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Cuba: coraje y valor

La diosa Isis, Rafael Rojas y la fiesta de la regeneración, por Eliades Acosta Matos

El 10 de agosto de 1793, sobre las ruinas de la fortaleza de La Bastilla, tomada y demolida por el pueblo revolucionario francés como símbolo de la opresión del viejo régimen, tuvo lugar una curiosa ceremonia llamada “Fiesta de la Regeneración”. En un escenario decorado por el pintor David, una gigantesca estatua de la diosa egipcia Isis daba leche de sus pechos para rellenar una copa romana que le presentaba Herault De Séchelles, Presidente de la Convención. Ante una multitud deslumbrada y expectante, la copa fue pasando de mano en mano y mojando los labios de los principales dirigentes revolucionarios, como símbolo del sacrificio y de la regeneración que la propia Revolución había traído a la nación.

La faceta religiosa fue una de las aristas más curiosas y aparentemente paradójicas de una revolución como la francesa, que había sido precedida y preparada por la obra de los Enciclopedistas, y por el culto a la razón y las luces como antídotos contra la tiranía, la ignorancia y  el fanatismo religioso. Pero lo que a primera vista podría parecer irracional, no lo era tanto si tenemos en cuenta que el desmontaje del régimen absolutista era a la vez el desmontaje de su antigua maquinaria de dominación espiritual concentrada en el dominio aplastante de la Iglesia. “La reorganización del Estado entrañaba forzosamente la reorganización de la Iglesia, ya que ambos aparecían ligados desde hacía siglos”, afirmó  Albert Mathiez. Y por mucho que quisieran los revolucionarios más radicales, aquellos jacobinos que clamaban por demoler hasta los cimientos todo lo que remitiese al pasado de ignominia e injusticias, como se había hecho con los muros de la odiada Bastilla, existían convenciones y hábitos arraigados en el pueblo, que no podían ser arrancados de cuajo, sin crear un peligroso vacío espiritual y una desorientación que sería rápidamente aprovechada por la contrarrevolución y el clero refractario. La Constituyente, en medio de sus flagrantes contradicciones y vacilaciones, apeló al expediente de intentar crear una Iglesia nacional y patriótica, mezclando símbolos diversos, de ahí la exótica presencia de una diosa egipcia bendiciendo la regeneración del pueblo revolucionario francés.

 Y no era nada nuevo. “Desde 1791, una parte de los jacobinos y los lafayettistas -subraya Mathiez- imaginaron completar, después de reemplazar la constitución civil del clero por todo un conjunto de fiestas nacionales y de ceremonias cívicas… Así se sucedieron fiestas conmemorativas de los grandes sucesos revolucionarios, el 20 de junio, el 4 de agosto, el 14 de julio, la Fiesta de los Mártires de la Libertad, el traslado de las cenizas de Voltaire a París, etc… Así se elaboraba una especie de religión nacional, de religión de la patria mezclada aún con la religión oficial, y desde luego, calcando de ella sus ceremonias, pero (en la creencia de que) los espíritus libres se esforzarán más tarde en hacerle vivir una vida independiente… Así avanza el culto patriótico, que encontraría su expresión definitiva bajo el Terror…”

No fue la Revolución francesa fuente de supersticiones, más bien un paso de avance en la larga marcha del hombre por su redención social y espiritual. Si bien es cierto que pactó transitoriamente con los rituales religiosos antiguos, sustituyó el culto de la fe por el de la razón. No podía hacer otra cosa teniendo como base un pueblo analfabeto, acostumbrado a ciertas prácticas que llenaban su vida desde hacía siglos, y que siempre se habían reputado como divinas e inmutables. Una gran parte de lo que llamamos espíritu o sensibilidad moderna occidental tiene ahí su origen, y está  lejos de caracterizarse por el fervor religioso.

Un Rafael Rojas, malabarista y fabulador, quien en los últimos tiempos se ha mostrado digno heredero del método explicativo de Grau San Martín cuando ha pretendido desentrañar los, según él, misterios tremebundos de la Revolución cubana desde las páginas del “Nuevo Herald”, nos ha endilgado sin prueba alguna, más allá de ciertas vagas referencias a Robespierre y su Diosa Razón, un apotegma de campeonato. En su artículo “Misterios de la Sierra”, del pasado 21 de abril, se puede leer: “Las revoluciones no son, como pensaban tantos pensadores clásicos y románticos, hechuras racionales: la superstición y el misticismo las acompañan desde sus orígenes hasta sus decadencias”. Dicho así, las revoluciones no se hacen para redimir a los hombres de la ignorancia y las tinieblas en que las tiranías los suelen sumir, en el entendido de que nada remacha mejor las cadenas de la sujeción y el servilismo que el desconocimiento y la fe ciega. Rojas acaba de descubrir, dejando atrás, como a pigmeos inútiles a “clásicos y románticos”, que las revoluciones se hacen para implantar nuevas formas de misticismo y supersticiones, o sea, lo cambian todo, como pediría Tancredi Falconeri en “El Gatopardo”, para que nada cambie.

De un golpe de dedos, de un chasquido esperpéntico, sin dignarse a demostrar nada, como ya viene siendo habitual en esos artículos del “Nuevo Herald”, que tan poco le favorecen, Rojas ha puesto a girar en un círculo vicioso a la Historia de la Humanidad; ha reducido al papel de reformadores religiosos  y predicadores  de parroquia a revolucionarios de la talla de Marx, Lenin, Martí, Zapata, Ho-Chi Minh o el Che, por solo citar algunos. No hay progreso, ni luces, ni avances, solo tinieblas y oscurantismo en esas sacudidas sociales telúricas que ponen en marcha a millones de seres humanos, y por cuya causa millones más han estado dispuestos a dar su sacrificio, su trabajo y hasta su vida. Simple relevo de sermones, sustitución de altares, modernización de cazullas, renovación cosmética de los mismos incensarios, una burla cruel, un engaño.

¿Cómo hará Rojas para explicar, por ejemplo, que el nivel cultural y académico de los cubanos educados por esta Revolución supersticiosa y decadente sea el mayor alcanzado jamás por un pueblo sobre este suelo? ¿Y que, en apenas unos meses, como una de las primeras medidas revolucionarias, se erradicase el 23 % de analfabetismo heredado del viejo régimen? ¿Y que Venezuela entera, bajo el gobierno revolucionario bolivariano, esté estudiando y logrando metas educacionales que antes se le negaban al pueblo? ¿Y por qué será que un revolucionario oscurantista y místico como Evo Morales, acaba de declarar que para fines de este año su gobierno habrá erradicado el analfabetismo en Bolivia que más de 400 años de gobiernos anteriores no lograron?

Lo único que puedo recomendarle a Rafael Rojas, para ser medianamente convincente en su saga contra la Revolución cubana desde el “Nuevo Herald” es que se regenere. Por eso, y como se acerca el 10 de agosto, le aconsejo esperar la fecha ante la esfinge más cercana de la diosa Isis, con una copa en la mano y rezando por un milagro. A fin de cuentas, lo que si está más que probado desde las rebeliones de los chuanos en la Vendee, es que las contrarrevoluciones si son probadamente rezanderas y ojalateras.

Agosto del 2008.

 

Unión Nacional de Historiadores premia a bibliotecarios cubanos Por Jesús Dueñas Becerra*

Aunque no forme parte ya del Departamento, me siento muy feliz por este Premio, y me siento orgullosa de haber dejado mi granito de arena alli!! ¡Felicidades, querid@s coleg@s!!


“[…] Honrar a quien lo merece, [es] honrarse a sí […]”.
José Martí

La Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHC), le otorgó el Diploma “María Teresa Freyre de Andrade” al Dpto. de Investigaciones Bibliográficas Histórico-Culturales de la Biblioteca Nacional “José Martí” (BNJM), por su notable contribución a la bibliotecología, la preservación y la divulgación del patrimonio bibliotecológico, la publicación de catálogos, índices y bibliografía de indiscutida calidad, vinculadas a las ciencias históricas.

A nombre del Dpto. de Investigaciones Bibliográficas… recibió dicha distinción la doctora Araceli García-Carranza Bassetti, mientras que al escritor y periodista Julio Domínguez García la UNHC le confirió el Premio “José A. Tabares del Real”, por su valiosa labor en el campo de las investigaciones históricas.

Araceli García-Carranza Bassetti y Julio Domínguez García, indisolublemente unidos por el amor y el trabajo, han hecho aportes medulares no sólo al desarrollo de la investigación bibliográfica e histórica, sino también a la literatura especializada, cuyos fondos se han enriquecido con títulos emblemáticos: Bio-bibliografía de Don Fernando Ortiz (La Habana: Instituto del Libro, 1970), y Noticias de la República 1902-1929 (La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2003), por solo citar los más relevantes.

Los premios concedidos por la UNHC al Dpto. de Investigaciones Bibliográficas…, dirigido por la doctora García Carranza Bassetti, y al colega Domínguez García, constituyen un merecido estímulo a la labor desarrollada por dicha dependencia de la BNJM y por el destacado intelectual caribeño en una esfera “clave” del saber humano: la historia, percibida por el padre Félix Varela como ”[…] la maestra de la vida […]”, 1 ya que su estudio e investigación son “[…] absolutamente necesarios para conocer a los hombres, [y obtener] utilidad de lo pasado [a] favor de lo presente y lo futuro […]”. 2

Felicitamos a todos y cada uno de los integrantes del Dpto. de Investigaciones Bibliográficas de la BNJM, así como al escritor y periodista Julio Domínguez García por el lauro obtenido, que no sólo los honra a ellos como profesionales y como personas, sino también a ese templo del saber y de la espiritualidad, a cuyo engrandecimiento se han entregado en cuerpo, mente y alma, a la cultura cubana y a la patria de Varela, Martí y Fidel.

NOTAS

1. León Ortiz, María Margarita. Pensamientos de Félix Varela y Morales. La Habana: Ediciones Bachiller, 2008: p. 76 (editado por la Biblioteca Nacional José Martí en homenaje al aniversario 280 de la Universidad de La Habana).

2. Ibídem: p. 77.

* Crítico y periodista

Electo el Profesor Miguel Alfonso Martínez, de Cuba, Presidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos

GINEBRA, 5 de agosto de 2008. Con el endoso entusiasta de los miembros de todos sus grupos regionales, el Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos eligió hoy por aclamación como su Presidente al Dr. Miguel Alfonso Martínez, el experto cubano en esa nueva instancia de las Naciones Unidas de la hipersensible esfera de los derechos humanos. Ese órgano especializado esta integrado por 18 reconocidos expertos provenientes de todas las regiones del planeta, tres de los cuales provienen de la América Latina y el Caribe.

Alfonso, Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) de la Cancillería cubana, había sido propuesto poco antes para el cargo por su colega chileno, el Profesor José Bengoa, a nombre del Grupo de Expertos Latinoamericanos y Caribeños del Propio Comité.

Esta elección constituye un nuevo y muy marcado reconocimiento al prestigio de Cuba en la promoción y protección de los derechos humanos, así como a la sustantiva contribución del Profesor Miguel Alfonso Martínez durante décadas a los diversos mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas.

Con una larga y fructífera carrera como académico en el ISRI y como diplomático con base en Nueva York y Ginebra, Alfonso ha sido participe activo en la formación política y técnica de varias generaciones de diplomáticos cubanos y se le considera como un reconocido experto en Derecho Internacional.

En sus palabras agradeciendo el honor que se le confería con esta elección, el Profesor cubano subrayó la complejidad de la tarea que se le ha encomendado al Comité Asesor, que es, básicamente, estructurar los métodos de trabajo con los que deberá abordar las tareas de asesoramiento que le someta el Consejo, así como priorizar las tareas que ese asesoramiento requiere para lograr máximos resultados prácticos. El Comité deberá así sustituir a la hoy ya extinta Subcomisión de Derechos Humanos, de la cual el Profesor Miguel Alfonso Martínez fue Experto Titular durante cerca de 25 años. Su labor en ella, fue recordada y reconocida en las intervenciones que, encomiando la decisión tomada por el Comité Asesor, pronunciaron múltiples países y más de la mitad de sus colegas en el órgano. (Cubaminrex-Embacuba Ginebra)

http://america.cubaminrex.cu/Actualidad/2008/Agosto/Electo.html

Disidentes cubanos marchan bajo las órdenes de EE. UU., por Diana Barahona


Aleida Godínez trabajó para los servicios de inteligencia cubanos como doble agente desde 1991 hasta 2003, cuando se volvió una testigo clave en los juicios de 75 individuos detenidos por trabajar para los Estados Unidos como disidentes. Una reconocida disidente ella misma, Godínez pasó años insinuándose en el mundo de la oposición a sueldo, probando a ser una empleada capaz y leal de la Sección de Intereses y de la CIA en la Habana.

Desde sus comienzos humildes como activista de derechos humanos en su pueblo natal de Ciego de Ávila, Godínez más tarde se hizo periodista independiente, bibliotecaria independiente, fundadora del Partido Cubano Demócrata Cristiana, dirigente de dos organizaciones laborales independientes, la mano derecha de Marta Beatriz Roque, una espía de confianza de una agente de la CIA y colaboradora cercana de Frank Calzón, director ejecutivo del Centro Por una Cuba Libre. Todos los títulos eran ficticios, y todas las organizaciones seguían las órdenes de la SINA.

En su carácter de disidente célebre Godínez fue "corresponsal" de Radio Martí, entregando 102 reportajes sobre supuestas violaciones a los derechos humanos entre 1992 y 1993. Ella se reunía con diplomáticos y delegaciones de varios países, y recibía cantidades de dinero, regalos y comidas gratuitas. Se le dio la tarea de espiar para los EEUU, y llevaba la información requerida, recopilada por sus jefes cubanos, a sus jefes americanos en la SINA.

A través de los años, sólo había dos cosas que movían a los disidentes: el dinero y visas para los Estados Unidos. El negocio de las visas, sin embargo, era cuchillo de dos filos; aunque la posibilidad de conseguir una visa atraía gente al movimiento, pronto salían para Miami. La nómina de disidentes era como la fuerza laboral de un McDonald’s, lo que significaba que la SINA constantemente tenía que capacitar nuevos empleados. Por su parte, Godínez avalaba a muchos que querían visas. En su entrevista con Rosa Miryam Elizalde y Luis Baez para Los Disidentes (Editora Política, 2003) ella dio una idea del cambio de personal:

“Tenía 11 personas en la delegación del Movimiento Cubano Demócrata Cristiano. De ellas, ocho estaban tratando de irse del país y, de hecho, están fuera de Cuba en estos momentos. De los otros tres, luego supe que uno era agente nuestro. Lo mismo ocurría con los otros movimientos. El que tenía un membresía un poquitico mayor era el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, con unos 15 ó 20. Todos se fueron del país en aquellos años” (p. 10).

Godínez es una mujer alegre, sociable, con una voz que manda. No es difícil imaginarla en su papel de contrarrevolucionaria, que no es un trabajo para tímidos. Ella se jactó de ser la persona que hizo que el gobierno de Clinton empezara a mandar grandes sumas de dinero a los disidentes en 1995. Tal como ella cuenta la historia, se encontraba en una reunión con la disidencia cubana y Ann Patterson, sub-secretaria para asuntos del Caribe. Cuando Patterson pregunto, "¿Qué hace falta para derrocar la revolución de Castro?" ninguno de los presentes contestó. Así que Godínez tomó la batuta y dijo, "Bueno, cuando Napoleón estaba haciendo la guerra, alguien le preguntó qué hacía falta para ganarla. Él respondió que necesitaba sólo tres cosas: dinero, dinero y más dinero, y eso es también lo que necesitamos nosotros: dinero, porque si no hay dinero ni hay recursos no se puede hacer nada."

Pero la verdad es que las sumas sólo eran grandes para la economía cubana; la mayor parte de los millones destinados para Cuba se queda en Washington y Miami, tal como confiesa un informe publicado en 2008 por la Fundación Nacional Cubano Americana.

Godínez hizo su primer contacto con la SINA el 20 de junio de 1994. "Cuando se crea el partido político que yo fundé con cuatro personas más, yo presento el partido político a la Sección de Intereses," dijo. En la sede de la SINA ella conoció a Christopher Sibila, de quien Godínez afirma que no se ocultaba para reconocer que era "el oficial CIA". Sibila la presenta con su jefe, Charles O. Blaha, quien le facilitó un pase "abierto" a la sede. Allí, ella tenía acceso a teléfonos, ordenadores y fax. Pero fue la llegada dos meses después de Robin Diane Meyer la que fue de más importancia para su trabajo de doble agente.

"Ella llega en agosto. Ya Charles O. Blaha le recomienda que se entreviste conmigo. Y a partir de esa recomendación – que son recomendaciones muy especiales porque se supone que esta gente te han estudiado, te han caracterizado, te conozcan – cuando Robin Diane Meyer llega en Cuba me considera practicamente una de ellos".

A Meyer se le había encargado la tarea de unificar a la oposición, y llegó a autotitularse “la madrina de la oposición". Ella llevaba consigo un manual que se llamaba “Guía de Recursos para la Transición en Cuba”. Esta guía fue publicada por el Comité para la Transición en Cuba del Instituto Republicano Internacional, que dirigía en aquellos tiempos (1996) Jeb Bush. Otros miembros notables eran Frank Calzón, Pepe Cárdenas (de la FNCA), Ricardo Bofil, Ernesto Betancourt, Elliot Abrams, Lincoln Díaz-Balart, Jaime Fernández, Daniel Fisk, Adolfo Franco (hasta el último escándalo, director de USAID) y Carlos Franco. "Pero una de las personas que más me llama la atención de las personas que forman el comité fue Porter Goss, que después, pasados los años, fue el jefe de la CIA en Estados Unidos".

También en el comité estaban Jeanne Kirkpatrick, el Senador Connie Mack, Otto Reich, Roger Noriega – "bueno, toda una serie de individuos que tienen un pasado muy vinculado a los servicios secretos del gobierno de los Estados Unidos".

En 1995, como parte de un reciente acuerdo migratorio, a Meyer se le permitía viajar por todo el país, y ella visitó a Godínez varias veces en Ciego de Ávila. "A partir de allí ella me empezó a dar un tratamiento especial. Dentro de ese tratamiento especial que ella me da, ella me sugiere que le escriba a Frank Calzón. Ella me dice que hay un grupo de organizaciones no-gubernamentales, fundaciones, que están en la mejor disposición de ayudar a la disidencia en Cuba. Y para eso pone en mis manos un libro que se llama “Guía de Recursos para la Transición en Cuba". Godínez dice que el libro era como su biblia, porque le orientaba "para redactar cartas y para no salirme de la letra" en los encuentros con visitantes norteamericanos y representantes diplomáticos.

Godínez se reunió con Meyer más de 100 veces en los dos años antes de que ésta fuera expulsada de Cuba en 1996. "Esta señora, oficial de la CIA, muy “amiga” mía, fue la que me puso en contacto con Frank Calzón".

El primer director ejecutivo de la FNCA, Calzón, pasó a ser directiva de Freedom House, una organización financiada por el gobierno para "promover la democracia" con una lista de directivas conformada por importantes neoconservadores como Donald Rumsfeld, ex-directores de la CIA, dirigentes laborales con fuertes vínculos a las mafias y periodistas como P.J. O’Rourke y Mara Liason.

Durante la década de los 1990, Calzón tenía la costumbre de mandar enviados a Cuba a nombre de Freedom House, para repartir dinero y realizar espionaje. Uno de sus agentes, David Norman Dorn, fue detenido en agosto de 1997 y "confesó la realización de espionaje en Cuba, tomando fotos a objetivos económicos" según Los Disidentes (p. 24). Esto dio una publicidad indeseada para Freedom House, así que en octubre del mismo año Calzón llevó su personal de Freedom House y, con ayuda de Otto Reich, formó el Centro por una Cuba Libre, con $200 000 de fondos privados de cubano [norte] americanos, $400 000 de USAID y $15 000 de la NED. El Centro también podría llamarse la vaca lechera de Frank Calzón, en vista de las subvenciones millonarias que percibe y las magras cantidades que realmente llegan a la isla, y el hecho de que a su socio Felipe Sixto, se le descubrió en abril de este año que había desfalcado $500 000 en el transcurso de tres años.

Godínez dijo que en 1996 Meyer le propuso hacer una carta a Frank Calzón en Freedom House, solicitándole cuáles eran sus necesidades, "y yo, muy prudentemente. como ando por orientaciones de la Seguridad del Estado, hago la carta, y le solicito medicamentos, literatura sobre el tema de los derechos humanos, y entonces yo le entrego la carta a ella, y me dice, ‘Vamos a pasarla aquí en la Sección de Intereses a través del fax de la Sección de Intereses’.”

"Ella ya me había entregado el libro que estoy hablando. Frank Calzón entonces era el director del programa Cuba Libre de Freedom House. Había recibido recientemente $500 000 de las manos del Presidente Clinton para lograr la transición de Cuba. Dicho en español, para la derrota de la revolución".

"Yo llevé ese documento a la Sección de Intereses y lo curioso del caso fue que no lo enviaron, sino que unas semanas después, Frank Calzón me llama por teléfono a mi casa. El teléfono mío no aparecía en el directorio de La Habana. O sea, que evidentemente hubo una vinculación entre Robin Meyer y Frank Calzón"."muy buena. Tan buena que yo lo llamaba a su casa cada domingo a las 2:00 de la tarde, todos los domingos. Frank Calzón me enviaba dinero dos veces al año, mucho dinero".
La primera conversación que tuvo Godínez con Calzón marcó el comienzo de una larga relación. Cuando se le preguntó qué tan buena era esa relación, Godínez dijo,

Godínez recibió su último pago en marzo de 2003, justo antes de que fueran detenidos los disidentes. En esos momentos, el grupo de Roque mantenía una "ayuna" para la liberación de un integrante encarcelado, durante la cual comían potajes y regalaban avales para visas. Godínez llegó a la ayuna, recogió su dinero, y salió a comer. Los "ayunantes" fueron detenidos más tarde ese día. "Y yo me quedé con el dinero de Frank, por supuesto".

Godínez es la misma agente que en 1999 conoció al bibliotecario neoyorquino Robert Kent, que se presentó con ella como Robert Emmet. Afirma que Calzón no podía viajar a Cuba, así que mandó a Kent en su representación. Kent ya había viajado previamente a Cuba de parte de Calzón y Freedom House, pero para su viaje de 1999, no se sabe qué organización lo patrocinaba, ya que Freedom House ahora sostiene que no lo conocen.

Kent llegó a Cuba el 22 de febrero de 1999, e hizo contacto con Godínez dos días después, el 24 de febrero. Por razones de seguridad, ella tenía una casa distinta en La Habana para las reuniones. Cuando Kent llegó a esa casa, dijo ella, traía un "gusano muy grande" (una lona). Adentro había medicinas, cosas de aseo, baterías, radios, relojes, camaras y un radio de honda corta de 10 bandas marca Radio Shack, para que los dos se comunicaran. Godínez dice que él le dio un reloj Casio con GPS, el radio honda corta y una camara 35 mm de marca corriente. Kent compró para ella película Kodak.

“Lo que Calzón quería era información sensible”, dijo Godínez. Kent le preguntó sobre yacimientos de petróleo y sobre una empresa estatal que cobraba a los turistas por servicios médicos. "La empresa se llamaba Servimed", dijo. "Querían saber precisamente quién era el director y qué clases de servicios se ofrecían".

Kent también le encargó a Godínez la tarea de tomar fotos de la seguridad de la casa de Carlos Lage Dávila, entonces presidente del Consejo de Ministros. "Él me explicó que el gobierno norteamericano pensaba que Carlos Lage podía ser el sustituto de Fidel Castro", dijo.

"Yo tenía que tomar fotos a petición de Frank Calzón. Era quien había mandado a Robert Kent a Cuba, él había financiado el viaje".

"Aparte de eso, nos había traído $500 para que Robert Kent me los entregara a mí. Pero Kent se sintió a gusto conmigo y en vez de darme los $500, me dio $700 para que me comprara una moto".

Cuando se le preguntó si esto podía ser una iniciativa personal de parte de Calzón, Godínez dijo que lo dudaba, ya que su contacto inicial con Calzón había sido por Robin Meyer. "Curiosamente, Robert Kent pide la misma información sensible que me pedía Meyer: yacimientos de petróleo y Servimed".

Ante la pregunta de si Kent, el fundador de Amigos de las Bibliotecas Cubanas, visitó alguna vez una biblioteca, Godínez dijo que no.

"El proyecto de las bibliotecas cubanas empezó en octubre de 1998, y cuatro meses después, Kent llegó Cuba; pero él no trajo libros", dijo. "Sólo había una biblioteca independiente en Las Tunas, y Kent no fue a Las Tunas". En este momento Godínez sacó una foto de la biblioteca independiente que todavía conserva en su casa como recordatorio de sus años como agente de seguridad. Se ve un anaquel pequeño lleno de libros y papeles. Ella dice que llevaba a Kent a las casas de varios disidentes, donde él pedía permiso para usar el baño y regresaba con dinero para ellos.

Godínez tomó las fotos que se le había dicho que tomara de la casa de Lage, las cuales fueron decomisadas a Kent en el Aeropuerto Internacional José Martí.

Como otros agentes de seguridad que se pasan por disidentes, Godínez pagó un precio personal alto por su trabajo. Sus padres eran revolucionarios, y ella tuvo que salir de Ciego de Ávila y mudarse a La Habana en 1995 por sus actividades. "Todo este proceso ha sido duro para mi familia" dijo en 2003. "Y les cuento algo para que tengan una idea de cómo ha sido todo: Mi papá tiene 80 años, vive aún en Ciego de Ávila. Él estaba con mis hermanos el día que pasaron la entrevista por la Mesa Redonda – ahí se enteró – y dijo: ‘Yo he visto un ángel convertirse en diablo, pero un diablo convertirse en ángel, no’ Y se echó a llorar".

Hoy Aleida Godínez es periodista, y está escribiendo un libro sobre sus experiencias como doble agente.

Tomado de http://www.larepublica.es/spip.php?article11967

Cuba y los medios de propaganda liberal, por Toni Solo


En 2007, Cuba aparece en el puesto 51 del Índice de Desarrollo Humano de la ONU; un puesto por encima de México. No lo verás reflejado en la prensa corporativa convencional cuando se refiere a Cuba. Tampoco te dirá que alrededor del 90% de los electores ejerció su derecho al voto en la última elección. Ni verás que se le compare con países similares, como Jamaica o la República Dominicana, por ejemplo.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) mide comparativamente las condiciones de vida en los países miembros de la ONU. En el IDH del año pasado, Jamaica figuraba en el puesto 101 y la República Dominicana en el puesto 79. De los países del Caribe, sólo Bahamas, en el 49, y Barbados, en el 31, están mejor situadas que Cuba. Entre los países de Centroamérica, sólo Costa Rica, en el puesto 48, goza de mejores condiciones.

La información de la prensa convencional corporativa suele llegar a extremos insospechados para evitar informar objetivamente sobre Cuba. Aludiendo a la calma tras las elecciones en las que se ratificaba a Raúl Castro como Presidente, Rory Carroll, del The Guardian, decía el 25 de febrero, "La confusión del suspense jalonó el estricto control policial de la isla, con sus 11 millones de habitantes, muchos de ellos ansiosos por huir de una pobreza más cruda que la de la Europa del Este antes de la caída del Muro de Berlín".

La comparación es totalmente irrelevante. Las condiciones de vida de la mayor parte de la población en todos los países del Caribe, salvo en Bahamas y Barbados, son mucho peores que en Cuba, y otro tanto cabe decir de los demás países de la región, como Honduras, Nicaragua, El Salvador o Guatemala. De los países sudamericanos, sólo Uruguay, Argentina y Chile están por encima de Cuba en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Esto pone de manifiesto que, pese a los 45 años de depravados ataques terroristas y del bloqueo económico genocida de los Estados Unidos de América, en lo que a desarrollo humano se refiere, la sociedad cubana sale más airosa en desarrollo humano que casi todos los demás países vecinos del Caribe y de la gran mayoría de América Latina, incluidos gigantes económicos como México y Brasil, o avanzadillas del "libre comercio" como Panamá.

Esto simple y claramente quiere decir que, a la hora de atender a las necesidades colectivas, el régimen socialista de Cuba ha tenido más éxito que el sistema consumista capitalista-corporativo implantado en la mayoría de los países latinoamericanos. Se supone que The Guardian y The Independent son buques insignia de la prensa progresista británica. De hecho, la mayor parte de su trabajo informativo, en cuestiones que van desde Palestina a Haití, a Irán, a Afganistán, a Venezuela o Cuba, no es más que el eco de la propaganda oficial característica de la OTAN. Puede que a los editores les entre el pataleo y aleguen que ahí están los rompedores Robert Fisk y Patrick Cockburn, pero dichas excepciones sirven como ejemplo de profesionales de la información que, con todas las de perder, tratan de tirar del hilo, mientras la política editorial rutinaria difiere poco de los tabloides del mercado.

Si se compara el tratamiento mediático de los acontecimientos recientes de Cuba con la cobertura política dada a los Estados Unidos en Europa, el doble rasero es descarado. David Usborne, el mismo día 25 de febrero, escribía en The Independent, "...tampoco es que hubiera demasiado suspense en La Habana ayer, porque casi todo el mundo dudaba de que el nuevo organismo electo se fuera a atrever a hacer algo que no fuera descubrirse ante el legado de Fidel al nombrar como su sucesor a su hermano de 76 años. La única alternativa real para la Asamblea de 614 miembros fue aceptar el cambio generacional, eligiendo a uno de los dos lugartenientes más jóvenes y leales al régimen, ya fuera el Ministro de Exteriores, Felipe Pérez Roque, de 42 años, o al vice-presidente Carlos Lage, de 56".

Así que Usborne reconoce que había una alternativa real pero hace que suene como si no la hubiera. ¿Por qué será que nunca se aplica esa lógica a los votos emitidos en el Congreso estadounidense con respecto a Irak o al apoyo a Israel. Por ejemplo: "...tampoco es que hubiera demasiado suspense en la votación del Congreso sobre Oriente Próximo, porque todo el mundo era consciente de que los Senadores electos no se atreverían a enfrentarse al grupo de presión pro israelí" o "... casi nadie esperaba ningún sobresalto en la votación sobre el presupuesto militar del país porque pocos políticos se iban a atrever a desafiar a la industria de militar".

Usborne cita unas declaraciones de la Secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice, "Instamos al gobierno cubano a iniciar un proceso de cambio pacífico y democrático, con la liberación de todos los presos políticos, el respeto a los derechos humanos, y con la apertura de una vía clara hacia unas elecciones justas y libres", decía. Pero Usborne podía haber consultado en la Red las declaraciones de importantes autoridades políticas regionales. Según información de la Agencia France Press del 19 de febrero, sobre el Presidente de Brasil, Lula da Silva, "El primer mandatario brasileño mostraba su satisfacción porque 'todo transcurriera con serenidad... lo que nos temimos fue que, ante la adversidad, estallara un proceso de turbulencia y los cubanos afincados en Miami lo consideraran un buen momento para regresar a Cuba y convertir la isla en zona de conflicto".

El gobierno mexicano hacía pública su intención de "ahondar en el proceso de repulsa bilateral iniciado meses atrás, tras una discrepancia diplomática entre Cuba y el antiguo Presidente mexicano Vicente Fox. El Secretario General de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, subrayaba, "sea cual sea el cambio, habrá de ser fruto del diálogo pacífico y democrático del pueblo cubano, libre de cualquier influencia externa". Los servicios de información jamaicanos declaraban que el Presidente derechista Bruce Golding "saludaba al Presidente Castro por la constancia, el valor y el ímpetu de su liderazgo, así como por su firme compromiso para con la causa del pueblo cubano".

La razón de estas citas es que, con su alusión a las declaraciones de la hoy ya casi insignificante Rice, Usborne da precedencia a una visión americanista y rematadamente maniquea de Cuba. Casi todos los demás gobiernos de las Américas, salvo el estadounidense americano, tienden a mostrarse más dispuestos a reconocer la inconsistencia de sus contradicciones. Si miramos a los Estados Unidos de América, salta a la vista la grotesca letanía de violaciones de los derechos humanos que allí se producen, empezando por su racista sistema de justicia penal, las cámaras de tortura en su base de Guantánamo, la negación de un proceso justo en su legislación "anti-terrorista", la violación sistemática de la intimidad de las personas, sus listas de vuelos prohibidos, los vuelos fantasma de la CIA, la negación de derechos fundamentales a decenas de miles de habitantes de New Orleáns, a presos políticos como Leonard Peltier y Mumia Abu Jamal... la lista no tiene fin.

Las autoridades estadounidenses también se han granjeado la notoriedad por encarcelar a 5 cubanos anti-terroristas que habían advertido a la CIA de la existencia de terroristas en suelo estadounidense. El gobierno cubano calcula que 3.000 cubanos han sido asesinados en ataques terroristas dirigidos desde los Estados Unidos. Uno se pregunta la suerte que hubiera corrido la disidencia estadounidense, si se llega a averiguar que ha estado recibiendo dinero de un país extranjero, responsable de una serie de ataques terroristas contra ciudadanos estadounidenses. En Cuba a este tipo de individuos se les procesa y se les encarcela. Las políticas de seguridad interna en Cuba frente a un ataque terrorista han sido siempre similares a las de los gobiernos de los Estados Unidos y de la Unión Europea.

Las políticas comportan las mismas probabilidades de impunidad a la hora de cometer abusos y violaciones de los derechos humanos. No hay más que echar la vista atrás a la larga guerra en Irlanda del Norte, o a las medidas de seguridad del gobierno español contra ETA, para hallar analogías, por no mencionar la violación masiva de los derechos fundamentales por parte de los Estados Unidos. En Gran Bretaña, el Fiscal del Distrito fija las políticas del sistema de autocensura que lleva a los medios a acatar la línea oficial del gobierno. Actualmente, el gobierno británico está boicoteando los intentos del ex-soldado Ben Griffin por revelar la connivencia de Gran Bretaña con la tortura en Afganistán.

Al dar prioridad al punto de vista estadounidense, sin tener en cuenta otros puntos de vista sobre Cuba, Usborne y sus editores deliberadamente dan a entender que, de uno u otro modo, el punto de vista de Rice es más importante que el de muchos otros gobiernos de la región, cuando, de hecho, el prestigio de los Estados Unidos en el Caribe y en América Latina nunca ha estado más bajo. Condoleezza Rice y sus colegas del gobierno de Bush dan buena fe de ello. La alusión a las declaraciones de Rice, sin mencionar otros puntos de vista, resulta desconsiderado y presuntuoso - tal y como cabía esperar de la prensa corporativa del Bloque Occidental progresista y no progresista.

La desidia y la afectación también caracterizan el artículo de Phil Davison en The Independent, el 25 de febrero, en el que dice, "un Demócrata como presidente, particularmente, Barack Obama, podría ser un gran paso para sacar a Cuba de su desfase temporal y convertirla en lo que algunos ya perciben como el potencial eje comercial y turístico del Caribe". Qué tal esto otro, "un Demócrata como presidente, particularmente, que abiertamente tomara conciencia moral, sería un gran paso para sacar a Colombia de su desfase temporal y conseguir una solución dialogada de su guerra de 50 años, con la creación de un fondo de compensación para los 3.7 millones de desplazados del conflicto, e instar al gobierno colombiano a romper sus vínculos con los terroristas paramilitares traficantes de narcóticos que se jactan de controlar al 35% de los parlamentarios del país".

No caerá la breva. Ni el Independent ni el Guardian lo publicarán porque a ningún presidente de los Estados Unidos de América se le va a ocurrir retirar su apoyo a sus satélites paramilitares narco-terroristas en Colombia. La Prensa liberal británica es poco más que el altavoz de la autosuficiencia propagandística del Bloque Occidental. He aquí otra perla del tal Davison, respecto a lo que Raúl Castro pudiera hacer como Presidente. "Si sale elegido, hay grandes posibilidades de que afloje el cerco, lo cual podría suponer un aumento de la renta per cápita de Cuba, de 3.000 dólares estadounidenses (1.500 libras esterlinas) y del salario medio de 10 dólares estadounidenses". En realidad, según un centro de información como el Michigan State University International Business Centre, la renta per cápita de Cuba en 2006 era de 4.000 dólares estadounidenses, mientras que las de Honduras y Nicaragua eran de 3.100 dólares, la de Jamaica de 4.600 y la de El Salvador de 4.900 dólares estadounidenses.

Davison podría decir que los países con economías basadas en el turismo, como la República Dominicana y Belice, tienen un producto interior bruto superior, pero, entonces, ¿cómo se explica su penosa situación en el Índice de Desarrollo Humano, en comparación con Cuba? En 2006, tanto la República Dominicana como Belice contaban con una renta per cápita de 8.400 dólares estadounidenses, y aún así, la República Dominicana figura en el puesto 79 en el Índice de Desarrollo Humano, 28 puntos por debajo de Cuba, y Belice en el 80. Estos contradictorios datos son indicativos del problema económico fundamental que subyace en los países del Caribe y de América Latina: la extrema pobreza resultante del enorme desequilibrio en la distribución de la riqueza.

Los puntos fundamentales de la línea propagandística anti-cubana del Bloque Occidental capitalista y consumista en medios de comunicación como The Guardian y The Independent son los siguientes:

  • Evitar siempre las comparaciones con países similares - legitimar el cotejo de la economía cubana con las economías del primer mundo.
  • No mencionar el embargo más que de pasada y sin mencionar la intencionalidad y el impacto genocida del mismo.
  • Menospreciar la contribución humanitaria sin precedentes de Cuba en educación y salud a nivel internacional.
  • No informar de los logros científicos, culturales y deportivos de Cuba.
  • Evitar mencionar la implicación del gobierno estadounidense en el terrorismo contra Cuba y encubrir al terrorista de la CIA Luís Posadas Carriles y sus atentados con bomba.
  • Dar coba a los enemigos de Cuba minimizando el apoyo que recibe de gobiernos de todo tipo de ideologías.
  • Desacreditar al Movimiento de Países No-Alineados y el prestigioso papel que desempeña Cuba en su seno.
  • Informar desde una perspectiva americanista: el único gobierno cuyas opiniones sobre Cuba son dignas de atención es el de Estados Unidos.
  • Sacar de contexto los temas relacionados con los Derechos Humanos y evitar las comparaciones con los demás países latinoamericanos, en particular Colombia.
  • Cuidarse muy mucho de no mencionar que Cuba está por encima del consocio de Estados Unidos en la NAFTA, México, en el Índice de Desarrollo Humano.
  • Desacreditar / denigrar el sistema de democracia participativa de Cuba.
  • No comparar nunca el sistema de prevención de catástrofes de Cuba con el los Estados Unidos de América, ni mencionar el Huracán Katrina - ni sus secuelas en Nueva Orleáns.

No hace falta ensalzar la figura de Fidel Castro o del socialismo cubano para reconocer los logros - sin precedentes - de Cuba ante las agresiones más recalcitrantes posibles, poco menos que auténticos ataques militares. Se puede mostrar reservas, por ejemplo, ante la aspiración del gobierno cubano de promocionar su sector cítrico con la ayuda de una serie de gansters retirados del gobierno israelí, o a la hora de ofrecer una recepción de Estado a dictadores crueles y avariciosos como el Presidente Obiang de Guinea Ecuatorial. Cabe incluso que alguien se pregunte por qué la escasez de vivienda en Cuba es tan insuperable como en España. Pero, sin duda, los medios de comunicación corporativos progresistas del Bloque Occidental, como The Guardian y The Independent, son el último lugar al que debiéramos acudir para tratar de encontrar una crítica fundamentada del gobierno y de la sociedad cubana.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=70877

La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en su sistema socialista (II parte)

La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en su sistema socialista: una mirada crítica para el Siglo XXI, por Orlando Cruz Capote (II parte)

La contradicción entre el capital y el trabajo: el eje transversal que divide la eterna presencia de la lucha de clases hasta el comunismo.

La tarea es de todos, por eso es imprescindible la articulación política y social de los que construyen el poder desde abajo (desde dentro de las sociedades capitalistas desarrolladas y subdesarrolladas), los que llegan a los gobiernos por distintos caminos y aquellos que conquistan el poder por las vías que sean, que deben y tienen que continuar construyendo ese nuevo poder incesantemente, así como por las innumerables redes horizontales y verticales que coexisten en ese entramado social, variado y heterogéneo, con una nueva cosmovisión y, hasta disímiles cosmogonías, diversas y complementarias, capaces de apreciar e interpretar las demandas de todos y cada uno de los agentes sociales, aquellos que llamamos el nuevo sujeto histórico múltiple del cambio y la transformación revolucionaria, que nunca fue solamente el proletariado.

Tanto Carlos Marx como Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin posteriormente, hablaban desde mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, de que la clase obrera era la abanderada para cumplir la misión histórica de destruir el modo de producción capitalista y construir el nuevo Estado socialista anti-explotador, pero esa aseveración no tenía un contenido solamente físico, sino predominantemente político. Y siempre escribieron sobre la urgencia de la alianza con el campesinado trabajador, los soldados y marinos, con los intelectuales revolucionarios orgánicos y otros grupos y sectores de los cuerpos societales. Lenin, en específico, escribió que era imposible una revolución proletaria “pura”. Quizás ese sentido dialéctico de su estrategia política lo llevó a ampliar la frase del Manifiesto Comunista de “¡Proletarios de todos los países uníos!”, por la de “¡Proletarios de todos los países y pueblos oprimidos uníos!”, cuando advirtió el despertar de los pueblos del Oriente, durante el transcurso de los cinco Congresos de la Internacional Comunista en que participó antes de su muerte, prematura, en 1924, y escuchó atentamente a los dirigentes de esos movimientos por la liberación nacional y por la justicia social. Otros marxistas de esa época como Rosa Luxemburgo, Karl Korsh, León Trotski, Nicolás Bujarin,-con sus virtudes y defectos-así como de tiempos posteriores, Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, José Carlos Mariátegui, Aníbal Ponce Antonio Gramsci, Ho Chi Minh, Mao Tse Dong, Ernesto Che Guevara, etc., deben ser considerados como partes indispensables de esa herencia acumulada y nada desechable.

Hoy todos esos movimientos sociales y políticos, los nuevos y los tradicionales, están atravesados de forma visible-aunque muchos no lo adviertan-por las diferencias clasistas: los poseedores de los medios de producción y de servicios, los desposeídos de los mismos: los asalariados; los gerentes capitalistas, la aristocracia obrera y las masas pobres y asalariadas, mayoritariamente utilizadas como mano de obra barata, incluso en aquellas industrias y servicios de punta tecnológica y científica. En cada movimiento social, existen esas diferencias clasistas: en el movimiento indigenista y feminista, por ejemplo, están presentes varios tipos de individuos y colectividades, unos que poseen mucho y otros que tienen muy poco, unos que reciben una distribución de la renta más amplia y otros que reciben migajas y, sin embargo, están unidos por puntos comunes o identitarios, que no deben ser ignorados y que son complementarios en la lucha de clases. Y esto que planteamos no es un nuevo-o viejo-“reduccionismo obrerista”, pero tampoco se trata, y de esa visión se lee mucho, de hacer desaparecer las clases y la lucha de clases, tampoco de desmeritar a los movimientos sociales de variadas identidades en una gran diversidad, sino de unirnos todos, de forma articulada, organizada para alcanzar los grandes objetivos, aunque sea paso a paso, o de forma radical. Lo que si no podemos, las agrupaciones u organizaciones, es quedarnos rezagados de los movimientos populares, porque entonces la burguesía aprovechará su enorme experiencia, y nos pondrá muy lejos del triunfo revolucionario, y las masas del pueblo se encontrarán sin brújulas acertadas, sin líderes capaces de movilizarlas, conducirlas y dirigirlas, con humildad y con intercambios permanentes, pero capaces de encauzar los estallidos revolucionarios por la senda de la victoria.

Pero, la división clasista de la sociedad no ha desparecido, ni la lucha de clases; el sistema capitalista no ha cambiado esencialmente, tampoco el imperialismo con sus rasgos principales, delineados por V. I. Lenin, ha variado fundamentalmente, sino que han tomado nuevas formas, recrudeciendo sutilmente los modos de explotación y opresión aunque, en algunos lugares, lo han realizado abiertamente al mismo nivel que en el siglo XIX, y han surgido nuevos rasgos y caracterizaciones, pero las esencias y los fenómenos que provocan siguen siendo similares.

Alguien podría decirnos que ahora hay más ricos, clases medias y una pequeña burguesía mayores, cuantitativa y cualitativamente, con respecto a la existente a mediados de la pasada centuria. Y esta realidad no contradice a los clásicos del marxismo sino por el contrario refuerzan sus tesis, porque también existen mayores masas populares o del pueblo que están situadas en la pobreza absoluta, sobreviven o subsisten en la precariedad de sus trabajos y sus vidas. Solo que el capitalismo-imperialista necesita de consumidores, de un mercado, de compradores reales y potenciales para que sus productos realicen una parte esencial de su plusvalía en el valor de cambio, y entonces recurren a mejorar ciertas condiciones de vida. Ocurre igualmente con la necesidad de capacitar a la mano de obra asalariada, de elevar en cierta forma el nivel educacional de la población y satisfacer algunas necesidades básicas de varios sectores de las amplias mayorías de la población. Incitan y necesitan que hayan ahorros en los bancos, proclaman que todos son inversores en esas industrias y negocios, cuando se conoce que, el que aporta el mayor capital, es el verdadero dueño de esa propiedad. Pero continúa el eterno “traspaso” de una clase a otra, de un grupo social a otro, de la depauperación de la pequeña y mediana burguesía, de las grandes migraciones del campo a la ciudad, de los países subdesarrollados a los ricos del Norte desarrollado.

Y esta situación real sucediendo en cantidades y cualidades in crescendo, ahora cuando se evidencia la crisis hipotecaria, la crisis de las finanzas incluyendo a los bancos aseguradores, la crisis de los precios del petróleo en constante alza, la devaluación del dólar, la crisis alimentaria, la producción irracional de biocombustibles a partir de alimentos necesarios para la población del planeta y la especulación financiera que están subsumiendo al sistema capitalista en una recesión, inflación y estanflación provocada también por sus “guerras infinitas” contra el terrorismo, el narcotráfico, los “Estados Ejes del Mal”, los “Estados discapacitados”, los “Estados Fracasados”, los países-gobiernos que desean, con todo derecho, poseer la energía atómica para su desarrollo, el rearmamentismo acelerado de muchas naciones en la que las armas nucleares no están excluidas como medio de disuasión, las “izquierdas irresponsables”, etc.

La Revolución Cubana, sus conquistas y los pasos para resolver las problemáticas del socialismo: un gran tablero de ajedrez con múltiples variantes, pero que se necesita un cálculo preciso para no perder la gran partida.

Existen logros y conquistas en la Revolución Cubana que no debemos frenar y cercenar, experimentando con la prueba del éxito y/o del fracaso de posibles reformas que podrían mejorar los estándares de vida equitativa, de igualdad, de nuevas oportunidades para todos y de justicia social para las grandes mayorías-sin subestimar y excluir a las minorías-, pero sin prevenir las posibles consecuencias que podrían proporcionarnos un golpe de boomerang, y traernos otros problemas más graves, al tratar de resolver una o varias de las tantas problemáticas en el plano nacional, sin percibir toda la complejidad de este entramado nacional, regional e internacional. Los ejemplos de los procesos reformadores en la Europa oriental y la Perestroika soviética, aunque dirigidos sin una estrategia definida y con intenciones, después demostradas, que no eran solo para perfeccionar el socialismo, son tan cercanos en el tiempo que no es posible acometer un proceso similar y ni siquiera parecido, porque ya sabemos y comprendemos hacia donde condujeron. Cada país tiene sus particularidades y sus singularidades, y sería totalmente miope políticamente repetir en Cuba, las experiencias del desarrollo, por ejemplo, emergente y notable de la China Popular, cuya población es de mil trescientos millones de habitantes, contra los 11, 2 millones de pobladores que existen en nuestro archipiélago.

La hipocresía y la doble cara de los poderes imperiales son tan evidentes, que suelen sancionar a Cuba, bloquearla e intentar invadirla militarmente, pero no harían lo mismo con nuestros hermanos de lucha: China y Vietnam que tienen suficientes habitantes para defenderlo, consumen muchas mercancías estadounidenses y, además, en el caso del gigante asiático, estos pueden escoger zonas económicas de pleno mercado capitalista para desarrollarse-el caso del pacífico chino-y, luego, proporcionar y distribuir esos recursos financieros, industriales y agrícolas de avanzadas hacia otras zonas al centro y el occidente del país. También los EE.UU., específicamente, poseen un déficit comercial enorme, muy desfavorable, además de su conocimiento de que los chinos son uno de los países que más compran los bonos del tesoro norteamericano.

Sus políticas anti-chinas, no pasan a ser, en muchos instantes, simples retóricas, aunque desean en “última instancia” que el comunismo chino sea derrotado desde dentro, como el caso del atizamiento del nacionalismo en el Tibet, pero temen que ese enorme país se desarrolle con tal magnitud y pueda convertirse en un competidor de trascendencia. Y si China se une a Rusia y a la India, en una integración regional consolidada-el famoso “Triangulo de Shangai”-, tal paso cambiaría la geopolítica mundial, con grandes perdidas para los polos capitalistas de poder existentes: los Estados Unidos de América y Canadá, la Unión Europea y el Japón, más sus instrumentos de dominación y hegemonía visibles: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Algunos hablan y escriben acerca de re-significar, re-crear, re-inventar si es necesario el socialismo, de aprehender las lecciones del pasado y tomar lo positivo de todas esas experiencias y las que se desarrollan en la actualidad, pero sin copiar, porque copiar en la vida es muy negativo y mucho más en los procesos revolucionarios. Pero el debate entre las izquierdas y dentro de las izquierdas tiene que partir, además, de una dura realidad: luego del derrumbe del Muro de Berlín, la desaparición y desintegración del socialismo en el este europeo y en la propia Unión Soviética, muchas fuerzas y organizaciones de izquierda se desdibujaron, fueron conversas, cambiaron sus denominaciones y programas principistas, desertaron y traicionaron a sus bases populares militantes y a sus pueblos. Nunca antes se vivió una crisis de las izquierdas de tal magnitud, como tampoco anteriormente, el proceso de recuperación ha sido tan rápido, aunque difícil, confuso y complejo. Algunos hablaron del fin del socialismo y, no se sabe por qué motivo, del fin del marxismo que, como teoría de la interpretación y de la práctica, muy poco tuvo que ver con ese socialismo que se destruía y se suicidaba por autocomplacencia, ayudado por las agencias especiales de los países capitalista-imperialistas.

En menos de una década, esencialmente, en América Latina y el Caribe, resurgieron movimientos políticos y sociales de nueva data-aunque algunos provenían del pasado, solo que la doctrina de la Guerra Fría los había subestimado o subalterizado-que retomaron las banderas de la lucha nacional-liberadora y por la justicia social. El triunfo electoral de la Revolución Bolviariana de Venezuela, encabezada por Hugo Rafael Chávez Frías, la victoria en las urnas de Jose Inacio Lula da Silva en Brasil, el ascenso a la presidencia de Bolivia del líder indígena y social Evo Morales, el éxito de Nestor Kichner en Argentina (y, más tarde, de su esposa Cristina Fernández), la llegada al gobierno de Tabaré Vázquez en Uruguay, el triunfo de Rafael Correa en Ecuador, la revancha electoral de Daniel Ortega en Nicaragua, fueron algunos de los síntomas de los nuevos tiempos que se avecinaban.

Asimismo, la realización de los Forum Sociales Mundiales de los movimientos sociales y políticos, con sus particularidades de estar atomizados por momentos, pero que deben buscar una articulación salvadora entre ellos y los viejos partidos y agrupaciones de izquierda tradicionales, para triunfar definitivamente, es también un símbolo de los estrenados momentos históricos. Estamos hablando de los movimientos indigenistas, comunitarios, barriales, los sin tierra, los feministas, los pacifistas o anti-bélicos, los ecologistas o protectores del medio ambiente, los gay o anti-homofóbicos, las madres y esposas de los desaparecidos bajo las cruentas dictaduras militares y civiles que se entronizaron bajo la tutela del imperialismo norteamericano y la, tristemente, “doctrina de seguridad nacional”, los antiglobalizadores neoliberales, los alterglobalizadores, los anti-deudas externas, entre otros, también señalaron un re-despertar de las luchas populares.

Más tarde, se comenzó a pronunciar un discurso político acerca de un Socialismo del Siglo XXI. El concepto lanzado por Hugo Rafael Chávez Frías en el año 2005, fue recepcionado de manera inmediata por parte de los intelectuales orgánicos comprometidos y, también, por los propios pueblos que vieron una alternativa posible y real ante los agobiantes problemas del capitalismo dependiente, atrasado y deformador de las estructuras económicas y sociales de sus países.

Ese socialismo que los científicos sociales cubanos, sin realizar una reunión para llegar a un consenso, hemos denominado en el siglo XXI, porque no debe realizarse sin hacer un examen concienzudo y maduro de los socialismos que terminaron en el siglo XX, y de los otros que continuaron en el presente milenio, y aprender de todas sus enseñanzas positivas y negativas, no puede plantearse desde la tendencia, presente en algunos escritores, de que todo lo sucedido en ese “socialismo real” fue un error y, por lo tanto, hay que obviar, ignorar y omitir que hubo experiencias satisfactorias y válidas que arrancan desde la Comuna de París en 1871, y la Revolución socialista de Octubre de 1917, en la Rusia de los zares, bajo la égida de los bolcheviques y su genial conductor V. I. Lenin.

La misma Revolución Cubana proviene de esa centuria, así como la China Popular, la Coreanala Vietnamita y la Laosiana, cada una con sus características propias, pero socialistas al fin, y sin lugar a dudas. Habrá quien piense y exprese, como lo hizo Heinz Dieterich que, en Cuba, las Ciencias Sociales son mediocres y están servicialmente a tono absoluto con todo lo que hacen y dicen los dirigentes de la Revolución -artículo muy bien rebatido por los Dres. Darío Machado y Felipe Pérez Cruz- y que no están cumpliendo sus funciones de investigar, estudiar y analizar toda la problemática socioeconómica del país, de emitir criterios serios y científicamente argumentados para que sean de uso práctico de la política. O que piensen que estos no son tenidos en cuenta por la dirección del Partido, el Estado y el Gobierno. Quienes afirman tales seudo-mentiras deben saber que las ciencias sociales cubanas no están divorciadas ni subordinadas a la política, son un complemento muchas veces crítico de las mismas, no son simples herramientas que solo pretenden apologetizar las decisiones que se toman al más alto nivel, pero también deben conocer que la mayoría de los que trabajan en las distintas disciplinas y saberes, son intelectuales orgánicos y comprometidos con la Revolución. No todo es un paseo de Rivera, tal como afirmara el prestigioso intelectual cubano Alfredo Guevara, porque esas conclusiones a la que arriban los estudiosos, muchas veces, no son comprendidas por los decisores de las políticas de forma inmediata y, entonces, surgen discusiones profundas y, hasta agudas, en que cada parte defiende con sus argumentos, existiendo discrepancias e inconformidades. Pero ese es el proceso dialéctico y contradictorio, de negación, de continuidad y ruptura dentro del socialismo cubano, aunque no salga reflejado o se polemice públicamente. Los viejos axiomas de que toda discusión pública ya es una forma de solucionar el problema, o que es necesario lavar todos los “trapos sucios” y tenderlos a los ojos de todos, son verdades a medias. Hay muchas veces en que la verdadera política es la que no se ve, y aquella que no advierte al adversario y al enemigo, todas las dificultades y problemáticas, más cuando sabemos que no van a ayudarnos y si aprovecharse de ellas.

Bastaría con echar una ojeada, de simple observador, a las publicaciones de los últimos 18 años para evidenciar que los textos-libros, ensayos, monografías y artículos-no siempre concuerdan con las políticas al uso, como usualmente sucedía en períodos anteriores, cuando estábamos dentro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) y existían muchas publicaciones que repetían hasta el infinito las tesis del marxismo vulgar pro-soviético, aunque esa realidad no era, ni mucho menos, absoluta. Incluso, en el exterior algunos extraen conclusiones tremendistas de que, cuando no se coincide en las posiciones, hay quiebras en el pretendido monolitismo y unanimismo que, lamentablemente, algunos órganos de prensa escrita, radial y televisiva presentan al público nacional e internacional. Pero esa realidad que existe, la estamos combatiendo internamente con todo el rigor y la mesura, la madurez y la hondura que se merece, porque tampoco podemos ofrecerles las armas a los enemigos de la Revolución. La crítica debe ser oportuna, en el sentido del lugar que se realice, el momento histórico bien escogido, la profundidad y seriedad. Nada debe ser criticado y, peor aún, ser hipercriticado con superficialidad y por un simple ejercicio de invectiva dañina y que nada ayuda a resolver.

Finalmente, venga desde donde venga la crítica, esta será bienvenida, siempre que esté dentro de los principios y de la ética revolucionaria. No somos perfectos.

En mis conferencias en el exterior les expreso a los compañeros en los distintos auditorios que no somos ni el “Infierno”, y, mucho menos, el “Paraíso”. Somos una sociedad en permanente construcción, tanto nacional como socialista, este es un proyecto social transformador en eterno proceso de rectificación, de perfeccionamiento. No nos pensamos mejor o peor que nadie, pero somos muy celosos guardianes de nuestras conquistas, nuestras victorias, nuestros triunfos, nuestros logros. Y como hemos estado sometidos a constantes campañas difamatorias, no permitimos que se nos critique al antojo, separando una reflexión de otras, una parte de la obra revolucionaria de la otra, que nos intenten aislar con mentiras y engaños, con tergiversaciones y manipulaciones, intencionadas o no. Quizás tenemos los reflejos muy engrasados cuando se trata de la auto-defensa de nuestro socialismo, porque no lo construimos para quedarnos con él, nosotros mismos, sino que hemos sido muy solidarios e internacionalistas, por lo que ha corrido o derramado sangre cubana generosa en otras tierras, en gesto desprendido y humano.

Y esos ya son grandes principios para que a la Revolución Cubana se le respete

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en su sistema socialista (I parte)

La Revolución Cubana y las propuestas de los posibles cambios en su sistema socialista: una mirada crítica para el Siglo XXI, por Orlando Cruz Capote (I parte)

Han transcurrido solo unas semanas en que manifesté mi desacuerdo con el artículo de James Petras, “Ocho tesis erróneas de Fidel Castro. Fidel Castro y las FARC”, en un trabajo que titulé con celeridad “Los principios éticos de una polémica desde la izquierda”, y ahora preciso realizar otras aclaraciones, percepciones e interpretaciones que omití en mi comentario crítico, pero que no solo estarán en contradicción y discrepancia con el sociólogo “izquierdista” norteamericano, sino con varios autores desde las izquierdas o dentro de las izquierdas y otros que no necesito encasillarlos en una corriente de pensamiento precisa, pero que no son precisamente de izquierdas, pero que no los excluyo por consideraciones “higienizantes”, sino por las posiciones que asumen no solo con Cuba, sino con otros procesos revolucionarios.

Se trata de que, en los últimos tiempos, la Revolución Cubana en los umbrales de sus 50 años de victorias, éxitos indiscutibles, errores inevitables y otros que pudieron sortearse, se ha convertido en una moda light para muchos escritores que escriben con apreciaciones muy diferentes a la de los años de las décadas del 60 al 80 del Siglo XX. Y no se trata de que sean solidarios a ultranza con Cuba y su Revolución y, mucho menos, que todas sus ideas y realizaciones las aprueben como muchos de ellos y otros hicieron con la Unión Soviética y su partido comunista. Pero, en estos instantes, sobresalen los argumentos emitidos en su contra, otros con no muy disimulados criterios discrepantes y hasta los hay extremadamente criticistas. También existen quienes han llegado a la aberración de afirmar que Cuba Socialista ya no está a la altura de los tiempos (post)-modernos y necesita de otra Revolución en la propia Revolución. Nos ubican sin ambages y subterfugios en el museo de la historia, como algo viejo o anticuado.

Lo más extraño de esta cascada informativa e interpretativa es que la Revolución Cubana, inmersa en un proceso de resistencia-desarrollo luego de la caída del Muro de Berlín, está siendo objeto de hipercriticismos irresponsables e inmaduros, por parte de algunos políticos y académicos en el exterior y, hasta en el interior del país, que lo han estado realizando desde las filas revolucionarias-algunos así lo afirman-, aunque también por algunos escritores no tan capacitados ideopolíticamente y, mucho menos, en las disciplinas históricas y politológicas, filosóficas y sociológicas, antropológicas y etnológicas, psicológicas-sociales y culturales, o sea que lo han realizado desde el propio sentido común del individuo y/o del colectivo en que se agrupan. Las opiniones que se vierten, que no siempre son falsas totalmente, han sido en el exterior, predominantemente, muy opináticas y simplistas-perdonando la posible redundancia-pero, los análisis científicos sopesados, maduros y profundos, lamentablemente, han sido muy pocos.

Esa avalancha de críticas, muchas de ellas ajustadas a una realidad cubana que continúa transitando por un Período Especial en Tiempos de Paz (anunciado por el compañero Fidel Castro, el 28 de septiembre de 1990), que ha significado una verdadera etapa de crisis económica con el admitido recrudecimiento de desigualdades e inequidades en el plano social, que estaban reducidas anterior a esa etapa mínimamente, y que no conllevó a una inestabilidad e ingobernabilidad política, no son nada novedosas para los cubanos que trabajamos y vivimos en la Isla. Esta fase de supervivencia, en vías de mejoramiento porque no ha culminado, ha sido recepcionada y asimilada por la inmensa mayoría de la sociedad, aunque con algunas pérdidas en el consenso popular y numerosos conflictos de valores. No obstante, solo el espíritu de sacrificio, el heroísmo cotidiano y trascendental, el auténtico patriotismo-antiimperialista, latinoamericanista y las convicciones internacionalistas-humanistas del pueblo cubano han permitido que el famoso “efecto dominó” y la anunciada “hora final de Castro” nunca se hayan cumplido, a pesar de los bruscos cambios mundiales acaecidos desde la desaparición del socialismo este-europeo y la Unión Soviética.

Tales planteamientos críticos acerca de esa realidad que los cubanos conocemos mejor que nadie, no son nada originales y desconocidos en el escenario nacional, ni para la dirección política, los cientistas sociales, los científicos y técnicos de las ciencias puras y aplicadas, los profesionales varios, los obreros y los campesinos, los estudiantes, las amas de casa y ni siquiera para el ciudadano común, comprometido en la defensa de su Revolución. Todos en esta Isla Rebelde podrían confeccionar varios decálogos de infortunios, premoniciones de situaciones similares a un desastre, variadas pérdidas o disminuciones de logros, precariedades de todo tipo, inconformidades, desilusiones y desencantos, etc., sufridos estoicamente para defender las conquistas del socialismo, la independencia y soberanía nacionales y la propia existencia de la Nación y la nacionalidad cubanas. Y, al unísono, esos mismos cubanos podrían elaborar una larga lista de medidas racionales y humanas que la Revolución tomó para salvaguardar la educación, la salud, la seguridad y asistencia social, los abastecimientos alimentarios indispensables, asegurar la defensa de la nación, disminuir las tasas de mortalidad infantil y materna, cuidar a la población en casos de desastres naturales-como sequías y ciclones-, tratar de evitar la entrada al país de drogas y estupefacientes, la lucha por no imponer regulaciones económicas de choque al estilo neoliberal que dejaran desempleados y sin sueldos a miles de cubanos cuando su fábricas no pudieron continuar funcionando por las insuficiencias (en realidad ausencias) en el suministro del combustible, la energía y los necesarios insumos, mantener una serie de gratuitidades y precios subsidiados por el Estado, entre otros. Y todo ello en medio de un aumento de la hostilidad de los círculos de poder de Washington que aprobaron la Ley Torricelli y la Helms-Burton, en 1992 y 1996, respectivamente, así como el “Plan de Transición Democrática para Cuba” (Plan Bush para Cuba)”, aprobado en el 2004.

Lo más curioso es que las críticas elaboradas desde latitudes y condiciones diferentes a la que vive Cuba, parecen revestirse y convertirse en auténticos consejos, sugerencias y hasta indicaciones de lo que debe hacer la dirección de la Revolución, el Partido Comunista y el Poder Popular, para salvar al socialismo cubano. Son tan infinitas las recetas y fórmulas que nos brindan gratuitamente que parecieran abrumarnos y, realmente, no nos ayudan a escoger o seleccionar una sola de ellas ni tampoco pretender abarcarlas y cumplirlas todas porque, además, no somos muy adeptos a que nos den “órdenes” y nos “dicten normativas”, aunque sean sutiles y útiles para leerlas en el utópico panorama de un desierto. Un sólo ejemplo, muy temprano en la historia revolucionaria de Cuba, sería suficiente para conocer y comprender a los comunistas y patriotas cubanos: en una álgida reunión del primer partido marxista-leninista de la Isla, en diciembre de 1933, Rubén Martínez Villena, dirigente del mismo, ante las críticas agudas e hirientes de los representantes de la Internacional Comunista (III Internacional o KOMINTERN) a su persona y otros camaradas del Comité Central, por no haber acatado las directrices de esa organización comunista mundial de cumplir con la creación urgente de los Soviets de Obreros y Campesinos, éste contestó, en pleno desacuerdo con ese dictak tan ajeno a la situación sociopolítica concreta de la Isla, de manera tajante que “No todo se puede dirigir desde Moscú”.

Pero recordemos que, en la década de los 90, arribaron a La Habana, distintas personalidades y figuras, personajes y personajillos incluidos, de variado espectro ideopolítico que traían consigo paquetes de programas con reformas -y hasta contrarreformas- de todo tipo. Ahora me acuerdo de Solchaga, economista del gobierno de Felipe González, del entonces casi desaliñado Partido Obrero Socialista Español (PSOE) que perdió las elecciones frente al Partido Popular (PP), ultraconservador, por los escándalos de corrupción, la incapacidad de llegar a acuerdos con las autonomías vascas y catalanas, su enfrentamiento con la organización nacionalista ETA, y la utilización de grupos paramilitares, los tristemente célebres GAL, quienes asesinaron a los etarras en cualquier lugar de España, Francia y otros países. Pero todos los visitantes fueron recibidos y escuchados atenta y respetuosamente, aunque no se compartieran muchas de sus propuestas, algunas de ellas de corte neoliberal y liberal, otras que contenían muchas similitudes con la Perestroika soviética y, también, las habían muy originales desde el ángulo marxista y socialista. La gran dificultad de casi todas es que no podían situarse en el escenario nacional, regional e internacional de Cuba, ni podían ubicarse en una Isla construyendo un socialismo original -con virtudes y defectos- a solo 90 millas de los EE.UU. y, mucho menos, valorar estratégicamente que un error en Cuba podría convertirse en un error para Latinoamérica y el Caribe, el Tercer Mundo y hasta para las periferias pobres y explotadas del Norte rico y desarrollado.

Algunos de buena fe y otros no tan ingenuamente, se preocuparon de que el pueblo cubano no se constituyera en un nuevo Sagunto y Numancia, concepción tremendista que solo aceptaríamos si no quedara un solo cubano vivo, aferrados a las ideas de defender la Patria, la Revolución, el Socialismo y la Vida hasta las últimas consecuencias, en caso de agresión y ocupación de la Isla por fuerzas extranjeras. Y no es que desestimemos por tozudez y terquedad tales ofrecimientos, que nos neguemos al debate de principios, a la crítica constructiva, al diálogo y podamos analizar algunas de tales propuestas, pero habría que recordar que la Revolución Cubana es auténtica y autóctona, singular y creativa, que nunca subestimó las experiencias y las enseñanzas de la historia de otros países y procesos revolucionarios y socialistas, ni olvidó que, en instantes muy precisos de su corta hazaña revolucionaria, realizó copismos y mimetismos de un “socialismo real”, paradigmático para muchos, que se derrumbó estrepitosamente y que no fue lo más ejemplar para la construcción socialista en el plano nacional e internacional.

En los duros y difíciles años de los 90, y hasta la actualidad, la Revolución también adoptó medidas muy riesgosas: la circulación del dólar junto a la moneda nacional y, luego, el peso cubano convertible (cuc); abrió su economía, no en los sectores estratégicos pero sí, ampliamente, en otras ramas económicas, a las inversiones de capital extranjero, buscó tecnología de punta o de avanzada científica y tecnológica con socios capitalistas y encontró mercados con aliados del sistema antagónico; reevaluó su sistema de propiedad, que siempre había sido variado, o sea, estatal, cooperativista y privado (en la agricultura fundamentalmente), y lo relanzó a empresas mixtas con capital extranjero y del Estado cubano, con predominio de este último, pero también de empresas capitalistas foráneas que tenían y tienen un por ciento mayor en las inversiones y, las hay, que son empresas extranjeras al 100 %, se autorizaron Joint Ventures, principalmente, en la búsqueda y la explotación del petróleo; asimismo, reabrió la oportunidad al surgimiento de pequeños negocios de servicios a “cuentapropistas” -privados- con la sola condición que no explotaran mano de obra que no fueran de sus familiares; consolidó un mercado agropecuario campesino -estatal, cooperativista y privado- en que las leyes que lo rigen, a pesar de los esfuerzos de regulación, control y restricción que realiza el Estado socialista, son las de la oferta y la demanda y, autorizó que pagaran, en el caso de algunas cooperativas y granjas estatales, mano de obra asalariada; ha dado en usufructo privado tierras a particulares, con la única condición de que las hagan productivas; brindó oportunidades para construir viviendas con el esfuerzo propio de los ciudadanos, aunque el Estado subsidia los insumos más perentorios; admitió el envío de remesas del exterior y las visitas de la comunidad cubana en el extranjero; se aceptó el arribo al país de donaciones solidarias que el gobierno revolucionario se comprometía a distribuirla a los sectores más necesitados; se permitió a algunas ONGs que aportaran sus finanzas y experiencias en el desarrollo local fundamentalmente; se experimentó el funcionamiento de zonas francas con pagos ínfimos o exentos de aranceles para el comercio y la industria; se vigorizó la industria del turismo-la denominada “industria sin humo”-, pero que ha tenido consecuencias no plenamente positivas, porque han entrado al país turistas con drogas, otros con el objetivo solapado de realizar subversión, labores de espionaje y actos terroristas, además de algunas afectaciones al ecosistema y la biodiversidad de las zonas seleccionadas para su desarrollo, así como otros que se prestaron para un turismo sucio al introducir prácticas de pornografía, pedofilia, pederastia, prostitución, etc.

O sea que, el Gobierno Revolucionario Cubano, bajo la rectoría de su Partido Comunista, hizo algunas aquiescencias muy peligrosas para lograr la supervivencia del país y sus población, pero sin realizar concesiones de principios. Y a pesar de ello, y contra estas medidas, también surgieron críticas desde o dentro de la izquierda. No decimos de las elites de poder reaccionarias de Washington, porque las mismas siempre han tenido una “agenda deslizante” para con la Revolución Cubana. Como nada les satisface, siempre piden más y más, con el fin de lograr el roll back del socialismo cubano, sin eliminar el bloqueo, que ellos llaman eufemísticamente el embargo. Esa fue y sigue siendo la realidad de todos estos años.

La discusión acerca del socialismo en Cuba tiene que ser entre los cubanos de la Isla.

El actual Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, emitió su apreciación de aquella situación sumamente difícil y compleja, en una entrevista concedida a una periodista del diario Juventud Rebelde, en el año 2001, “[...] El pueblo de ahora no es el pueblo del año 1989, ni del 90 o el 94. Entonces el espectáculo era complicado en muchos sentidos, por el estado que tenía la economía del país, por la caída de una tercera parte del Producto Interno Bruto, porque cientos de fábricas y centro de trabajo tuvieron que cerrarse [...] Recuerda que fue la época en que hubo 80 mil asambleas de los trabajadores, sin contar las que tuvieron los jóvenes, los estudiantes, para explicar la situación que estaba en desarrollo y como enfrentarla. En 1994 año muy difícil, recorrí todo el país con varios dirigentes, por instrucciones de Fidel, y llevamos a cabo aquellas reuniones territoriales del Partido. La situación era tétrica. Los ánimos estaban realmente caídos. Pero ahora las situaciones son diferentes [...] Había firmeza, hasta llegó a haber en algunos resignación ante la posibilidad de que la Revolución muriera, pero nunca primó el espíritu de la traición [...] Acuérdate del 26 de julio de 1994 en que planteamos lo de “Sí se puede”. Empezamos a probar que sí se podía, nos propusimos cambiar el estado de cosas. Pero era lógico que no fuera fácil. Siempre que hay dificultades como las que tuvimos entonces, se producen claros, vacíos en las filas”.

Entonces, junto a la audacia que deben tener todos los verdaderos revolucionarios hay que ser cautelosos y concienzudos ante nuestra realidad sociohistórica concreta y más aún con respecto a las invitaciones sinceras y otras que no lo son, que se nos proponen. Aunque Fidel Castro haya expresado y reconocido, con realismo político, que no sabíamos y sabemos poco de cómo construir el socialismo, resulta ser una verdad de Perogrullo nada vanidosa, que somos los que más sabemos, modestamente, de cómo transitar por el mismo en América Latina y el Caribe. Es una experiencia que no debe repetirse, ni un modelo a calcar, pero sí se pueden extraer lecciones y enseñanzas de la misma.

En el discurso del año pasado, 2007, el propio compañero Raúl Castro, quien es también el Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, manifestó de forma sincera, honesta y pública una valoración crítica de algunos de los problemas de la Cuba de la contemporaneidad. Muchos de sus argumentos fueron enriquecidos en discusiones populares en los sindicatos-la Central de Trabajadores de Cuba (CTC)-, en los barrios por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), la Federación Estudiantilla Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), la Unión Nacionalla Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), los propios militantes de base del Partido Comunista de Cuba (PCC) y, hasta los pioneros de la Isla. Aún más, algunas instituciones y ONGs que conforman la sociedad civil cubana, como la Jerarquía de la Iglesia Católica, el Consejo de Iglesias Evangélicas y Protestantes, Logias Masónicas y diversas asociaciones de diferente perfil, etc., discutieron e hicieron conocer sus ideas en reuniones oficiales y sus publicaciones. Hubo, para qué ocultarlo, hasta “cónclaves” informales, porque ya se sabe que los cubanos somos muy dados a compartir, ser ampliamente comunicativos y hablar de política constantemente como si comentáramos del béisbol, nuestro gran deporte nacional, y en esas colectividades se opinaron y se continúan emitiendo ideas acerca de lo que tenía que ser cambiado, reformado y hasta eliminado. Un ejemplo demostrativo de que existe libertad de reunión y de expresión, incluso para opinar sobre cualquier hecho y proceso cotidiano o trascendental, sin ser objetos de persecución y represión y, menos, para convertir a esas personas en “presos de conciencia”, porque son “periodistas y bibliotecarios independientes” (que tienen libros como “Mi Lucha”, “Manuales de Subversión”, libros contra la Revolución Cubana, o sea, nada de enriquecimiento cultural), que solo exponen sus criterios contestarios y/o disidentes de forma pública y no realizan ningún acto contrarrevolucionario lesivo a la seguridad del país. Estos son los que las agencias de prensa acreditadas en Cuba y en el exterior denominan como tales, mostrándolos como perseguidos políticos y torturados por el régimen comunista. Universitaria (FEU), de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC),

La contrarrevolución interna en Cuba: mercenarios pagados por el imperialismo norteamericano.

Tamañas mentiras son fáciles de descubrir y verificar, porque los únicos presos que hay en Cuba son los que atentan contra la seguridad del país, su soberanía e independencia nacional, y están al servicio de una potencia extranjera y/o son reclusos por delitos comunes, aunque a ninguno se les tortura. Entre los individuos que conforman estas variadas y para nada unidas mini-agrupaciones contrarrevolucionarias hay quienes han sido “dobles agentes” por cuenta propia, como el “Camaján” Elizardo Sánchez Santacruz, que fue hasta condecorado por el Ministerio del Interior Cubano y, luego, dijo que ese video filmado era un burdo montaje; Vladimiro Roca habló por la mal denominada “Radio Martí” -radicada en los EE.UU., contraviniendo las normas de las telecomunicaciones mundiales-, desde La Habana, llamando a la subversión y la desobediencia civil, sabiendo que con esa acción transgredía las leyes, pues se ponía al servicio de un potencia hostil y sin relaciones con Cuba; Marta Beatriz Roque y otros discuten fuertemente, llegando a las diatribas más obscenas, acerca de los auto-robos del dinero que les otorgan las agencias-fundaciones del gobierno yanqui, y hasta de las organizaciones terroristas, que lo reciben personalmente de la mano y en la residencia del propio Jefe de la Sección de Intereses de los EE.UU. en Cuba, quien, además, los deja utilizar los salones de reuniones y las comunicaciones de esta sede diplomática, violando las normas internacionales establecidas para una embajada; Oswaldo Payá y la máxima dirigente de “Las Damas de Blanco” recibieron el Premio Internacional “Zhajarov”, distinción que se le confiere a los activistas políticos por la libertad y la democracia, por fundaciones conservadoras (auto-nombradas democráticas) internacionales, a pesar de sus acciones en contra la legalidad socialista; Eloy Gutiérrez Menoyo, dirigente contrarrevolucionario muy activo en la década del 60, detenido y fugado de la prisión en Cuba, posteriormente fundador de la organización Cambio Cubano, en los EE.UU., solicitó vivir sus últimos años en la Isla, y el gobierno revolucionario accedió a esa petición y está habitando, actualmente, en el populoso barrio habanero del Vedado, etc. Ninguno de ellos están encarcelados en las “tenebrosas” prisiones cubanas.

Incluso, aunque el país no ha eliminado la pena de muerte de su Código Penal, desde finales del año 2003 y principios del 2004, no se ha ejecutado a ningún criminal y terrorista. Por ejemplo, salvadoreños, guatemaltecos y otros terroristas de origen centroamericano están presos, no obstante, el haber puesto bombas en instalaciones turísticas, cabarets, clubes y restaurantes. En uno de tales atentados murió el joven italiano Fabio Di Zelmo, en 1997, pero ninguno ha sido ejecutado. Muchos de los detenidos cuando salen de las prisiones, algunas veces, sin cumplir sus condenas completamente, están rozagantes y dispuestos, en la primera oportunidad que se les presenta en el “exilio” miamense y madrileño, fundamentalmente, a hablar delirantemente acerca de los “terribles” tratamientos recibidos, del hambre a que fueron sometidos y de la ausencia de servicios médicos en las penitenciarías cubanas.

Dos casos muy conocidos son válidos para ejemplificar lo que explicamos: Hubert Matos, el comandante traidor del primer año de la Revolución (octubre de 1959), salió de la cárcel al cumplir casi sus 30 años de condena y fue inmediatamente admitido en La Florida, y allí continuó su actividad contrarrevolucionaria con un ímpetu y vigor que asombró a sus correligionarios que pensaron que estaba física y mentalmente destruido -aunque dicen que perdió la visión, enfermedad que no podemos confirmar-; el segundo, Armando Valladares, el “escritor inválido” y desvalido, extraído de la prisión mucho antes de consumar su sentencia por una petición del gobierno francés, tuvo que irse caminando desde su silla de ruedas hasta el avión, en el aeropuerto internacional “José Martí”, ante el pasmo de los camarógrafos y reporteros extranjeros, porque la Revolución solo le puso como condición de que podía marcharse si caminaba por sus propios pies. Después, el falso poeta y escritor, terrorista y asesino, -luego se supo que el contrarrevolucionario Carlos Alberto Montaner le había contratado una persona, o él mismo, para que le escribiera los poemas y textos- fue miembro oficial de la diplomacia norteamericana en las farsas montadas contra Cuba, en la bochornosa Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, Suiza. El hombre se presentó bien vestido, erguido y arrogante-la seguridad cubana le hizo llegar al presidente francés los videos de este mentiroso haciendo ejercicios en el baño de la prisión-y, sin saber casi hablar inglés, acusó al gobierno cubano de violar los derechos humanos, ante los atónitos ojos de los diplomáticos allí presentes y el disgusto evidente de la propia delegación yanqui que tuvo que soportar la ignominia y la humillación de que este individuo, antiguo testaferro del dictador Batista, ocupara el estrado que ellos, especialistas en la materia, tenían merecido por su profesión.

También se han celebrado, desde los años 80 de la pasada centuria, encuentros entre el gobierno revolucionario y la emigración cubana en el exterior, radicada en cualquier país del mundo, solamente quedando fuera de los mismos los activistas contrarrevolucionarios reconocidos. Los intercambios son fructíferos, sin llegar a un consenso en todos los puntos de la agenda de discusión y, en otros, sí se arriban a acuerdos de importancia para ambas partes. Hay algunos que han madurado y rectificado su posición errónea de los años iniciales del proceso revolucionario y, por su solidaridad y actitud, se les ha otorgado la ciudadanía o la residencia permanente en Cuba. Pero en estos cónclaves se polemiza, se abren nuevas perspectivas de discusión sobre diferentes tópicos y se conversa, a veces acaloradamente, sobre la agilidad de los permisos de entrada, el costo de las visas, las posibilidades del reencuentro familiar, la probabilidad de invertir capitales en la Isla, etc. Muchos de estos emigrantes que continúan sintiéndose cubanos aunque estén algo desarraigados de su tierra natal, escriben distintas obras literarias en las que está presente la realidad cubana pasada y las más reciente, y estos textos han sido publicados en Cuba.

Sin embargo, hay algunos que se marcharon y/o desertaron tardíamente y, utilizando los medios alternativos de la propia izquierda, escriben sus artículos en sus respectivos blogs, casi diarios o semanales, en los cuales destilan un odio enfermizo contra la Revolución y el Comandante en Jefe, critican todo lo que se hace o no se hace en la Isla, desde el ángulo del intelectual inconforme, quizás por alguna medida tomada en su contra, pero muy lejos de poseer una posición comprometida con su patria y el socialismo que, además, dicen y juran defender. No obstante, también vienen a La Habana, bajo el manto de visas turísticas y se hospedan en hoteles caros donde reciben a sus amigos y reparten dinero, no se sabe de qué procedencia, y luego se marchan tranquilamente por las terminales aéreas cubanas hacia los países en los cuales viven y trabajan actualmente. Y nadie los persiguen, los atropellan, nadie los amenazan y tienen una estancia sin problemas con las autoridades cubanas.

O sea que existe una larga historia de tolerancia, aunque también de coherencia política con la contrarrevolución cubana que, entre los años 1960 y 1967 o 1967, llegaron a tener en la Isla alrededor de 3 mil alzados y 300 organizaciones actuando en las ciudades y campos cubanos. No vayamos a pensar que no nos defendimos, sin embargo, los asesinos, torturadores y antiguos testaferros del régimen de Batista que huyeron el mismo primero de enero de 1959, y en los días y meses subsiguientes, hacia los EE.UU., nunca fueron motivo de “venganza revolucionaria” en territorio norteamericano y, algunos siguen viviendo como ancianos sin pasarles absolutamente nada. Eso si es una ética revolucionaria.

Las discusiones internas, sobre la base de los principios revolucionarios y socialistas.

Los planteamientos del máximo dirigente del Estado cubano Raúl Castro, fueron sometidos a un referendo masivo popular, dentro de la sociedad civil y la sociedad política cubana, promoviéndose que se aportaran activamente nuevos criterios, valoraciones e interpretaciones, y también posibles soluciones, para cooperar en resolver lo que funcionaba mal, lo que no era eficiente, acerca de los errores cometidos y que aún subsistían, relativo a las prohibiciones innecesarias, contra los desarreglos provocados por la burocracia y el burocratismo, sobre algunos dirigentes de diferentes niveles que no estaban cumpliendo cabalmente con sus funciones y no tenían suficiente prestigio y autoridad ante el pueblo por su falta de ejemplaridad, ante la indolencia, la desidia, la corrupción, las indisciplinas sociales y la deshonestidad en el seno de una sociedad que está tratando de construir el socialismo a solo 90 millas del imperialismo más poderoso de la tierra, en medio de un proceso globalizador capitalista transnacional neoliberal, hegemónico y unilateral, en el cual los Estados Unidos de América desempeñan su rol como líder indiscutible en el terreno económico, comercial, financiero, político-militar y diplomático.

Todas esas aportaciones populares fueron elevadas a las máximas instancias del Partido, el Estado, el gobierno y los poderes populares. Nada se cambió de lo que se expresó libremente (no se tomó el nombre a nadie, las actas sólo recogieron los planteamientos), nadie ocultó un criterio aunque este fuera opuesto al socialismo que construimos; todos fueron partícipes y protagonistas de la democracia socialista, que aunque aún no es perfecta-y el día que creamos que lo es, estaríamos autocomplacientemente detenidos y al borde del suicidio-, todos hicieron un ejercicio real de poder, que no se le otorga al pueblo sino que este lo posee, aunque no conozca en ocasiones cómo utilizarlo con eficacia porque hay elementos mediatizadores-burocráticos que entorpecen y nublan esa posibilidad auténtica dentro del socialismo cubano. Todo ese proceso de debate fue una verdadera muestra de la democracia popular participativa directa y representativa, en el sentido que participan todos los grupos y sectores, estratos y estamentos de la sociedad, que practica el pueblo en las más difíciles condiciones internas y externas.

Pero las solicitudes, desde adentro y desde afuera, para que nos apuremos o actuemos con prisa en el proceso de rectificación de los errores, deficiencias e insuficiencias también ha sido muy numeroso, desde el campo de los amigos y camaradas de lucha, los simpatizantes y hasta de los oportunistas de toda tendencia. La rapidez y los ritmos acelerados que nos proponen es como si pareciese que estamos compitiendo en un juego de azar o en un deporte, donde a veces ganar o perder solo significa una oportunidad que puede recuperarse en la próxima competencia. No se advierte que esta es una Revolución, forjada durante siglos de lucha por la liberación nacional contra el colonialismo español primero, y el neocolonialismo yanqui después, de un proceso de justicia social que tuvo que enfrentar la ignominiosa esclavitud y, más tarde, la despiadada explotación del obrero asalariado, y que continúa su combate contra el Sistema de Dominación Múltiple del Capital, que es eurocéntrico y norteamericanizador, patriarcal y homofóbico, racista y discriminador, paternalista, explotador y opresivo, enajenante / alienante, marginante y excluyente, que no solo abarca la economía, el comercio y la política, lo societal y las finanzas, sino también a la informática y a las industrias culturales que, muchas veces, imponen gustos y deseos de dudoso valor estético, realidades virtuales en que la seudo-cultura predomina y que inunda la vida cotidiana con entretenimientos banales y violentos, reproduciendo ese modo capitalista de producción en las mentes de todos, con la idea suprema de que dejemos de pensar con cabeza propia y miremos las vitrinas inatrapables del “American Dreams”.

No se percibe ni se interpreta que una Revolución que ha sido y es, ante todo, un ejemplo moral para los pueblos explotados y oprimidos, no puede perderse en una carrera vertiginosa porque sería muy vergonzoso para los cubanos y para aquellos que nos admiran y nos quieren, además de convertirse en una victoria muy esperada por el imperialismo norteamericano que ya no quiere solamente derrotarla, sino humillara poniéndola de rodillas.

En la historia de la humanidad, cincuenta años de proceso transformativo es muy poco-no llega a la vida de un ser humano, en Cuba ese promedio anda por los 76 o 77 años-, para superar más de 600 años de mentalidad colonizada y discriminatoria, culturalmente bombardeada por años de ignorancia y educación burguesa y, sometida además, a una incesante guerra sucia, abierta y encubierta, propagandística radial y televisiva, de Fax, Internet y Correos Electrónicos que nos llegan a través de los EE.UU. y otras metrópolis imperiales y, además, por la actividad interna de los grupúsculos contrarrevolucionarios, mercenarios pagados por la potencia más hostil a la nación y al socialismo cubano. Y porque, además, estamos en una relación de interdependencia muy fuerte y necesaria con ese mundo capitalista que nos rodea y que no podemos obviar.

Pero tales críticas, recomendaciones y, a veces, elaboraciones muy parecidas a catecismos cerrados y absolutos, aunque nombrados anti-dogmas, no son del todo acertados, mucho menos, cuando surgen en las mismas aseveraciones evaluativas del proceso revolucionario, elementos contentivos de una sola parte de la verdad y otras que no son ciertas, estando muchos de estas conclusiones distorsionadas y manipuladas, aunque sea por el desconocimiento parcial y total, inconsciente, de nuestra realidad.

Algunos, superficialmente, nos comparan con el socialismo este-europeo y el soviético porque, es cierto que calcamos algunas estructuras económicas e ideopolíticas, estudiamos el marxismo, esencialmente, por los manuales que se publicaban en esas latitudes, aunque lo hemos superado con una apresuramiento producto de un gran esfuerzo intelectual, etc., sin embargo, no realizan un estudio comparativo en que las analogías sean capaces de distinguir las diferencias, y las disímiles concepciones teóricas y prácticas se aprecien no como idénticas, sino como desemejantes. Y entonces esa comparación, lejos de recepcionar las particularidades, solo perciben los rasgos generales y equivalentes, haciendo olvidar las singularidades creativas del proceso revolucionario cubano que son muchas. No por gusto se nos ha considerado como unos herejes dentro del movimiento comunista mundial-cuando este existía-y, en muchas ocasiones, los anarquistas, trotskistas y maoístas nos aprecian y admiran por ser iguales que ellos. En fin, que no escapamos de esa percepción variada en que todo depende del prisma desde el cual nos observan y analizan. Pero nos sentimos más seguros cuando nuestras acciones y reflexiones son rechazadas de plano por el imperialismo norteamericano y sus acólitos, porque entonces no nos confunden y engañan, ni los aplausos ni las críticas agudas e innecesarias, de unos y otros.

Una Revolución es una ciencia profunda, difícil y complicada, como escribió Vladimir I. Lenin, o una causa grande y pavorosa y no un juego para diletantes ni una aventura romántica, como advirtió Antonio Gramsci. Por lo tanto, estas propuestas son muy peligrosas si se valora únicamente el escenario nacional, y no el regional y el internacional en el cual, todos de conjunto, forman una madeja muy complicada y compleja para que decidamos, en “un abrir y cerrar de ojos”, cambiar estructuras estatales, formas de cómo gobernar, transformar funciones en manos del Estado centralizador, utilizar formas de propiedad variadas sin proporciones adecuadas, realizar ampliaciones de la democracia, sin límites razonables para un país bloqueado, sitiado y en estado de guerra con los EE.UU., y estilos de trabajo enraizados en las mentes de los dirigentes y los ciudadanos, acostumbrados a que el Estado socialista tiene el deber de otorgar todo, sin necesidad de recibir nada a cambio. Hemos creado una grandiosa obra, eso es cierto, pero hemos cometido desatinos tácticos, y ahora no podemos darnos el lujo de caer en errores estratégicos.

Si no tenemos una visión totalizadora, dialéctica y holística de los problemas iremos directos al fracaso, si no poseemos una caracterización individualizada y de los pequeños colectivos que conforman la realidad cubana también caeremos en la frustración y la derrota. El pensamiento teórico del compañero Fidel Castro Ruz, acerca de que “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”, que es una gran verdad revolucionaria, no puede convertirse en un slogan o en una consigna política más, que debamos aplicar sin pensar profundamente en todo lo que encierra y expresa ese conjunto de ideas. Cualquier lectura que de ella se realice, fragmentándola y separando un pensamiento de otro-como se hace en ocasiones en los spot políticos y en las vallas publicitarias-nos haría cometer la falla de cercenar una fusión integral e inseparable de lo que significa la Revolución Cubana.

En la política no funciona la matemática ni la geometría pura, la biología, la biogenética, los adelantos científicos y técnicos que, cuando más, pueden ser instrumentos a tener en cuenta, pero que no deciden la construcción del socialismo de forma unilateral. El socialismo es, ante todo, un problema de conciencia política e ideológica, de cultura general integral, de conocimientos profundos y maduros y, no solo, de una vanguardia política conductora avezada y eficaz, es un problema de conciencia de todos los cubanos o de la gran mayoría, consensuada, de ellos.

Cuando Carlos Marx escribía “en última instancia”, no se refería a un reduccionismo a ultranza a las raíces económicas de los problemas de la sociedad, porque el marxismo y luego el leninismo, más los otros continuadores de esa teoría de la praxis revolucionaria, así como los pensadores de escuelas marxistas variadas y del pensamiento social crítico, advirtieron de las subjetividades y las intersubjetividades que, estando presentes en el devenir histórico de las sociedades clasistas, poseen una influencia determinante en la evolución y desarrollo de los procesos revolucionarios. Y Cuba no está ajena aún a esa estructura clasista, de una economía que todavía no ha realizado su transformación y aporte esencial y, continúa, lamentablemente, funcionando con una lógica metabólica reproductora del capital, o sea, acumulando ganancias, aunque en este caso, para todo el pueblo; que tiene un Estado centralizador en extremo, en que sus trabajadores, aunque dueños de los principales medios de producción, se sienten increíblemente enajenados y hasta alienados del propio proceso de producción, su dirección, sus planes y metas, y las capacidades de decidir sobre el mismo en cuanto a la cantidad y la calidad de los insumos que producen. Y todo, porque está presente, en este tránsito hacia el socialismo el archiconocido derecho burgués “A cada cual según su trabajo, de cada cual según su capacidad” y existen muchos mediadores administrativos-burocráticos que estorban y obstaculizan el sentimiento y la convicción de ser y sentirse dueños plenamente. Aunque nacionalizamos las propiedades extranjeras y de la oligarquía burgués-terrateniente “nacional” desde 1960, el proceso no trascendió desde una estatización hacia la necesaria socialización. Habría que decir junto a Ernesto Che Guevara que debemos continuar construyendo el comunismo, aunque nos pasemos toda la vida transitando por el socialismo, rodeados, por demás, de un océano de capitalismo.

Por lo tanto, no hemos eliminado las clases y no estamos en condiciones de extinguir el Estado. Muy al contrario de las tesis de los clásicos del marxismo -que no son erradas si admitimos que la pronunciaron para su cumplimiento en un largo plazo histórico– y, de las teorías del debilitamiento obligatorio de las funciones reguladoras y controladoras del Estado, del fin de las ideologías, la historia, las utopías y el novedoso choque de las civilizaciones, el Estado-Nacional-Popular-Socialista cubano todavía tiene mucho que hacer en este globalizado capitalismo transnacional neoliberal y, en el plano interno de la construcción socialista. Ni somos aún parte de esa “Aldea Global” y, tampoco, somos un “Islote” de la “Aldea Local”, constituimos porciones de ambas y, por tanto, no podemos pensar y actuar en las dos propuestas excluyentes de forma atomizada y desarticulada, sino que debemos reflexionar e interpretar, practicar y accionar con visiones integradoras, pensar y actuar global y localmente, nacional, regional e internacionalmente.

Por otra parte, no considero que las formas alternativas de autogestión y de autogobierno local, la sociedad de productores libres y la cooperativización, por si solas, sin la presencia de un Estado Nación, Popular y Socialista fuerte -que no significa estatista centralizador de todo-, puedan conllevar a un socialismo nuevo y más eficiente, como tampoco creo en la descentralización desmedida, el caos y la anarquía absolutas, aunque estén en manos de los trabajadores los destinos de la nación y el socialismo. Cualquier cosmovisión unilateral, podría conllevarnos a caminos o, mejor expresado, hacia atolladeros sin salida para un socialismo perfeccionado, pero que tiene que ser guiado por una teoría y práctica revolucionaria y, en el caso cubano, por un Partido de vanguardia, que no significa que todos sus militantes tengan el mismo nivel de conciencia y ejemplaridad, de prestigio y méritos, pero que es una fuerza de avanzada, junto a la Unión de Jóvenes Comunistas, en que ambos suman alrededor de más de medio millón de cubanos.

Y esa no es una fuerza que pueda subestimarse sí, además, está vinculada permanentemente, en acción retroalimentadora con el pueblo, porque vive y trabaja con él, lo orienta, lo escucha y es capaz de tramitar sus preocupaciones y demandas. Y aunque es un Partido único, herencia muy cubana, proveniente del Partido Revolucionario Cubano, fundado en 1892, por José Martí, el PCC es un partido plurisectorial, pluricultural, pluriracial, plurigenérico, plurireligioso y plurigeneracional, etc., en donde existen polémicas serias y profundas acerca de cómo construir el socialismo, aunque tampoco es un club de discusiones o una amalgama de personas individualizadas y de colectivos que no tienen un Programa, Estatutos, normativas y directrices, porque es un Partido Comunista que está erigido sobre la base del centralismo democrático y los principios más creativos y acertados del leninismo. En él existe una unidad, que viene a constituir, al igual que en el seno de la sociedad cubana, la “niña de los ojos” de nuestra Revolución, de nuestra Independencia y Soberanía Nacionales.

Sabemos, mejor que nadie, que cualquier desunión, desestabilización e ingobernabilidad dentro del país le daría al imperialismo norteamericano el pretexto, la “justificación” para intervenir en los asuntos cubanos. Aunque sus más afamados presidentes, élites de poder, “Thins Tank” (tanques pensantes), generales, oficiales de inteligencia, etc, afirmen que no existe una agenda de agresión militar para Cuba, una lectura de cualquier plan secreto o, no tan encubierto, del gobierno estadounidense demuestran que tienen la flexibilidad necesaria para producir esa ingerencia masiva en Cuba en cuestión de horas o días-lo han estado ensayando por años. Léase el “Plan Bush contra Cuba” y se verá que ya tienen nombrado un gobernador para una “Cuba Post-Castro”, y hasta las medidas de desmontaje de todo el socialismo cubano que, incluye, nuestra Patria y nuestra Nación Libre.

Por eso, más que todo creo, fehacientemente, que todas estas maneras alternativas de dirigir y gobernar se complementan en la misión de desarrollar el socialismo. Las aportaciones en este campo son las más entendibles, aunque provengan de muchas personalidades y grupos de afiliación variada: pensamiento social crítico, la teología de la liberación, los heterogéneos movimientos sociales y políticos, los marxistas de diferentes corrientes y tendencias, así como los anarquistas, anarcosindicalistas, trotskistas y socialistas utópicos renacidos, como aves fénix, en esta crisis epocal, de civilización, ideologías y de culturas, también de la modernidad y hasta del marxismo, que ha devenido en una transición sui generis de la historia de la humanidad, en una recomposición y reestructuración del orden y las normas de toda índole, ante la avasallante fase de la III Revolución Industrial, iniciada en la década del 50 y que alcanzó su momento culminante en la fase de los años 90, que ha transformado y trastocado las formas de vivir y de trabajar, en donde está predominando el sector terciario de la economía, las finanzas con su “rueda de casino”, la “burbuja financiera” y los “capitales golondrinas”, la informatización, las comunicaciones rápidas, la robótica, la microelectrónica, la nanotología, la biogenética, la ciencia espacial, etc.

Es lo que muchos han denominado de forma generalizada como el “Fast World” -también el “Fast Food” (comida rápida)-, una forma acelerada de adaptación a las evoluciones y cambios constantes, aunque obvian que existen sociedades y pueblos enteros, como los del África, Asia, Oceanía y de la América Latina y el Caribe, donde hay grandes comunidades y millones de seres humanos que no pueden soñar con una computadora, porque simplemente no hay electricidad, teléfonos y sí muchos analfabetos absolutos y funcionales; hay pandemias como el SIDA, la tuberculosis y el cólera que están matando a miles y miles de personas; hambrunas provocadas por las sequías y las guerras fraticidas inacabables-étnicas-tribales, nacionales, raciales y religiosas-, algunas de ellas organizadas y potenciadas por las grandes fuerzas del capital; la deuda externa impagable moral, económica y políticamente; el intercambio desigual y otras catástrofes que asolan a la mayoría de la humanidad.

En este momento transicional de la historia de la humanidad han reaparecido las viejas escuelas, tendencias y corrientes ideopolíticas mencionadas en el seno de la clase obrera, el movimiento obrero y el movimiento sindical-este prácticamente destruido por la aplicación de las recetas del capitalismo neoliberal-, así como en las nuevas y tradicionales agrupaciones políticas y sociales que han entremezclado todas estas diferentes elaboraciones de forma reciclada, y no se vislumbra un horizonte claro en los programas de lucha de cada una de ellas, hasta ahora muy fragmentados. A ello se suman las variantes de un marxismo ortodoxo, pro-estalinista y maoísta, entre otros. Y estas problemáticas no se solucionan al declarar y tomar una posición política, ideológica y filosófica, ni con solamente realizar una confesión de fe porque luego, cuando leemos con detenimiento los programas y los principios que rigen ese supuesto partidismo, de cualquier espectro ideopolítico, descubrimos una mezcla y yuxtaposición confusa y ambigua, dubitativa y muy poco asertiva, lejanas de convertirse en una síntesis creativa y original. Habrá que continuar el proceso de estudio y análisis, más la práctica como criterio de la verdad, y construir entre todos una alternativa teórica, conceptual y de la praxis que contenga lo mejor de todas las elaboraciones, de toda la herencia revolucionaria universal.

El marxismo y el leninismo, no aquel vulgarizante, escolástico, dogmático y reduccionista, tiene mucho que hacer todavía en la redimensión y resignificación de su teoría y en la práctica, sin ignorar a los clásicos, pero tampoco volver solamente a ellos para repetirlos literalmente, sino extraer de esos textos el espíritu dialéctico de su historicismo y sus enseñanzas, su creatividad sin límites y regularidades abiertas-aunque no indeterminadas y relativizadas al extremo-, y proceder a su re-elaboración en las nuevas condiciones. Desarrollar el marxismo y enriquecerlo no significa revisarlo en el sentido despectivo del término, sino ubicarlo en los nuevos tiempos y espacios del presente y el porvenir. No podrá existir una práctica alternativa, sin una teoría alternativa adecuada, o lo que es lo mismo, recordando el viejo pero vigente apotegma leninista de que, “Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”.

Porque, además, en este mundo que no solo tiene el peligro presente y latente de nuevas guerras “preventivas y humanitarias” en “los más de 60 rincones oscuros del mundo”, posibles holocaustos nucleares impulsados por los imperialismos y, principalmente, por la potencia hegemónica estadounidense, el Estado-Nación Popular y Socialista-este último en el caso cubano que analizamos-tiene un rol que desempeñar, aunque éste sea un “parto” de la modernidad capitalista, variando sus estructuras y funciones, pero nunca debilitándose y reduciéndolo, como plantean y hacen las fórmulas neoliberales, convirtiéndolos en simples aparatos policiales represivos, vigilantes de la paz de los sepulcros, desarticulando a la sociedad civil y protegiendo, en la mayoría de los casos, a los capitales transnacionalizados y, proclamando democracias tuteladas y supervisadas, bajo el manto de una “gobernabilidad democrática” y una “alternancia en el poder” de los partidos de derecha y de centro, e incluso de denominadas izquierdas que ya dejaron de serlo, porque han aprendido a gerenciar al capitalismo transnacional neoliberal con una eficacia tan válida como la de los conservadores.

Ese mundo del que escribimos también sufre de cambios en los patrones climatológicos evidentes, disminución de la capa de ozono, el calentamiento de la Tierra, la desertificación y salinización de las tierras anteriormente fértiles, el descongelamiento de los glaciares y el crecimiento de los océanos que ponen en peligro anchas zonas costeras, que afectan, sobre todo, a las pequeñas islas, la continuada contaminación del aire, de las tierras, ríos y mares, la extinción acelerada de muchas especies de animales y de la variada flora terrestre y marina, provocando un aumento en número y fuerza de los huracanes, tifones, maremotos, tsunamis y terremotos, que traen consigo más hambrunas por las largas sequías en algunos lugares del planeta y, en otras, por las grandes inundaciones causadas por las lluvias exorbitantes que provocan los mismos efectos sobre las poblaciones más atrasadas, más pobres y más proclives a ser afectadas por todos estos fenómenos que han sido consecuencia, en gran parte, de la desmedida explotación de los recursos naturales de la Madre Tierra por ese capitalismo expansivo, depredador, derrochador y consumista que es irracionalmente inaguantable para el Planeta en que vivimos todos. La especie humana está en un grave peligro y mucho pueden aportar los nuevos movimientos sociales y políticos surgidos desde abajo, pero también los Estados-nacionales con sus políticas reguladoras y controladoras, rectoras y planificadoras, aunque sean menos visibles y no, tan extremadamente, centralizadas. (Continuará)

Consecuencias de la mentira, por Eliades Acosta Matos

Acabo de leer a un airado periodista de origen inglés llamado Christopher Hitchens quien publicó en Slate una arenga, que por momentos me hizo recordar a ese profesional de lo incendiario que fue el monje Savonarola. Lo que ha provocado la santa cólera del Sr Hitchens, poniéndolo al borde del soponcio, ha sido constatar lo que califica como “la cobardía del establishment de la cultura estadounidense”, más o menos, la autocensura que muestra la prensa de aquel país, y especialmente sus editores, ante ciertos temas difíciles o que impliquen una toma de partido. Es importante decir que al Sr Hitchens le pica lo que sucede en Washington porque reside allí.

Al parecer el Sr Hitchens acaba de desembarcar en la Tierra, junto a Flash Gordon, tras hacer un viaje interestelar que debió iniciarse cuando aún la perrita Laika no había sido puesta en órbita por los soviéticos, o se estrenaba “Lo que el viento se llevó”. Solo tan prolongada ausencia de los escenarios terrestres disculparía en algo la sorpresa de campeonato que muestra un periodista que viva en los Estados Unidos, dizque honesto y objetivo, ante algo tan pedestre y cotidiano en aquel país, y en muchos otros países del mundo, como la existencia de la más férrea e hipócrita censura de la prensa contra ciertos temas y ciertas noticias.

Yo pensaba, al comenzar a leer el artículo en cuestión, titulado “La verdad y sus consecuencias”, que el Sr Hitchens bramaba al leer la lista de los 25 temas más censurados en la prensa de ese país, que cada año compila el proyecto “Censored”, de la Universidad de Pomona. Tuve, incluso, la ingenua esperanza de que un profesional de la noticia de una nación tan poderosa como los Estados Unidos, y que tanto alardea de las amplias libertades de prensa, palabra e información, que supuestamente se garantiza a sus ciudadanos, hubiese quebrado lanzas porque se respetase, al menos un poco, la inteligencia de ese pueblo cuando se le presentan informaciones sobre el desastre iraquí, las bajas mortales de ambos bandos en conflicto, quién es Luis Posada Carriles o el origen y el sentido de los cambios sociales en América Latina. Era esperar demasiado. El Sr Hitchens está rabioso por encargo, y como suele hacer todo transformista de alquiler, alardea de lo que carece para encubrir lo que le sobra.

Según las doctas palabras del Sr Hitchens, “el enemigo más grande de la libertad de prensa… no es un Estado que censura, un propietario monopólico, el anunciante que quiere una cobertura favorable o al menos la ausencia de una cobertura desfavorable, sino… un periodista o editor cobarde que no necesita que le digan lo que debe hacer, pues ha internalizado(sic) la necesidad de agradar o al menos de no ofender a la pero tiranía de todas, la de cierta opinión pública que considera que su logro más alto es saberse cubrir las espaldas”. Hermosos retruécanos verbales estos del Sr Hitchens, concedamos, lo suficientemente explícitos como para poder descubrir que se especializa en esa difícil variedad circense que es la neolengua, atribuida por muchos a su admirado George Orwell.

Porque, en rigor, por ejemplo, cuando el periodista neoconservador afronorteamericano Armstrong William fue hallado culpable de cobrar cifras de cientos de miles de dólares del gobierno de George W. Bush, por defender en sus columnas de opinión, oblicuamente, y como el que no quiere la cosa, el programa gubernamental “No Children Left Behind”, ¿a qué dictadura obedecía y qué espaldas cuidaba? Y tras Armstrong comenzaron a destaparse payolas canallescas y rumbosas en toda la Unión, surtidores de aguas fétidas que regaban las verdes lechugas que con esmero cultivaban todo tipo de periodistas venales del país que da cátedras de periodismo pulcro al resto del universo. ¿Sabrá el Sr Hitchens, melancólico héroe intergaláctico que se ha quedado en la era Eisenhower, que el escándalo salpicó también a casi una decena de esforzados paladines del “Nuevo Herald”, empeñados con denuedo en enseñar objetividad a los periodistas cubanos?

Lo que le pidieron decir al Sr Hitchens los mismos neoconservadores fulleros que pagaban al Sr Williams es que las autoridades de Dinamarca detuvieron a tres personas que se proponían atentar contra la vida del caricaturista Kurt Westergard, uno de los autores de las caricaturas que ridiculizaban a Mahoma, y que provocaron revueltas y protestas en todo el mundo, especialmente entre los musulmanes. Y lo que, además, le encargaron especialmente decir los adoradores de Leo Strauss y Albert Wolhstetter es que la inmensa mayoría de los periódicos ingleses y norteamericanos, con excepción de Free Inquiry y del Weekly Standard, vocero neoconservador del ya fenecido Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, dirigido por William Kristol, ninguna publicación seria cayó en la burda trampa de dar aire a una no menos burda operación de guerra cultural y psicológica de los servicios de inteligencia norteamericanos enfilada a la satanización de los musulmanes, y en consecuencia, en apoyo a la guerra infinita contra ellos que ya ha causado, solo en Irak, más de un millón de muertos.

De esta manera, por la boca del Sr Hitchens salían las neo-palabras precisas para convertir a las victimas en verdugos y a estos últimos en héroes de las libertades y los derechos, en caballerosos paladines del honor y la modernidad, en heraldos impolutos de un nuevo Camelot. Lo importante no era condenar a los que quemaron la Biblioteca Nacional de Irak, y propiciaron el saqueo de cientos de archivos y museos, y de miles de sitios arqueológicos de la región donde surgió la escritura humana, sino a los editores de periódicos que no se compraron el fiambre que parece haber sido traído en las alacenas de la nave de Flash Gordon, desde la época en que al destaparse la operación Mockingbird de la CIA, los Estados Unidos descubrían horrorizados que sus más reputados periodistas, ganadores de premios Pulitzer, habían estado publicando historias y noticias por indicaciones expresas de los chicos creativos de la Agencia, entonces empeñados en la sacrosanta cruzada contra la URSS y el comunismo. Por dinero, claro está.

Nacido en 1949 en Portsmouth, Reino Unido, y graduado en Ciencias Políticas, Filosofía y Economía en el Balliol College, de Oxford, el Sr Hitchens no es un ignorante, sino un cínico. El hombre que declaró en agosto del 2006, en Brasil, al periodista Miguel Otero que Chávez era como Perón, que los chinos eran muy peligrosos “por su complejo de inferioridad y su complejo de superioridad”, y que “los intelectuales de izquierda admiran a Bin Laden, que este se ha convertido en el nuevo Che Guevara”, y que eso lo declaraba como “marxista”, no es un despistado sino un canalla, tanto como lo es por afirmar que “el desastre de Irak es un trago amargo, pero yo sigo defendiendo la invasión, porque solo así ganaremos esta guerra”.

Pero, al final, nada nuevo bajo el sol, y las aguas siempre recobran su nivel. “Chistopher Hitchens es un provocador-nos lo anunciaba honestamente Otero en la entrevista ya citada-Siempre le ha gustado ir en contra de la corriente mayoritaria, y quizás por eso (oh, qué extraordinaria sorpresa!) es que ha dejado de ser un intelectual de izquierdas… Como todo el mundo critica ahora a Bush, él por llevar la contraria, lo defiende”

El Sr Hitchens es un portento de buen humor. Dice que deja la izquierda, porque esta es mayoritaria en el mundo. ¿No es esto acaso una joya de la guazonería británica de Beny Hill mezclada con un toque esencial de Woody Allen?

El Sr Hitchens es un esforzado continuador de la flor y nata de la andante caballería. ¿no lo demuestra al sacar la cara por el presidente de la superpotencia más poderosa del planeta, como si se tratase de una desvalida doncella raptada por feroces bandoleros?

El Sr Hitchens debe estar cobrando bien por sus servicios inquietantes, “después de abandonar la izquierda”. Precisamente para eso se suele abandonar la izquierda, sobre todo cuando el puerto de destino es el neoconservatismo norteamericano, ducho en reciclar conversos desde los tiempos precursores de Irving Kristol, Lionel Thrilling y Norman Podhoretz. Solo que ahora estar tan cerca de un cadáver político insepulto podría acarrearle problemas de futura adaptación.

Imaginamos que el Sr Hitchens pronto colgará los guantes del buen humor y la caballerosidad a destajo para aplicarse al estudio de cómo abandonar el neoconservatismo, lavarse las manos manchadas de sangre iraquí y ponerse al servicio del Senador Barack Obama, porque, lo escucharemos decir en algún, que “no cuenta con suficiente apoyo electoral y es un seguro perdedor en las elecciones de noviembre”

Claro que primero alguien deberá cerrar cierto trato y poner por adelantado el combustible verde, bien ecológico, que impulse el motor de este moderno y desvergonzado Savonarola de la ultraderecha norteamericana.

Vivir para ver.