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Cuba: coraje y valor

El 2042 y la unión más perfecta, por Eliades Acosta Matos

En medio de una contienda electoral como la que tiene lugar en los Estados Unidos, donde uno de los virtuales candidatos a la Presidencia es negro, no es de extrañar que el tema racial vaya colándose de contrabando en las opiniones de los periodistas y analistas, aún cuando todos juren que esa no es su intención. Porque, claro, se trata de un tema políticamente incorrecto, de esos que no es bien visto y que es temido, como si fuese capaz de destapar los odios del pasado, suponiendo que estos sean, realmente, un asunto circunscrito a la historia.

Al racismo de la sociedad norteamericana se le esconde en los aposentos más retirados de la mansión común, como haría una familia bien con la loca de la casa. No se quiere siquiera admitir que existió y existe, que lo sigue reflejando en las leyes anti-inmigrantes y en el muro que se construye en la frontera con México, en momentos en que el mismo candidato negro a la Presidencia acaba de irse a Berlín a hablar de libertad e igualdad de oportunidades, y a felicitar a los alemanes por haber hecho añicos el muro que dividía a esa ciudad.

En los años más duros de la Guerra Fría, un genio del pensamiento estratégico neoconservador llamado Albert Wohlstetter escribió, por encargo del gobierno, tres artículos para profundizar en las causas del creciente malestar y confrontación alrededor de la cuestión racial en los Estados Unidos, que tenían al país al borde de una guerra civil, agregando otro frente, esta vez interno, al de la catastrófica guerra de Vietnam. En “Metaphors and Models: Inequalities and Disorder at Home and Abroad”, del 27 de agosto de 1968, Wohlstetter planteaba, sin tapujos:

“Nuestras inequidades internas, tanto como los desórdenes civiles asociados a ellas, afectan nuestras relaciones con el Tercer Mundo, y también con nuestros aliados europeos. Los desórdenes raciales y la violencia sugieren una inestabilidad en el gigante americano, del cual Europa depende para su protección nuclear. La inequidad, que es la raíz de la violencia, afecta nuestro ejemplo ante el mundo”

Las medidas que sugería hace cuarenta años Wohlstetter para resolver este problema de imagen exterior y de relaciones públicas de su país, por supuesto que no iban dirigidas a atacar las causas profundas, más clasistas que raciales, que producían esas “inequidades”, que a su vez generaban la violencia racial. Jamás lo haría un neoconservador empeñado, ya se sabe, en preservar a toda costa el status quo. “Intentar desconectar nuestros problemas internos de los externos-era la primera recomendación-…y alentar el crecimiento de una clase media entre los negros”-era la segunda.

Hay que reconocer que el establishment paga bien a especialistas como Albert Wohlstetter, y que en consecuencia, suele tomar en serio sus recomendaciones. Transcurridos cuarenta años, más que molestarse por el éxito o ascenso social de personas pertenecientes a las minorías, lo alienta, en el entendido de que una clase media con tales orígenes vale su peso en oro, no solo a los efectos de desmentir la acción del racismo en Norteamérica, sino también para que actúe como estado-tapón conservador entre quienes participan de las ganancias de la explotación y son recompensados, y las mayorías que siguen en la misma situación de exclusión, marginalidad, violencia y desesperanza de los tiempos de Wohlstetter. ¿Acaso Condoleeza Rice, Colin Powell, Barack Obama, Tiger Wood y Armstrong William, por citar solo el caso de los negros, no lo evidencian?

Pero he aquí que Wohlstetter propone y la historia dispone. Un reciente artículo de Sam Roberts, publicado el pasado 14 de agosto en “The New York Times”, bajo el título de “En una generación las minorías podrían ser las mayorías en USA”, anunciaba que… “en el 2042 los norteamericanos que se identifican como hispanos, negros, asiáticos, indios americanos, nativos de Hawai y otras islas del Pacífico, de conjunto, superarán a los blancos no hispanos. Hace cuatro años se había pronosticado que esto ocurriría en el 2050.”

En el censo de 1790, la población blanca en los Estados Unidos representaba el 64%. En el 1909, tras la avalancha de inmigrantes europeos de fines del Siglo XIX y principios del XX, nueve de cada diez norteamericanos era blanco. Según las investigaciones del Census Bureau Projections, en las que se basa Sam Roberts para su artículo, “… en el 2023 la mayoría de los menores de 18 años, y en el 2039, de los norteamericanos en edad laboral, serán de las minorías…” No creo que las clases medias prefabricadas, de esos mismos segmentos poblacionales de que hablaba Wohlstetter como garantes de la perpetuación del sistema, puedan crecer a ese mismo ritmo. A menos que algo revolucione las raíces profundas de la exclusión, la marginación y las diferencias de oportunidades presentes en la sociedad norteamericana, los descontentos crecerán a un ritmo arrollador con respecto a los encargados de mantenerlos a raya con la utopía de que todos pueden alcanzar el sueño americano.

No exagero al hacer el anterior análisis. La situación actual de las minorías en los Estados Unidos, a pesar de la manera hipócrita en que un sistema profundamente racista intenta vendernos una imagen renovada, ha sido reconocida por el propio Barack Obama el pasado 18 de marzo, durante su discurso más acabado sobre este tema, pronunciado en Filadelfia y conocido como “A More Perfect Union”. Entonces Obama fue inusualmente claro, demostrando que a pesar de los esfuerzos de la familia bien por disimular su existencia, la loca de la casa sigue viva:

“En las comunidades blancas, el logro de una unión más perfecta significa reconocer que lo que ha dañado a la comunidad afro-norteamericana no existe sólo en las mentes de los negros; que el legado de discriminación, y los incidentes de discriminación actuales, aunque con menos frecuencia que en el pasado, son reales y deben ser enfrentados, no solo con palabras, sino mediante acciones, como por ejemplo, invirtiendo fondos en nuestras escuelas y en nuestras comunidades, garantizando nuestros derechos civiles y juicios justos en nuestras cortes; brindando a las presentes generaciones oportunidades de que no dispusieron las precedentes. Eso exige de todos los norteamericanos que no cumplan sus sueños a expensas de mis sueños; y que destinar fondos para la salud, la seguridad social y la educación de los niños de todas las razas ayudará a la prosperidad del país.”

El pasado 21 de junio, en el diario Las Américas de New York, un señor llamado Marcos Antonio Ramos publicó un curioso artículo titulado “Obama y Cuba”. En él, asombrosamente y desdiciendo lo reconocido por el propio candidato demócrata, se tilda a las criticas al racismo en los Estados Unidos como “propaganda anti-norteamericana”, algo así como el fruto de una campaña de calumnias urdidas en medio de alguna de las fantasmales conspiraciones que Franco denunciaba cada cierto tiempo en España, y a las que denominaba como “judeo-masónicas-bolcheviques”. La manipulación del Sr.. Ramos no tiene desperdicio. “El discurso oficial cubano hace énfasis en la discriminación racial en los Estados Unidos, -afirmó-… pero ahora se trata de la Casa Blanca, y no puede imponerse ya un límite a las lógicas aspiraciones de una persona de la raza negra en Estados Unidos o el mundo. La propaganda anti-norteamericana recibiría un golpe devastador en todas partes, incluyendo a Cuba…”

En efecto, más que curiosa esta lógica del Sr.. Ramos: tal parece que las denuncias contra el racismo y los racistas norteamericanos provienen de una línea oficial cubana, y no de la más palpable realidad norteamericana. Tal parece que se trata de una campaña de mentiras anti-norteamericanas, y no de los testimonios de problemas que siguen siendo tan agudos como para que Barack Obama, un estilista de la evasión y la espuma discursiva, se viese obligado a abordarlos con toda crudeza en un discurso especialmente dedicado a ello, moviéndose, como es natural, en el filo de la navaja de una opinión pública que sigue divida alrededor del tema, casi igual que en los tiempos -para unos, benditos- de la Confederación y Jefferson Davis. Y lo más curioso en este razonamiento algo tontorrón del señor Ramos: de ser proclamado Presidente de los Estados Unidos un negro, eso significaría que se habrá decretado extinguido al racismo y a los racistas de ese país.

Lo que vale la pena es enlazar esa posibilidad, sin dudas real, con los cambios demográficos ya en marcha, y los efectos de la propia lucha del pueblo norteamericano, y especialmente de sus minorías, contra los racistas y el racismo. Lo que vale la pena recordar al Sr. Ramos es la derrota del apartheid sudafricano, amamantado por el mismo imperialismo que hoy promueve a un representante de la clase media negra por la que clamaba hace cuarenta años Albert Wohlstetter, como candidato a la Presidencia de su país; y que esta derrota ocurrió a manos de los descendientes de los esclavos africanos, llevados a una islita del Caribe, junto a luchadores de Angola, Sudáfrica y Namibia. Y si queremos hablar del “representante de la etnia negra o mestiza de mayor importancia en la historia política de la Humanidad”, título casi nobiliario con el que identifica el seráfico Sr. Ramos a Barack Obama, conviene también recordarle un nombre que sí es un símbolo inspirador en estas lides y no el fruto de los consejos de George Clooney como asesor de imagen del candidato demócrata: el de Nelson Mandela.

Para disgusto de los eternos muñidores del imperialismo, y de sus estrategas más lúcidos, no será el verbo fácil ni las promesas de un candidato presidencial norteamericano los que garantizarán esa “unión más perfecta”, sin dudas, deseable, sino los procesos demográficos en marcha y el avance de la lucha de las minorías por sus derechos.

Habrá que ver si llegado el 2042 esos mismos hipócritas seguirán intentando negarle al mundo la existencia, atormentada y trágica, de la loca de la casa, como han hecho hasta el presente.

Una Televisora sólo para los Libros, por Fernando Buen Abad

Por supuesto, ¡¡está de más decirles cuánto me ha fascinado leer este texto!! Y estoy segura que, todos y cada uno de ustedes, quedarán "enganchados" con este proyecto que va más allá, mucho más allá, de crear "películas para ciegos", por cierto, excelente proyecto que está llevando a cabo este verano la Televisión Cubana.

Mi primer acercamiento a autores como Lorca y Casona, nada menos que teniendo 6 o 7 años, fue un programa de Radio Progreso -si no recuerdo mal la emisora- que trasmitia "Radio teatro" y también radiaba los domingos a las 5 de la tarde, filmes muy de moda: recuerdo por ejemplo aquel "Marcelino Pan y Vino" que me hizo para siempre amante de la música española... o la trasmisión de algunas de las más bellas novelas de amor nunca escritas... "Por siempre Ambar", de K. Windor o "Cumbres borrascosas", de Emily Brönte, que el poeta Pablo Armando Fernández siempre nos recuerda fue su leiv motiv para enamorarse para siempre de la literatura...

Muchos de ustedes, bibliotecarios, periodistas, escritores, tienen la posibilidad de apoyar este proyecto que Fernando Buen Abad comparte con nosotros: ¡¡Manos a la obra!!

Una Televisora sólo para los Libros


Hacer visibles los arsenales de la inteligencia en plena batalla de las ideas.

La tele legible contra la alienación

A estas horas los libros velan armas. Se los ha visto, por las noches, arremolinados en algunas esquinas -como conspiradores iridiscentes- empeñados en zarandearse las esperanzas para que sus gargantas canten tempestades insurrectas: bien pensadas. Se gesta una revolución de la lectura. ¿Puede ayudar la Tele?

Los programas televisivos, paridos por la ética primero que por la estética, pueden ser un arma superior de la humanidad. Un arma finísima y una herramienta en simultáneo, afinadas para ganar, sin complacencias, toda lucha emancipadora de la conciencia. Esto es una urgencia que no admite eufemismos, dilaciones ni maquillajes. ¿Y si ponemos la tele al servicio de una Revolución Bibliográfica mundial?

Digámoslo de una vez: si el capitalismo ha hecho, con muchos libros, una industria farandulera de mercancías veleidosas sometidas a la dictadura del "rating", impregnadas con al cachondeo salivoso del bestsellerismo o intoxicadas con el estrellato de la miseria intelectual burguesa....

Si eso boceta un diagnóstico, entonces es inexcusable impulsar una revolución honda y creativa capaz de llevar la producción libresca a un estadio más avanzado, salvar la producción de libros de las garras mercantiles y llevarlos a un estadio con mayor potencia productiva, un estadio con mayor y mejor solvencia tecnológica, económica y política. Un estadio de revolución permanente, es decir, la praxis del desarrollo humano sin trabas.

Digámoslo de una vez: si al capitalismo le gusta arrumbar –o derrumbar- nuestras mejores conquistas bibliográficas, si se permite secuestrar libros, degenerarlos (al vapor de las peores canalladas) e incluso si el capitalismo goza con quemarlos, tenemos la obligación inequívoca de impulsar una revolución cultural humanista que ponga a salvo nuestra historia toda.

Revolución inteligente de la inteligencia que rescate y estudie todo lo que, para bien o para mal, con sus logros y retrocesos, es la base que nos permitirá cambiar la vida, transformar al mundo. Y para eso podemos contar, también, con la televisión. Expropiarla para la guerra simbólica que debemos ganar.

¿Será aburrida una televisora dedicada a los libros?

Eso que la mentalidad burguesa llama "aburrido" suele ser lo que no deja "ganancias". Y hay personas (alienadas) cuya idea hegemonizada de "lo divertido" radica, casi exclusivamente, en sentarse a contemplar cómo se enriquecen y "divierten" sus explotadores. Y encima lo agradecen.

No pocos revolucionarios (en todas las áreas de la producción intelectual) han sido acusados de "aburridos". Unas veces como crítica (incluso fraternal) a sus métodos expositivos y otras como descalificación reaccionaria. En general la burguesía tilda de "aburrido" todo lo que la incomoda.

Cuando existe solidaridad verdadera los camaradas no ofenden con adjetivos simplistas, los verdaderos camaradas exponen, con método, su crítica honda, sin complacencias y siempre propositiva.

El insulto, la calumnia, la procacidad y la vulgaridad son reductos donde pululan felices las ideas de los fascistas. Nadie le dice a sus hijos, si realmente los ama, que son "aburridas" sus expresiones, sus intereses o sus logros y, si algo sale mal, la primera respuesta fraternal es ayudar y tomar compromiso práctico. La mejor expresión de la humanidad.

Una televisora revolucionaria dedicada a los libros no tiene por que ser "aburrida" aunque a las oligarquías les disguste que los pueblos se cultiven y aunque a las empresas libreras les moleste la democratización bibliográfica. Pero es obligación de una televisora de los libros ser participativa, interactiva, imaginativa, sabrosa, seductora, lúdica, creativa y brillante... O será nada.

¿Qué tareas ha de cumplir una televisora de los libros? 13 sueños (al menos) para realizar mañana mismo.

1. Producir diagnósticos permanentes sobre la crisis de los libros, de la lectura y de los autores. Ayer y ahora.

2. Producir una Historia Mundial de las canalladas perpetradas contra los libros y luchar para que se conozcan.

3. Estimular la producción bibliográfica juvenil.

4. Estimular la diversificación, la interdisciplina y la profundidad metodológica. Estimular la producción bibliográfica militante de la independencia semántica y estimular la rebeldía editorial.

5. Llamar a la Revolución Permanente de los Libros contra toda forma de alienación y bloqueo de las conciencias.

6. Impulsar la necesidad estratégica mundial de una biblioteca rica en cada casa.

7. Demostrar que la riqueza bibliográfica revolucionaria es parte insoslayable de las riquezas nacionales.

8. Liberar a las imprentas de burocratismos y sectarismos, vengan de donde vengan.

9. Impulsar una gran movilización revolucionaria que expropie a las mafias distribuidoras de libros.

10. Devolver a los libros su dignidad, su rigor y su responsabilidad histórica. Crítica y auto-crítica sistemáticas.

11. Emprender una movilización mundial para elevar la calidad léxica, la gramática y los vocabularios en los libros.

12. Impulsar, con todos los medios, el arte editorial, el diseño, la encuadernación, la experimentación hacia formas de libro nuevas, más ricas, más profundas, más nuestras.

13. Impulsar la organización y movilización revolucionaria de los trabajadores de la producción editorial y suprimir toda división entre el trabajo manual y el intelectual.

Andan en Latinoamérica algunos "locos" con la idea de una "TVlecturas: libros a toda hora"

¿Por qué no sorprende?

Si alguien nos manda callar... producimos proyectos. Ya hay muchas cabezas desvencijadas por el pesimismo diciendo que "eso es imposible", que eso "no es negocio", que con sueños no se hace la revolución... que de nada sirve tener proyectos porque nadie apoyará...

Y sin embargo la pura posibilidad de intentarlo ya tiene méritos inmensos en un mundo donde el mejor negocio es la destrucción, el crimen, el saqueo y la miseria. Por cierto hay muchos libros que estudian, denuncian y combaten al capitalismo y nos urge que se hagan visibles y legibles.

Hace falta una Televisora de los Libros militante de la libertad e investigadora fantástica de la inteligencia. Rebelde y práctica, que habrá de valerse de cuantos medios tenga al alcance para movilizar todas las voluntades hacia el triunfo final de la humanidad en contra de todas las opresiones de su conciencia.

Seguramente lo que no avance con la revolución terminará disecado en alguna vitrina de la historia, acaso como testimonio de lo que hubo de morir para que naciera lo nuevo. Soñemos una Televisora transformadora que expanda e inaugure visiones y conciencia sobre los libros sin propiedad privada.

Soñemos una Televisora de los Libros armada también con poesía para liberar a la humanidad de todo aquello que la aprisiona en los límites de sus necesidades más elementales.

Televisora contraria a la estupidez y la gratuidad. Televisora con las imágenes más bellas de la Revolución (no las de una secta, no las de una imposición dogmática, no las de una burocracia) Televisión de los libros y para los libros contra el culto de la vanidad, contra toda prostitución o cursilería negociables. Televisora de los libros contra la palabrería y los retruécanos de caballeros o niñas snobs, burócratas o sectarios, se llamen como se llamen, publiquen lo que publiquen, se premien como se premien.

Hace falta una televisora de los libros que no se agote en los libros, que los inserte en la lucha y les inserte la lucha, Televisora para abrir no para cerrar. Televisora para salir a movilizarse no para encerrare a "ilustrarse"...

Televisora de los libros para la revolución y viceversa... necesaria, arma-herramienta de lucha capaz de iluminar con sus fulgores formas nuevas con luz de pantallas y turbulencia que agite ideas, corazones y espasmos. Televisión organizadora y movilizadora, belleza convulsiva, magnética, sobre el terreno de los hechos.

Es necesario sembrar la Televisión revolucionaria por todas partes, impulsar programaciones nuevas hasta que el espíritu alcance la certeza absoluta de la necesidad de apropiarnos las herramientas de comunicación a toda cosa. Eso incluye a los libros y a las televisoras y eso pondrá en marcha la unidad, no uniforme, de todas las categorías comunicacionales para cambiar al mundo.

Televisora de los libros conciente de que no serán los libros quienes hagan la revolución, serán los obreros y los campesinos organizados bajo un programa en el que no estará ausente un buen arsenal de libros llamados a sumarse a la lucha, bajo crítica y autocrítica permanente. Televisora acompañante y protagonista a su vez.

Contra la censura nuestras armas no son distintas a las armas comunes en función revolucionaria. Es decir, el arma no es una representación simbólica de lo que la lucha y el mundo son, sino herramienta de destrucción-construcción bajo la brújula de un programa revolucionario. Tatuado en las armas y en los libros.

A los libros que son una de las conquistas de la humanidad, ha ocurrido el saqueo, la malversación, el robo y la censura. Muchos de los mejores logros humanos viven secuestrados bajo el imperio de comerciantes que hacen pasar por triunfo moral su habilidad impune para beneficiarse con lo que es propiedad colectiva: los libros por ejemplo.

Pero no soñemos con libros plenos y libres en una sociedad enferma. Una Televisora de los libros debe pensar el trabajo de expresarse libremente, dialéctica y colectivamente, armada para defenderse.

Una televisora de los libros tiene desafíos enormes que sin un programa político socialista y acceso irrestricto a las herramientas de producción y la construcción de espacios, (medios y modos para la exhibición libre de la producción bibliográfica), será nada.

Cada uno es libre de decir y escribir lo que le agrade, afirmaba Lenin en 1905, la libertad de prensa y de palabra debe ser completa.

Tomemos el derecho de llevar adelante, tanto en literatura como en arte, en ciencia, en educación, en agricultura y en carpintería... la investigación de nuevos medios de expresión, como derecho de la humanidad de continuar profundizando el problema de la libertad.

Opongámonos a cualquier tentativa de limitación del campo de observación y de acción que la humanidad aspire a crear para atender sus necesidades cambiantes. Una Televisora de los libros es no sólo posible, ¡es necesaria! . Hay miles de voluntades en marcha que lo probarán en la práctica. ¿Te sumas?

Y si hubiera dudas, cosa de escribir a Marialcira Matute TVlecturas@gmail.com

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Dr. Fernando Buen Abad Domínguez


Doctor en Filosofía
Vicerrector de la Universidad Abierta de México y Director del Instituto de Investigaciones sobre la Imagen, de la misma universidad.
Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas.
Miembro del comité científico Internacional de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos
Miembro de la Fundación Federico Engels

Tomado de http://viejoblues.com/Bitacora/una-televisora-solo-para-libros


La peor de las pobrezas, por Manuel E. Yepe


Ser pobre en medio de las riquezas, es la peor de las pobrezas, es el pensamiento de Séneca que parece ser guía de las ideas que resume un enjundioso artículo titulado "Unequal America" ("América desigual") aparecido en el número de julio de 2008 de la revista Harvard Magazine, de su editora asociada, Elizabeth Gudrais.

La autora cita un estudio del profesor Majid Ezzati, de la Escuela de Salud Pública de Harvard (HSPH, por sus siglas en inglés) y con él reflexiona que "cuando uno piensa en la causa de un descenso de la expectativa de vida, piensa en una epidemia como la de VIH, o piensa en el colapso de un sistema social como en la antigua Unión Soviética. Pero tal declinar está ocurriendo hoy en algunas partes de los Estados Unidos.

Entre 1983 y 1999 la expectativa de vida de los hombres decreció en más de 50 condados de los EEUU. Para las mujeres, las noticias fueron aún peores, decreció en 900 condados. Esto significa que más de 4 % de los hombres y 19 % de las mujeres estadounidenses deben esperar una vida igual o más corta que la de sus circunvecinos hace dos décadas.

De hecho, ya Estados Unidos, la nación más rica del mundo, no es la más saludable, ni siquiera aparece en la lista de las cuarenta naciones con mayor esperanza de vida.

Por supuesto, los indicadores decrecientes en materia de salud en Estados Unidos no se manifiestan de manera equitativa en toda la ciudadanía, se concentran entre los más desfavorecidos, advierte el estudio del profesor Ezzati y sus colegas citado por Guadais.

Las disparidades en materia de salud tienden a ser proporcionales a los ingresos en todas partes. Los pobres enferman más y mueren más pronto en todas partes, pero en Estados Unidos la brecha entre ricos y pobres es, por mucho, mayor que en cualquiera otra nación industrializada.

La autora considera que el ciudadano norteamericano medio es más tolerante ante las desigualdades de ingresos. Busca igualdad de oportunidades cuando sus similares europeos procuran retribuciones más justas. En los EEUU cualquier debate sobre desigualdades conduce a otro sobre si los pobres merecen ayuda y solidaridad o deben ser dejados a que se levanten o revienten por sí mismos.

La puesta en práctica de políticas impositivas como procedimiento para la redistribución de los ingresos de los ricos en beneficio de los pobres, que sirve de argumento electoral en Europa, no es vista como tal en Norteamérica.

Según el estudio, las desigualdades en EEUU han crecido de forma acelerada desde finales de 1970 y ahora están a un nivel nunca visto desde la irónicamente llamada edad dorada (entre 1870 y 1900), un período de la historia de la Unión caracterizado por el contraste entre los excesos de los opulentos con la inmundicia de los pobres.

A inicios del Siglo XX, el 1% de la población poseía el 18% de la riqueza y llegó al record absoluto del 21.1% en 1928. Al término de la II Guerra Mundial, período de intenso desarrollo económico y cultural que trajo gran prosperidad a la clase media norteamericana, el 1% más rico redujo su participación en la riqueza a menos del 10% de los ingresos entre 1960 y 1970. Pero, de este último año hasta 1996, la participación del 1% más rico creció al 15% y llegó en 2006, último dato disponible, a un 20.3% del total de la riqueza.

En 1965 el salario promedio de un alto funcionario de una gran compañía en los EE. UU. era 25 veces el salario promedio de un obrero. Hoy, la distancia es diez veces mayor, lo multiplica 250 veces.

En términos de esperanza de vida, Estados Unidos ocupa el lugar 21 entre las 30 naciones altamente industrializadas que integran la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD, por sus siglas en inglés) y el lugar 25 en cuanto a la mortalidad infantil. Puede presumirse, por los datos anteriores, cuan diferentes han de ser la cifras de estos dos indicadores para los ricos y para los pobres.

El trabajo refiere algunos recientes datos acerca de la "milagrosa" alta movilidad social en los Estados Unidos al indicar que el 42% de los hijos de padres ubicados en el segmento más pobre siguen en el segmento más rezagado una vez adultos. Y el 39 % de los hijos de padres en el segmento superior, continúan de adultos en ese privilegiado segmento.

Según investigaciones que cita la revista de la Universidad de Harvard, las grandes desigualdades sociales se relacionan siempre con escenarios de mayor criminalidad, menos felicidad y peor salud mental y física, si es que no son sus causantes. Hay evidencias de que vivir en una sociedad con grandes disparidades –en salud, riqueza y educación- es peor para todos los miembros de la sociedad, sin exceptuar a los mejor ubicados, dice el artículo.

La reconfiguración del escenario geopolítico estratégico para Cuba en la década de los 90 (2)

La reconfiguración del escenario geopolítico estratégico para Cuba en la década de los 90 de la pasada centuria y en los umbrales del siglo XXI. El oportunismo norteamericano (2) por Orlando Cruz Capote*

Este momento histórico era sumamente tenso para Cuba, porque se habían terminado, prácticamente, las reservas alimentarias, de energía y de otros recursos necesarios para el funcionamiento de la nación y la sobrevivencia de su población. El 4 de agosto se produjeron incidentes vandálicos en los municipios de la Habana Vieja y Centro Habana, incitados fundamentalmente por las emisiones de la radio miamense y la contrarrevolución interna, a la que se sumaron elementos antisociales, que rompieron vidrieras de tiendas, hoteles y otros centros laborales, a los cuales intentaron saquear pero que fueron frenados por los propios trabajadores. La situación fue controlada cuando el propio Comandante en Jefe Fidel Castro y otros dirigentes se personaron en el lugar de los disturbios y, con la ayuda del pueblo habanero, desarmaron la acción delictiva y contrarrevolucionaria. Allí mismo el máximo líder de la Revolución expresó a la prensa nacional y extranjera que Cuba no iba a permitir que se desarrollara una emigración desordenada provocada por las radioemisoras enemigas y, más tarde, en una intervención por la televisión cubana declaró que las tropas guardafronteras habían recibido la orden de no frenar los intentos de emigrar libremente a los que quisieran, pero por medios autorizados, y que podrían venir a Cuba los residentes en los EE.UU., en sus embarcaciones, para llevarse a sus familiares y otros ciudadanos hacia el vecino norteño. Se produjo de esa manera una emigración masiva -la denominada “Crisis de los Balseros”-, la cual fue nuevamente engañada por la politiquería de la mafia cubano-norteamericana, pues muchos de ellos fueron ubicados en la ilegal Base de Guantánamo y las autoridades de Washington trataron de buscar afanosamente otros países y gobiernos para que recibieran a los emigrados provisionalmente.
- Utilización de mercenarios centroamericanos, por el gobierno de los Estados Unidos de América, sus agencias especiales y la mafia contrarrevolucionaria cubano-americana, desde finales de la década del 90, para realizar actos de terrorismo de Estado al interior de la Isla, afectando las instalaciones turísticas, económicas y otras. Colocación de bombas en hoteles, cabarets - incluyendo al famoso “Tropicana” (que no llegó a ponerse), que se encuentra entre los diez más reconocidos del espectáculo nocturno en el mundo, por su entorno natural, sus vistosas coreografías y las insuperables bailarinas -, restaurantes (incluyendo la “Bodeguita del Medio”), clubes y discotecas cubanas. Estos individuos arribaron a Cuba como turistas y, con órdenes precisas, de los grupos contrarrevolucionarios de Miami, de hacer estallar estas instalaciones, con vistas a sabotear la industria turística en la Isla. En un atentado dinamitero en el lobby del Hotel Copacabana murió asesinado el joven ciudadano italiano, Fabio Di Zelmo, en 1997. Esta acción la realizó un terrorista-mercenario, de origen salvadoreño, enviado por los connotados terroristas de origen cubano, como Luis Posada Carriles. La respuesta de estos individuos-terroristas desde Miami, ante el crimen cometido con el italiano, fue cínica porque que el extranjero “se encontraba en el lugar equivocado y en el momento equivocado”.

- En septiembre de 1998, agentes del FBI arrestaron a cinco cubanos que se encontraban en el Estado de la Florida, en especial en Miami, realizando tareas de investigación -la denominada “Red Avispa”- dentro de las organizaciones terroristas y contrarrevolucionarias cubano-americanas, con el fin de conocer sus planes de agresiones contra Cuba e, incluso comunicar, como se hizo, a las autoridades norteamericanas, incluyendo al FBI, de posibles atentados y sabotajes terroristas que se organizaran para que se cometieran en su territorio, contra otros países de América Latina y contra la comunidad internacional.

Ante el juicio ilegal e injusto realizado contra ellos en Miami, fueron condenados a largas penas de prisión: tres cadenas perpetuas para dos de ellos, y los otros tres a prisiones de 15 a 20 años de cárcel. Asimismo se les prohibió que sus familiares lo visiten asiduamente; a uno de ellos, se le ha negado la visita de su esposa e hija por considerarlas peligros para la seguridad nacional de los Estados Unidos de América. Por los méritos políticos acumulados a lo largo de sus vidas revolucionarias, le fueron otorgadas en la Isla, la condición de “Héroes de la República de Cuba”. El gobierno cubano, a través de abogados norteamericanos y de otros países, ha iniciado un proceso de apelaciones para poder liberarlos e, igualmente, se han organizado, a nivel mundial, campañas por diversos grupos de solidaridad para liberar a los cinco héroes condenados injustamente. Aunque se ha apelado en innumerables ocasiones, y se ha demostrado la improcedencia de ese juicio en Miami, las autoridades judiciales estadounidenses han insistido en el carácter de espías de estos compañeros, que siguen presos en cárceles y, dos de ellos no han podido recibir las visitas de sus esposas e hijas.

- En 1999, se produce un grave incidente al naufragar una embarcación procedente de Cuba que llevaba a un grupo de personas que ilegalmente querían entrar a los EE.UU., las cuales casi todas mueren en el mar incluida la madre del niño Elían González Brotón, quien se salva y es secuestrado por sus familiares (tíos) que vivían en Miami, con el contubernio de la mafia cubano-americana. El padre del niño inicia un proceso legal solicitando la patria potestad de su hijo y el Gobierno Revolucionario de Cuba apoya la causa de Juan Miguel González dando comienzo a una intensa “Batalla de Ideas” en la cual el pueblo cubano con sus manifestaciones y concentraciones exigió la devolución de Elían a su padre y su patria.

Luego de casi un año de combate legal y moral, en el que también participan de manera decisiva el pueblo norteamericano y representantes de algunas de las iglesias de ese país, la Corte Suprema de Justicia de EE.UU., decide que el niño debe ser devuelto a su padre, operación que tiene que ejecutarse por Fuerzas Especiales (SWAT) y el Servicio de Emigración de esa nación. Finalmente, regresa Elían a su casa, con su padre y abuelas, demostrándose el lado más oscuro de esa mafia y, por el otro, la unidad del pueblo cubano y el más honorable, ético y humano rostro del pueblo norteamericano.

- En el año 2003, se suceden acontecimientos muy peligrosos como secuestros de naves aéreas y barcos pequeños utilizando armas blancas y de fuego para amedentrar a los pasajeros y los tripulantes. Finalmente, se llega al extremo de sustraer la lancha que hace el recorrido por la Bahía de La Habana, entre el municipio de la Habana Vieja y el de Regla. En ese pequeño barco, de poco calado y limitado combustible, iban dos turistas francesas y cerca de 20 pasajeros. Ante la situación creada, la dirección de la Revolución da la orden a los guardafronteras de la Marinala Isla, la “Posición Común” de la Unión Europea, le aplicó sanciones a Cuba restringiendo las ayudas económicas para el desarrollo que se llevaban a cabo, pero que significaron, más que todo, el apoyo a las medidas de bloqueo del gobiernos norteamericano. Estas sanciones fueron levantadas temporalmente en el 2007, y eliminadas, condicionalmente, en el 2008. de Guerra Revolucionaria, que escolten la nave secuestrada para cuidar la vida de las personas y que, cuando agote su combustible, sea llevada al Puerto del Mariel. Allí el Comandante en Jefe Fidel Castro, personalmente, insta a los individuos, con pésimos antecedentes penales, que dejen sin efecto ese acto delictivo, pero estos amenazan constantemente con sus revólveres y cuchillos con darle muerte a los pasajeros y a las turistas francesas. En este impasse, una de las mujeres se tira al agua y las Tropas Especiales del Ministerio del Interior logran neutralizar a los terroristas ante el evidente homicidio que iban a cometer, pues el revólver de uno de ellos estaba cargado. Posteriormente, fueron sentenciados a penas de muerte, orquestándose por la prensa occidental, como ocurre siempre, una enorme campaña publicitaria contra Cuba porque, además, la justicia cubana encausó a un grupo de contrarrevolucionarios internos que le hicieron el rejuego a las campañas anticubanas. En este propio año del 2003, ante los hechos producidos en

- Imposición de un grupo de medidas más restrictivas a los viajes de familiares residentes en EE.UU. hacia Cuba (se regula que sea una vez cada tres años), envíos limitados de remesas de dinero a los miembros de las familias en la Isla que fue reducida además, arbitrariamente, a los padres, hijos y hermanos, así como el obstáculo al intercambio de académicos, artistas e intelectuales, en ambas direcciones, que son considerados como un beneficio económico para el gobierno cubano, llegando a plantear el gobierno norteamericano, ridículamente, que en el caso de los viajes de los cubanos a los EE.UU., estos ponen en peligro a la seguridad nacional de ese país.

- El Departamento de Estado norteamericano ha incluido a Cuba, desde la década de los años 90, en el listado de los países que practican o encubren el terrorismo, que realiza y apoya el narcotráfico internacional y que, además, “limpia” dinero sucio en bancos de otros países. También la han incluido en el grupo de naciones que los EE.UU. denominan, el “Eje del Mal”, aunque en una orbita de segundo o tercer nivel.

- Acusaciones a la Isla, por parte de altos funcionarios de los gobiernos norteamericanos, de producir armas de ataque biológico, químico y de planificar una guerra electrónica contra el Imperio para interrumpir o paralizar sus comunicaciones internas e internacionales, etc., todo con el fin de confeccionar “un expediente negativo” y, preparar a la opinión pública norteamericana y mundial, para un posible ataque militar sorpresivo contra la Isla.

- En el 2005-2006, la Oficina de Intereses de Washington en La Habana, comenzó a difundir mensajes lumínicos, a través de las ventanas de cristal de su edificación, con textos extraídos de la Declaración de los Derechos Humanos, de partes de los discursos de Martin Luther King, de fragmentos del mal denominado “Plan Varela”, entre otros, en abierta intromisión y violación del derecho internacional de la actividad normada para las embajadas extranjeras en un país libre y soberano. Ante esa provocación la repuesta cubana fue instalar frente a la sede diplomática, astas con múltiples banderas - de color negro con una estrella blanca en el centro o, en su lugar, la enseña nacional - que significa un número significativo de las victimas sufridas por la Isla a causa de las actividades terroristas del gobierno de Estados Unidos de América y sus organizaciones contrarrevolucionarias, lacayas y serviles, contra la nación caribeña.

- La elaboración en el 2004, el 2005 y el 2006, de unos extensos documentos que tratan sobre un “Plan de Transición Democrática para Cuba” (Plan Bush para Cuba), en el que se contempla las acciones norteamericanas en caso de la muerte del presidente cubano Fidel Castro y todo un procedimiento ingerencista - incluido el militar - en los asuntos internos isleños en los momentos del traspaso de poder, con el fin de evitarlo. La reconfiguración de una posible Cuba “post-Castro”, el nombramiento desde el 2004, de un gobernador norteamericano para la transición y una “Comisión para asistir a Cuba libre”, más la aplicación de las medidas a tomar en el plano económico, social y político con el fin de obligar, dirigir al país y su población hacia un capitalismo dependiente neoliberal están contempladas en ese plan que tiene, además, un acápite secreto que debe ser asumido como una posible agresión militar, de cualquier tipo, en caso de inestabilidad, ingobernabilidad y perdida de legitimidad del gobierno revolucionario, incluyendo algún la posibilidad de buscar algún pretexto, agresión auto-infligida, que justifique una intervención de sus fuerzas armadas contra Cuba.

- En julio del 2006, cuando el propio Presidente Cubano comunicó al pueblo de su enfermedad y, más tarde, de sus intervenciones quirúrgicas - aunque declaró que esa información iba a manejarse como “secreto de Estado” -, el gobierno de los EE.UU. ha estado al acecho, con declaraciones inhumanas, para cumplir con lo que estipularon en su plan de transición. En todo este tiempo, han llenado las páginas de los periódicos de papel y digitales, de la radio y la televisión, así como de Internet, con mentiras acerca de su estado de salud y han anunciado su muerte, en varias ocasiones. Esa situación también muy comprometida para la Nación cubana, obligó al Presidente en funciones, el Segundo Secretario del PCC, Ministro de las FAR y General de Ejército Raúl Castro a establecer, inmediatamente, un estado de alerta en todas las ramas del ejército cubano e, indicar, un régimen de movilizaciones de la reserva militar del país y sus milicianos - la llamada “Operación Cagüairán” - para que el país no sufriera un ataque sorpresivo o un arribo masivo de la contrarrevolución miamense, que a lo largo de estos años, ha preparado sus maletas, aviones y yates, en innumerables momentos.

- Como parte de una política provocadora, la Oficina de Intereses de los EE.UU. en La Habana y, fundamentalmente, su representante principal ha entrado en contacto permanente con contrarrevolucionarios cubanos, a prestado su sede diplomática y su residencia para reuniones, comunicaciones con el exterior y, el mismo personaje, ha entregado dinero a estos grupúsculos, no solo de agencias, como la USAID, sino de terroristas cubanos comprobados. Esta violación de las normas jurídicas internacionales y de la actividad de una embajada extranjera ha sido denunciada. La actitud del Departamento de Estado corrobora que desea que Cuba tome una medida drástica y expulse a los funcionarios y cierre la instalación, con el objetivo de enrarecer aun más las anormales no relaciones entre ambos países.

Toda esa provocativa y sumamente agresiva política ha obligado a la Revolución Cubana a realizar grandes inversiones en los sistemas de defensas del país. Desde 1980-1981, fueron creadas las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), continuadoras de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), fundadas en 1959. En ese momento ante la llegada de los Neocom al poder, con Ronald Reagan a la cabeza, el gobierno y el partido decidió introducir y aplicar el concepto de “La Guerra de Todo el Pueblo”, en el cual se llegó a la convicción de que el país podía ser agredido y ocupado, de forma aérea y terrestre, y que se debían crear las condiciones para combatir la intervención-ocupación de forma regular e irregular, convirtiendo al país en “un verdadero avispero” que no deje de causarles bajas constantes al enemigo, para obligarlos a retirarse o desechar la idea de una larga ocupación.

El enfrentamiento riguroso de las FAR contra los invasores primero, y el de la resistencia popular-irregular después, más la protección de la población y la técnica militar en los túneles populares, construidos a un alto costo de recursos materiales y humanos, ha permitido que cada ciudadano cubano tenga un fusil, cargadores de balas, granadas, minas antitanques y antipersonales, además de conocer su lugar específico en la defensa de la nación. A partir del desfile militar del 2 de diciembre de 2006, la opinión pública nacional e internacional conoció de la adecuación y actualización de la técnica de combate en posesión de las fuerzas regulares, reservistas y de los milicianos, con vistas a alcanzar y asegurar la invulnerabilidad militar de Cuba. La idea de ganar la guerra antes de que esta pueda ser desencadenada por el imperialismo estadounidense, de prepararse en los tiempos de paz para evitar la conflagración bélica y, el conocimiento de que la orden de combate en Cuba siempre está dada, ha tenido un efecto de prevención para el enemigo que conoce, de antemano, del costo impagable en vidas si se lanzara a una aventura militar directa contra la Revolución Cubana.

Pero la actitud política de los círculos más reaccionarios de los EE.UU., y hasta de los sectores más moderados, ha sido, y no se espera que cambie en un período inmediato y mediato, de someter a Cuba por la fuerza, así como por las presiones de todo tipo. Esa política de “roll back” tiene varios correderas de ejecución: desde la “espera vigilante”, las “agendas deslizantes”, la solicitud de concesiones, la teoría de la “olla de presión” que valora una implosión del proceso revolucionario por situaciones inestables internas (muy vinculadas con las externas), del concepto del “abrazo de la muerte” o de una “política constructiva” con La Habana, que conllevaría a una posición reconciliadora por parte de Washington, que permitiera una penetración abierta de toda la ideología burguesa y el intercambio de toda índole, con el fin de debilitar ideopolíticamente a la Nación y su Revolución. Está comprobado que el establishment norteamericano no quiere ni querrá a una Cuba reformada, sino a una Cuba arrodillada y humillada.

Ahora sería muy bueno preguntarse: ¿Bajo que condiciones se desarrolla la construcción y el desarrollo del socialismo cubano? ¿Podemos pensar en realizar acciones de cambios internos sin analizar las actitudes de los gobernantes norteamericanos, sus aliados europeos y otras fuerzas de derecha en la región y el mundo? ¿El socialismo cubano se desarrolla en condiciones normales, como para que pensemos que podemos equivocarnos estratégicamente? ¿No constituye una hazaña el haber llegado hasta aquí, aunque hayamos cometido errores, insuficiencias y deficiencias internas?

Como diría un periodista cubano: “Saque usted sus propias conclusiones”.

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

La reconfiguración del escenario geopolítico estratégico para Cuba en la década de los 90 (1)

La reconfiguración del escenario geopolítico estratégico para Cuba en la década de los 90 de la pasada centuria y en los umbrales del siglo XXI. El oportunismo norteamericano (1) por Orlando Cruz Capote*

Uno de los ángulos poco estudiados de la repercusión del proceso de la Perestroika y la desaparición del socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este, tiene que ver con el impacto ideo-político y filosófico que estos acontecimientos y procesos tuvieron en la Revolución Cubana, que recurrió a someterse a un Período Especial en Tiempos de Paz, como ya hemos descrito anteriormente.

Las investigaciones más serias realizadas en el exterior son las que abordaron -y continúan haciéndolo- las consecuencias en el terreno económico y social porque los datos en esta esfera son los más corroborables si se tiene en cuenta que alrededor del 85 % del intercambio económico, comercial y financiero de la Isla se realizaba con esos países, principalmente con la URSS. Las consecuencias, entonces, eran y continúan siendo muy deducibles. Sin embargo, los estudios realizados en el extranjero sobre Cuba -incluyendo a la cubanología- de corte político e ideológico, así como históricos, sociológicos y filosóficos, han caído hasta el momento, salvo excepciones, en el campo de la especulación y la subjetividad más absoluta: acudieron ipso facto a la futurología. Ello abarcó, desde los análisis apocalípticos inminentes, hasta aquellos que esperaron a corto o mediano plazo que la Revolución Cubana no resistiera el embate y se desmoronara bajo el “efecto dominó” de los cambios mundiales. Un ejemplo de esa tendencia manipuladora y malintencionada fue la obra escrita por Andrés Oppenheimer, en 1992: “La hora final de Castro”.

Pero nunca antes la Revolución cubana fue sometida a tan duras críticas, incluso desde la visión de algunos amigos y simpatizantes que asumieron posiciones muy duras, quizás jamás sospechadas. Varios, incluso, viajaron a la Isla para proponer una “pequeña Perestroika”, otros para aconsejar a la dirección revolucionaria que realizara algunos ajustes estructurales de signo capitalista, etc. Un ejemplo de esa incertidumbre y duda, nos lo muestra un amigo incondicional de la Revolución Cubana, el escritor progresista y revolucionario uruguayo Eduardo Galeano, en su artículo-ensayo “Un niño perdido en la intemperie”, en el que escribió, en septiembre-octubre de 1990: “[...] Pero ¿Y Cuba? ¿No ocurre también allí como ocurría en el Este, un divorcio entre el poder y la gente? ¿No está la gente allí, harta del partido único y la prensa única y la verdad única? [...] Ahora Cuba está viviendo horas de trágica soledad. Horas peligrosas: la invasión a Panamá y la desintegración del llamado campo socialista influyen de la peor manera, me temo, sobre el proceso interno, favoreciendo la tendencia a la cerrazón burocrática, la rigidez ideológica y la militarización de la sociedad.”

Y en cierta medida muchos de estos amigos y simpatizantes tuvieron razón para dudar. Los sólidos vínculos ideo-políticos de Cuba con el Estado y el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), el semi-copismo enraizado en la Isla, el mimetismo con respecto a algunas estructuras económicas, ideológicas y sociopolíticas eran suficientemente “fuertes” para “vaticinar” que la dirigencia revolucionaria cubana no podría encauzar el proceso interno hacia una resistencia total, salvando los logros y las conquistas socialistas alcanzadas y que después, esa resistencia fuera encaminando al país hacia un desarrollo paulatino y promover una adaptación, reinserción y fortalecimiento del proyecto o modelo revolucionario socialista cubano en las nuevas condiciones históricas.

El propio máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro lo expresó, en la inauguración del IV Congreso del PCC, el 10 de octubre de 1991, de la siguiente manera: “[...] Nos percatamos de que una parte de los problemas que teníamos era como consecuencia de la copia de experiencias de los países socialistas, puesto que fueron los primeros y los que alcanzaron un enorme prestigio, no todo malo ni mucho menos, sería injusto decir eso. Siempre hay experiencias útiles en muchos campos que pueden utilizarse, pero desgraciadamente en nuestro país se cayó en una tendencia a la copia mecánica; todo lo que de allí venía era sagrado, todo lo que venía de allí era incuestionable, todo lo que estaba en un librito era indiscutible. Esa tendencia se desarrolló con notable fuerza y lo digo sinceramente no con poco desagrado por parte de algunos de nuestros compatriotas”.

Pero cuatro fueron los factores externos que tuvieron gran incidencia directa en el estado de ánimo contradictorio y hasta pesimista de la población cubana, en que se apoyaron algunos observadores para poder “profetizar” sobre el cercano fin de la Revolución Cubana. El primero, fue el desencanto sufrido por el pueblo ante el rumbo equívoco del proceso reformador en la URSS y Europa Oriental que se encaminó desde la etapa del perfeccionamiento de la construcción socialista hasta la destrucción del mismo y, de forma inmediata, se dirigió hacia un regreso al capitalismo más salvaje. Igualmente, tuvo una repercusión inmediata, el “desamparo” que sintió al ver desaparecer al principal aliado político-estratégico para su desarrollo socioeconómico. El segundo, consistió en la invasión militar norteamericana a Panamá, en 1989, con la apatía e impunidad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), con el fin de arrestar a un presunto “presidente corrupto, narcotraficante y agente de varios servicios de espionaje extranjeros” y que solo recibió de la Unión Soviética una nota diplomática, repleta de retórica, quejas y lamentaciones. Más tarde y, este es el tercero, la derrota en las elecciones del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el 25 de febrero de 1990, presionado por los Acuerdos de Esquípulas (I y II) y el abandono a que se vieron sometidos por parte de los soviéticos y los alemanes socialistas (República Democrática Alemana) en cuanto a los suministros de armamentos y alimentos, respectivamente. Y, el cuarto, fue la intervención militar norteamericana en Irak, en 1991, -la operación militar “Tormenta del Desierto”- con el fin de liberar a Kuwait de la ocupación iraquí, la cual contó con la anuencia también de las Naciones Unidas y de la URSS, participando en la misma una coalición de países, incluidas algunas del mundo árabe. Esta última acción comenzó a cambiar el mapa geopolítico mundial y, en especial, el escenario de esa rica zona en petróleo, a favor del Occidente industrializado. Fue una muestra fehaciente de la agresividad de los Neocom de Washington y sus deseos de hacer cumplir el sueño norteamericano de adueñarse y dominar al mundo.

Todo ello alteró, negativamente, el ritmo de optimismo ideo-político en la población de la Mayor de las Antillas, que vio como se desmoronaban sus más cercanos amigos y simpatizantes. En este caso nos referimos, específicamente, a los nicaragüenses, los salvadoreños y los guatemaltecos a quienes la dirección y el pueblo cubano había brindado un apoyo irrestricto. Y todo ello como consecuencia de la política exterior de los soviéticos, colmada de concesiones hacia los EE.UU. y, la propiamente desarrollada por los dirigentes sandinistas, que aceptaron en buena proporción tales arreglos que fueron en contra de su Revolución y, también, contra la lucha insurgente de los centroamericanos, que poco tiempo después pasaron a la desmovilización de sus fuerzas guerrilleras y se incorporaron a la lucha oposicionista política y electoral en el seno de sus sociedades.

El mundo cambió, inexorablemente, y no precisamente a favor de las fuerzas progresistas. El imperialismo norteamericano, sus aliados europeos y japoneses se convirtieron en los representantes de un capitalismo omnímodo y unilateral, con una política internacional hegemónica y con un modelo burgués neoliberal determinantemente dominador. Se había perdido el contrapeso en el Orden Económico-Jurídico y Político-Militar Mundial y nadie pudo negar esa realidad.

El impacto ideo-político del derrumbe del socialismo y, a contraparte, el triunfalismo del capitalismo fue muy negativo indiscutiblemente para la Revolución Cubana. El “Llamamiento al IV Congreso del PCC” expresó esa situación al plantear que “[...] Se nos ofrece así una excelente oportunidad para salirle al paso a la confusión de ideas provocadas por el desastre de Europa Oriental y por los acontecimientos que tienen lugar en la Unión Soviética [...] no podemos ser ingenuos e ignorar que este análisis no se desarrollará de modo igual en todos los colectivos y que hay algunos donde tenemos que prever lógicamente la posibilidad de una confrontación de ideas tensa y difícil”.

Pero quien mejor lo expresó fue el Segundo Secretario del CC del PCC, y actual Presidente del Consejo de Estado y General de Ejército Raúl Castro cuando, en el 2001, haciendo un recuento de aquellos años, expresó a una periodista cubana: “[...] El pueblo de ahora no es el pueblo del año 1989, ni del 90, o el 94. Entonces el espectáculo era complicado en muchos sentidos, por el estado que tenía la economía del país [...] Recuerda que fue la época en que hubo 80 000 asambleas de los trabajadores, sin contar las que tuvieron los jóvenes, los estudiantes, para explicar la situación que estaba en desarrollo y como enfrentarla [...] En 1994, año muy difícil, recorrí todo el país con varios dirigentes, por instrucciones de Fidel, y llevamos a cabo aquellas reuniones territoriales del Partido. La situación era tétrica. Los ánimos estaban realmente caídos [...] Había firmeza, hasta llegó a haber en algunos resignación ante la posibilidad de que la Revolución muriera, pero nunca primó el espíritu de la traición [...] Acuérdate del 26 de julio de 1994 en que planteamos lo de “Sí se puede”. Empezamos a probar que sí se podía, nos propusimos cambiar el estado de cosas. Pero era lógico que no fuera fácil. Siempre que hay dificultades como las que vimos entonces, se producen claros, vacíos en las filas”.

A todo ello se sumó que, en esos años se acrecentó la política agresiva de los gobernantes norteamericanos contra la “Isla de la Libertad”, como la denominaban los soviéticos. Esa belicosa actividad, muy oportunista, fue y sigue siendo una iniciativa respaldada y, en muchos casos, dirigida, organizada y financiada por las administraciones estadounidenses (R. Reagan, George Bush-padre, William Clinton y G. W. Bush-hijo) y la denominada Fundación Nacional Cubano-Americana, organización creada en 1980, que ha alentado todo tipo de acciones y ataques contra la Revolución Cubana, nucleando a su alrededor a lo peor de la contrarrevolución en la emigración, lo que le ha ganado el merecido título de “mafia cubano-americana”, principalmente, en el Estado de la Florida, Miami, donde posee una influencia económica e ideopolítica considerable.

 

Una breve cronología, nunca completa, de las agresiones a que fue sometida Cuba, en todos estos años, puede ilustrar esa política hostil por parte de las administraciones de los Estados Unidos de América:

 

Creación de la mal denominada Radio “José Martí”, en 1985, y la fundación de la televisión del mismo nombre en 1990, que en esa década comenzó sus transmisiones hacia el territorio nacional, aunque no se recepcione prácticamente en la Isla.

Además, alrededor de 20 emisoras contrarrevolucionarias, con más de 2000 horas semanales, más las emisiones de la TV, se trasmiten hacia la Mayor de las Antillas con el fin de fomentar el descontento, la apatía y llamar a la subversión contrarrevolucionaria, así como a la formación de grupúsculos contrarrevolucionarios-mercenarios (pagados por el gobierno norteamericano y su Oficina de Intereses en La Habana) con el objetivo de cometer sabotajes, provocar salidas ilegales hacia los Estados Unidos (bajo el amparo de la Ley de Ajuste Cubano, aprobada por el gobierno estadounidense en 1966) y sembrar la desconfianza, la duda y la incertidumbre con respecto al presente y futuro revolucionario y socialista cubano.

Violaciones del espacio aéreo nacional por el avión espía SR-71 (1985 y 1990) y, más adelante, por avionetas pertenecientes a los miembros de la organización contrarrevolucionaria “Hermanos al Rescate”, radicada en Miami, en 1996, con el supuesto fin de recoger emigrantes cubanos en el mar pero que, en realidad, se dedicó a lanzar panfletos contrarrevolucionarias sobre el territorio nacional llamando a la subversión. En el mes de febrero de 1996, hubo un grave incidente cuando dos avionetas de esa organización fueron derribadas en las aguas jurisdiccionales de Cuba por aviones de combates MIG-23 de la Fuerza Aérea Revolucionaria, luego que el Gobierno de Cuba comunicó a las autoridades estadounidenses que no iba a seguir tolerando estos vuelos sobre su territorio nacional que, en varias ocasiones, sobrevolaron el malecón habanero. El gobierno estadounidense llevó el caso de a la ONU y a la Organización Internacional de la Aeronáutica Civil, acusando a Cuba de derribar aeronaves civiles en aguas internacionales.

Ensayos y amenazas de ataques aéreos masivos contra las provincias occidentales de Cuba (1989). En aquellos momentos, de una alta tensión en las relaciones de Cuba con los Estados Unidos de América, escuadrillas de aviones de guerra de la AIR-FORCE de los EE.UU., enfilaban su rumbo hacia La Habana, capital de Cuba, en posición de combate y, cuando faltaba poco tiempo para violar la jurisdicción nacional, regresaban rápidamente a sus bases. Esta grave provocación obligaba a las Fuerzas Armadas Revolucionarias a tomar, en cuestión de segundos, la posición cero de alarma de combate, poniéndose en el aire a la aviación interceptora y activando los sistemas de defensa antiaérea, con los consabidos gastos de combustible, recursos humanos y económicos.

Ataques con disparos a las Garitas No. 17 y 18 de la Brigada Fronteriza de las Tropas Guardafronteras de las FAR, en la ilegal Base Naval Yanqui de Guantánamo, el 7 de diciembre de 1989, momento en que millones de cubanos rendían postrer despedida a sus mártires internacionalistas caídos en África, en la denominada “Operación Tributo”;

La persecución y agresión a cañonazos de la motonave cubana “Herman”, por embarcaciones de guerra norteamericanas, cuando navegaba por aguas internacionales, en enero de 1990, bajo el pretexto de querer inspeccionarla, porque argumentaban, transportaba drogas. La orden del Gobierno Revolucionario de Cuba fue la de no dejarse abordar por la marina estadounidense y llegar a puerto mexicano para que las autoridades de ese país acometieran el pesquisaje de su carga.

Continuación de la política “patológica” de ejecutar un magnicidio contra el Comandante en Jefe Fidel Castro, en Cuba u otro país extranjero. El último intento de asesinato se preparó durante la XII Cumbre Iberoamericana celebrada en Ciudad Panamá, en el 2000, cuando el propio presidente cubano, en su intervención especial inicial, dio a conocer los planes contrarrevolucionarios y terroristas de poner una bomba en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, en ocasión de un acto popular de solidaridad con la Revolución Cubana.

Infiltración de agentes de la CIA en la Isla, así como la prosecución del trabajo ilegal y subversivo de los diplomáticos norteamericanos de la Oficina de Intereses de ese país en La Habana.

Acusaciones al Gobierno Revolucionario de Cuba de violar los “derechos humanos”, en la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas, en Ginebra, Suiza, desde 1987 hasta el 2006, cuando fue reestructurada la comisión por el grado de politización y parcialización que había alcanzado. En ese momento le fue suspendido a la Isla el “Relator Especial” nombrado para que examinara in situ la situación de los derechos humanos, pero que el gobierno revolucionario nunca aceptó. En respuesta, Cuba ha presentado el tema del bloqueo de los Estados Unidos de América contra su pueblo, en el seno de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, entre 1992 y el último que, fue en noviembre de 2006. En ese año se obtuvo la votación de 183 países a favor de Cuba, 4 en contra, 4 ausencias y 1 abstención. Si comparamos ese resultado con el primero ocurrido, en 1992, se aprecia que la condena al bloqueo ha ido in crescendo. En aquel año la votación se comportó de la siguiente manera: 59 países a favor de Cuba, 3 en contra, 46 ausencias y 71 abstenciones.

En febrero de 1996, luego de varias advertencias del gobierno cubano a las autoridades norteamericanas, vuelven a sobrevolar el espacio aéreo y marítimo nacional, avionetas con matriculas norteamericanas, incluso algunas de ellas con uso militar comprobado. Estas acciones se habían llevado a cabo repetidamente sobre la franja costera de la Ciudad de La Habana, y en varias ocasiones lanzaron volantes llamando a la subversión. En ese instante, aviones cubanos de combate derriban a dos de esas naves aéreas, pertenecientes al grupo terrorista “Hermanos al Rescate”. Incluso, el gobierno de los EE.UU., que había dado orden de seguimiento, por aviones de guerra yanquis, a estos provocadores, no tomaron acción alguna contra los MIG cubanos.

Aprobación de la Ley Torricelli y la Helms Burton, por los gobiernos de los EE.UU., en 1992 y 1996, respectivamente, que dio continuación a la política genocida y criminal del bloqueo económico, comercial y financiero contra el pueblo de Cuba, con el fin de condenarlo a muerte por hambre, enfermedades y lograr su rendición incondicional. El carácter extraterritorial de la segunda medida fue de tal magnitud que prohibió a terceros países que comerciaran con la Isla, le negaran créditos y la compra de materias primas y productos manufacturados cubanos, obstaculizando la inversión de capital, así como la realización de negocios con Cuba, a expensas de las multas y los castigos unilaterales que pueden imponerle las autoridades de Washington, además vedó que las sucursales estadounidenses en otros países tuvieran alguna relación con el gobierno revolucionario. En su histeria anticubana, los círculos de poder de los EE.UU. han obstaculizado que la Mayor de las Antillas deposite dólares en bancos norteamericanos o con capital de ese país, que los buques que toquen puertos cubanos no puedan arribar a esa nación luego de un período de seis meses y que ciudadanos de la Isla se hospeden en hoteles norteamericanos existentes en terceros países.

En el año verano de 1994, el gobierno de los Estados Unidos de América, volvió a incumplir los acuerdos migratorios firmados con Cuba, durante el mandato de Ronald Reagan, renovados por William Clinton. Al unísono, las emisoras contrarrevolucionarias, desde Miami, comenzaron a llamar a la subversión, la salida masiva ilegal del país y a la creación-organización de grupúsculos contrarrevolucionarios con el objetivo de desestabilizar y provocar la ingobernabilidad interna. Se secuestraron algunas embarcaciones y hubo hasta amenazas de robo contra aeronaves cubanas para marcharse hacia los EE.UU. La emigración reaccionaria, residente en Miami, planteó que todos los que llegaran iban a ser recibidos como héroes.

(continuará)

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

¿Qué es hoy ser de izquierda? (4) Por Darío L. Machado Rodríguez

La izquierda tiene que ser creativa y actuar

El pensamiento revolucionario de la izquierda anticapitalista tiene que estar acompañado de la acción. Una “izquierda” que solo piense y enarbole argumentos y puntos de vista, pero no practique políticamente, no corra riesgos, quedaría en la contemplación de los problemas y, de hecho, sus puntos de vista estarían lastrados por la falta de comprobación práctica, además de resultar poco o nada útiles a la sociedad y las más de las veces contraproducentes.

De nada sirve llenar cuartillas y gastar tiempo, haciendo revoluciones en el papel o en el discurso. El vínculo entre el pensar y el hacer constituye un principio de la existencia de la izquierda como fuerza del cambio.

Aquí se trata del carácter del movimiento social, no de enarbolar nombres o proclamarse “de izquierda”, sino del reconocimiento de la existencia de intereses raigalmente opuestos en el mundo de hoy, que exigen deslindar propósitos, explicar alternativas, construir objetivos que se conviertan en líneas de acción y actuar en consecuencia, acumular la experiencia, tanto del éxito como del fracaso, y seguir adelante. La derrota se convierte en experiencia solo si se continúa la lucha.

Cuando se habla de construir sentidos y de trazar finalidades de la lucha, no se está aludiendo a ningún programa en específico, ni a un modo determinado de concebirlo. Por ejemplo, las condiciones del mundo de hoy convierten en una finalidad revolucionaria el rescate de la soberanía, el rescate de las riquezas, la defensa de la cultura y la identidad nacional, propósitos elementales todos que permiten incluir dentro del concepto de pueblo y gestores del cambio a sectores que muy probablemente no compartirían propósitos ulteriores más profundos.

Sin embargo, son muchos los dogmas que el capitalismo ha sembrado en la conciencia de la población, los esquemas mentales que hacen entender sus señales y estereotipos de modo casi automático y que deben ser objeto de la batalla de ideas que tiene que enfrentar la izquierda.

Conceptos actuales como los de Estado de derecho, derechos civiles, derechos humanos, libertad, democracia, política, etc., constituyen para la izquierda objeto primario de abordaje revolucionario, de pensamiento crítico, de esclarecimiento de su torcida interpretación por los aparatos ideológicos de la dominación capitalista.

Eso implica para la izquierda un reto, el de ser renovadamente creativa, debe autoconocerse mejor, reconstruir su autoestima, sobre la base del reencuentro entre la militancia revolucionaria y la cotidianidad de la sociedad, para eso no tiene otra opción que salir del laberinto de sus propios mitos, de sus errores y esquemas mentales.

La creatividad siempre implica una ruptura con lo anterior, pero también una continuidad. Ser creativo es ser uno mismo y diferente a la vez. La creatividad es la negación del sometimiento a la rutina, al conocimiento alcanzado, pero no vigente; para la creatividad resulta imprescindible el optimismo, la confianza en el pueblo, el repudio a la soberbia que conduce inevitablemente al aislamiento y la soledad. La creatividad no puede ser autosuficiente, porque solo puede nacer de la realidad que existe, las personas sí, los individuos sí, porque los comportamientos humanos pueden estar guiados por desviaciones, hijas de la ignorancia y los malos hábitos.

Solo en un estrecho vínculo con la sociedad, puede la izquierda encontrar el camino de la creatividad. Aun en medio de la maleza a veces implacable de las costumbres corruptas que anidan en la propia población como resultado de largas décadas de enturbiamiento de las conciencias, es posible encontrar un hilo conductor para reinventar el tejido popular consciente en las nuevas condiciones.

Lo primero para ello es que cada quien con conciencia anticapitalista, con conciencia de izquierda, sea capaz de desembarazarse de sus propios fantasmas, de sus propios ariques y encontrar lo nuevo, aprender de ello y transformarse a sí mismos junto con todos.

La izquierda en su expresión cotidiana, esto es, las personas conscientes de su posición anticapitalista y las más diversas formas de asociación e integración de estas para luchar contra ese sistema, deben integrarse al máximo en los espacios prepolíticos o antepolíticos para vivir desde la cotidianidad su propia experiencia de lucha. No pocas veces la mayor debilidad de las izquierdas en el pasado siglo y todavía hoy estriba en ofrecer un mundo tan inalcanzable como ininteligible para los demás, no porque los demás sean ignorantes, sino porque esa izquierda ha sido ignorante, no ha sabido explicar ni explicarse a sí misma los caminos de los sentimientos humanos.

Lo anterior implica poner en un primer plano para todos el objetivo de la formación política, que toca a todos los revolucionarios. Una formación que debe ser en sí misma creativa en todos los órdenes, tanto en sus contenidos como en las formas de hacerse.

Lamentablemente, no pocas veces se asume la formación política como más de lo mismo, como repetición de lugares comunes, con el empleo de un lenguaje en desuso, como si nada en este mundo hubiera cambiado. Obviamente, las nuevas generaciones, quedan fuera con tales conceptos y prácticas. La creatividad de la izquierda implica constituirse en un foco de atracción para las personas, particularmente para la juventud.

La izquierda tiene que unir la creatividad a la alegría. La izquierda debe ser alegre porque le sobran razones para el optimismo histórico; el tono hierático y grandilocuente explicable y aceptable en muy escasas coyunturas históricas, no puede ser el estilo de comunicación de la práctica política de la izquierda.

La responsabilidad de cualquier movimiento sociopolítico que se reconozca de izquierda para con la sociedad en la que actúa implica la necesidad de verse en su realidad cultural como un ente requerido constantemente de renovación, a partir de su propia realidad le corresponde encontrar caminos para enfrentar con éxito el capitalismo tardío, caminos en los que lo nacional y lo internacional están hoy indisolublemente vinculados.

La izquierda es internacionalista por definición

Enfrentar al capitalismo tardío es una tarea de doble vía, es un problema nacional, pero simultáneamente es la expresión concreta de la crisis de un sistema mundial. Nadie puede avanzar en el mundo de hoy en el aislamiento total, nadie es autárquico, ni económica, ni políticamente.

La lógica internacionalista de la lucha contra el capitalismo es correspondiente con la realidad internacional del sistema, cuya voracidad no ha dejado prácticamente espacio donde no haya penetrado con sus reglas y ambiciones.

Lo que ha ocurrido en el mundo, luego de la desaparición del equilibrio bipolar, ha sido el reforzamiento de las formas institucionales globales de dominación de los poderes nortecéntricos. Las articulaciones de los centros de poder del primer mundo capitalista a través de reuniones de sus representantes gubernamentales, las internacionales liberales y socialdemócratas, la Unión Europea, la OMC, la expansión de la OTAN, la dominación mediática, el renacimiento de la IV Flota y muchas otras formas, contrasta con la aún escasa articulación de las fuerzas anticapitalistas.

Ante esta realidad, renunciar al internacionalismo significa abandonar el terreno estratégico de la lucha anticapitalista.

El principio del internacionalismo es para la izquierda un imperativo ético y político nacido de la realidad elemental que entraña la necesidad del apoyo mutuo; no es un principio imponderable, etéreo, sino necesario en el sentido más auténtico de la palabra. La solidaridad internacionalista es un propósito que da contenido a la lucha y se construye como uno de los sentidos de esa lucha, ante todo por su carácter de condición sine qua non para el éxito.

De hecho, hoy resulta muy difícil cuando no imposible lograr objetivos básicos de liberación, como la recuperación de las riquezas en manos de las transnacionales, o condiciones elementales para el desarrollo, sin avanzar en la cooperación e integración regional cada vez más plena, en el multilateralismo y en otras formas de cooperación internacional e integración regional. incluyendo eventualmente la integración política.

En la lógica de una estrategia revolucionaria, las posiciones de izquierda irían contra natura si no fuesen cada vez más internacionalistas. Lo anterior implica comprender dónde están los enemigos verdaderos de los pueblos y sin perder el fiel de esa brújula proyectar su estrategia de conocimiento de la realidad y de actividad sociopolítica transformadora.

A modo de “cierre” de lo que no puede ser “cerrado”.

He intentado explicar siete rasgos o características que pueden contribuir a conceptuar lo que hoy debemos entender por “ser de izquierda”. Sobra decir que todos son rasgos estrechamente vinculados entre sí, que se complementan mutuamente, pero que pueden ser diferenciados para contribuir a esclarecer la estructura del concepto que he querido esbozar.

Considero oportuno también recalcar al final de estos artículos la intención de contribuir a la elaboración de un mejor enfoque metodológico para el análisis, no para establecer diferenciaciones sectarias en política. Una cosa es la caracterización de una tendencia, como concepto general, otra los postulados y las acciones concretas de tal o cual expresión política orgánica.

La crítica obligada y necesaria de los errores del socialismo y de la izquierda como tendencia política, particularmente durante el siglo XX, pero también ahora, en modo alguno puede conducir a vaciar de contenido teórico el accionar político del enfrentamiento al capitalismo hoy globalizado y sostenido por los poderes nortecéntricos con una orientación neoliberal y la imposición de un pensamiento único, a lo cual se resisten masas cada vez más amplias de seres humanos. No puede oponerse al pensamiento único otro pensamiento único, pero tampoco puede vencerse al capitalismo sistémico, articulado mediante numerosos instrumentos económicos, financieros, comerciales, políticos, jurídicos, ideológicos, psicológicos, mediáticos, militares, sin una concepción también sistémica, sin una teoría del cambio, parte de la cual es también el estudio y conocimiento de las características de las fuerzas sociales que lo enfrentan.

Claro está, en el terreno de lo que debe comprenderse hoy como “ser de izquierda” no hay un punto final. Podría eludirse el debate sobre las posiciones, sobre el análisis de lo que significa hoy ser de izquierda, con el argumento de que ello provocaría obligadamente un enfoque sectario y traería la división. Ojalá el problema del sectarismo, tan vinculado con el egoísmo y la soberbia, con la tozudez y el engreimiento humano tuviera su solución con el silenciamiento de una discusión.

¿Qué es hoy ser de izquierda? (3) Por Darío L. Machado Rodríguez


La izquierda no puede ser sectaria

Uno de los más graves errores cometidos por la izquierda en el pasado siglo ha sido el espíritu sectario, el considerarse algunos “la” vanguardia, el asumir que o se está con uno o se está contra uno. Tal punto de vista, muy difundido en el espectro mundial de la izquierda en el siglo XX, fue causa de divisiones, de pérdidas de energía y tiempo en discusiones muchas veces estériles, de falta de transparencia y de freno al conocimiento real de los problemas.

El velo que impuso a muchos sectores de izquierda el rechazo a nuevos argumentos, simplemente porque no se correspondían con los dogmas asumidos por unos u otros, impedían ver con claridad las motivaciones de aquellos sectores que también buscaban su espacio en la lucha contra el capitalismo. La izquierda soberbia que se autoproclamaba la meca del cambio revolucionario no aceptaba ella misma cambiar.

Esa visión dogmática y sectaria impedía ver a los demás como lo que realmente eran, los nuevos enterradores que le habían nacido al capitalismo como resultado de sus propias y para éste insolubles contradicciones, y los veían muchas veces como sectores “que le hacían el juego al capitalismo” o, en el mejor de los casos, como advenedizos equivocados. En lugar de comprender la posición social de esos sectores, sus motivaciones, su situación real, sus necesidades y su interpretación de los problemas, recibían el rechazo por la opinión diferente, produciéndose roces y enfrentamientos que laceraban la necesaria articulación de fuerzas y dejaban heridas muchas veces difíciles de sanar.

Aquel proceder, lejos de multiplicar la labor de aquella izquierda, lo que hizo fue debilitarla. El querer alzarse con una única verdad, convirtió a ésta en absoluta, en consecuencia, acabada y total, incapaz de desarrollo y enriquecimiento, cerrada para comprender eficientemente los cambios. Y la correcta comprensión acerca de los cambios que se han producido y producen en el mundo es arma principal en el arsenal político de la izquierda.

No ser sectario resulta hoy, no simplemente “una posición política correcta” sino una necesidad de la propia lucha, lo fue ayer, pero lo es mucho más hoy y lo será cada día más. La lógica de esa necesidad estriba en las características propias del capitalismo tardío, en la dispersión, la desestructuración social que sus prácticas entrañan.

La homogeneización de los seres humanos que impone el capitalismo tardío implica una atomización de la gente frente al mercado, un extrañamiento de unos y otros, articulados cada vez más solo por el mercado omnipotente, por donde todos tienen que pasar, en el que junto a los marginados y excluidos del mercado hay un movimiento consumista febril que está deteriorando crecientemente el equilibrio medioambiental y el equilibrio emocional de las personas. La crisis del sistema es evidente, pero su superación ya no será con un esquema vanguardista–uniclasista, sino multiclasista, incluyente, colectivista, participativo, profundamente democrático y horizontal.

La izquierda debe ser ética

La transparencia es aliada de la izquierda. Si alguien tiene que mentir, disfrazarse con pseudoargumentos, esas son las fuerzas del conservadurismo, las de la derecha. La izquierda debe ser siempre consecuente en su actuación con lo que piensa y proclama. La ética de las convicciones solo se prueba en la práctica política.

Por ello -como asegura Fidel Castro- el socialismo es la ciencia del el ejemplo. Se trata entonces para decirlo con palabras de Isabel Rauber, de “transformarnos para transformar”. Ello implica que la construcción sistemática del nuevo mundo comienza desde dentro mismo del movimiento revolucionario, desde la actuación de cada uno de sus integrantes, comienza con la construcción de un nuevo tipo de relaciones dentro del propio movimiento que constituyan prácticas alterativas, comportamientos diferentes que transmitan la nueva ética que debe regir el comportamiento desde las cotas de poder que se vayan conquistando en la lucha.

Altruismo, colectivismo, tolerancia, democracia, diálogo, persuasión, educación, humanismo, solidaridad, justicia, igualdad, deben ser valores que constituyan la axiología del revolucionario, la estimativa de la izquierda. Igualmente, su capacidad para aprender solo puede estar asegurada por la necesaria modestia, la izquierda no puede ser soberbia; ella debe reconocer el derecho al error y a la rectificación, de igual manera también al acierto donde quiera que este esté y la difusión de la experiencia y, en cualquier caso, el aprendizaje.

Finalmente, la ética de la izquierda tiene que identificarse con prácticas totalmente diferentes de las habituales del poder que quiere desplazar, sustituir. En consecuencia, la izquierda no puede ser arbitraria, ni impositiva, ni verticalista, ni autoritaria. La nueva ética del poder revolucionario tiene que nacer con prácticas, estilo y métodos raigalmente diferentes de los practicados por el capitalismo y por los anteriores ordenamientos sociales fundados en la propiedad privada, el individualismo y el egoísmo. Estas prácticas deben ser naturalmente revolucionarias, a ello nos referiremos a continuación.

La izquierda debe ser por definición revolucionaria

Ser “de izquierda” significa ser revolucionario. Ser revolucionario implica una actitud activa frente a la necesidad del cambio, una actitud consecuente con la necesidad de transformar el mundo. Una izquierda que se autoproclame tal, pero en los hechos no actúe en dirección al cambio, no puede considerarse “izquierda”, será presa del conservadurismo, no será revolucionaria. En política ser es hacer. Ser de izquierda es hacer la revolución.

Aquí no estoy, por supuesto, asumiendo un único modo de hacerla, por el contrario, las vías, modos, plazos, objetivos estratégicos y tácticos, abren un amplio y abigarrado espectro de variantes, tan amplio como condiciones históricas concretas haya en la multiplicidad de realidades culturales políticas que existen en constante movimiento y cambio el mundo de hoy. El sistema capitalista padece de un evidente agotamiento, pero sigue siendo un sistema vivo. Hacer la revolución es el modo de demostrar en la práctica su agotamiento, aunar conciencias para acelerar su superación. Es la única posición verdaderamente anticapitalista, por ello pasa a ser fundamental el propio concepto de revolución.

Hoy se ha extendido y globalizado el capitalismo monopolista transnacional, y la sociedad humana es en su conjunto una clara demostración de su desarrollo desigual. Ningún país donde se haya iniciado una revolución socialista ha logrado instalar de modo irrefutablemente irreversible el socialismo. Sin embargo, la pregunta es si es posible mantener el rumbo socialista en un determinado país y eventualmente por cuánto tiempo sin que exista un movimiento mundial generalizado de superación del capitalismo. Las respuestas definitivas a esas preguntas solo puede darlas la historia, sin embargo, ejemplos como el de la revolución cubana, demuestran que es posible mantener un rumbo de transformaciones de signo socialista, aún en medio de la creciente complejidad de la sociedad humana actual. Para ello es imprescindible mantener la actividad revolucionaria transformadora con un sentido de integralidad y con toda la flexibilidad posible según lo exijan las circunstancias.

Fidel Castro ha sintetizado el concepto de revolución, que a continuación transcribo por su importante significado actual para el enfrentamiento al capitalismo. Este se inscribe en la tradición práctico-transformadora del marxismo, y constituye en esa dirección un importante referente para la izquierda en la actualidad.

“Revolución –dijo Fidel Castro el 1ro de mayo de 2005 en la Plaza de la Revolución en Ciudad de La Habana- es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.

En consecuencia, situarse a la izquierda y ser de izquierda es situarse en todo momento del lado del progreso social. De esta suerte, la izquierda tiene que ser por definición también ajena a todo burocratismo, opuesta a todo lo que frene las necesarias soluciones de continuidad a los problemas de la sociedad. Tiene que interiorizar el carácter efímero del Estado desde que se esté cumpliendo el deber de fortalecerlo para asegurar las tareas socialistas. Tiene, en consecuencia, que concebir al poder como un instrumento colectivo de la transformación revolucionaria de la sociedad, y en ningún caso como un fin en sí mismo, lo cual significaría imitar las prácticas habituales del poder político del capitalismo.

La izquierda, por tanto, tiene que estar siempre dispuesta al cambio, a comprender los problemas nuevos y buscar y encontrar las soluciones nuevas que reclaman. Debe ser creativa y actuar, a eso me referiré en el próximo artículo y final.

Niños cubanos no hipotecan sus sueños, Por Roberto del Valle Menéndez

En el sitio www.bbcmundo.com hay un reporte del miércoles 6, del periodista José Baing, con el título Entre cuchillos y sangre, los niños, donde se afirma que: La Oficina del Comisionado del Trabajo del estado de Iowa, en Estados Unidos, reveló que al menos 57 niños trabajaban en el frigorífico donde el pasado 12 de mayo se produjo la redada de indocumentados más grande en la historia del país. Se dice, además: “En cada caso hay varias infracciones de las leyes del trabajo infantil", dijo el comisionado Dave Neil a través de un comunicado.

Es increíble que en la nación más poderosa del mundo, cuyo Gobierno se promociona como paradigma de la democracia, el trabajo infantil sea una realidad. En Cuba, en cambio, ningún niño o adolescente tiene que dejar la escuela para trabajar en función de la subsistencia propia o de su familia, lo que no significa que estén satisfechas todas sus necesidades.

Según datos que se ofrecen en el sitio www.oit.org, perteneciente a la Organización Internacional del Trabajo, se estima en 218 millones de niños que trabajan,126 millones de los cuales lo hacen en actividades peligrosas.. También se reconoce como Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), de las Naciones Unidas y la comunidad internacional, garantizar que todos los niños finalicen el ciclo completo de educación primaria, y alcanzar la igualdad de género en la educación para 2015, y para ello se reclama:

· ofrecer una enseñanza primaria gratuita, pública y obligatoria;

· eliminar los obstáculos a la educación de las niñas;

· asegurar que los niños tengan acceso a una escuela y a un entorno de aprendizaje seguro y de calidad;

· facilitar una educación de nivelación a los niños y jóvenes no escolarizados en la educación formal.

En Cuba desde los inicios de la Revolución en 1959, se adoptaron medidas efectivas para que cada uno de esos propósitos se hicieran una realidad tangible. En la central provincia de Ciego de Ávila, para solo señalar un ejemplo, el universo infantil es en la educación Primaria, del preescolar al sexto grado, de 32 234 niños y niñas, sin discriminación alguna, con un 100 de porcentaje de escolarización. Agreguemos que en este territorio hay 98 escuelas desde uno a 10 alumnos, y todas, como es en lo general, tienen la garantía del maestro y un equipamiento de soporte a la docencia que incluye computadora, video y televisor. Hoy el 90.2 por ciento de esa matrícula está en aulas de 20 niños atendidos por un pedagogo y en el resto por dos, con el único propósito de garantizar calidad en la docencia y formación de valores.

Volvamos a los Estados Unidos. En el sitio www.aporrea.org, con fecha 7 de marzo de 2007, se publica el artículo El Diablo existe. Estados Unidos y su doble moral con l a infancia, donde se ofrecen valoraciones y datos oficiales sobre la explotación infantil en esa nación, esencialmente entre la masa de emigrantes. Se puntualiza que en el informe: "Campo de lágrimas: Explotación infantil en la agricultura estadounidense," que esta se concentra en los niños de 13 a 16 años, mientras que en la organización no gubernamental Human Rights Watch (www.hrw.org), se denuncia que los niños que trabajan en el campo estadounidense, en su mayoría latinos, suelen hacerlo en jornadas de 12 y 14 horas, y están expuestos al envenenamiento por pesticidas, enfermedades provocadas por el calor, lesiones y discapacidades para toda la vida. Nadie, absolutamente nadie, puede reportar un caso similar desde Cuba.

La situación en América Latina también es alarmante, pues la aplicación de una política neoliberal agravó la existencia y los sueños de miles de familias que conducen a sus niños y niñas al trabajo para aliviar la miseria en que viven. Circula por los más diversos medios digitales del área un reportaje titulado La cruda realidad de los niños que trabajan en el campo, de la periodista Zoraida Portillo donde se hace referencia a las formas de explotación infantil en Perú, Ecuador, México, Nicaragua y Guatemala, donde en el más reciente reporte de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se afirma que más de 500 000 niños y niñas, entre los cinco y 14 años de edad, se ocupan esencialmente de la agricultura.

En el sitio español www.elpais.es, con fecha 7 de agosto de 2008, se reproduce, por su importancia una información de octubre de 2006, donde se afirma: Un millón de niños trabajan en pequeñas minas y canteras de todo el mundo, y de ellos casi la tercera parte vive en América latina, según informó ayer la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que ha decidido lanzar una campaña mundial para eliminar esa forma de trabajo infantil. La gran mayoría de los casi 300 000 niños que participan en actividades mineras en América Latina están en Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú.

En el sitio Blog.CosasdelCibao.com, del miércoles 23 de julio de 2008, aparece

Niños dicen trabajar en las calles para ayudar a sus padres en el hogar.

Cuando en el 2004 visité por dos días Santiago de los Caballeros, la capital del Cibao, en dominicana, lo que más me impresionó fue ver a no pocos infantes con sus cajones de limpiar zapatos en horario escolar. Inmediatamente pensé en mis hijos.

En Chile, su actual Gobierno tienen para el 2010 el compromiso de erradicar el trabajo en menores de 15 años, cuando se saber que unos 196 000 niños y jóvenes realizan labores de adultos. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo y de la UNICEF, más de 17 millones de niños y niñas latinoamericanos realizan las más diversos labores en condiciones precarias, en minas, la agricultura, en el servicio doméstico, como prostitutas, o como combatientes en Colombia en una cifra de más de 11 000.

Y qué decir de la culta Europa? Se reconoce en el Diario Oficial d e la Unión Europea, con fecha martes 5 de junio de 2005, (http: //eur_lex.europa.eu), que 5 millones de niños son objeto de explotación en empresas de la Europa Oriental y la región mediterránea, y concretamente en Estados miembros de la Unión Europea, lo que es especialmente inaceptable.

Ningún niño o niña cubano hipoteca sus sueños y el presente.
La realidad expuesta no les pertenece.

En este caluroso verano, niños, y adolescentes cubanos, disfrutan de
diversas opciones recreativas después de un intenso curso escolar.