mercenarios hechos prisioneros en Cuba declararon que habían sido "embarcados", el embajador norteamericano pudo muy bien repetir lo mismo. Los Estados Unidos habían sido derrotados y desenmascarados. La llegada en tiempo, desde marzo y todo el segundo semestre de 1960, del armamento soviético, chino y del resto del campo socialista (checoslovacos entre otros) y su rápida asimilación por los miembros de las FAR -muchos de ellos estudiantes universitarios que entraron en el ejército de forma voluntaria-, los milicianos, los policías y otras fuerzas revolucionarias corroboró que la ayuda militar solidaria de las naciones socialistas eran suficientes para un pueblo patriótico y aguerrido en su afán de derrotar una invasión militar mercenaria entrenada, asesorada y armada por una potencia extranjera poderosa. No hubo tiempo para que desembarcaran y se establecieran los famosos integrantes del gabinete del exilio (5) que luego recibirían el apoyo de los EE.UU. y los gobiernos lacayos latinoamericanos de la OEA. Para los invasores no hubo un momento de respiro. Desde su primer intento de poner pie en tierras cubanas se les respondió con un enorme caudal de fuego y coraje. La pequeña guarnición de milicianos ubicada en Playa Girón ante la andanada de morteros y cañonazos fue invitada a rendirse, y ante el asombro de la Brigada 2506, esta menuda tropa respondió bravamente con un Patria o Muerte definitorio. Los batallones de milicianos, la Escuela de Matanzas y las unidades de las FAR, el MININT, la Policía Nacional Revolucionaria, los pilotos cubanos con pocos y maltrechos aviones, habían realizado una gran proeza: en menos de 72 horas (se calcula que fue en 64) habían destrozado los planes norteamericanos y mojaban sus botas y las esteras de los tanques en las costas de Girón y Playa Larga.


En la arena internacional, los gobernantes de Washington no pudieron ni siquiera pasar por verdad lo que era una burda mentira y no recibieron apoyo alguno de sus aliados. Fue tal el desastre que las querellas al interior del gobierno estadounidense fueron en aumento en los días siguientes, hasta que el propio Presidente J. F. Kennedy, el 24 de abril, se hizo responsable de la invasión y sus consecuencias. Surgió entonces la famosa frase kennedyana de que "la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana".


La hazaña que el pueblo cubano había desarrollado en menos de tres años de enfrentamientos diversos contra el imperialismo y la contrarrevolución, se convirtió en una nueva experiencia y leyenda internacional para los pueblos del Tercer Mundo. Cuba, Primer Territorio Libre de América -recordar que el 22 de diciembre de ese año se culminó la Campaña de Alfabetización- fue también, el 19 de abril de 1961, el lugar o país donde se produjo La Primera Gran Derrota Militar-Política del Imperialismo Yanqui en América. El paradigma revolucionario cubano creció con la batalla exitosa de Girón. Para decirlo en el argot popular del momento: "Norteamérica (EE.UU.) llegó a Cuba… y quedó" y a partir de entonces, el proceso revolucionario se consolidó y los pueblos de América Latina fueron más libres. (Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado en el XXV Aniversario de la Victoria de Playa Girón y de la Proclamación del Carácter Socialista de la Revolución, en Revista Cuba Socialista, No. 6, Segunda Etapa, septiembre- octubre de 1986, p. 12).


La repercusión regional e internacional de la batalla y la victoria de Playa Girón.


Inmediatamente que se conoció del ataque a Cuba, la voz solidaria e internacionalista de los pueblos de América Latina hacia el proceso revolucionario se hizo patente. Numerosos políticos, intelectuales y diversos sectores populares iniciaron fuertes movimientos de protesta y, en la medida que los días pasaron, comenzaron a estructurarse brigadas de voluntarios para venir a la Isla a combatir junto al pueblo cubano.


Un lugar destacado que siempre habrá que mencionar y recordar será el del ex -presidente mexicano, General Lázaro Cárdenas, (6) quien en un acto sin paralelo solicitó incorporarse a las milicias cubanas, hecho que solo le fue imposibilitado por el gobierno de su país que le negó la visa al conocer su deseo. Por otra parte el Presidente de México, Adolfo Pérez Mateos, ratificó la política de su gobierno de no intervención y el derecho de autodeterminación de los pueblos. En ese hermano país, el día 18 de abril, más de mil voluntarios se inscribieron formalmente para combatir la agresión y alrededor de medio millón de ciudadanos, estuvieron presentes en las numerosas manifestaciones de apoyo a Cuba en las distintas ciudades y pueblos.


Otro tanto sucedió en Brasil, donde el Presidente de ese país Janio Quadros, expresó su "[...] preocupación por los sucesos que se desarrollaban en la Isla con motivo de la invasión mercenaria salida de Guatemala y Estados Unidos" y demandó respeto a la soberanía y el derecho de autodeterminación de las nacionales y los pueblos. Las consignas de "Cuba sí, Yanquis no", "No sólo es Cuba la que está en juego, sino toda América Latina" y "Vamos a la calle a defender a Cuba y a su bravo pueblo" recorrieron las calles de Río de Janeiro, Sao Paulo, Porto Alegre y otras importantes ciudades y municipalidades. Dirigentes de la talla de Luis Carlos Prestes (Secretario General del Partido Comunista del Brasil) pronunciaron encendidos discursos condenando la agresión y afirmando que la lucha del pueblo cubano es invencible.


En Chile, la Central Única de Trabajadores Chilenos decretó el día 19 de abril una huelga general nacional en apoyo a la Revolución Cubana. Fuertes choques entre la policía y los manifestantes se sucedieron en Santiago de Chile y otras ciudades ante atentados dinamiteros y apedreamiento de empresas y algunos almacenes de propiedad norteamericana. Quinientos mineros de una localidad cercana a la capital de la república se inscribieron como voluntarios para defender a la Revolución Cubana con las armas en la mano. Salvador Allende, senador y Presidente del Frente de Acción Popular (FRAP), declaró que "[...] Cuba es el símbolo de la lucha de nuestros pueblos a lo largo de toda nuestra historia [...]", y más tarde al conocer la victoria revolucionaria cubana expresó también que "[...] El caso de Cuba no es el de Guatemala y los agresores han tenido que reconocer su total derrota ante la respuesta del pueblo cubano. Seguiremos en pie de lucha, y en pie de guerra golpearemos al imperialismo en todos los países latinoamericanos".


El movimiento general de los pueblos (7) fue de tal envergadura, gracias a la rápida victoria cubana, que a los gobiernos latinoamericanos les fue imposible tomar medidas de apoyo logístico a la invasión. La celeridad de los acontecimientos y el apoyo popular a la causa cubana y de rechazo a los EE.UU. fueron tan fuertes que solamente esos regímenes pudieron proponer tres documentos en el ámbito regional; el primero, preocupándose por la detención de un corresponsal de la United Press International, que ya había sido liberado cuando surge esa proposición; el segundo, el ya mencionado proyecto en la ONU que reiteraba que el diferendo entre Cuba y EE.UU. debía discutirse en la OEA y no en las Naciones Unidas; y el tercero, el mensaje del Secretario General y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la propia OEA, en que se llamaba a Cuba a respetar los derechos humanos de los mercenarios detenidos.


En otras latitudes la respuesta popular -acorde a la información que tuvieran los pueblos- fue también de respaldo irrestricto al pueblo cubano, incluso en los propios EE.UU. Los países socialistas y la Unión Soviética hicieron llegar un mensaje a través de la agencia de prensa TASS, el 18 de abril, que expresó "[...] La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y otras naciones socialistas, es decir, todas las naciones amantes de la paz, que son sus más decididos amigos están listas a dar al pueblo cubano su ayuda y apoyo" y terminaba diciendo: "No toquen a Cuba -esta es la exigencia de toda la gente honrada". La propia URSS emitía un comunicado oficial ese propio día exponiendo que "[...] El Gobierno Soviético se reserva el derecho, si no cesa la injerencia armada en los asuntos del pueblo cubano, de tomar en unión de otros países, todas las medidas necesarias para prestar la indispensable ayuda a la República de Cuba". (Comunicado Oficial del Gobierno Soviético, 18 de abril de 1961, en Historia de una Agresión. El juicio a los mercenarios de Playa Girón, Ediciones Venceremos, La Habana, 1962. p. 486). Y el Primer Ministro Nikita Jruschov, en carta al presidente J. F. Kennedy le advirtió que "[...] En cuanto se refiere a la Unión Soviética, no debe haber confusión respecto a nuestra posición: prestaremos al pueblo cubano y a su Gobierno toda la ayuda necesaria para rechazar la agresión armada a Cuba. Estamos sinceramente interesados en el debilitamiento de la tensión internacional, pero si otros van a empeorarla, les responderemos en plena medida". (Mensaje enviado por el Primer Ministro de la Unión Soviética Nikita Jruschov, al Presidente John F. Kennedy, el 18 de abril de 1961, Idem., p. 488).


Luego de la victoria revolucionaria cubana los gestos de amistad y solidaridad para con Cuba se multiplicaron, así como el prestigio y la fuerza internacional de la Revolución. La Isla de la Libertad (así la habían denominado los soviéticos) había demostrado no solamente que podía construir una nueva sociedad socialista a 90 millas del imperialismo norteamericano, sino que era capaz de derrotar una agresión mercenaria armada, organizada y financiada, además de ser apoyada directamente, por el gobierno estadounidense. El mito del fatalismo geográfico recibió otra gran conmoción.

La opción del ataque militar con mercenarios, versión modernizada del caso guatemalteco (1954), no había surtido efecto en la Cuba de 1961. Las enseñanzas podían extraerse sin necesidad de una gran información. No pudieron existir equívocos al respecto. A pesar de que los propios gobernantes de Washington se dedicaron a propagar las ideas de que el lugar escogido (la Ciénaga de Zapata) no fue el adecuado; que la CIA había ofrecido falsas informaciones sobre la realidad interna en la Isla; que no se apoyó a la fuerza mercenaria con la intervención directa del Ejército de EE.UU.; que los invasores no estaban debidamente preparados (desde el punto del armamento y el entrenamiento) y otros tantos y variados análisis "justificativos", la verdad era una e irrefutable: el pueblo cubano unido, organizado y armado, con una gran moral política-combativa, bien dirigido y consciente de la justeza y fortaleza de la Revolución, que él mismo estaba desarrollando, fue el artífice real de la victoria. (8)


En el plano interamericano e internacional, la doble moral del gobierno de los EE.UU. quedó al desnudo. La diplomacia cubana logró un debate mundial, de alrededor de diez días, sobre esta agresión y la denunció demostrando con la verdad a toda prueba, la realidad de lo que aconteció: el imperialismo norteamericano en contubernio con los gobiernos más reaccionarios del hemisferio occidental la agredió impunemente en flagrante violación del derecho interamericano e internacional. El gesto "honesto y valiente" del presidente J. F. Kennedy al responsabilizarse totalmente con la invasión y sus resultados fueron una consecuencia del desenmascaramiento de los planes y acciones de su país en la arena internacional y del aplastamiento de la agresión militar en suelo cubano.

El lacayismo pronorteamericano de la mayoría de las autoridades gubernamentales y de los representantes de la derecha en América Latina y el Caribe fue evidente. Las aisladas y escasas denuncias al acto de agresión, injerencia e intromisión de los EE.UU. en los asuntos internos de un Estado americano fueron la "última señal" de que la OEA no era el foro adecuado para Cuba y cualquier otro país del subcontinente para ventilar adecuadamente la confrontación, diferendo y conflicto con los EE.UU. La potencia norteña desempeñó otra vez el maltrecho papel de juez y parte y además, representó el mayor peligro para la seguridad y la paz hemisférica. Como contraparte, el antiimperialismo cobró un nuevo impulso en todas las fuerzas de izquierda, de diferente signo, en la región y en el Tercer Mundo. Simultáneamente, la contrarrevolución continental había unido, otra vez, sus fuerzas.


Para Cuba, a pesar de la victoria, se visualizaban nuevas amenazas y peligros. De las lecciones de Girón podía el gobierno estadounidense extraer dos enseñanzas contradictorias: primero, cesar en sus intentos de agredir a la Revolución Cubana a través de la vía militar; y segundo, ampliar sus esfuerzos por derrotarla con la invasión militar directa de sus fueras armadas. La soberbia y prepotencia de los EE.UU. escogerían la segunda opción y a la Revolución Cubana no le quedó más alternativa que la continuación e intensificación de su preparación, en todos los terrenos, para enfrentarla y derrotarla. La futura crisis de los mísiles de octubre de 1962, se avizoraba en el horizonte. (9)


En el ámbito de la proyección internacional serían los momentos de fortalecer sus vínculos con la URSS, el campo socialista este-europeo, la China Popular, de ampliar sus relaciones con todos los países del Tercer Mundo y consolidar y profundizar sus relaciones con las tradicionales y nuevas izquierdas del subcontinente.


Notas bibliográficas y referencias:

(1) Para profundizar en el tema de Girón y la lucha contra bandidos debe consultarse el Tomo V de Historia de la Revolución Cubana, elaborado por un colectivo de autores bajo la coordinación del Instituto de Historia de Cuba. Inédito.

(2) La zona montañosa del Escambray, en el centro de Cuba, fue el escenario predilecto para que el imperialismo norteamericano organizara, preparara, financiara y brindara apoyo logístico de todo tipo a las bandas contrarrevolucionarias que también se expandieron a casi todo el país, incluida en la provincia Habana. El Escambray fue el lugar donde operó el Segundo Frente Nacional del Escambray quienes cometieron fechorías e injusticias entre los campesinos y otros pobladores que allí habitaban, además algunos de los representantes de la Revolución aplicación con insuficiencias la primera Reforma Agraria y fueron erráticos en llevar adelante las transformaciones revolucionarias de una forma casuística; todo ello unido al mal trabajo político e ideológico entre las masas del territorio y a las condiciones geográficas de aislamiento y difícil acceso hizo que la CIA seleccionara esta región como su zona de operaciones más adecuada para llevar a cabo una especie de guerra irregular sucia contra la Revolución Cubana. Esta guerra civil contra la contrarrevolución interna persistió hasta 1966, aunque después de ese año reaparecieron brotes esporádicos de bandas de alzados.

(3) Un buen grupo de los sacerdotes en la Isla era de nacionalidad española y además con concepciones muy reaccionarias en el propio seno de la iglesia. Muchos de ellos eran propietarios de bienes raíces, escuelas y otras propiedades, aunque también eran depositarios de beneficios de los círculos burgueses cubanos.

(4) Lo redactó el asesor presidencial e historiador Arthur M. Schlesinger. En el Libro Blanco se podía leer: "Los Estados Unidos y las naciones del hemisferio expresan una profunda determinación de asegurar futuros gobiernos democráticos en Cuba y total y positivo respaldo en sus esfuerzos de ayudar al pueblo cubano a lograr la libertad, la democracia y la justicia social [...] Pedimos nuevamente al régimen de Castro que rompa sus vínculos con el comunismo internacional". En, Libro Blanco, Departamento de Estado, EE.UU., Centro de Documentación del MINREX, p. 34.

(5) Este triste y famoso gobierno tenía el eufemístico nombre de "Consejo Revolucionario Cubano" y a su cabeza estaba el traidor José Miró Cardona.

(6) Lázaro Cárdenas declaró al conocerse la agresión el propio día 17 de abril: " [...] todos los países exigirán rendición de cuentas a los responsables de este gran crimen: una agresión contra un país pequeño por otro de poderosos y fuertes recursos." En, Historia de una agresión, Ediciones Venceremos, La Habana, 1962, p. 438.

(7) Hubo también múltiples manifestaciones en Argentina, Uruguay, Bolivia (300 voluntarios para ir hacía Cuba), Colombia (centenares de jóvenes estuvieron dispuestos a combatir junto a los cubanos), Venezuela, Perú, Ecuador, Uruguay (10 mil uruguayos dispuestos a marchar hacia Cuba), Guatemala, Costa Rica, Panamá, etc.

(8) No pueden ni deben obviarse que la supuesta sorpresa no pudo destruir la aviación de combate cubana debido a la dispersión de los aparatos y tampoco que las primeras armas recibidas de la URSS, China, Checoslovaquia y otros países socialistas fueron asimiladas rápidamente por los jóvenes combatientes cubanos que la usaron eficientemente contra los invasores.

(9) Fidel Castro Ruz Discurso pronunciado el 19 de abril de 1962, en el primer aniversario de la victoria del pueblo de Cuba en Playa Girón, aplastando la invasión mercenaria lanzada por los imperialistas yanquis, en Historia de una Agresión, Op. Cit., pp. 9-39.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

Las grandes victorias político-militares y diplomáticas de la Revolución Cubana. Ira Parte

Desde San José de Costa Rica hasta Playa Girón: Las grandes victorias político-militares y diplomáticas de la Revolución Cubana. Ira Parte.

Por Orlando Cruz Capote

Limitaciones de una política de aislamiento: la OEA en su VI y VII Reunión de Cancilleres.

La dinámica cada vez más vertiginosa y radical de los acontecimientos revolucionarios cubanos, la evolución (involución) de las relaciones entre La Habana y Washington, la ductibilidad de las posiciones de los gobiernos latinoamericanos más tendientes al apoyo de los planes norteamericanos contra Cuba y el reinicio de las luchas populares y guerrilleras en sus países provocaron que 1960 se convirtiera en un año decisorio en el accionar anticubano del sistema interhemisférico.


Durante ese año, el presidente estadounidense D. W. Eisenhower [foto] aprobó el plan de entrenar una fuerza invasora e, igualmente, redujo la cuota azucarera cubana en el mercado norteamericano. La misma, como hecho sintomático, fue repartida entre algunos de los gobiernos latinoamericanos y caribeños. De alrededor de un millón y medio de toneladas de azúcar que esos países vendían a EE.UU. en 1960, ya en 1961 pasaron a tres millones y medio de toneladas. Las agresiones económicas, sabotajes, declaraciones contra Cuba en el seno del gobierno y la prensa norteamericana aumentaron de manera geométrica. Prácticamente eran del conocimiento público los intentos reales de agresión, solo se desconocía el momento y el lugar de la invasión. Se sabía, además, qué países de Centroamérica estaban involucrados directamente: Nicaragua, Guatemala, Honduras (Islas Cisnes), Panamá y República Dominicana. Desde el primer trimestre del año, las autoridades estadounidenses continuaron con los planes de acusar a Cuba en el organismo interamericano. En un memorando sobre una conferencia con el Presidente efectuada en la Casa Blanca, el 17 de marzo, se decía que a pesar de que otros países miembros de la OEA “[...] no pueden oponérsele (a Fidel) con mucha fuerza, debido a que se sienten inseguros con respecto a las capacidades de acción de las masas dentro de sus propios países, a las que le simpatiza el tipo de demagogia de Castro [...] había que tratar por todos los medios [...] en esencia de lograr que la OEA nos apoye”. (Memorandum de una Conferencia con el Presidente en la Casa Blanca, Washington, 17 de marzo de 1960, 2:30 p.m. En Biblioteca Eisenhower, Documento del Proyecto Clean Up (Limpieza).Cuestiones de Inteligencia. Estrictamente confidencial. Preparado por el Brigadier General A. J. Goodpaster, el 18 de marzo de 1960. Ver: Tomás Diez La Guerra Encubierta contra Cuba. Documentos desclasificados de la CIA, Editora Política, La Habana, 1997, p. 19). Incluso, el debate era más profuso, cínico y antagónico puesto que se discutió a propuesta de D. W. Eisenhower si esa actuación de la OEA debía ser fundamentada “[...] en la palabra “comunismo” o si lo podíamos basar en la palabra dictadura, confiscación, amenazas de muerte y otros. El seño Nixon dijo que pensaba que la Resolución de Caracas se basaba en el término “comunismo internacional”. (Idem) Lo paradójico de tal planteamiento, lo constituía el hecho de que los EE.UU., en estos primeros meses no estaban seguros de realizar una operación conjunta contra Cuba [...] y si lo solicitaba y no lo obtenía la OEA volaría más alto que un papalote” (Memorandum de una Conferencia en el Departamento de Estado, Washington, 27 de junio de 1960. En Departamento de Estado. Archivos S-P: Lot. 67 D 548, Cuba 1959-1961. Secreto. Distribución limitada. Redactado por Stevenson y aprobado el 26 de julio de 1960. En Idem., p. 26)., aunque se valoró la variante de que los propios norteamericanos lo realizaran solos “[...] o apoyar a un grupo que trate de derrocar a Castro y a la vez pedirle apoyo a la OEA”.

(Idem)


En el mes de abril de 1960, Cuba denunció en el seno de la OEA, que los informes de la Comisión Interamericana de Paz, que rendía valoraciones desde la V Reunión de Cancilleres, tenían un lenguaje abstracto y hermético por lo que era muy difícil comprender si se acusaba al régimen de Trujillo por sus acciones anticubanas y antivenezolanas o se pretendía un rodeo táctico para ocultar las responsabilidades de ese gobierno y culpar a otro país -Cuba- sin mencionar su nombre en los textos.

Paralelamente, las audiencias en el senado norteamericano y las declaraciones anticubanas de los diferentes dirigentes de ese país, conjuntamente al arreciamiento de las campañas de prensa contra Cuba, dieron una imagen diáfana de cuáles eran los objetivos del gobierno de EE.UU. que consistieron en conformar la idea de que las “inclinaciones comunistas”, las “filtraciones comunistas” y la “influencia del comunismo internacional” en el gobierno revolucionario habían convertido a éste en una amenaza y fuente de conflictos en el hemisferio occidental.


El 21 de junio, los Estados Unidos presentaron un Memorando a la Comisión Interamericana de Paz de la OEA, intitulado “Acciones provocadoras del Gobierno de Cuba contra los Estados Unidos que han contribuido a aumentar las tensiones en la zona del Caribe” (Documentos de la Organización de Estados Americanos, Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, San José, Costa Rica, 22 al 29 de agosto de 1960, Unión Panamericana, Washington DC., 1961, Anexo F, p. 1, en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba), como parte del plan de llevar a Cuba al seno del organismo interhemisférico en la condición de culpable. En tal coyuntura, dos nuevas situaciones se sumaron al complicado panorama político latinoamericano relacionadas con Venezuela y Cuba. El 24 de junio se produjo un atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, siendo acusado inmediatamente el régimen de Trujillo. Unos días más tarde, el 9 de julio, el Primer Ministro de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, en gesto solidario con la Revolución Cubana, hizo unas improvisadas y espontáneas declaraciones, según versiones de la influyente publicación norteamericana The New York Times, de dura advertencia a los EE.UU. con respecto a su política hacia Cuba. En la misma, N. Jruschov afirmó que “[...] Debía recordarse que los EE.UU. no están ya a una distancia tan inalcanzable de la Unión Soviética como antes. Hablando en sentido figurado, si fuere necesario, los artilleros soviéticos podrían apoyar al pueblo de Cuba, con el fuego de sus cohetes, si las fuerzas agresivas del Pentágono osan iniciar una invasión de Cuba. Y el Pentágono debía estar bien aconsejado de no olvidar que, como demuestran las últimas pruebas, tenemos cohetes que pueden caer con precisión sobre un blanco situado a 13 000 kilómetros de distancia. Esto es, si así os gusta, una advertencia a aquellos que gustarían de resolver los problemas internacionales por la fuerza y no por la razón”. (En, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, p. 86).


Ante la disyuntiva internacional creada por la declaración soviética, el máximo líder de la Revolución Cubana Fidel Castro, el 10 de julio, expuso los puntos de vistas de la Isla acerca de la misma que “[...] Cuando nuestro país está realmente frente al poder del imperio económico más grande del mundo, de la oligarquía más poderosa que no es la primera vez que ha lanzado sus zarpazos sobre los pueblos de América [...] la Unión Soviética se manifiesta de manera absolutamente espontánea -eso es lo que hay que destacar-; porque nosotros no hemos estado contando con los cohetes soviéticos para defendernos; nosotros hemos estado contando con nuestra razón; hemos estado contando con nuestra dignidad; hemos estado contando con el heroísmo de nuestro pueblo, con su voluntad de resistir [...]”


El revuelo en la OEA ante el atentado a Rómulo Betancourt fue enorme. Se creó una comisión investigadora y a petición del gobierno de Caracas se solicitó una reunión de cancilleres. En esta situación, los EE.UU. lograron en unión con otros gobiernos de la región, vincular las violaciones de los derechos humanos en República Dominicana con las llamadas tensiones en el Caribe. Por otra parte, las consecuencias del pronunciamiento del dirigente de la URSS, hicieron exaltar la campaña acerca de la presencia del comunismo internacional en el gobierno cubano y el peligro que ello implicaba para el hemisferio americano. A tales efectos, el gobierno peruano solicitó la reunión de los cancilleres para analizar “las exigencias de la solidaridad continental, la defensa del sistema regional y de los principios democráticos americanos ante las amenazas que puedan afectarlos”. La insinuación no era tan “confusa” como en el año anterior, en este momento la dirección del futuro ataque era, indudablemente, Cuba.


Fueron tales las presiones y amenazas contra la Isla que el Gobierno Revolucionario Cubano decidió plantear sus quejas y acusaciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ante la inercia y la pasividad cómplice de la OEA. El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Raúl Roa, se dirigió a ese órgano el 18 de julio de 1960. Desde un primer momento, Roa aclaró las facultades de la ONU para escuchar a cualquier país integrante del mismo si éste lo solicitara porque “[...] No puede discutirse el derecho de ningún Estado Miembro de las Naciones Unidas a acudir al Consejo de Seguridad. Las organizaciones de tipo regional no priman sobre las obligaciones de la Carta. Nacen al amparo de la misma, pero nunca pueden representar para los Estados que las forman un medio menos, sino un medio más”. (¡Cuba no está sola! Intervención de Raúl Roa en el Consejo de Seguridad, 18 de julio de 1960, en Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Ob. Cit., p. 135). Sin retóricas de ningún tipo, el jefe de la diplomacia cubana expuso los derechos de Cuba de acudir a ese órgano aunque la Carta de la OEA estipulaba que todas las controversias internacionales que surgieran entre los Estados Americanos debían ser sometidas a los procedimientos pacíficos señalados en la organización interamericana antes de ser llevadas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Su aseveración jurídica estaba avalada porque, en otro de los articulados de la Carta de la OEA, se exponía que ninguna de las normas del sistema interhemisférico se podrá interpretar en el sentido que se menoscabaran los derechos y obligaciones de los Estados Miembros de acuerdo con la Carta de la ONU. Inmediatamente, el Canciller cubano expuso que “[...] La Cuba revolucionaria no es satélite ideológico o efectivo de ningún país. Miente, a sabiendas, quienes la acusan de tal. Cuba es hoy, también, por primera vez, un diminuto planeta que recorre su órbita histórica con absoluta autonomía de traslación y rotación. De ahí la divisa de nuestra política exterior: amigos de todos; siervos de nadie. Y, en consecuencia, aspiramos a convivir, libre y pacíficamente, con todos los pueblos y naciones del mundo, sobre la base de igualdad, respeto mutuo y recíproco beneficio, independientemente del carácter de sus respectivos sistemas sociales”.


La voz de Cuba, a través de Roa, enumeró el minucioso glosario de las agresiones norteamericanas contra la Isla, incluso, ofreció datos acerca de los pilotos norteamericanos muertos o hechos prisioneros en los vuelos piratas para realizar acciones de sabotajes contra objetivos civiles y económicos. Y luego de realizar un recuento histórico de las relaciones de EE.UU. con la Cuba prerrevolucionaria, expuso los principales motivos por los cuales la administración estadounidense estaba agrediendo a la Revolución Cubana que, para el Gobierno Revolucionario no eran otros que su liberación e independencia de los monopolios norteamericanos y los logros ya palpables del proceso revolucionario. Por lo que solicitaba una resolución de ese órgano para ayudar a contener la agresividad de los EE.UU. Al finalizar su larga exposición declaró el deseo diáfano de su país de que se solucionara por vías pacíficas el diferendo exponiendo que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba reitera, pues, en este parlamento universal de naciones, su disposición a dirimir por los canales diplomáticos normales, en pie de igualdad y a la luz de las obligaciones internacionales contraídas por ambos países, sus diferencias con el Gobierno de los Estados Unidos”. Y dejó constancia del liderazgo cubano, de su determinación inquebrantable a resistir, en apretado haz con su pueblo, a quienes osaran desembarcar en las costas cubanas en son de conquistadores. No sería empresa fácil derrotar a Cuba porque su destino era el destino de todos los pueblos subdesarrollados de América Latina, Asia y África. Finalizando con la convicción de que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba solicita, por mi conducto, del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, que adopte las medidas congruentes con la naturaleza de la cuestión planteada”.


Al día siguiente, al retomar la palabra para responder la resolución de la ONU, en la cual no se condenaban los actos de acoso, represalias y agresión de los EE.UU. y se consideraba que la denuncia de Cuba estaba siendo considerada en la OEA, el Canciller de la Isla advirtió que su país reafirmaba su pleno derecho a elegir la vía del Consejo de Seguridad y ratificaba, en todas sus partes, la denuncia que había formulado y negaba categóricamente que la grave situación existente entre EE.UU. y Cuba estaba siendo analizada en la OEA. Más adelante exponía que el “famoso memorando” del gobierno norteamericano sobre las supuestas provocaciones que le atribuía al Gobierno Revolucionario Cubano, en detrimento de las buenas relaciones en el Caribe, había sido remitido a la Comisión Interamericana de Paz, que era un organismo colateral de la OEA y no una denuncia formal presentada, como correspondería, al Consejo de la Organización. Otra vez los EE.UU. se erigían como juez y parte, además de mentir ante las Naciones Unidas.


Mientras, en el edificio de la OEA, en Washington, los preparativos de la reunión de cancilleres continuaban a pasos agigantados. La sede ya estaba designada, sería San José, Costa Rica. El 1ro de agosto, el gobierno norteamericano dirigió otro memorando a la Comisión Interamericana de Paz donde se expresaba honda preocupación por las relaciones del Gobierno Revolucionario Cubano y el “bloque sino-soviético” y advertía sobre “una tendencia dictatorial de control político en Cuba”. El 17 de agosto de 1960 se inauguró la Sexta Reunión de Consulta de Ministros de la OEA que culminó el día 21. El evento fue definitorio en cuanto a las acusaciones y la condena al régimen de Trujillo que abandonó la conferencia el día 18. Los EE.UU. y sus aliados hemisféricos denostaron al dictador dominicano por dos razones fundamentales, en primer lugar, porque eran evidentes las acciones agresivas de éste contra Venezuela y las violaciones de los derechos humanos que cometía internamente en su país; y, en segundo lugar, porque tenían que sacrificarlo para llevar adelante su misión contra Cuba. Primó nuevamente el pragmatismo a lo norteamericano de que “los EE.UU. no tienen amigos sino intereses”. (1) Se encomendó, de acuerdo a las sanciones impuestas, el rompimiento de relaciones diplomáticas de los gobiernos latinoamericanos y caribeños con Santo Domingo, aunque el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Christian Herter, deslizó la idea de que debía crearse un Comité Especial de la OEA para supervisar unas elecciones que se convocarían en dominicana. El fantasma de la intervención encubierta o directa era la opción yanqui a los castigos (sanciones) que ya estaban definidos. La delegación cubana votó a favor de las medidas propuestas siempre que se tuviera en cuenta o estuvieran en conformidad con los preceptos contenidos en los pactos, convenios y tratados internacionales, pero también enjuició a los EE.UU. por ser el protector de Trujillo y llevar a cabo agresiones constantes contra Cuba. Por lo que solicitó sanciones también contra Washington. La réplica y contrarréplica no se hicieron esperar. El señor Herter lanzó la difamación de las implicaciones ideológicas del acercamiento de Cuba con la URSS y la dependencia de la primera con respecto a la segunda. Roa respondió que Cuba no era un satélite efectivo o ideológico de nadie gracias a la Revolución popular que le había conquistado el pleno ejercicio de la soberanía, y sentenció que “[...] De quien Cuba dejó de ser satélite para siempre, desde el primero de enero de 1959, es del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica”. (Raúl Roa Contrarréplica en la VI Reunión de Cancilleres de la OEA, en: Carlos Lechuga Itinerario de una Farsa, Editorial Pueblo Y Educación, La Habana, 1991, pp. 85-86).


Un día más tarde, el 22 de agosto, se iniciaba la Séptima Reunión de Cancilleres de la OEA. Las intenciones de la misma, dada su rápida convocatoria, quedaron meridianamente claras en el acto de inauguración cuando el Canciller de Colombia Julio César Turbay Ayala, expresó que el encuentro tenía lugar para analizar el caso de Cuba y la solidaridad que le extendía la Unión Soviética; porque el Gobierno Cubano pretendía, además, debilitar la solidaridad continental hasta extinguirla y que la Mayor de las Antillas al minar la unidad hemisférica, lo que deseaba era sustituirla por una alianza de países subdesarrollados de todas las latitudes geográficas, cuyas doctrinas políticas no eran precisamente democráticas, y que intentaba darle una dimensión clasista a las relaciones entre los pueblos, sitiando a los Estados Unidos en su propio entorno. El cinismo, la hipocresía y la falta de ética no podían alcanzar un lugar más “alto”. Turbay Ayala defendía a los EE.UU. del “cerco que Cuba pretendía tenderle”. La batalla diplomática y política había recomenzado. La tónica del discurso del colombiano era solo la antesala de lo peor.


Al hablar en la primera sesión de la VII reunión, el ministro cubano hizo una disertación de citas de Bolívar, Juárez, Martí y otros próceres latinoamericanos que enjuiciaban negativamente a los EE.UU. Su objetivo era claro, tenía que desenmascarar a Herter quien había señalado en el evento anterior, que en el lenguaje del canciller cubano se advertía cierta “influencia soviética”. Y cuando le preguntó a Herter y a los demás representantes latinoamericanos y caribeños quiénes escribieron o expresaron tales ideas antiimperialistas, él mismo contestó irónicamente que no habían sido obras de Carlos Marx o Nikita Jruschov y entonces nombró las fuentes latinoamericanas. Ya en los inicios de su intervención había declarado que “[...] El Gobierno Revolucionario de Cuba no ha venido a San José de Costa Rica como reo, sino como fiscal. Está aquí para lanzar de viva voz, sin remilgos ni miedos, su yo acuso implacable contra la más rica, poderosa y agresiva potencia capitalista del mundo que, en vano, ha pretendido intimidarlo, rendirlo o comprarlo”. (Raúl Roa Intervenciones en la Séptima Reunión de Consulta de Cancilleres de las Repúblicas Americanas, en: Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Ob. Cit., p. 53).


Los argumentos del representante de la delegación cubana fueron muy sólidos desde el punto de vista histórico, político y ético. Las responsabilidades de los gobiernos de EE.UU. con respecto a la deformación estructural de la economía cubana, su atraso y subdesarrollo fueron narradas y expuestas con razonamiento lógico. No hubo una acusación o difamación que Cuba no respondiera y contraatacara. “[...] Y ahora, porque estamos dando fin a ese nuevo sistema de coloniaje, el coloniaje económico, -decía en otra parte de su intervención- se nos proclama herejes dentro de la “democracia americana”. Antidemocráticos se nos llama, porque nuestro Gobierno no responde a los intereses de la oligarquía monopólica sino a los intereses del pueblo de Cuba. Porque distribuimos los latifundios y creamos cientos de miles de nuevos propietarios, dicen que estamos contra el derecho de propiedad. Porque hacemos al cubano dueño de sus tierras y de sus fábricas, nos dicen que estamos al servicio del comunismo internacional. Porque no tuvieron resultados los planes para bloquearnos económicamente, cortándonos el suministro de petróleo y privándonos de nuestro tradicional mercado, y porque hemos tratado de sobrevivir comprándole petróleo a quien se ha dispuesto a vendérnoslo y vendiéndoles azúcar a todos los pueblos que han querido comprarnos la que ellos rechazaron, dicen que abandonamos el sistema interamericano. En resumen, porque no nos hemos resignado a morir, quieren matarnos. Pero no quieren matarnos por sí solos, sino que están reclutando cómplices, porque necesitan justificar su crimen ante la opinión de América para que nuestra sangre no los ahogue”. Al referirse a los intentos de convertir a Cuba en uno de los puntos polémicos de la Guerra Fría, y que desde el propio año 1959, EE.UU. propagó la idea de “la filtración comunista” en el gobierno cubano, el representante cubano tomó como ejemplo el último hecho promovido por la administración norteamericana que, justificándose en la apreciación de que la Isla había transgredido la disciplina de la OEA al aprobar la declaración del Premier Soviético Nikita Jruschov de solidaridad con Cuba, se preguntó y respondió acertadamente, “[...] ¿Quién provocó la declaración de Jruschov? ¿Constituye, propiamente, un intento de intervención en los asuntos privados del hemisferio? ¿O es la réplica oportuna a una larga cadena de agresiones y represalias? El único y verdadero responsable de esa declaración es el Gobierno de los Estados Unidos” .

Y continuó con una importante afirmación de principios en la arena internacional “[...] Si anudar relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con la Unión Soviética y otros países socialistas significa transgredir esa disciplina, transgredida queda [...] El Gobierno Revolucionario no puede supeditar su soberanía a decisiones ajenas. Si mantener esas relaciones, que benefician al pueblo cubano -de no haber tenido la previsión y el valor de establecerlas estaría hoy alimentándose con los sobrantes del azúcar- trae aparejado el marbete de comunista, venga el marbete.” Señaló asimismo que Cuba había declarado que seguiría comerciando con todos los pueblos que quisieran comprarle o venderle, gustásele o no al Gobierno de los Estados Unidos y, a la vez, acusó a dicho gobierno de extorsionar al pueblo de Cuba en el ejercicio de la libertad de comercio, como violación flagrante de los principios de la Carta de las Naciones Unidas.


En cuando al principio de no intervención e intromisión en los asuntos internos de cualquier Estado o grupo de estos, planteó que Cuba apoyaba resueltamente dicho precepto y se oponía a estos actos ingerencistas provinieran de este continente o de cualquier otro, en la jurisdicción interna o externa de los Estados americanos. Asimismo declaró que las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales que estableciera la URSS con cualquier país de América, el tipo ayuda que le prestara o declaración que hiciera de defender a éstos contra una potencia intracontinental, como los Estados Unidos-incluyendo una invasión militar- no constituiría una forma de intromisión o intervención. Porque en todo caso, la declaración soviética debía tomarse como un apoyo al derecho de no intervención y no agresión militar. Encarando a los gobiernos del área les preguntó si estarían dispuestos a apoyar a Cuba en caso de una agresión norteamericana y qué harían si prosiguieran las agresiones económicas contra la Mayor de las Antillas, que representaban un manifiesto menosprecio de la Carta de la OEA. Ante esa interrogante el silencio inundó la sala.


Sin embargo, a pesar del tono confrontativo, en otra intervención el Canciller cubano daba muestras de iniciar, aun en ese contexto, un diálogo constructivo con los EE.UU. expresando que su gobierno estaba dispuesto “[...] a examinar, a analizar, a negociar, sus gravísimas diferencias con el Gobierno de los Estados Unidos, por vía bilateral, en un pie de igualdad absoluta, y con agenda abierta, es decir, con inclusión de todos los temas que puedan interesar [...] que estas negociaciones deben desarrollarse en el marco estricto del derecho internacional. Cuba no ha agredido ni agredirá a nadie. Cuba aspira a vivir en armonía y en paz con todos los pueblos del mundo”. Para añadir a continuación que su país y pueblo “[...] ama tanto la paz que ha podido convertir los cuarteles en escuelas y los tanques en tractores. [...] Y ha podido hacer algo más: ha podido, gracias a su carácter genuinamente democrático, aunque no proceda del voto, armar a su pueblo. ¿Qué gobierno que no lo sea, el mismo Gobierno de los Estados Unidos, puede armar al pueblo norteamericano, a determinada zona del pueblo norteamericano, como a los negros del Sur, como en estos momentos el Gobierno de Cuba ha armado a su pueblo, el cual está presto a defender, bajo la consigna de Patria o Muerte, la sobrevivencia de la nación cubana, agredida y amenazada?”


A pesar de los debates y de las contundentes declaraciones y respuestas de Cuba, las presiones norteamericanas y las genuflexiones de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños habían logrado que se compusiera un texto, que sin nombrar a Cuba, la denunciaba de manera indirecta. Se redactó la denominada Declaración de San José en cuyos artículos más importantes se exponía: “1- Condena enérgicamente la intervención o amenaza de intervención, aun cuando sea condicionada, de una potencia extracontinental en los asuntos de las Repúblicas americanas, y declara que la aceptación de una amenaza de intervención extracontinental por parte de un Estado americano pone en peligro la solidaridad y seguridad americanas, lo que obliga a la Organización de Estados Americanos a desaprobarla y a rechazarla con igual energía [...]; 2- Rechaza asimismo la pretensión de las potencias chino-soviéticas de utilizar la situación política, económica o social de cualquier Estado americano, por cuanto dicha pretensión es susceptible de quebrantar la unidad continental y de poner en peligro la paz y la seguridad del Hemisferio, [...]; 4- Reafirma que el sistema interamericano es incompatible con toda forma de totalitarismo y que la democracia solo logrará la plenitud de sus objetivos en el Continente cuando todas las repúblicas americanas ajusten su conducta a los principios enunciados en la Declaración de Santiago de Chile, [...]; 5- Proclama que todos los Estados miembros de la Organización Regional tienen la obligación de someterse a la disciplina del sistema interamericano voluntaria y libremente convenida, y que la más firme garantía de su soberanía y su independencia política proviene de la obediencia a las disposiciones de la Carta de la Organización de Estados Americanos.” (Acta Final de la Séptima Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, San José, Costa Rica, 22 al 29 de agosto de 1960, en Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, Documentos de la OEA, Unión Panamericana, Washington, DC, 1961, pp. 1-2)


La delegación cubana al comprobar que la resolución iba a ser aprobada por consenso, no obstante, pronunció otras intervenciones para dar a conocer algunas tesis fundamentales acerca de la supuesta “soledad” de Cuba y sobre la posible agresión militar contra el país. En este sentido se argumentó que “[...] El Gobierno y el pueblo de Cuba están plenamente convencidos de que se hallan bajo la inminencia de una agresión militar del Gobierno de los Estados Unidos. [...] Y nuestro país está absolutamente desamparado en el hemisferio. [...] Cuba no ha encontrado en los gobiernos democráticos del continente ni en la Organización de los Estados Americanos el apoyo que debía encontrar [...] (Intervenciones de Raúl Roa en la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas, en Raúl Roa, Canciller de la Dignidad, Ob. Cit. p. 118), continuando Raúl Roa, “Pero si nos sentimos oficialmente solos, no estamos vitalmente solos. El pueblo de Cuba, en ésta, la más dramática coyuntura que ha afrontado a lo largo de su fecunda y agitada historia, se sabe amparado por millones de brazos y corazones que se vuelcan sobre las costas doradas de mi patria en oleadas sucesivas, levantando, por así decirlo, un farallón que puede resultar inexpugnable. Y si este farallón fuese horadado, sépase también que lo único que habrán de recoger los invasores, mezclado al polvo de la patria, será la sangre de sus hijos, que se trocaría al cabo en símbolo inmortal, para ser, ya que no norma sustantiva de la Organización de Estados Americanos, sí ejemplo y lección para nuestros pueblos [...] Si ante esta situación de peligro inminente para la sobrevivencia de Cuba como nación, cualquier otro Estado continental o extracontinental, le ofreciera su cooperación y apoyo para subsistir, el Gobierno Revolucionario lo aceptaría jubiloso y agradecido. No podía ser otra su actitud, so pena de traicionar el mandato de su pueblo y algo que es aún más importante que eso: el compromiso irrenunciable que tiene adquirido con la nación, como tal, para preservar su sobrevivencia a toda costa. Esa es, pues, la posición de Cuba ante el punto primero del Proyecto de Declaración [...] Saldríamos de aquí encendidos de fe, si en nombre de los principios en que teóricamente descansa la Organización de los Estados Americanos, se adoptase una resolución condenatoria de los actos de intervención y agresión perpetrados por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba”.


Ante las maniobras de última hora que pretendían crear una comisión que investigara las acusaciones de Cuba a EE.UU., y a la inversa, el canciller cubano fue renuente a la misma sabiendo que los resultados no iban a arrojar un saldo positivo en beneficio del pueblo cubano. Sin embargo, para demostrar la no tozudez cubana con respecto a la solución por vías pacíficas y diplomáticas del conflicto con el Imperio del Norte, Roa indicó que el gobierno cubano estaba presto, incluso, a aceptar una gestión de buenos oficios de parte de aquellos Estados latinoamericanos respetados y respetables de la Organización para, en efecto, dirimir sus diferencias con el de los Estados Unidos, en negociación de tipo bilateral, en pie de igualdad y con agenda libre.


Y cuando en la conferencia era inminente la aprobación de la Resolución de San José, el canciller cubano declaró que la delegación de Cuba se retiraba de la VII Reunión de Consulta porque, “[...] La razón fundamental que la mueve inexorablemente a ello es que, no obstante todas las declaraciones y protestas que aquí se han formulado en el sentido de que Cuba podía contar con la protección y el apoyo de la Organización de los Estados Americanos, a la cual pertenece, contra los actos de intervenciones y agresión de otro Estado americano, las pruebas que han aducido no han tenido eco, ni resonancia, ni acogida alguna. Los gobiernos latinoamericanos han dejado sola a Cuba [...] Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van también de aquí los pueblos de nuestra América”.

La aprobación de la Declaración de San José mostró la debilidad y el lacayismo de los gobiernos y otros actores políticos de la región quienes desde supuestas posturas liberales burguesas se quebraron y fueron copartícipes de la resolución. Ante las presiones norteamericanas y los intentos de mediatizar el proyecto político, democrático y participativo de la Revolución Cubana, ésta no tuvo otra alternativa que responder con un documento trascendental.


La contundente respuesta cubana: La Primera Declaración de La Habana.


Con la Declaración de San José, de Costa Rica, los gobernantes de los Estados Unidos persiguieron tres objetivos básicos inmediatos: primero, el intento de aislar a Cuba y con ello lograr la convalidación en el ámbito regional y luego internacional del mayor número de gobiernos para una futura acción militar contra la Isla; segundo, el sometimiento absoluto o por lo menos mayoritario de los Estados miembros de la OEA a la disciplina del sistema interamericano y su obediencia a los dictados de Washington en la Carta de esta organización; tercero, la pretensión de provocar el aplastamiento y la disminución de los sentimientos y convicciones de solidaridad hacia Cuba y, con ello, el aborto de una posible Revolución Latinoamericana. La Declaración de San José fue, por sobre todo, además de un documento anticubano, una proclama contrarrevolucionaria continental. Y si todos estos propósitos eran válidos para la política imperialista de EE.UU., el tercero de los enunciados tenía el carácter estratégico mayor. La Revolución Cubana estaba consolidada en cierto sentido y había pasado por algunas pruebas importantes en su desarrollo interno, pero continuaba siendo considerada un “ejemplo nocivo” para el resto del continente. Su aislamiento, desacreditación, las impedimentas para que no tuviera acceso a tecnologías y financiamientos necesarios para su desarrollo económico, los intentos de subversión endógenos y exógenos y el logro de la destrucción de régimen cubano ya eran objetivos no solo de carácter continental sino mundial. A esta altura de la inserción cubana oficial (diplomática) y no oficial del proceso revolucionario en el hemisferio, el proceso revolucionario en la lsla se había convertido en un serio escollo en la máxima prioridad concedida por los círculos de poder de los Estados Unidos y sus aliados al problema de contener las revoluciones. Y en este caso singular, esta “propagación comunista” se había llevado a cabo en su traspatio natural. Ello era algo inconcebible y debía ser detenido y aniquilado. Por ello la respuesta cubana tuvo también un contenido y vuelo continental e internacional. Y lo realizó, no solo por brindar una respuesta a una resolución de condena, sino porque intrínsecamente debía y podía legitimar la vocación y convicción latinoamericanista, antiimperialista e internacionalista de su proceso político popular y convalidarlo con los sueños y aspiraciones de las masas populares de la región.


La proclamación de La Primera Declaración de La Habana, el 2 de septiembre de 1960 y su aprobación en multitudinaria manifestación popular delimitó dos momentos de esa etapa inicial del proceso revolucionario en el plano interno y externo, el primero que abarcó desde el triunfo hasta esa fecha, en que solo se estaba a un mes del cumplimiento básico del Programa del Moncada, y la segunda fase, entre septiembre de 1960 y abril de 1961 cuando se proclama el carácter socialista el 16 de abril, antes de la victoria de Playa Girón (19 de abril). En su inicio la declaración cubana expresó que “[...] Junto a la imagen y el recuerdo de José Martí, en Cuba, Territorio Libre de América, el pueblo, en uso de las potestades inalienables que dimanan del efectivo ejercicio de la soberanía, expresada en el sufragio directo, universal y público, se ha constituido en Asamblea General Nacional”. (Primera Declaración de La Habana, en Declaraciones de La Habana y de Santiago, Editora Política, La Habana, 1965, p. 10).


E inmediatamente condenaba en todos sus términos la denominada “Declaración de San José de Costa Rica” porque era un “[...] documento dictado por el imperialismo norteamericano y atentatorio a la autodeterminación nacional, la soberanía y la dignidad de los pueblos hermanos del Continente condenando [...] enérgicamente la intervención abierta y criminal que durante más de un siglo ha ejercido el imperialismo norteamericano sobre todos los pueblos de América Latina, pueblos que más de una vez han visto invadido su suelo, [...] anteponiendo a los intentos de propugnar la Doctrina Monroe y un hipócrita panamericanismo, el latinoamericanismo liberador que late en José Martí y Benito Juárez y extiende “[...] la amistad hacia el pueblo norteamericano -el pueblo de los negros linchados, de los intelectuales perseguidos, de los obreros forzados a aceptar la dirección de gangster- reafirma la voluntad de marchar “con todo el mundo y no con una parte de él”.

Abordando el tema de las agresiones y presiones de EE.UU. contra Nuestra América el texto cubano expresó que “[...] Esa intervención, afianzada en la superioridad militar, en tratados desiguales y en la sumisión miserable de gobernantes traidores, ha convertido a lo largo de más de cien años, a nuestra América, la América que Bolívar, Hidalgo, Juárez, San Martín, O Higgins, Sucre y Martí quisieron libre, en zona de explotación, en traspatio del imperialismo financiero y político yanqui, en reserva de votos para los organismos internacionales en los cuales los países latinoamericanos hemos figurado como arrias del”Norte revuelto y brutal que nos desprecia [...] Y por lo tanto, esos gobiernos que aceptan ese status “[...] traicionan los ideales independentistas de sus pueblos, borra su soberanía e impide la verdadera solidaridad entre nuestros países[...]”.

Estando a tono con los cambios que se operaban en el subcontinente la Primera Declaración de La Habana criticó la validez de la democracia representativa al expresar la convicción de que la democracia no puede consistir solo en el ejercicio de un voto electoral y que no es compatible con la oligarquía financiera, sino en el derecho de los ciudadanos a decidir su propio destino. ”[...] La democracia [...] solo existirá en América Latina cuando los pueblos sean realmente libres para escoger, cuando los humildes no estén reducidos -por el hambre, la desigualdad social, el analfabetismo y los sistemas jurídicos -, a la más ominosa impotencia”. Ello daba un nuevo orden prioritario a la agenda de los derechos humanos en la arena internacional. Para la Revolución Cubana no podían existir derechos civiles y políticos plenos y, mucho menos, una democracia y una libertad real en un régimen donde los más elementales derechos a la vida, la dignidad y el honor de los seres humanos no fueran respetados y tomados en consideración. La jerarquización propuesta era polémica y hasta contradictoria de acuerdo al marco epocal -nunca antagónica como hicieron ver los defensores de los derechos humanos burgueses- pero muy novedosa ya que podía alcanzarse en una América Latina unida, no dependiente a los dictados de Washington y con un sistema más justo y equitativo. A los derechos antes apuntados se sumaban los económicos, los sociales, los educacionales y los de la salud pública, todos en pie de igualdad para las mayorías. Cuba se insertaba en el discurso democrático sin limitaciones de razón de ningún tipo para defender su proyecto social y humano, extendiéndolo más allá de sus fronteras.


Al unísono, la Declaración de la Habana, vindicó el deber de los pueblos latinoamericanos a luchar por sus demandas más genuinas; el deber de las naciones oprimidas y explotadas a luchar por su liberación y el deber de ”[...] cada pueblo a la solidaridad con todos los pueblos oprimidos, colonizados, explotados o agredidos, sea cual fuere el lugar del mundo en que estos se encuentren y la distancia geográfica que los separe”. En acto de independencia total la declaración aceptó y agradeció el apoyo de la Unión Soviética si su territorio fuera invadido por fuerzas militares de los Estados Unidos y ratificó su política de amistad con todos los pueblos del mundo, reafirmando su propósito de establecer relaciones diplomáticas también con todos los países socialistas y desde ese instante, en uso de su soberanía y libre voluntad expresó “[...] al gobierno de la República Popular China, que acuerda establecer relaciones diplomáticas entre ambos países y que, por tanto, quedan rescindidas las relaciones que [...] Cuba había mantenido con el régimen títere que sostiene en Formosa los barcos de la Séptima Flota yanqui“. Y finalmente, concluyó que la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba “[...] reafirma su fe en que la América Latina marchará pronto, unida y vencedora, libre de ataduras que convierten sus economías en riqueza enajenada al imperialismo norteamericano y que le impiden oír su verdadera voz en las reuniones donde cancilleres domesticados hacen de coro infamante al amo despótico. Ratifica, por ello, su decisión de trabajar por ese común destino latinoamericano que permitirá a nuestros países edificar una solidaridad verdadera, asentada en la libre voluntad de cada uno de ellos y en las aspiraciones conjuntas de todos. En la lucha por esa América Latina liberada, [...] surge ahora, con potencia invencible, la voz genuina de los pueblos, voz que se abre paso desde las entrañas de sus minas de carbón y de estaño, desde sus fábricas y centrales azucareros, desde sus tierras enfeudadas, donde rotos, cholos, gauchos, jíbaros, herederos de Zapata y de Sandino, empuñan las armas de su libertad, voz que resuena en sus poetas y en sus novelistas, en sus estudiantes, en sus mujeres y en sus niños, en sus ancianos desvelados [...] A esa voz hermana, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba le responde: ¡Presente! Cuba no fallará. Aquí está para ratificar, ante América Latina y ante el mundo, como un compromiso histórico, su dilema irrenunciable: Patria o Muerte”.

El momento era definitorio. Y con ese carácter, la Primera Declaración de La Habana se convirtió en un documento de política exterior conclusorio de esa etapa inicial. Se recogieron de esta forma los principales principios de la proyección internacional de Cuba revolucionaria hacia América Latina y el Caribe, incluyéndose elementos básicos de esa política hacia otros pueblos del mundo. Era la ruptura-continuidad y la síntesis de una política de prioridades en la esfera internacional en que Cuba, aunque mantuvo sus relaciones con todos los gobiernos democráticos del continente, comenzó a privilegiar sus ya iniciados y próximos vínculos con todos los representantes políticos o corporativos de diferentes sectores sociales que, independientemente de matices ideológicos, expresaron su solidaridad con Cuba y su voluntad de propugnar cambios favorables a los intereses populares en sus países y rechazaron la política imperialista de los EE.UU.


La aprobación de la Primera Declaración de La Habana fue también el inicio de la consulta con las masas populares de los principales documentos de política exterior. Nunca antes en parte alguna del hemisferio se convocaba al pueblo en manifestación multitudinaria para discutir y ratificar, en plena plaza pública, un programa de proyección internacional. Era la corroboración de la diplomacia popular directa y no secreta de la Revolución Cubana. Unos seis meses después, en una intervención televisada, el Comandante en Jefe Fidel Castro expresaría rotundamente: “La Declaración de La Habana es el programa y esencia de nuestra Revolución Socialista.” (2)


La primera presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro en la Organización de las Naciones Unidas.


La impugnación de la Declaración de San José y la reafirmación de la Primera Declaración de la Habana tuvo, en el propio mes de septiembre, un nuevo impacto internacional cuando el Primer Ministro Fidel Castro viajó a Nueva York, EE.UU. para asistir al XV Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Era el momento de continuar, profundizar y divulgar a nuevos planos la proyección exterior de la Revolución Cubana.


A pesar de los innumerables gestos de descortesía a que fue sometido el primer ministro cubano, por el gobierno norteamericano que le restringió sus movimientos a la Isla de Manhattan y le negó acceso a los hoteles de la ciudad, el máximo líder de la Revolución pudo encontrar en el Hotel Theresa, del barrio negro de Harlem, un lugar seguro de alojamiento. El hecho de por sí insólito en la historia de la diplomacia internacional cobró nueva fuerza al ser los propios ciudadanos negros de esa localidad quienes le brindaron a Fidel el apoyo y la seguridad ante la hostilidad reinante. Incluso recibió en sus habitaciones la visita de muchos mandatarios de otros países. Cuando a las tres de la tarde del lunes 26 de septiembre le fue concedida la palabra a Fidel Castro, ya la expectación era enorme. El discurso de más de 3 horas de duración, récord para la ONU, fue más allá de lo que muchos podían esperar en su contenido. Haciendo uso de su oratoria y carisma personal, el político cubano fue exponiendo la realidad de Cuba antes de 1959 y la obra de la Revolución en menos de dos años. Sin ninguna cortapisa y con sinceridad extrema denunció los planes de agresión de los EE.UU. contra la Isla como resultado de que su pueblo se había ganado el derecho de decidir su propio destino y, acorde a las normas jurídicas internacionales vigentes, el de construir el sistema político y socioeconómico que deseara. De esta forma quedaba demostrado a escala universal las verdaderas causas de la hostilidad del gobierno norteamericano y las falacias de la presencia importada de un comunismo soviético y chino en La Habana.

Refiriéndose a la OEA y la ya citada declaración de la VII Reunión de Consulta de sus cancilleres, Fidel concluyó que los pactos de defensa hemisférica mejor podían denominarse pactos para la defensa de los monopolios norteamericanos. Y profundizando en la historia de la América nuestra y la organización interamericana expresó, “[...] ¿Quién es el que honestamente aquí sería capaz de negar la intervención de la United Fruit Company y la del Departamento de Estado norteamericano en el derrocamiento del Gobierno legítimo de Guatemala? [...] Cuba no era el primer país agredido; Cuba no era el primer país en peligro de ser agredido. En este hemisferio todo el mundo sabe que el Gobierno de los Estados Unidos siempre impuso su ley: la ley del más fuerte; ¡esa ley del más fuerte en virtud de la cual ha estado destruyendo la nacionalidad puertorriqueña y ha mantenido allí su dominio sobre esa isla hermana, esa ley en virtud de la cual se apoderó del Canal de Panamá” (Acta de la 872 Sesión del XV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 26 de septiembre de 1960, Fondo de las Naciones Unidas, ONU, 1961, pp. 180-101; y en Tres intervenciones en la ONU, Editora Pedagógica, La Habana, 1965, pp. 10-56), añadiendo que “[...] aquí lo que hay es que ir al fondo de la cuestión y no a las formas. Si nos atenemos a la letra muerta, estamos garantizados; si nos atenemos a la realidad, no estamos garantizados en absoluto porque la realidad se impone por encima del derecho establecido en los códigos internacionales, y esa realidad es que un país pequeño, agredido por un gobierno poderoso, no tuvo defensa, no pudo ser defendido [...] En Costa Rica no se condena a los Estados Unidos o al Gobierno de los Estados Unidos [...] Permítaseme evitar que confunda nuestro sentimiento en relación con el pueblo de los Estados Unidos. No fue condenado el Gobierno de los Estados Unidos por las sesenta incursiones de aviones piratas, no fue condenado por la agresión económica y por otras muchas agresiones. No. Condenaron a la Unión Soviética. ¡Que cosa tan extraordinaria! Nosotros no habíamos recibido ninguna agresión de la Unión Soviética; ningún avión soviético había volado sobre nuestro territorio y, sin embargo, en Costa Rica condenan a la Unión Soviética por intromisión. La Unión Soviética se había limitado a decir que, en caso de agresión militar a nuestro país, los artilleros soviéticos, hablando en sentido figurado, podían apoyar al país agredido [...] pero en definitiva, añadió dando un ejemplo de fuerza moral y política, el pueblo cubano sabe que “[...] a última hora, cuando su derecho ha sido negado, cuando sobre él se enciman la fuerzas agresivas, le queda el recurso supremo y el recurso heroico de resistir, cuando su derecho no sea garantizado ni en la OEA ni en la ONU”.

Más adelante, Fidel expone un caso específico de utilización por EE.UU. de una parte de territorio centroamericano para sus planes contra Cuba,“ [...] En primer lugar, el Gobierno de los Estados Unidos se considera con el derecho de promover la subversión en nuestro país; el Gobierno de Estados Unidos está promoviendo la organización de movimientos subversivos contra el Gobierno Revolucionario de Cuba y nosotros lo denunciamos aquí en esta Asamblea General y queremos denunciar concretamente que, por ejemplo, en una isla del Caribe, territorio que pertenece a Honduras y que se conoce con el nombre de Islas Cisnes, el Gobierno de Estados Unidos se ha apoderado “manu militari” de esas islas; hay allí infantería de marina norteamericana, a pesar de ser un territorio que pertenece a Honduras y allí violando las leyes internacionales, despojando a un pueblo hermano de un pedazo de su territorio, violando los convenios internacionales de radio, ha establecido una potente emisora de radio, que ha puesto en manos de los criminales de guerra y de los grupos subversivos que mantiene en este país y que allí se están haciendo, además, prácticas de entrenamiento para promover la subversión y promover desembarcos armados en nuestra isla”.

Ante las provocaciones que algunos militares norteamericanos han realizado al expresar sobre la posibilidad de que Cuba ataque la Base Naval de Guantánamo y una posible respuesta de represalia de EE.UU. contra la URSS si esta apoya a Cuba, Fidel advierte sobre los peligros de tales falacias y amenazas y asumiendo una actitud muy responsable sobre la paz expresó de forma madura y tajante que, “[...] Quiere decir que Rusia será destruida. [...] Vean ustedes como hace un cálculo, un cálculo que sí es peligroso, porque este señor (se refiere al Almirante Harley Burke) virtualmente calcula que en caso de un ataque a nosotros, nosotros vamos a estar solos. [...] pero imaginemos que el Sr. Burke, con todo lo Almirante que es, esté equivocado [...] Entonces el Almirante Burke está jugando irresponsablemente con la suerte del mundo. [...] y por la suerte de cada uno de nosotros realmente no valdría la pena preocuparse; pero entendemos que nosotros, representativos de los distintos pueblos del mundo, tenemos el deber de preocuparnos por la suerte del mundo, y tenemos el deber de condenar a todos los que juegan irresponsablemente con la suerte del mundo [...]”. Agregando unas líneas más adelante, “[...] Por nuestra parte, con todo respeto, debemos decirle que los problemas del mundo no se resuelven amenazando ni sembrando miedo; y que nuestro humilde y pequeño pueblo [...] estamos ahí, mal que les pese, y la Revolución seguirá adelante, mal que les pese, y que, además, nuestro humilde y pequeño pueblo tiene que resignarse a su suerte, y que no siente ningún miedo por sus amenazas de uso de armas atómicas.”

Y vinculando el proceso revolucionario cubano a las causas de otras naciones declaró diáfanamente: “[...] el caso de Cuba no es un caso aislado. Sería un error pensar en el caso de Cuba. El caso de Cuba es el caso de todos los pueblos subdesarrollados. El caso de Cuba es como el caso del Congo, como el caso de Egipto, como el caso de Argelia, como el caso de Irán y en fin como el caso de Panamá, que quiere su Canal, como el caso de Puerto Rico, al que le destruyen su espíritu nacional; como el caso de Honduras, que ve sesgado un pedazo de su territorio; y en fin, [...] el caso de Cuba es el caso de todos los países subdesarrollados y colonizados.” Reafirmando su criterio de que, “ [...] En el problema de Argelia, ni que decir tiene que estamos ciento por ciento al lado de derecho del pueblo de Argelia a su independencia [...] Estamos, pues, al lado del pueblo argelino, como estamos al lado de los pueblos sometidos al coloniaje que quedan todavía en África y al lado de los negros discriminados de la Unión Sudafricana y estamos al lado de los pueblos que desean ser libres, no sólo políticamente [...] sino libres económicamente.”

Acerca de uno de los puntos clave de la agenda de la reunión, Fidel Castro realizó una valoración objetiva acerca del problema de las causas de los conflictos bélicos al expresar que “[...] ¡Desaparezca la filosofía del despojo y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso! [...] La historia del mundo ha enseñado trágicamente que las carreras armamentistas han conducido siempre a la guerra. [...] ¿Por qué se quiere sustraer de la Asamblea General el problema?, ¿por qué la Delegación de los Estados Unidos no quiere discutir este problema entre todos nosotros?, [...] ¿es que tiene que reunirse una comisión?, ¿por qué no lo más democrático? [...] ¡ésta es una cuestión de opinión pública! ¡Los guerreristas y los militaristas deben ser descubiertos y condenados por la opinión pública del mundo! Este es un problema que no le incumbe a las minorías. Le incumbe al mundo [...]”

Y finalizó su histórico discurso dando lectura a los párrafos principales de la Primera Declaración de La Habana, pero refirmando que “[...] Proclamamos el derecho de los pueblos a su integridad, el derecho de los pueblos a su nacionalidad [...] Con todo lo justo estamos y estaremos siempre: contra el coloniaje, contra la explotación, contra los monopolios, contra el militarismo, contra la carrera armamentista, contra el juego a la guerra [...] Algunos querían conocer cuál era la línea del Gobierno Revolucionario de Cuba. Pues bien, ¡ésta es nuestra línea!“.

Nunca antes la voz de Cuba había alcanzado una dimensión tan universal como luego de la celebración del evento de la OEA y de la reunión de la ONU. El impacto de los pronunciamientos de los dirigentes cubanos en el foro regional y mundial, los múltiples contactos de los representantes de la Isla en cada viaje, cónclave, visitas y conversaciones con diversos actores sociales, democráticos y progresistas de la región latinoamericana, caribeña y de otras partes del planeta hizo que la obra de la Revolución Cubana y su ejemplo se multiplicara a una escala extraordinaria. La valentía, la honestidad, la firmeza en la defensa de los principios de la independencia y soberanía nacionales, el latinoamericanismo y antiimperialismo militante le había permitido a Cuba ocupar un lugar importante en el panorama de las relaciones internacionales. A partir de entonces ya no solo había que contar con la Cuba revolucionaria sino con la solidaridad para con ella.


Notas Bibliográficas y referencias:

(1) Se dice que una afirmación del Presidente Roosevelt acerca del dictador Somoza en la década del 30 era más cruda y realista que la ya mencionada: “Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta.”

(2) Fidel Castro Ruz “Informa el primer ministro Fidel Castro sobre el abastecimiento y su regulación. Creación de la Junta Nacional para la Distribución de los Abastecimientos y primeras regulaciones promulgadas”, en Obra Revolucionaria, No. 7, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana, 14 de marzo de 1962, p. 15)

 

Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

Gracias, Fidel, por levantar en alto tus banderas


Hoy, como ayer, la Revolución hizo de la verdad, y de la unión con el pueblo, una bandera: lo demuestran las palabras de Raúl el pasado 1º de enero, lo anunció Fidel el 8 de enero, hace hoy, exactamente, 50 años:

"Las revoluciones sólo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el pueblo. Haber comprendido esa verdad y actuado invariablemente en consecuencia con ella, ha sido factor decisivo de la victoria de la Revolución cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia invencibles."
Raúl Castro, 1º de enero de 2009


¡Jamás defraudaremos a nuestro pueblo!

Esa fue la promesa que hizo el Comandante en Jefe Fidel Castro aquel 8 de enero de 1959 en el campamento de Columbia (hoy Ciudad Libertad) al hablar ante una multitud que celebraba jubilosa la entrada a la capital del país de la Caravana de la Libertad.

Con la publicación del texto íntegro del discurso pronunciado aquella memorable noche, Granma comenzará a reflejar en sus páginas a lo largo de este año diversos documentos e intervenciones del líder de la Revolución, cuyas ideas y conceptos mantienen su plena vigencia medio siglo después y constituyen lecciones históricas de enorme valor para los días de hoy y los tiempos por venir.

Decirle siempre al pueblo la verdad

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a su llegada a La Habana, en Ciudad Libertad, el 8 de enero de 1959

(VERSION TAQUIGRAFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO)

Compatriotas:

Yo sé que al hablar esta noche aquí se me presenta una de las obligaciones más difíciles, quizás, en este largo proceso de lucha que se inició en Santiago de Cuba, el 30 de noviembre de 1956.

El pueblo escucha, escuchan los combatientes revolucionarios, y escuchan los soldados del Ejército, cuyo destino está en nuestras manos.

Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil.

Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.

¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados.

Cuando nosotros teníamos un revés, lo declarábamos por "Radio Rebelde", censurábamos los errores de cualquier oficial que lo hubiese cometido, y advertíamos a todos los compañeros para que no le fuese a ocurrir lo mismo a cualquier otra tropa. No sucedía así con las compañías del Ejército. Distintas tropas caían en los mismos errores, porque a los oficiales y a los soldados jamás se les decía la verdad.

Y por eso yo quiero empezar —o, mejor dicho, seguir— con el mismo sistema: el de decirle siempre al pueblo la verdad.

Se ha andado un trecho, quizás un paso de avance considerable. Aquí estamos en la capital, aquí estamos en Columbia, parecen victoriosas las fuerzas revolucionarias; el gobierno está constituido, reconocido por numerosos países del mundo, al parecer se ha conquistado la paz; y, sin embargo, no debemos estar optimistas. Mientras el pueblo reía hoy, mientras el pueblo se alegraba, nosotros nos preocupábamos; y mientras más extraordinaria era la multitud que acudía a recibirnos, y mientras más extraordinario era el júbilo del pueblo, más grande era nuestra preocupación, porque más grande era también nuestra responsabilidad ante la historia y ante el pueblo de Cuba.

Si a mí me preguntaran qué tropa prefiero mandar, yo diría: prefiero mandar al pueblo.

Discurso íntegro en http://www.granma.cubaweb.cu/2009/01/08/nacional/artic01.html


GRACIAS FIDEL


A Raúl Gómez García

“Aquellos hombres dejaron sus huellas en la piedra
y
las aves los mencionan en sus cantos.
Ellos son cada d
ía mas.” ,

(Hernando Núñez, poeta peruano)


El ojo sabio despierta antes      o quizás

mantiene en guardia la mente en el descanso

Quien habría de suponer

que removiera tanto el entorno en estos años

Giro alrededor mío y observo el momento

en que salí al ruedo

Entré al universo que me tocó

con las primeras nociones de vida

cuando accedí al origen de la idea

a la maravilla de Martì

entrega poética hecha carne en el Hombre

La interpretación en busca de equilibrio

condujo a lo que somos

a lo que la conciencia nos permitió

y hemos querido ser


A pesar de la distancia entre los ciclos

con gratitud me sentí próxima

a la generación soñada

portando sólo la percepción de lo inmediato

y las incógnitas que después despejarían

cuando quedó atrás por siempre

el desalojo de la existencia que representaba

la paradójica pesadilla que sufríamos

y que no era mas que un reflejo real

del continente de nuestras fronteras

cuando el pueblo encumbró en Enero

el compromiso inextinguible

del camino que debía hacia el futuro

orientado      siempre        por el Sol.

Natacha Santiago, Diciembre 2008


El fantasma de la tontería «informa» sobre Cuba

Varios artículos revisados hoy, como el que recién difundiera esta bloguera cubana, de la autoría del admirado Caamaño: "¿Cuántos disidentes hay en Cuba?" y el que escribiera Pascual Serrano hace un par de días "La amenaza de Cuba", nos han hecho recordar este trabajo de un compatriota, publicado a inicios del pasado año... Como, evidentemente, es un trabajo que aún no ha perdido vigencia, quiero compartirlo con ustedes, queridos amigos:

El fantasma de la tontería «informa» sobre Cuba

Por Pablo Valiente

«Fantasma de la crítica recorre Cuba de Raúl Castro», «Jóvenes cubanos critican a dictadura». «Quieren ver el mundo real», «La mirada crítica de Silvio», «El periódico comunista critica al Partido Comunista», «La bola de nieve de la crítica llega en Cuba incluso a círculos oficiales», «Intelectuales cubanos se abren a la crítica sin tapujos»... así titulan en las últimas semanas varios medios del mundo las noticias sobre el debate interno en la sociedad cubana al rebotar despachos de corresponsales de prensa acreditados en La Habana.

Se ha tergiversado tanto la realidad de Cuba que cualquier variación en nuestro patrón de conducta pública mueve a analistas, periodistas y agoreros en busca de la noticia de «la hora final de la Revolución». Hasta Silvio Rodríguez, que sin rendir sus guitarras ha vivido toda su vida con la crítica a cuestas, es usado hoy como «avenido» para intentar ilustrar la supuesta rebelión de las conciencias de los cubanos.

Pretender simplificar las cosas no ayuda a su comprensión. ¿Es que en Cuba no ha existido nunca el debate? Desde luego que es ridículo para los cubanos escuchar semejante afirmación. Y no me voy a detener en los aspectos socioculturales y la proyección psicosocial del cubano, harto discutidor, inconforme perenne, crítico burlón y humorista mordaz, aunque nunca suicida que se haya servido de esos recursos para negar su condición humana y política, y mucho menos denigrar su proyecto de país y de familia, como bien reconoce Abel Prieto, nuestro ministro de Cultura, en el lúcido ensayo El oso Misha y el chiste político en el socialismo real.

Está por otro lado la creencia del pensamiento liberal burgués de que en la discrepancia, la confrontación, el enfrentamiento y la inestabilidad de los sistemas están las fuentes de su desarrollo, lo cual para nada tiene que ver con la visión dialéctica de que la estabilidad y desarrollo de los sistemas radica en la unidad y lucha de sus fuerzas internas, en la negación de un estado de cosas que niegue al anterior, dentro de una espiral de transformaciones cualitativas y cuantitativas que sostenemos los que nos adscribimos al pensamiento revolucionario marxista.

No me refiero a nada de eso, sino a los hechos contumaces, porque si algo no ha faltado en esta Revolución son las convocatorias, y no siempre desde las masas, sino también desde la propia dirección revolucionaria, a vivir permanentemente insatisfechos con nuestra obra, a transformarla y a superarla, a criticarla y, sobre todo, a buscarle soluciones; es decir, no solo plantear tiñosas, sino ofrecer jaulas para meterlas. Claro, hablamos de criticar para construir y no para destruir. Ahí está la clave.

Un inventario honesto del pensamiento autocrítico de la Revolución Cubana asombraría a sus más profesionales detractores. Para los cubanos, negarlo sería como desconocer nuestros propios genes. Más allá de las oleadas comunes a cualquier proceso político, como el llamado a la disciplina y la exigencia a fines de los años 70, la rectificación en los 80, los parlamentos obreros en los 90, lo que nos ha faltado tal vez haya sido la consistencia para sostener la reflexión en el tiempo y ahondar en ella cada día, y quizá una actitud diferente de las políticas editoriales y, también, reconozcámoslo, en los periodistas.

Algunos dicen que se exhortaba pero que no había voluntad real de rectificar errores. Otros la emprenden contra los informadores y los medios de información. Terceros bendicen la llegada de la era digital a nuestro ámbito. Todos somos testigos de cómo, en el funcionamiento de las estructuras políticas y económicas, más allá de su marco regulatorio y normativo, son los seres humanos quienes con sus conductas, actitudes e intereses determinamos el rumbo de los acontecimientos y de las organizaciones.

Puede también que una parte de nosotros, crecidos al amparo del Estado socialista paternal, que dominó una buena parte de nuestro camino, no asumimos responsablemente nuestros deberes de propietarios y nos enajenamos de responsabilidades derivadas de esa condición. Los otros de nosotros, que crecimos sobre todo a lo largo del período especial y no fuimos tan beneficiados por el paternalismo, a la vez que coincidimos con una era de mayor exigencia al conocimiento y a la cultura, estamos un poco, solo eso, un poco más predispuestos a responder a los llamados de practicar la crítica, la autocrítica y la reflexión para mejorar nuestra propia obra.

Cabría pensar también, con mente retorcida —porque de todo puede haber tras la alharaca—, que esta sobredimensión mediática de la crítica y la reflexión ciudadanas en Cuba estaría buscando reacciones de contención al proceso, por aquello de «lo que se anda diciendo en la prensa internacional» y porque según asegura la tradición, una vez destapada la caja de Pandora, difícil sería volver a taparla y mucho menos guardar los males.

¿Qué quieren?, ¿stripteases políticos como los de los ex socialistas europeos? Basta de tonterías, señores. Si lo que pretenden es que nos despellejemos en público, no lo lograrán. Si lo que quieren es que nos avergoncemos de nosotros mismos y de nuestra historia, no les daremos la oportunidad. Si lo que buscan es que la humorada desdiga de nuestra condición de pueblo valiente, listo, vencedor, mucho menos les daremos satisfacción. Incluso, tampoco lo obtendrán si persiguieran que, animados por un sentimiento de autopreservación, pusiéramos freno a esta revolución dentro de la propia Revolución y hagamos carne, en vez de proclamarlo en vallas, el concepto de Revolución que definió Fidel en el año 2000.

Por cierto, tomen nota de esa fecha. Tal vez se enteren ahora que la bola de nieve comenzó a rodar hace tiempo, solo que la hacemos visible en el momento oportuno, de la forma adecuada y en el lugar preciso. No olviden que quienes la echaron a rodar son conspiradores natos.

Cuba en la vanguardia de la historia

Por Atilio Borón

Es una tarea ciclópea resumir en unas pocas líneas el significado de algo tan especial como la Revolución Cubana, que el viejo Hegel no hubiera dudado un instante en caracterizar como un acontecimiento «histórico-universal».

Una Revolución que destruyó mitos y prejuicios profundamente arraigados: que la revolución jamás podría triunfar en una Isla situada a 90 millas de Estados Unidos; que el imperialismo jamás permitiría la existencia de un país socialista en su patio trasero; que la revolución era impensable en un país subdesarrollado y, para colmo, sin el protagonismo de un partido «marxista-leninista» conduciendo la insurrección de las masas. Todos estos pronósticos, y muchos otros que sería largo enumerar, fueron refutados por el triunfo del Movimiento 26 de Julio y la consolidación y heroica sobrevivencia de la Revolución Cubana.

En efecto: ha sido —y sigue siendo— una hazaña resistir a medio siglo de un bloqueo económico sin precedentes en la historia de la humanidad y que año tras año es condenado por casi todos los países de la ONU, con la excepción de Estados Unidos y un puñado de sus indignos «estados-clientes». Pensemos simplemente lo que hubiera ocurrido en la Argentina (o cualquier otro país) ante un bloqueo de apenas un año, limitando drásticamente desde la importación de bienes esenciales hasta el ancho de banda de la Internet: este país se habría desintegrado producto de la conmoción social y la crisis integral que los sufrimientos y privaciones del bloqueo habrían desencadenado.

Es precisamente por eso que quien no quiera hablar del imperialismo norteamericano y sus políticas de permanente bloqueo y agresión hacia Cuba debería abstenerse de formular cualquier tipo de crítica a la Revolución. Es bien importante marcar esta postura porque tanto dentro como fuera de la Isla —especialmente el «progresismo bienpensante», una especie ampliamente difundida en la región— no son pocos quienes disparan sus dardos contra las asignaturas pendientes de la Revolución sin hacer la menor mención al influjo radicalmente desestabilizador de la política del imperio. Es cierto que hay mucho por hacer todavía en Cuba pero, ¿cómo explicar esas falencias al margen de un bloqueo de medio siglo cuyo costo, según cálculos muy conservadores, oscila en torno a los 93 000 millones de dólares, una cifra dos veces superior al Producto Interno Bruto de Cuba, más allá de otras consecuencias que trascienden lo económico y que se miden en vidas humanas y en sufrimientos innecesarios e indiscriminados de toda la población? Cualquier crítica a la política, la economía o la sociedad cubana que no comience por un análisis del bloqueo y su demoledor impacto termina siendo —involuntariamente pero eso no importa— objetivamente reaccionaria. Equivaldría, salvando las distancias, a criticar a los judíos que lucharon con extraordinaria valentía y dignidad en la defensa del gueto de Varsovia por su incapacidad para resistir a los embates de la maquinaria militar de los nazis, explicando su aniquilamiento como producto exclusivo de la situación interna del gueto e ignorando por completo el contexto más amplio que hizo posible su derrota.

A las restricciones propias del bloqueo habría que agregar, entre muchas otras, el humillante servilismo de la casi totalidad de los países de la región, con la honrosa excepción de México, que ante un ucase del imperio cortaron relaciones con la patria de Martí a partir de 1962, profundizando los efectos deletéreos del bloqueo. Pese a ello, los 50 años de la Revolución encuentran a Cuba sólidamente a la cabeza en una amplia diversidad de índices de desarrollo social. Este es un asunto que ya se da por descontado pero conviene recordarlo puesto que tales logros se alcanzaron bajo la hostilidad permanente de Estados Unidos y debiendo además sobreponerse a las tremendas consecuencias derivadas de la implosión de la Unión Soviética y la desaparición del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). Los otros países de la región, rutinariamente cubiertos de elogios por la prensa imperialista y sus voceros en el mundo político, registran índices de desarrollo social muy inferiores —en algunos casos vergonzosamente inferiores— a los cubanos pese a que a lo largo de este medio siglo contaron con el permanente apoyo financiero y político de Washington. Un solo indicador habla con elocuencia: la tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos coloca claramente a Cuba por encima de cualquier otro país de las Américas, con un nivel semejante al de Canadá (5/1 000) y aventajando a Estados Unidos (7/1 000), para no hablar de países como Argentina, Brasil, México, en donde estas tasas triplican o cuadruplican a la cubana.

Este cincuentenario plantea renovados desafíos a la Revolución Cubana, originados en: (a) los grandes cambios que caracterizan a la economía mundial y que provocan la obsolescencia del viejo modelo de planificación ultracentralizada; (b) la creciente beligerancia de un imperialismo que se enfrenta con renovadas resistencias a lo largo y ancho del globo, sobre todo luego de la crisis global estallada pocos meses atrás; y, (c) la necesidad de renovar el impulso revolucionario y, sobre todo, transmitirlo a las nuevas generaciones. Desafíos que requieren de respuestas innovadoras pero, como el mismo Fidel lo recordara, para nada significa caer en el «error histórico» de creer que «con métodos capitalistas se puede construir el socialismo». En otras palabras: la indispensable reforma que Cuba necesita no puede significar la reintroducción de métodos capitalistas en la gestión de la economía, como se hizo en China o Vietnam. Cuba, colocada una vez más en la vanguardia de la historia, como a mediados del siglo pasado, deberá transitar por un estrecho sendero en donde se mantenga la planificación de las actividades económicas y el papel rector del Estado pero apelando a estructuras más flexibles de planificación y control y a procesos más ágiles de conducción y ejecución. De lo contrario las desigualdades se multiplicarían y la corrupción y la desmoralización resultante de las mismas podrían, al cabo de un tiempo, debilitar irreparablemente el impulso revolucionario y favorecer los planes de la reacción imperialista. Fue ese el mensaje claramente expresado por Fidel en su discurso de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana. Por eso Cuba está a la vanguardia de la historia, realizando un experimento sin precedentes: reformar al socialismo pero profundizando el socialismo. Al igual que antes, Cuba rompe con todos los manuales y con el saber convencional. Estamos seguros de que también en esta oportunidad el éxito rubricará su osadía.

Una reflexión final: imaginemos lo que habría sucedido en América Latina si la Revolución Cubana hubiese sucumbido ante las agresiones del imperialismo o como consecuencia del derrumbe de la Unión Soviética. La respuesta es clara y contundente: en tal hipotético caso nuestra historia habría sido radicalmente diferente. Sin el fuego emancipador preservado heroicamente por Cuba durante medio siglo los pueblos de las Américas difícilmente habrían tenido la inspiración y la audacia para resistir la renovada opresión de que eran objeto, y para rebelarse en contra del imperio y sus lugartenientes locales. Fue su vibrante ejemplo el que incendió la pradera de América Latina en los años 60, lo que alimentó las grandes movilizaciones que impulsaron el ascenso de la Unidad Popular en Chile y el triunfo de Héctor Cámpora en la Argentina. Fue su ejemplo el que abrió el espacio para el giro radical de Juan Velasco Alvarado en el Perú y para la instauración de la Asamblea Popular y el gobierno de Juan José Torres en Bolivia; fue el rotundo mentís que Cuba le propinó al fatalismo y al inmovilismo lo que nutrió la insurgencia constitucionalista del Coronel Francisco Caamaño Deñó en la República Dominicana ultrajada por el invasor yanqui. Fue la inconmovible lealtad y solidaridad de Cuba con todos los pueblos en lucha lo que hizo posible resistir las atrocidades de las dictaduras que asolaron la región en los años 70 y, entre tantas otras cosas, asegurar el triunfo del Sandinismo en Nicaragua y, con el sacrificio de sus hijas e hijos, derrotar al apartheid sudafricano y garantizar la independencia de Angola. Fue la inconmovible fortaleza de Cuba la que la convirtió en referencia obligada cuando, a mediados de los 80, el continente retomaba el escarpado —¡y todavía inconcluso!— sendero de la «transición democrática» agobiado por el peso de una deuda externa que ya en 1985 se definió en La Habana como «incobrable e impagable». Ejemplo que adquirió dimensiones gigantescas cuando la Isla demostró ser capaz de resistir a pie firme el derrumbe de los mal llamados «socialismos realmente existentes», desplomados precisamente por no ser socialismos. Y la Isla resistió en esos terribles momentos las presiones y los cantos de sirenas de los agentes del imperialismo y sus publicistas (entre los cuales sobresale por su dedicación el lobbista número uno de las transnacionales españolas: Felipe González) que le recomendaban a La Habana «volver a la sensatez» y olvidarse de la Revolución, para reemerger victoriosa, como el ave Fénix en medio de la debacle de la Unión Soviética y el CAME para animar a los pueblos del mundo entero a decir ¡basta! Es en este escenario, que lleva la marca indeleble de la resistencia de Cuba como una de sus señas de identidad, que irrumpe la Revolución Bolivariana y la figura excepcional de Hugo Chávez, mientras que más al sur Rafael Correa ponía en marcha su Revolución Ciudadana y en la Bolivia del Che un extraordinario dirigente cocalero, Evo Morales, se proyectaba como el líder de un pueblo en pos de una reivindicación que se le debía desde hacía más de cinco siglos. Hay también otros procesos en marcha en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y, en general, en casi toda nuestra geografía. Con características externas diferentes según los casos pero, invariablemente —al menos en el espíritu de los pueblos— como expresión de un intransigente rechazo al imperialismo, al capitalismo y las políticas neoliberales que rara vez se refleja en las políticas que propician esos gobiernos.

Todo esto no habría sido posible si Cuba hubiera sido derrotada en Girón, o si sus hombres y mujeres hubiesen defeccionado, abandonando sus ideales, ahogando la antorcha que con tanto esfuerzo y dignidad sostuvieron en alto durante medio siglo. Por eso la deuda de los pueblos latinoamericanos —y en gran medida también los del África Sub-sahariana— con la Revolución Cubana es inmensa. Una Revolución cuyo internacionalismo la llevó a apoyar a todos los movimientos de liberación nacional de América Latina y el Caribe, a todos los gobiernos que sinceramente se proponían cambiar las vetustas e injustas estructuras de nuestras sociedades y a derrotar, empuñando las armas, a los fascistas sudafricanos apoyados por las «democracias occidentales» bajo la conducción de Estados Unidos. Y como si todo lo anterior no fuera suficiente hoy Cuba inunda al Tercer Mundo de médicos, enfermeros, maestros, instructores deportivos; una Revolución que siembra educación, salud y vida, contra un imperio y sus aliados que siembran ignorancia, destrucción y muerte. Por eso, y por tantas otras cosas que sería imposible siquiera nombrar, vaya nuestra eterna gratitud para con el pueblo y el gobierno cubanos, para Fidel y para Raúl, y antes para el Che, para Camilo, para Haydée, y tantos otros héroes anónimos, cubanas y cubanos que con su lucha cotidiana y su tenacidad de hierro hicieron posible la sobrevivencia de la Revolución y el renacimiento de las perspectivas del socialismo en América Latina.

Fuente: Rebelión

Tomado de http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2009-01-04/cuba-en-la-vanguardia-de-la-historia/

Leelo y difundelo

 

"Perdonen mis amigos lo extenso de mi comentario, espero que ustedes conozcan el italiano y entiendan el mensaje que sigue en su totalidad, yo… por mi parte pediré ayuda a mi querido hermano el P. Iván para que me haga la traducción. Les ruego leer el mensaje que sigue. También les ruego que opinen y difundan al respecto.

Un fuerte, afectuoso y especial abrazo,

Gloria Aline Miranda Zamarriego

APAFAESCUBA

Huancayo - PERÚ"


Con esta solicitud, la querida Gloria Aline, hermana peruana, ha difundido el articulo que en la noche de ayer publicáramos gracias a otra imprescindible, la italiana Miranda Vallero. Con gran esfuerzo -pues no domino en su totalidad el idioma-, he mal traído para ustedes esta traducción, espero que no demasiado mala, de las experiencias de Laura Guglielmi en Cuba


Cuba: ve alla rápido, ve allá pronto…

Laura Guglielmi nos cuenta su experiencia en La Habana, Un viaje aplazado por mas de 20 años. Una isla que no termina de sorprenderte, de Laura Guglielmi. La Habana, 29 -12 - 2008

Una cita aplazada por más de veinte años. Para la mayoría de edad, mis padres me regalaron un viaje a New York. Tres dias después, estaba ya aburrida. Inquieta, con el mito de Kerouac en la cabeza, junto a mis amigos tomamos un autobús de Greyhound, con destino a Miami. Pero no bastaba, queríamos ir a Cuba. Me puse casi a discutir, cuando me dijeron en la Agencia de Viajes que no había ningún avión que saliera de la Florida para La Habana. Sabía que había un bloqueo pero no me esperaba que no hubiera ni un vuelo semanal. Pues bien, cambiamos de proyecto y despegamos para Jamaica. Pero esta es toda otra historia. Bella cuanto se quiera, pero toda otra historia. Finalmente, llegué a Cuba el pasado noviembre, en una noche llena de estrellas. Encrucijada de piratas, resguardo para las naves españolas repletas de oro, desde siempre isla rebelde, primero contra los españoles, luego contra los Estados Unidos, es difícil definir a Cuba. Quien regresa a casa, después de estar inmerso en su atmósfera caribeña, regresará pronto. No te satisfaces nunca y cuando la dejas, ya sientes su falta.

Fui afortunada porque, en poco tiempo, he tocado con mis manos una realidad que requiere de mucho más para sentirte parte de ella. En ello me ayudó el amigo periodista Aldo Garzia, que ha vivido en La Habana por tres años, como corresponsal del Manifiesto. Me ha hecho encontrarme con italianos que viven allí desde hace años, como el gran fotógrafo Giuseppe Lo Bartola, personas que me han puesto en la mano las llaves (claves) interpretativas de Cuba. Y luego la actriz Odalys, el fotógrafo John, su compañera Mercedes, el emprendedor Mauro. He estado en casa de Alberto Granados, el “joven” que recorrió América del Sur en motocicleta con el Che, Hoy tiene ochenta años. He encontrado tantos italianos y extranjeros, todos embrujados por esta isla.

En enero, se celebra el cincuentenario de la Revolución de los Barbudos, aquel puñado de rebeldes que bajaron de las montañas de la Sierra Maestra en los años cincuenta: Che Guevara el primero, mito para generaciones de jóvenes. El primero de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista huía de la Habana y los revolucionarios tomaban el poder. Pensaba encontrar en Cuba un régimen policíaco, personas que no pudieran expresar sus disentimientos, una ¿campana? Que me siguiese por todas partes. Un poco como me sucedió en mi viaje a China, Como siempre ha sucedido hasta ahora, en el mundo cuando una revolución agitada por óptimos principios se consolida y deja que sean siempre los mismos a inaccesar al poder.

En cambio no, no ha sido así. Y, al decir esto, expongo mi personalísimo parecer, la impresión de que no puedo comprender todo en quince días. Sé que tantos disidentes o personas que han tenido que ver con Cuba, podrán maldecirme después de haber leído mi intervención. No bastan años para comprender la dinámica de esta isla compleja, la más grande del Caribe, con más de mil kilómetros de largo, con más de diez millones de habitantes. Por lo tanto, tómenlo como una primera impresión.

En general, parece que todos pueden lamentarse del gobierno, desde el taxista que te lleva a divertirte hasta los escritores que escriben cuentos donde se meten con los servicios secretos (Eduardo Del Llano, Unplugged, Gran via). Algunos dicen que las cosas deben cambiar, que están estancadas, que querrían una vida más agitada. Sin embargo, el chofer de coco, el taxi motocicleta todo decorado, habla con una propiedad y una capacidad analítica sobre las cuestiones de política internacional que, entre nosotros, ni los laureados.

Giuliano Montaldo estaba en aquellos días en Cuba para rodar un documental sobre el cincuenta aniversario de la Revolución que saldrá al aire por la RAI en febrero. Lo encontré por casualidad en el Hotel Nacional, uno de los más fascinantes hoteles de la Habana –estilo colonial de los años trienta-, y en nuestra larga conversación me ha contado como ha quedado estupefacto de la cultura de la gente común y de los jóvenes. Yo he tenido la misma idéntica impresión. En Cuba parece que todos tienen lo necesario y casi ninguno lo superfluo. Por necesario entiendo comer, casa, luz, gas y teléfono, instrucción (y disfrute de la cultura) y sanidad pública, entre las mejores del mundo, la mejor seguro de toda América Latina. Pocos tienen auto, pocos pueden viajar al exterior, pocos tienen computadora y conexión a Internet en su casa. Aunque en cambio navegan en sus trabajos. Mientras los autos con sus descargas de gases están destruyendo el planeta, y es una fortuna que en Cuba en tanto haya tan pocos, A mi, sin embargo, si me quitan la posibilidad de viajar me quitan la respiración. Y después Internet es una de las pocas cosas positivas de las últimas décadas. In esto los entiendo.

Sin embargo, sin embargo, sin embargo, la dignidad que tienen los cubanos, su manera de ser no lo he encontrado en ningún otro país considerado pobre. Casi ninguno pide limosna, me sucede más en la ciudad donde vivo, Genova. Ninguno escudriña con avidez en los latones de basura, como he visto en tantas partes del mundo, comprendida la ex comunista Moscú. Quizá porque estuve en Cuba a finales de noviembre e inicios de diciembre, no en plena estación turística [acá comete un error porque el mayor arribo de turistas a Cuba se produce justo en estos meses, lo que llaman el “alta turística” según el argot del ramo. N. del Tr.] no he encontrado tantísimas jineteras. Pero habían y les aseguro que me dio un poco de nauseas ver a estas jóvenes veinteañeras bellas como el sol sentadas a la mesa de los restaurantes con decadentes viejos occidentales. Quizá sólo estaba influenciada por el juicio de dos amigos europeos –varones- que viven alli y me han contado cuantas feas historias han visto: muchos conocidos suyos europeos y también algunas mujeres cayeron y se han casado para después llevarlas a Europa, donde todo ha naufragado tras golpes?, denuncias, abogados y divorcios. Algunos han sido reducidos a la miseria. Más, ¿se podrá amar a cualquiera si median intereses económicos? Pero esto no sucede solo en Cuba, de hecho en otras partes es mucho peor.

Otra cosa que no me esperaba: no hay ninguna celebración del Máximo Líder, en el sentido tradicional de tantos países comunistas, no hay estatuas de Fidel en ninguna parte. Abundan [Sustituyo con una palabra que me parece encaja] las de José Martí, poeta y mártir de la guerra de independencia, un poco como nuestro Garibaldi, no faltan los homenajes a Hemingway. El Che en cambio esta por doquier, casi es un espíritu guía, desde incluso la Plaza de la Revolución: no en estatuas si no en murales. Los Hoteles de lujo de la Habana, estan llenos de artículos sobre el Che, como en nuestros centros sociales. Pero esto no sucede sólo en Cuba, él es un ícono para millones de jóvenes de todo el mundo.

En el museo principal de la Habana, un poco aburrida del arte colonial, no veia la hora de llegar a los artistas de los años sesenta y setenta, estaba curiosa de ver como se las habían arreglado en Cuba, segura de encontrar horribles retratos de políticos. Me equivocaba en grande, no existe arte celebrativo, ninguna traza de realismo socialista en el arte de los noventa, aunque sí algunas obras pueden ser también leídas en clave crítica.

Otra cosa que me ha asombrado: estuve en la sede cubana del Instituto Dante Alighieri, para una conferencia de Mariela Castro, hija de Raúl, el actual Presidente. No sólo no había ninguna escolta policial, si no que ella –una cuarentona despierta e inteligente- estaba allí para hablar de los derechos de los homosexuales y de aquello que esta haciendo, junto a su asociación para promover en el gobierno una suerte de “Dico” [Ley italiana para uniones gay]. Después de la persecución realizada contra los homosexuales algunos años atrás, me parecía imposible que la hija de Raúl, sobrina de Fidel, dijese cosas que comparto en cada coma. Dicen que ella es el futuro de Cuba, por lo que he visto no tendría nada que oponer? Aunque no ame a sus recomendados.

En suma Cuba me ha puesto de buen humor, con una predisposición positiva hacia la vida que no quiero peroder. Será porque en cada esquina encuentro alguno que canta y que baila, serña porque por quince días no he visto una publicidad ni por la calle ni en la televisión. No es que la tenga tomada con la publicidad, da de vivir a mentelocale.it como a tantos otros órganos de prensa, pero prueben a estar un poco de tiempo sin ser bombardeados de nalgas, senos, bíceps que recomiendan cualquier cosa. Si está más a gusto consigo mismo y si alcanza una especie de limpieza visual y mental.

Será por la melancolía que inspira el Malecón –el mítico paseo junto al mar de la Habana- en invierno. Si porque también alli hay invierno, donde la temperatura asciende a 25 grados. Será por la atmósfera decadente de los edificios o por las limousinas de los años cincuenta que se apresuran rumorosas por las calles. Quería ir a Cuba antes que todo esto terminara y he tenido éxito. Una cita aplazada por más de veinte años. Lo dice también la Rough Guide [conocidas guías para viajeros. N. del Tr.], vaya rápido, vaya pronto si todavía no ha ido, porque todo cambiará dentro de poco, cuando la isla entre a formar parte del mundo globalizado. Mas los cubanos –rebeldes y testarudos- han encontrado siempre su camino y no han dicho que el Malecón se llenará de Mc Donald y Pizzas Hut, como dicen todos.

(Los subrayados pertenecen al artículo original)

http://www.mentelocale.it/viaggi_sport/contenuti/index_html/id_contenuti_varint_22713

Estos 50 años fueron de resistencia y firmeza del pueblo

Entrevista realizada al Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, por la periodista Talía González Pérez, del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, el 31 de diciembre de 2008

(Versiones Taquigráficas - Consejo de Estado)

Entrevista realizada al Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, por la periodista Talía González Pérez, del Sistema Informativo de la Televisión CubanaPeriodista: Durante los primeros días del triunfo de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresaba al pueblo que aunque la Revolución había triunfado nadie debía imaginar que en lo adelante todo sería más fácil, sino que en lo adelante tal vez todo sería más difícil. ¿Cuán difícil han sido estos 50 años para construir una Revolución socialista frente a las agresiones imperialistas y el complejo panorama internacional?

Raúl Castro.- La frase del Comandante en Jefe, que fue pronunciada el 8 de enero de 1959, al llegar a la capital, en el antiguo campamento de Columbia, el principal cuartel de la dictadura, la recuerdo con toda nitidez, porque me causó una gran impresión de cómo él veía el futuro, y más ahora a los 50 años, por la certeza conque lo previó.

Aquella idea advertía: “La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.

 




"Esta noche quiero depositarles flores a los caídos del Segundo Frente, a Vilma también.
Mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles
unas flores a Martí, a los caídos del Moncada,
en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas".

Y así ha sido, desde sus inicios. Con las primeras medidas que se tomaron en defensa de la Revolución, la captura y juicio de los peores asesinos y torturadores de la tiranía, empezó una confrontación con los medios en manos de las fuerzas dominantes del continente y del planeta, o parte del planeta en ese momento.

Recuerdo la campaña gigantesca que se montó en los primeros meses del triunfo de la Revolución. No pasó mucho tiempo, la Revolución ya estaba en marcha. El 17 de mayo, habían transcurrido cuatro meses y medio del triunfo de la Revolución y se produce la aprobación, en la Comandancia de la Plata, por el propio Fidel, en la Sierra Maestra, donde fue el Consejo de Ministros, de la primera Reforma Agraria. Esa Ley afectó muchos intereses norteamericanos, ya que eran los dueños de las mejores tierras, de las que se habían apropiado fundamentalmente con las ventajas que les daba la ocupación del país, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, donde se dio el caso que simbólicamente pagaron hectáreas de magnífica tierra a 10 centavos de dólar y, como es natural, fue la primera seria afectación que sufrieron sus intereses al recuperar Cuba esa riqueza fundamental que es la tierra.

Considero que esa medida significó algo parecido al Rubicón de la Revolución Cubana. El Rubicón era un río que marcaba la frontera entre Italia y la provincia romana de la Galia Cisalpina. Cuando Julio César decidió cruzarlo, después que el Senado romano le prohibiera entrar en Italia con su ejército, se hizo famosa la frase: “Cruzó el Rubicón”; o sea, que tomó una decisión irreversible. Y fue el Rubicón al afectarse esos intereses norteamericanos y desatarse, con toda virulencia, la lucha de clases y la agresividad del imperialismo contra Cuba.

Puede decirse que fue el primer paso importante, después vinieron otros.

Las constantes agresiones, el golpe que nos daban al negarse a refinar el petróleo que compramos en la Unión Soviética más barato, la advertencia de que tenían que refinarlo, que era una obligación de ellos, su insistencia en negarse, la decisión de nacionalizar sus refinerías, y así, sucesivamente, iniciaron un proceso de golpes y contragolpes. Un paso muy importante, fue en aquel verano de 1960, consecuencia de esa lucha en la cual no nos podíamos detener o era derrotada la Revolución, la nacionalización de todas aquellas grandes empresas norteamericanas. Aprovechamos un congreso de jóvenes latinoamericanos que se celebraba en La Habana, y en el antiguo estadio del Cerro, donde hoy está el Latinoamericano, se improvisó una actividad. Recuerdo que pusimos una pequeña tribuna, en la que apenas cabían algunas decenas de compañeros, por allá por el center field, y entre jóvenes latinoamericanos y cubanos y una gran población de trabajadores y pueblo en general, Fidel proclamó la nacionalización de todas esas empresas.

No se puede decir que el tránsito de un sistema social a otro se produzca en un día, es imposible; es un proceso de muchos pasos, que concluye con el predominio de los bienes de producción en manos mayoritarias de la población.

En el caso de Cuba si hay un día que se puede proclamar como tal es precisamente ese, por el peso que tuvo en la economía el conjunto de todas esas propiedades que pasaron, de propiedad particular norteamericana, a propiedad de todo el pueblo, a través del Estado cubano recién surgido.

Durante ese tiempo, en 1960, se empiezan a desatar las bandas contrarrevolucionarias que se hicieron fuertes en las montañas del Escambray; aunque lo intentaron en las diferentes provincias, sobre todo las que tenían sistemas montañosos.

Hay que tener en cuenta que el gobierno del presidente estadounidense, Dwight Eisenhower (1953-1961), ya en su etapa final, había producido la invasión de Guatemala en 1954 —siete años antes—; la Guatemala progresista de Jacobo Arbenz, coronel, persona honesta, que llegó a la presidencia por la vía de las elecciones y ante la miseria de la gran masa de indios y de campesinos guatemaltecos hizo una pequeña reforma agraria —digo pequeña, si la comparamos con el alcance y profundidad que tuvo la nuestra—, eso fue suficiente para que condenaran a muerte, su proceso revolucionario. Eisenhower, John Foster Dulles, su secretario de Estado, y el hermano de este último, Allan Dulles, quien era jefe de la CIA, tomaron tal decisión.

Fue una invasión más pequeña que la de Girón, fue por tierra, no hubo resistencia, vaciló el presidente Arbenz, no armó al pueblo que estaba decidido a luchar, según las manifestaciones que se observaban. Nosotros pudimos seguir esa situación por la prensa que nos llegaba al presidio de Isla de Pinos, donde desde hacía un año estábamos presos por el ataque al cuartel Moncada.

En los primeros años del triunfo de la Revolución Cubana, ese era el trío que decidía todavía la política en Estados Unidos, (Eisenhower, los hermanos Foster y Allan Dulles), aunque ya contando o por lo menos compartiendo la información con la futura administración que ya había sido electa, encabezada por John F. Kennedy (1961-1963).

Es por ello que durante el año 1960 planifican dicha operación, la aceleran, porque ya sabían que estábamos preparando pilotos para aviones Migs en los países socialistas y querían acelerarla, y se percataron de que estábamos adquiriendo armamentos para fortalecer la defensa de la Revolución.

No obstante, concluye el mandato de Eisenhower, del Partido Republicano, y a partir del 20 de enero de 1961 asume la presidencia de Estados Unidos, el demócrata John F. Kennedy.

Hay que decir, antes de continuar esta fase, que Foster Dulles —el secretario de Estado de Eisenhower— era abogado de la United Fruit Company, que fue la que estimuló y apoyó, fundamentalmente, la intervención en Guatemala; eran los dueños de las grandes plantaciones bananeras y de otras propiedades en ese país, al igual que en otras repúblicas centroamericanas. United Fruit Company era la misma que en Cuba tenía otro nombre: United Sugar Company, allá banano, aquí azúcar. Les dio resultado la aventura del año 1954 contra Guatemala e intentaron hacer igual, con un poco más de fuerzas, más aviones, barcos, porque somos una isla y tenían que ser transportadas en barco las fuerzas invasoras; pero fueron los mismos y por los mismos intereses que organizaron la agresión de Playa Girón, mucho antes de que aquí ni se hablara de socialismo.

El 2 de enero de 1961, utilizando de pretexto el discurso de Fidel el primero de enero en la Plaza de la Revolución, deciden romper las relaciones diplomáticas con Cuba. Era un pretexto, ya Playa Girón estaba planificada. La agresión a nuestro país estaba decidida antes de proclamarse el carácter socialista de la Revolución Cubana que, como sabes, fue el 16 de abril de 1961, lo que demuestra que venían creando las condiciones para ya no tener relaciones diplomáticas y agredirnos.

Kennedy, a los dos meses y medio de asumir la presidencia, lanza la invasión de Playa Girón, empezando con los bombardeos del 15 de abril.

Ese es un ejemplo de por qué yo digo —uno de los tantos— que en Estados Unidos hay un solo partido. En esa ocasión la invasión la planificaron los republicanos y la ejecutaron los demócratas. Eso es como si en Cuba existieran dos partidos: uno lo dirige Fidel y el otro Raúl, con pequeños matices de diferencia, pero es lo mismo.

Hay que decir que en esta operación de Playa Girón hubo un joven y prometedor oficial de la CIA, que se ocupó del reclutamiento de la mayoría de los mercenarios que fueron alistados en la Florida fundamentalmente y trasladados después a Centroamérica para su entrenamiento y siguiente partida hacia Cuba. Ese joven oficial, quien posteriormente fue jefe de la CIA y más adelante presidente de Estados Unidos, se llama George H. Bush (1989-1993), en este caso el padre del actual mandatario George W. Bush (2001-2009) —para que vean que todo es el mismo poder, una misma élite que se alterna en el poder, según las circunstancias.

Cuando Playa Girón estábamos alfabetizando el país. Ya a las bandas contrarrevolucionarias se les había dado un golpe poderoso con la movilización de decenas de miles de obreros, fundamentalmente, de la capital, para lo que se llamó la Limpia del Escambray, y ellos estuvieron pensando desembarcar por Trinidad, y, si fracasaban, se encontraban a un paso prácticamente del macizo mal llamado del Escambray, su verdadero nombre es Guamuhaya.

Como se les dieron esos golpes en el año 1960, estudiaron entonces la variante de Playa Girón, que no es mala, es el humedal más grande del Caribe —del Caribe insular me refiero—, difíciles sus accesos, una carretera que atraviesa la ciénaga, la principal vía de comunicación, donde en un lugar llamado Pálpite, en medio de la misma, donde hay un poco más de tierra firme, lanzaron sus paracaidistas y la ofensiva tuvimos que hacerla en fila india los tanques, la artillería, los soldados, las tropas no se podían desplegar, y esa es una de las causas de que tuviéramos más bajas que los agresores.

Es conocida la advertencia de Fidel y la orden de liquidar la invasión en 72 horas. Había que liquidarla en 72 horas, porque se previó, con mucha lucidez por parte de Fidel, que si no lo hacíamos así, una vez que consolidaran su cabeza de playa, hubieran trasladado hacia allí al gobierno títere, que ya tenían formado, encabezado por Miró Cardona, en una base militar norteamericana en la Florida.

Consolidada la cabeza de playa, el gobierno títere ya en tierra firme, reconocido por Estados Unidos, reconocido por la OEA a la que le pedirían ayuda inmediatamente y los barcos norteamericanos ya a la vista, era fácil, era lógico el desembarco de esas tropas para apoyo de los mercenarios. Por eso esta invasión se produce en 1961.

Y dando un salto operativo, como decimos los militares, cuando en enero de 1962, bajo el dictado del gobierno de los Estados Unidos, nos expulsaron de la OEA y todos los países latinoamericanos, con la honrosa excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas con Cuba. El país que ha sido agredido unos meses antes cuando Playa Girón, ahora es expulsado de la OEA, bajo las indicaciones de Estados Unidos ante su ministerio de colonias, como le llama el canciller Roa.

¿Por qué era eso? Porque una vez derrotados en Girón, los Kennedy, la administración norteamericana y el sistema no resistían esa afrenta, esa humillación, esa derrota por un país pequeñito frente a su poderío, y ya esa expulsión de la OEA era creando las condiciones. Como antes los yankis hicieron, que rompieron relaciones en enero para tener las manos libres y atacarnos en abril en Girón, la OEA nos expulsa en enero por ser incompatible nuestro sistema con su “sistema democrático”. El objetivo era la invasión directa, probablemente, el mismo año 1962, que solo se pudo impedir por la presencia de los cohetes nucleares soviéticos en Cuba; de lo contrario, hubiéramos sido invadidos. Había quien tenía dudas si eso iba a ser cierto o no, las dudas se esfumaron años después; con la desclasificación de documentos secretos, era evidente que ya estaban preparando la agresión.

Señalo solo los aspectos más visibles, más sonados, más importantes de aquellos años. Fueron cinco o seis años muy duros. El bloqueo ya estaba andando; pero existía la Unión Soviética bajo la dirección del Partido Comunista soviético y de Jruschov, que tuvieron una actitud muy positiva y desempeñaron un papel muy importante para el hecho de que pudiera subsistir y resistir la Revolución. Fuimos dotados con una buena cantidad de armamentos de todo tipo, hasta lograr la fortaleza con la que hoy contamos desde el punto de vista militar.

Es decir que viene Girón, viene el acuerdo entre dos presidentes, uno asesinado y el otro destituido, acuerdo verbal de la retirada de los cohetes con el compromiso de no agredir a Cuba; pero entonces surge la Operación Mangosta, dirigido por el hermano del Presidente, o controlado, supervisado, por Robert Kennedy, procurador del gobierno norteamericano, que también tuvo participación en los contactos que hizo con la mafia norteamericana para los conocidos y ya investigados planes de atentados a Fidel, de los tantos que planificaron.

Fueron cinco años de constante lucha interna; miles los muertos y heridos, víctimas del terrorismo de Estado, orientado, organizado y dirigido por Estados Unidos.

Crearon entonces en Miami un centro de la CIA, el más grande que existía después de sus oficinas centrales que están en Langley. Cientos de oficiales de la CIA dirigiendo las actividades contra Cuba, primero de Girón y después de la Operación Mangosta; solo fue superado ese centro por el que años después establecieron en Saigón, la ciudad hoy llamada Ho Chi Minh, en el sur de Viet Nam, cuando la agresión a ese país, un centro muy grande de la CIA; solo ese superó el que hicieron en Miami para luchar contra nosotros.

Llegó a haber, como se sabe, 179 bandas contrarrevolucionarias armadas en todo el país de diferentes tamaños, a veces se unían, daban un golpe, se volvían a fragmentar; en dos ocasiones estuvieron en las seis provincias del país, antes de la actual división político-administrativa, incluso en el sur de La Habana, que era una sola provincia.

Fueron seis años, creo que hasta por allá por el año 1965 o enero de 1966, que aniquilamos la última banda de aquella etapa; después surgieron algunas, en diferentes períodos, que eran eliminadas rápidamente. Se fue fortaleciendo la Revolución, existían las milicias campesinas, compañías serranas.

Como te decía, fue en el Escambray donde único alcanzaron fuerza. Oriente era un lugar muy peligroso, era la provincia más grande, hoy son cinco provincias, la zona más montañosa, donde existía una base norteamericana; y allá por los años sesenta Fidel me dijo, cuando empezó a complicarse la situación: “Mira, vete para Oriente y yo me hago cargo del Ministerio de las Fuerzas Armadas con el Jefe del Estado Mayor” —que era Sergio del Valle, ya fallecido—, “vete para allá, ve organizando el Ejército Oriental, que si salvamos Oriente, salvamos a la Revolución”, es la confianza que él tenía por la fuerza de Oriente, la importancia de Oriente, y en los propios orientales, esa confianza que siempre hemos tenido, su tradición de lucha. Y así fue, yo estuve año y medio allí, fundé el Ejército Oriental, periódicamente venía a La Habana, participaba en las reuniones más importantes, y posteriormente Fidel, igual que mandaba al Che para Pinar del Río, a Almeida para el Centro, a mí me mandaba para Oriente cada vez que había una crisis de este calibre, de esta magnitud: Crisis de Octubre, Girón; pero en esta ocasión que te dije estuve más o menos año y medio allí.

Eso, junto con el bloqueo, los sabotajes permanentes, yo he narrado que a veces llegaba al Ministerio de las Fuerzas Armadas y venían cuatro o cinco ayudantes, que eran enlaces con los diferentes territorios, ejércitos y regiones del país, y para andar más rápido no me hacían informes, venían con un listado de lo que había acontecido en las últimas 24 horas, o por lo menos las últimas 12 horas de la noche anterior: decenas de casas de curar tabaco incendiadas en Pinar del Río, tantas decenas de cañaverales ardiendo en todo el país, según la época del año; tantos combates librados, tantas bombas en ciudades y otros lugares, tantos sabotajes a tendidos eléctricos. A veces yo les decía: “Díganme lo más importante”, y eso fue, con mayor o menor intensidad, durante cinco o seis años.

Es un botón de muestra de una época de mucha actividad, de mucha agresividad del enemigo, pero con mayor o menor intensidad, esa ha sido la lucha durante estos 50 años. El daño ha sido grande, pero también las ventajas han sido grandes.

Periodista: ¿A partir de ese recorrido histórico, cómo definiría la participación del pueblo para enfrentar todas estas agresiones durante este medio siglo?

Raúl Castro: Te diría que estos 50 años fueron de resistencia, los años de la subsistencia, los años de la firmeza del pueblo, los que nos mantuvimos firmes, que es la inmensa mayoría del país.

Después vino el gran golpe de la disolución del campo socialista, muy especialmente de la Unión Soviética, con el que teníamos el 85% del intercambio comercial, donde el Producto Interno Bruto, que es el valor de toda la producción de un país, cayó un 33%; el transporte colapsa, empieza a colapsar todo —menos mal que teníamos en los almacenes bastantes piezas de repuesto— y se empezó un nuevo período al que Fidel, 10 años después de haber comenzado este período especial —es un término que usábamos los militares en la planificación para en caso de guerra; la economía pasaba a un período especial, por eso se usó ese término—, calificó como la época más gloriosa de estos 50 años de Revolución. ¿Por qué? Por la resistencia del país.

No podemos olvidar actos terroristas y crímenes como el del avión de Barbados; no podemos olvidar asesinatos de nuestros adolescentes alfabetizadores en las montañas por aquellas bandas que actuaban en los primeros años. Así sucesivamente, no podemos olvidar las cifras de esas víctimas mortales, que en estos 50 años suman 3 478 y los condenados de por vida a incapacidades que alcanzan el número de 2 099.

No podemos olvidar los 101 niños muertos cuando el dengue hemorrágico. Según organizaciones internacionales de salud resulta imposible por causas naturales lo ocurrido en Cuba, donde en pocas horas hubo que ingresar a 344 203 personas afectadas, dándose el caso verdaderamente récord de 11 400 nuevos enfermos reportados en un solo día, el 6 de julio de 1981.

Son cuestiones que pasan así, como una película rápida por la mente, sobre todo, en esta fecha de hoy, en que hace 50 años que se rinde a Fidel el ejército de Batista, las guarniciones que estaban en Santiago, los momentos que estábamos viviendo hace 50 años; el Primero de Enero, donde pudimos presenciar cómo se desmoronó ese ejército, fundado por los norteamericanos cuando disolvieron el ejército mambí a fines del siglo XIX y a comienzos del siglo XX, esa Guardia Rural que nos dejaron como herencia, ese ejército instruido por ellos, que fueron vencidos por el Ejército Rebelde.

¿Qué era el Ejército Rebelde? Ni más ni menos que el ejército mambí; retomó las armas del ejército mambí, que fue desarmado por el imperialismo, por el naciente imperialismo, que empezaba a tomar fuerzas, y que Lenin calificó esa guerra hispano-cubana-norteamericana como la primera guerra imperialista. Ya el mundo había sido dividido por las grandes potencias, en una reunión en Berlín, en el último cuarto del siglo XIX, y para obtener nuevas tierras había que quitárselas a otras potencias coloniales. Ese fue el pretexto que aprovecharon para quedarse con Cuba, Puerto Rico y Filipinas, y a Cuba, por ser la que más luchó, por espacio de cerca de 30 años, con sus altas y sus bajas, le permitieron un himno, una bandera, un escudo y una Constitución con una enmienda llamada Platt, por el nombre del senador que la propuso.

Tal enmienda les daba el derecho a intervenir en Cuba cuando lo estimaran pertinente e hicieron uso de eso en más de una ocasión.

La Enmienda Platt rigió hasta después de la caída de la dictadura de Machado, por la década del 30, pero siguió lo mismo. Realmente, por esas cosas de la historia, el primer soldado americano entra en La Habana el primero de enero de 1899. Esta guerra se libró en Oriente y por eso ellos entran en La Habana una vez que se habían rendido las tropas españolas, el primero de enero de 1899; y por esas ironías de la historia las primeras columnas guerrilleras de la Revolución enviadas por Fidel, la del Che y Camilo, entraron a La Habana también el Primero de Enero, un primero de enero, pero de 1959.

Quiere decir que el dominio absoluto norteamericano en este país duró exactamente 60 años. Cierto es que algún capital norteamericano ya había entrado con anterioridad a Cuba; pero el dominio absoluto del imperialismo norteamericano en Cuba duró 60 años, de un primero de enero a otro primero de enero.

Y esos 60 años tuvieron sus altas y sus bajas, dejaron un gran complejo en el país, una gran confusión, un gran dolor, hasta que empiezan a resurgir de las cenizas de aquellos acontecimientos los movimientos populares, surge el primer partido comunista en el año 1925, fundado por Mella y por Baliño, un joven brillante y un veterano amigo de Martí, luchador por la independencia. El imperialismo que manejaba el país instaura la dictadura machadista, hace fracasar la revolución que la derroca; surge Batista, un sargento del Estado Mayor que conocía todas las interioridades de dicha institución, con un grupo de sargentos dio un golpe, a los pocos días es coronel: es el nuevo instrumento del imperialismo como poder detrás del trono desde 1933 hasta las elecciones de 1940, y es presidente hasta 1944, se retira al extranjero, surgen los llamados gobiernos auténticos y corruptos de Grau San Martín y Prío Socarrás hasta 1952, y es el 10 de marzo de ese año que resurge nuevamente Batista, prohijado, como siempre, por el gobierno norteamericano. Esta vez la dictadura duraría siete años.

En esa época América Latina estaba plagada de dictadorzuelos al estilo de Batista, que era el método que utilizaban los Estados Unidos, fundamentalmente, para tener el dominio absoluto del continente, también en el Caribe, en el Caribe anglófono todavía eran colonias inglesas; pero en República Dominicana y Haití, la llamada La Española, la segunda en tamaño de las Antillas Mayores, había dictaduras ni más ni menos que la de Trujillo y la de Duvalier. Esa era la situación del continente.

Ahí empezó la lucha del Moncada, conocida perfectamente por nuestro pueblo; una dictadura que duró unos siete años, desde el 10 de marzo de 1952 hasta el primero de enero de 1959: cinco años, cinco meses y cinco días transcurridos desde el ataque al Moncada hasta el triunfo, una coincidencia de tres cinco.

Periodista: Constituye un hecho inédito en la historia de la humanidad que los principales líderes de un proceso revolucionario puedan ver después de 50 años del triunfo los frutos de las ideas por las que se luchó y continúen trabajando para seguir consolidándolas. ¿En el plano personal qué sentimientos experimenta usted hoy?

Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro RuzRaúl Castro: Cuántas cosas, sentimientos, sensaciones, vivencias han pasado en estos 55 años desde el Moncada. Nos ha tocado vivir esta época, la más gloriosa en la historia de esta nación, la de la gran tensión, y hoy somos respetados.

El pueblo de Cuba se siente orgulloso de sí mismo, se siente seguro de sí mismo, está orgulloso de su Revolución, con un sentido de pertenencia de su Revolución.

Periodista: Usted ha hablado en reiteradas ocasiones del tema del bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba, que casi cumple medio siglo y que ha costado al gobierno cubano y a su pueblo años de lucha y de resistencia; también del complejo panorama internacional de guerra, de desunión, de desastres naturales. Cuba hoy, a 50 años de Revolución, ¿qué estrategias implementa hacia lo interno, para seguir defendiendo la Revolución socialista que construimos?

Raúl Castro: Ante todo, basarnos en nuestros propios esfuerzos —ya eso lo ha expresado Fidel hace rato—, y sobre todo después que nos quedamos solos, después de la disolución del campo socialista; la necesidad de basarnos en nuestro propio trabajo. Ya lo dijo Fidel en la magnífica definición del concepto Revolución aquel primero de mayo del 2000, en la Plaza de la Revolución, en La Habana.

Cuestión vital es desarrollar las producciones internas, incrementar las exportaciones, producir todos los alimentos que se puedan producir en este país, ahorrar. Nadie, ni una persona ni un Estado, puede gastar más de lo que produce, sería dejarles a nuestros hijos y nietos una gigantesca deuda; no es ético, no hay derecho.

Hemos resuelto muchos problemas, pero el propio desarrollo trae aparejado otros nuevos.

La tasa de natalidad es baja. Al cierre de este año se ha incrementado algo, la cifra sobrepasa en 10 mil nacimientos los del año pasado, es poco todavía.

La esperanza de vida se ha elevado. Tenemos miles, decenas de miles, cientos de miles de personas en la tercera edad. Igual que es necesario hacer círculos infantiles para los niños —que como ya sabes, no alcanzan, muchos se cerraron, otros se vieron afectados—, ya a cierta edad hay que hacer casas para los abuelos, que se pasen el día en dichas casas y por la noche vayan a su propio hogar con el resto de la familia; pero hay casos en que ya eso no podrán hacerlo por su edad avanzada, tienen que estar con la familia y es difícil para la familia cuando ya se llega a cierta edad, habrá que hacer más asilos.

La esperanza de vida es una gran ventaja. Cuando atacamos el Moncada, andábamos en 59 años de esperanza de vida y hoy estamos en 77,97. La mortalidad infantil disminuye.

Hay muchas cosas positivas que traen aparejados nuevos problemas que tenemos que enfrentar.

No hemos tenido paz, no hemos tenido tranquilidad. El enemigo dice que el socialismo ha sido un fracaso. ¿Por qué no nos dejan tranquilos para luchar en igualdad de condiciones? Pero no ha sido ningún fracaso, ni siquiera en estas condiciones. Ha sido un incesante batallar.

Hemos tenido que dedicar gigantescos gastos a la defensa, porque, como ya hemos dicho en otras ocasiones: para nosotros evitar la guerra equivale a ganarla; pero como hemos añadido: para ganarla, evitándola, hay que derramar ríos de sudor y no pocos recursos, miles de kilómetros de túneles; menos los barcos de guerra, todas las unidades están bajo tierra. Eso cuesta, eso da seguridad.

Por mucho que puedan bombardear un día, por mucho que puedan bloquearnos, el problema es que para resolver el problema de Cuba hay que desembarcar, y ahí es cuando estemos de igual a igual, soldado a soldado, la cosa es diferente.

Yo no quisiera ver ni en un laboratorio lo que sería una agresión a Cuba por parte de Estados Unidos, porque el precio que tendría que pagar nuestro pueblo sería muy caro, muy elevado. Aunque Martí lo dijo: la libertad cuesta muy caro y hay que resignarse a vivir sin ella o estar dispuesto a pagar el precio que sea necesario. Y ya se sabe lo que hemos hecho nosotros: desde hace más de un siglo hemos estado dispuestos a pagar el precio que sea necesario, lo hemos pagado.

Pero tenemos que ahorrar, tenemos que eliminar gratuidades. Si queremos equilibrar los salarios en el justo papel que deben desempeñar, hay que, paulatinamente, o simultáneamente, ir eliminando gratuidades indebidas, que fueron surgiendo por aquí y por allá, y subsidios excesivos. El Estado siempre tiene necesidad de ir subsidiando para ir equilibrando, ayudando a los de menos ingresos, por un motivo o por otro, siempre tiene que haber subsidios en una cosa u otra, pero no abusar de eso. Nadie se acuerda de lo que recibe de subsidios y de gratuidades, solo se lleva la cuenta de lo que se recibe en el salario mensual, y esa cuenta está mal sacada. Tenemos que aprender que dos y dos son cuatro, no cinco; a veces, tal vez en el socialismo, dos y dos da tres. Esas son cuestiones fundamentales.

Tenemos que saber que hemos estado viviendo y tenemos que continuar viviendo en una situación tensa y difícil; se nos viene encima, la tenemos ya, un mundo turbulento, con una crisis económica y financiera que se sabe cómo empezó, pero no se sabe ni cuándo ni cómo terminará, mucho peor y más grave que la de hace 80 años, en la década del veinte del siglo pasado; afectará a todos, y, como es natural, a los países más pobres, y dentro de los países ricos, a los ciudadanos más pobres. Tal vez nosotros, en algunos aspectos, seamos menos afectados. Tenemos un pueblo entrenado, más del 70% de la población nació en condiciones de bloqueo; si hay algún país que está entrenado para resistir situaciones de este tipo somos nosotros y está demostrado que vivimos.

Tenemos que darle el verdadero valor al trabajo, y podemos quedarnos roncos hablando y predicando ese concepto, que si no tomamos las medidas para que las personas sientan la necesidad vital de trabajar para satisfacer sus necesidades, no acabaremos de salir de este bache, y saldremos.

Quizás no podamos resolver muchos de los problemas con la rapidez que se requiere. Hay que trabajar, hay que ponerse para ese concepto que es trabajar, crear y ahorrar. Esa es la situación, creo que se entenderá. Son verdades, por duras que sean, nosotros no podemos edulcorarlas, tenemos que decirlas.

Tenemos para el 2009 grandes tareas: continuar el reparto en usufructo de las tierras; se ha avanzado, ya salimos de las primeras trabas iniciales que nos encontramos por hábitos atávicos de burocracia. Vamos saliendo por lo menos, en parte, de los daños ocasionados en la producción agrícola, por los tres terribles huracanes que nos azotaron.

Esos huracanes nos costaron un poquito más de 9 700 millones de dólares —y nunca se suele sacar la cuenta exacta, porque es muy difícil, de los daños que nos ocasionaron—, lo que equivale a alrededor del 20% del Producto Interno Bruto del país. Se sacaron las reservas que teníamos para alimentar a la población, no hay quejas de ese aspecto. No podremos en muy poco tiempo resolver las deudas de viviendas que tenemos de viejos huracanes del año 2002, 2005, más las nuevas viviendas destruidas; hasta que en todo el país no tengamos casitas que puedan resistir, con sus placas, y que puedan resistir los huracanes cada vez más frecuentes y violentos, tendremos esta situación.

Hemos decidido que en muchos lugares de las costas, sobre todo, en la costa sur, donde son continuos y repetitivos los huracanes o penetraciones del mar que destruyen viviendas, construirlas más atrás. La población quiere que se le haga en el mismo lugar donde las tenía, viene otro fenómeno de este tipo y volvemos a la misma situación. En Cuba, cualquier cosa sirve como casa por el clima, pero no para resistir los huracanes. Ya vamos experimentando que son más frecuentes y más violentos por las conocidas razones de la alteración del clima, fundamentalmente, por la irracionalidad humana, problema aún no resuelto.

Estamos llenos de optimismo, siempre hemos sido optimistas hasta en los peores momentos, lo aprendimos de Fidel, desde cuando —hizo 50 años el pasado 18 de diciembre—, con sus dos fusiles unidos a los cinco que yo llevé, me hizo la famosa pregunta: “¿Cuántos fusiles traes?” “Cinco.” “Y dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!”. Siempre fue igual, sacaba fuerzas de donde parecía que no había posibilidades de ningún tipo, ni de sobrevivir ni de seguir avanzando. Eso es una historia constante.

Estos 50 años son años heroicos. Los que tuvimos el privilegio de vivirlos conscientemente y participar activamente en todos esos grandes acontecimientos, junto con nuestro pueblo, tenemos que sentirnos orgullosos de todo lo que hemos vivido, esa gloria que no podemos mancillar, que no podemos dejar caer, que tenemos que continuar, porque el imperialismo está ahí.

Periodista: A partir del reciente resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, varios analistas en la prensa internacional especulan que existen expectativas de cambio con la asunción a la Casa Blanca de Barack Obama. ¿Cuál es su apreciación?

Raúl Castro: Ahora hay un presidente que ha levantado esperanzas en muchas partes del mundo; pienso que esperanzas excesivas, porque aunque sea un hombre honesto, y creo que lo es, un hombre sincero, y creo que lo es, un hombre no puede cambiar los destinos de un país, y mucho menos —un hombre solo, me refiero— a Estados Unidos. Podrá hacer mucho, podrá dar pasos positivos, podrá hacer avanzar ideas más justas, podrá frenar la tendencia, casi ininterrumpida desde el surgimiento de Estados Unidos, en que casi todos los presidentes han tenido su guerra, o sus guerras. Dijo que va salir de Iraq, buena noticia. Dice que va a duplicar las fuerzas en Afganistán, mala noticia. Las soluciones de los problemas del mundo no pueden ser a base de guerra.

Considero que con Afganistán no hay solución, salvo una: dejar quietos a los afganos. Por allí solo entró y salió ileso Alejandro Magno, será porque se casó con una princesa afgana, pero, sobre todo, porque se fue rápido. Ahí los ingleses sufrieron un descalabro en el siglo XIX; en el siglo XX los soviéticos sufrieron su descalabro, que vivimos todos nosotros, y en el siglo XXI los norteamericanos y los que con ellos se queden en Afganistán sufrirán también su descalabro. Son realidades, y eso es negativo.

Los gigantescos recursos que se dedican a las cuestiones militares, a las guerras, desde la guerra de Viet Nam... ¿Para qué la guerra de Viet Nam? ¿Para qué la agresión? ¿Para qué cerca de 60 000 muertos norteamericanos? Ignoro la enorme cantidad —debe ser dos o tres veces mayor— de inválidos, heridos, mutilados. ¿Para qué 4 millones de vietnamitas muertos, de ambas partes? ¿Qué objetivos? ¿Qué lograron? ¿Para qué el bloqueo a Cuba 50 años, qué han logrado? Nos han fortalecido más, nos sentimos más orgullosos, nuestra resistencia, somos más fuertes, estamos más confiados.

Ojalá me equivoque en mi apreciación. Ojalá el señor Obama tenga éxitos; en cuanto a nosotros tenga éxitos, pero en una política justa, y que ayude a resolver, por el poderío que tienen, los graves problemas del mundo.

Nuestra política está definida: el día que quiera discutir, discutimos, en igualdad de condiciones, como ya he dicho, sin la más mínima sombra a nuestra soberanía y de igual a igual. Y como suele suceder o solía suceder que a cada rato venía alguien a pedir que hiciéramos un gesto, como también recibí una carta de un ex presidente que sugería que se aproximaban cambios ante las elecciones presidenciales en Estados Unidos y que era bueno que Cuba hiciera algunos gestos, con la misma amabilidad que me escribió le contesté: La época de los gestos unilaterales se acabaron; gesto por gesto. Y estamos dispuestos a hacerlo cuando lo decidan ellos, sin intermediarios, directamente. Pero no estamos apurados, no estamos desesperados, y, por supuesto, ya lo dijimos y lo dijo Fidel también desde hace años: no discutimos con garrote y zanahoria, ya eso pasó, ya eso era otra etapa.

Esa es nuestra posición, seguiremos a la espera pacientemente. Cosa increíble que con el temperamento de los cubanos aprendamos a tener paciencia; la tenemos, y por lo menos en esto lo hemos demostrado.

Periodista: Durante estos cincuenta años los Estados Unidos han hecho lo imposible por aislar a Cuba del mundo. Recientemente nuestro país ha roto ese aislamiento de los mecanismos regionales de integración con el ingreso al Grupo de Río. ¿Qué representa ese hecho para Cuba?

Raúl Castro: Fue muy emocionante cuando en el estado de Bahía, Brasil, donde se celebraron tres de las cumbres que participé, en presencia de la casi totalidad de los jefes de Estado de América Latina y del Caribe, que por primera vez en la historia se reúnen sin la presencia de fuerzas extrarregionales —dígase Canadá, Estados Unidos o Europa—, cuando yo dije con bastante emoción que lo que lamentaba era que Fidel no estuviera sentado allí en ese momento, fue una ovación generalizada de todos. Ese fue un gran reconocimiento y una gran alegría de nosotros que captó el pueblo, porque fue un reconocimiento a nuestra resistencia, como yo dije: “¡Estamos aquí porque resistimos, resistimos medio siglo!” y, por supuesto, hay que estar listos para resistir medio siglo más.

La vida es un permanente batallar, es un eterno luchar, hay quienes se cansan y después reniegan de lo que hicieron; por suerte pocos. El pueblo se mantiene, y así mantendrá por siempre su Revolución. Precisamente, un ejemplo de resistencia son nuestros Cinco Héroes que ya cumplieron diez años de injusta prisión en cárceles norteamericanas.

Periodista: Sobran las razones para un día como hoy celebrar el 50 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. ¿Cómo rendirá usted homenaje a esta conmemoración?

Raúl Castro: Pienso esta noche, a las 12:00 estar en el Mausoleo de los compañeros caídos en el Segundo Frente o que fueron enterrados allí posterior al triunfo. Quiero depositarles flores a ellos, a Vilma también; escuchar con ellos los cañonazos del 50 aniversario de la gran alborada y el Himno Nacional. Y mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles unas flores a Martí, a los caídos en el Moncada, a los caídos en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas santiagueros en homenaje a los de todo el país. Lo haré contento, emocionado y lleno de optimismo en el futuro.

Periodista: Muchas gracias y felicidades por el 50 aniversario del triunfo de la Revolución.

Raúl Castro: Gracias a nuestro heroico pueblo.

Fotos: Geovani Fernández y Raúl Abreu