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Cuba: coraje y valor

Politica internacional

Demanda Machado Ventura en ONU nuevo orden internacional, por Juan Diego Nusa Peñalver. Texto integro de su intervencion

José Ramón Machado Ventura, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, demandó un nuevo orden internacional más justo y equitativo, al intervenir hoy en Nueva York en el período 63 de sesiones de la Asamblea General de la ONU.

Tras felicitar al nicaragüense Miguel d'Escoto por su elección al frente de la Asamblea, Machado Ventura significó que se vive en un momento decisivo en la historia de la Humanidad, ya que las amenazas que se ciernen sobre el mundo atentan contra la existencia de la especie humana.

Destacó que la promoción de la paz, la solidaridad, de la justicia social y el desarrollo sostenible es el único camino para asegurar el futuro.

El orden internacional vigente, injusto e insostenible, debe ser sustituido por un sistema verdaderamente democrático y equitativo, dijo.

Puntualizó que el nuevo ordenamiento mundial debe fundamentarse en el respeto al derecho internacional y en principios de solidaridad y justicia, para poner fin a las desigualdades y a la exclusión a las que han sido condenadas las amplias mayorías de la población del planeta.

Tras afirmar que no existen alternativas, señaló que deben asumir sus responsabilidades los responsables de ese estado de cosas: los países industrializados, en particular la única Superpotencia (EE.UU.).

No se puede seguir derrochando fabulosas fortunas, mientras millones de seres humanos padecen hambre, mueren de enfermedades curables.

Machado Ventura manifestó que no es posible seguir contaminando el aire, envenenando los mares, lo que destruye las condiciones de vida para las generaciones futuras.

Ni los pueblos, ni el propio planeta lo permitirán, sin grandes convulsiones sociales y gravísimos desastres naturales, precisó.

Denunció como las más graves amenazas a la paz y seguridad internacional las guerras de conquista, la agresión y ocupación ilegal de países, la intervención militar y el bombardeo a civiles inocentes, el armamentismo, el saqueo y la usurpación de recursos naturales del Tercer Mundo, y la ofensiva imperial para doblegar la resistencia de los pueblos.

Añadió que conceptos como "limitación de soberanía", "guerra preventiva" o "cambio de régimen" son expresión de la pretensión de mutilar la independencia de nuestros países, aseveró.

Subrayó que el supuesto "combate al terrorismo" o la pretendida "promoción de las libertades" sirven de pretexto a la agresión y a la ocupación militar, a la tortura, la detención arbitraria y la negación de la libre determinación de los pueblos.

Hay injustos bloqueos y sanciones impuestas unilateralmente, denunció el Vicemandatario cubano, quien también fustigó la imposición de modelos políticos, económicos y sociales, que facilitan la dominación imperial en franco desprecio a la historia, culturas y voluntad soberana de los pueblos.

Significó que los Países No Alineados están pagando el costo de la irracionalidad y de la especulación de una pocas naciones desarrolladas del Norte.


Intervención realizada hoy por José Ramón Machado Ventura, Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, al frente de la delegación de la isla en el Debate General del Período 63 de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York:

Sr. Presidente:

Vivimos un momento decisivo en la historia de la humanidad. Las amenazas que se ciernen sobre el mundo atentan contra la propia existencia de la especie humana.

La promoción de la paz, la solidaridad, la justicia social y el desarrollo sostenible es el único camino para asegurar el futuro. El orden internacional vigente, injusto e insostenible, debe ser sustituido por un nuevo sistema verdaderamente democrático y equitativo, que se fundamente en el respeto al Derecho Internacional y en principios de solidaridad y justicia, poniendo fin a las desigualdades y a la exclusión a las que han sido condenadas las amplias mayorías de la población de nuestro planeta.

No existen alternativas. Los responsables de este estado de cosas, los países industrializados y, en particular, la única superpotencia, deben asumir sus responsabilidades. No se pueden seguir derrochando fabulosas fortunas mientras millones de seres humanos padecen hambre y mueren de enfermedades curables. No es posible seguir contaminando el aire y envenenando los mares, lo que destruye las condiciones de vida para las generaciones futuras. Ni los pueblos ni el propio planeta lo permitirán sin grandes convulsiones sociales y gravísimos desastres naturales.

Sr. Presidente:

Las guerras de conquista, la agresión y ocupación ilegal de países, la intervención militar y el bombardeo a civiles inocentes, el armamentismo desenfrenado, el saqueo y usurpación de los recursos naturales del Tercer Mundo y la ofensiva imperial para doblegar la resistencia de los pueblos que defienden sus derechos, constituyen las mayores y más graves amenazas a la paz y la seguridad internacional.

Conceptos como los de limitación de soberanía, guerra preventiva o cambio de régimen, son expresión de la pretensión de mutilar la independencia de nuestros países.

El supuesto combate al terrorismo o la pretendida promoción de las libertades, sirven de pretexto a la agresión y la ocupación militar, a la tortura, la detención arbitraria y la negación de la libre determinación de los pueblos, a injustos bloqueos y sanciones impuestas unilateralmente, a la imposición de modelos políticos, económicos y sociales que faciliten la dominación imperial, en franco desprecio a la historia, las culturas y la voluntad soberana de los pueblos.

Cada día se profundiza más el abismo entre ricos y pobres. Los muy modestos Objetivos de Desarrollo del Milenio constituyen un sueño irrealizable para las amplias mayorías.

Mientras que en el mundo se gasta un millón de millones de dólares en armas, más de 850 millones de seres humanos padecen hambre; mil cien millones de personas no tienen acceso a agua potable, 2 mil 600 millones carecen de servicios de saneamiento y más de 800 millones son analfabetas.

Más de 640 millones de niños carecen de vivienda adecuada, 115 millones no van a la escuela primaria y 10 millones perecen antes de cumplir 5 años de edad, en la mayoría de los casos como consecuencia de enfermedades que pueden ser curadas.

Las poblaciones de los países del Sur sufren cada vez con mayor frecuencia los desastres naturales, cuyas consecuencias se han visto agravadas por el cambio climático. Haití, Jamaica, Cuba y otros países del Caribe son ejemplo de ello. Hacemos, en especial, un llamado a la solidaridad con el hermano pueblo de Haití ante su dramática situación.

El crecimiento de los precios del petróleo es resultado del consumo irracional, la fuerte actividad especulativa y las aventuras bélicas imperiales. La desesperada búsqueda de nuevas fuentes de energía ha empujado la criminal estrategia impulsada por el gobierno de Estados Unidos de convertir granos y cereales en combustibles.

Sr. Presidente:

Para una buena parte de los países No Alineados la situación se torna insostenible. Nuestras naciones han pagado y tendrán que continuar pagando el costo y las consecuencias de la irracionalidad, el derroche y la especulación de unos pocos países en el Norte industrializado, que son los responsables de la crisis alimentaria mundial. Impusieron la liberalización comercial y las recetas financieras de ajuste estructural a los países en desarrollo. Provocaron la ruina de muchos pequeños productores; negaron, y en algunos casos destruyeron, el desarrollo agrícola incipiente de países del Sur, convirtiéndolos en importadores netos de alimentos.

Son los que mantienen escandalosos subsidios agrícolas, mientras imponen sus reglas al comercio internacional. Establecen precios, monopolizan tecnologías, imponen injustas certificaciones y manipulan los canales de distribución, las fuentes de financiamiento y el comercio. Controlan el transporte, la investigación científica, los fondos genéticos y la producción de fertilizantes y plaguicidas.

Sr. Presidente:

No hemos venido aquí a lamentarnos. Hemos venido, a nombre del Movimiento de Países No Alineados, a exigir y defender las reivindicaciones de miles de millones de seres humanos que reclaman justicia y sus derechos.

La fórmula no es difícil ni requiere de grandes sacrificios. Se precisa sólo la voluntad política necesaria, menos egoísmo y una comprensión objetiva de que si no actuamos hoy, las consecuencias podrían ser apocalípticas y afectarían también a los ricos y poderosos.

Es por ello que Cuba llama una vez más a los gobiernos de los países desarrollados, a nombre del Movimiento de Países No Alineados, al cumplimiento de sus compromisos y, en particular, los insta a:

- Poner fin a las guerras de ocupación y al saqueo de los recursos de los países del Tercer Mundo y liberar al menos una parte de sus millonarios gastos militares, para destinar esos recursos a la asistencia internacional en beneficio del desarrollo sostenible.

- Condonar la deuda externa de los países en desarrollo, que ya se ha pagado más de una vez, con lo cual se liberarían recursos adicionales que podrían dedicarse al desarrollo económico y los programas sociales.

- Honrar el compromiso de destinar al menos el 0.7 % del Producto Interno Bruto para la Asistencia Oficial al Desarrollo, sin condicionalidades, para que los países del Sur dispongan de esos recursos en función de sus prioridades nacionales y promover el acceso de los países pobres a montos sustanciales de financiamiento fresco.

- Destinar a la producción de alimentos una cuarta parte del dinero que cada año se derrocha en publicidad comercial, lo cual posibilitaría contar con casi 250 mil millones de dólares adicionales para combatir el hambre y la desnutrición.

- Destinar al desarrollo agropecuario en el Sur, el dinero que se utiliza para subsidios agrícolas en el Norte. Con ello, nuestros países dispondrían de alrededor de mil millones de dólares diarios para invertir en la producción de alimentos.

- Cumplir con los compromisos del Protocolo de Kyoto y fijar compromisos de reducción de emisiones más ambiciosos a partir del 2012, sin pretender que se amplíen las restricciones para países que, aún hoy, mantienen niveles de emisión per cápita muy inferiores a los de los países del Norte.

- Promover el acceso del Tercer Mundo a las tecnologías y apoyar la capacitación de sus recursos humanos. Hoy, por el contrario, el personal calificado del Sur es sometido a la competencia desleal y al estímulo que plantean las políticas migratorias de naturaleza selectiva y discriminatoria que aplican Estados Unidos y Europa.

- Y lo que es hoy más apremiante que nunca, establecer un orden internacional democrático y equitativo, y un sistema de comercio justo y transparente, en el que todos los Estados soberanamente participen en las decisiones que les atañen.

Es nuestra más profunda convicción que la solidaridad entre pueblos y gobiernos es posible. En la América Latina y el Caribe, el ALBA y PETROCARIBE así lo demuestran.

Sr. Presidente:

El Movimiento de Países No Alineados se ha mantenido fiel a sus principios fundacionales.

Apoyamos la causa del pueblo palestino y su derecho inalienable a la autodeterminación en un Estado independiente y soberano, que tenga su capital en Jerusalén Oriental.

Apoyamos la causa de aquellos otros pueblos cuya soberanía e integridad territorial se ven amenazadas, como los de Venezuela y Bolivia, y respaldamos el derecho de Puerto Rico a ser independiente.

Condenamos la imposición de medidas coercitivas unilaterales, violatorias del Derecho Internacional, y los intentos de implantar un modelo único de sistema político, económico y social. Objetamos las negativas prácticas de certificar países en función de los patrones y los intereses de los poderosos. Nos oponemos firmemente a la manipulación política y la aplicación de dobles raseros en el tema de los derechos humanos, y rechazamos la imposición selectiva de resoluciones políticamente motivadas contra los países miembros del Movimiento.

El establecimiento del Consejo de Derechos Humanos ofrece la oportunidad de abrir una nueva etapa en la promoción y protección de todos los derechos humanos para todos, sobre la base de la cooperación internacional y el diálogo constructivo. Aquellos que provocaron la desaparición de la antigua Comisión de Derechos Humanos ahora tratan de descalificar al Consejo porque no han podido doblegarlo en función de sus intereses. Se niegan a participar en sus trabajos para eludir el escrutinio de la comunidad internacional en el marco de su mecanismo de Examen Periódico Universal.

La legitimidad del Consejo no depende de la percepción que sobre sus labores tenga el Imperio, sino de su capacidad de cumplir su mandato con estricto apego a los principios de universalidad, objetividad, imparcialidad y no selectividad en el tratamiento de las cuestiones de derechos humanos.

El Movimiento de Países No Alineados continuará defendiendo los intereses del Tercer Mundo y promoviendo la construcción de un mundo más justo, democrático y solidario.

Sr. Presidente:

Cuba ha tenido que pagar un precio muy alto por la defensa de su independencia y soberanía.

El heroico pueblo cubano ha resistido el bloqueo más largo y cruel de la historia, impuesto por la potencia más poderosa de la Tierra. A pesar de que esta Asamblea se ha pronunciado reiterada y abrumadoramente por el cese de esta política genocida, el gobierno de los Estados Unidos no sólo ha ignorado la voluntad de la comunidad internacional, sino que en franco desprecio a la misma, ha recrudecido cada vez más su guerra económica contra Cuba.

Jamás la política exterior en contra de un país ha sido dotada de tan amplio y sofisticado arsenal de medidas agresivas en los ámbitos político, económico, cultural, diplomático, militar, psicológico e ideológico.

Cuba acaba de ser azotada por dos intensos huracanes, que han devastado su agricultura y seriamente afectado parte de su infraestructura y dañado o destruido más de 400 mil viviendas.

Permítame aprovechar la oportunidad para, en nombre del gobierno y el pueblo cubanos, agradecer a todos aquellos países, organizaciones y personas que de una forma u otra han contribuido honesta y sinceramente, con recursos o con apoyo moral, a los esfuerzos de reconstrucción emprendidos por mi país.

Ello contrasta con la posición que ha asumido el gobierno de los Estados Unidos, que se empeña en seguir aplicando despiadadamente el bloqueo.

Cuba no le ha solicitado regalo alguno al gobierno de los Estados Unidos. Simplemente le ha pedido y reiterado que le permita adquirir los materiales que resultan indispensables para la reconstrucción de viviendas y redes eléctricas y que autorice a las empresas norteamericanas a brindarle créditos comerciales privados a Cuba para comprar alimentos. La respuesta ha sido negativa, y se ha visto acompañada de un intento de manipular la información de tal forma que el gobierno de los Estados Unidos aparezca como el preocupado por el bienestar del pueblo cubano mientras que se perciba al gobierno de Cuba como el que rechaza el ofrecimiento.

Si a Estados Unidos le preocupa realmente el pueblo cubano, el único comportamiento moral y ético sería levantar el bloqueo impuesto a Cuba durante cinco décadas que viola las normas más elementales del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

Esta política irracional tiene un claro objetivo: destruir el proceso de profundas transformaciones revolucionarias emprendido por el pueblo cubano a partir de 1959. En otras palabras, pisotear su derecho a la libre determinación, arrebatarle su libertad y sus conquistas políticas, económicas y sociales y retrotraerlo a su anterior condición de neocolonia.

La Administración Bush pretende justificar el recrudecimiento de su política contra Cuba recurriendo una vez más al fraude y al engaño, con el cinismo y la hipocresía que la caracterizan. Su determinación de dominar y recolonizar a Cuba se presenta nada menos que como una empresa liberadora y democratizadora.

¿Quién, con excepción de sus cómplices, reconoce en este mundo autoridad alguna al gobierno de los Estados Unidos en materia de democracia y derechos humanos?

¿Qué autoridad podría reclamar un gobierno que caza y maltrata del modo más cruel a los migrantes irregulares en su frontera sur, que legaliza la aplicación de la tortura y que mantiene en campos de concentración, como el que ha sido instalado en el territorio que ilegalmente ocupa la base estadounidense en Guantánamo, a personas a las que no les ha sido probado y ni siquiera presentado cargo alguno?

¿Qué respeto merece un gobierno que arremete contra la soberanía de otros

Estados bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo, al tiempo que garantiza la impunidad a terroristas anticubanos?

¿Qué justicia puede promover una administración que mantiene ilegalmente detenidos en sus cárceles a cinco patriotas cubanos que sólo buscaban información para neutralizar las acciones de los grupos terroristas que operan contra Cuba desde Estados Unidos?

Sr. Presidente:

Cuba agradece la solidaridad que ha recibido de esta Asamblea General en su lucha contra el bloqueo y las agresiones que ha debido enfrentar durante casi cinco décadas.

Cuba reafirma su inquebrantable decisión de defender su soberanía e independencia.

Cuba reitera su voluntad de proseguir, junto con todos los integrantes del Movimiento de Países No Alineados, la batalla por un mundo mejor, en el que se respete el derecho de todos los pueblos a la justicia y el desarrollo.

Termino recordando las palabras del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, compañero Fidel Castro Ruz:

"Un mundo sin hambre es posible […] Un mundo justo es posible. Un mundo nuevo, del que sobradamente es acreedora nuestra especie, es posible y será realidad."

Muchas gracias.

Política y Medicina: Escogiendo Neurocirujanos y Presidentes (inglés)

Por suerte, no he tenido que escoger a un neurocirujano aún. Pero si tuviese, yo tendría una cuidadosa lista de los criterios que tendrían que ser tomados en cuenta. Aquella lista tomaría varias cosas en consideración.

- ¿Qué entrenamiento, dónde y por quien ha tenido el individuo?

- ¿Cuanto ha estado él/ella trabajando en ello?

- ¿Cuál es su/su reputación entre sus iguales?

- ¿Cuáles son sus manías de cabecera?

- ¿Cómo trata él/ella mis preguntas y preocupaciones?

Finalmente, ¿¿qué hay sobre su experiencia??

David Brooks, un columnista del New York Times, advirtió en su editorial de ayer:

"…los fundadores usaron la palabra "experiencia" 91 veces en los periódicos Federalistas". Advirtió que "la democracia no es la gente promedio que selecciona a líderes promedio. Es la gente promedio con la sabiduría para seleccionar los mejor preparados". ¡Consejo sano!

Cuándo está seleccionando a un neurocirujano, o a un mecánico para reconstruir el motor de su coche o un líder sabio para controlar el país, ¿no piensa usted tomar en cuenta su experiencia? "Experentia docet" (la experiencia enseña) es la frase latina que todavía recuerdo del Instituto, cuando nosotros todavía teníamos la oportunidad de aprender lengua muertas.

Desde luego, la experiencia no es el único criterio. Como he advertido, un neurocirujano tiene que tener la habilidad, pero también la paciencia, y la bondad, y la preparación y la perspicacia y el conocimiento y la sabiduría y rectitud y sensibilidad y esperanza. Pensamos que estas son cualidades útiles en un político también.

Probablemente una de las características más importantes es que debe ser capaz de ser honesto y franco, decirme la verdad cuando tengo que oírla. Aunque puedo no gustar del mensaje, yo seguramente apreciaría y respetaría lo que alguien me dice que tengo que conocer. Soy absolutamente capaz de actuar sobre aquella información.

Por favor Sr. McCain, Sra. Palin, Sr. Obama y Sr. Biden: dígannos la verdad y seremos capaces de manejarla

Artículo proporcionado por el Doctor Jerry D. Elrod.

http://www.bestnewspolitics.com/2008/09/20/politics-and-medicine-choosing-brain-surgeons-and-presidents/#more-143


Inglés

Politics and Medicine - Choosing Brain Surgeons and Presidents

Fortunately, I haven’t had to choose a brain surgeon yet. But, if I did I would have a careful list of criteria that would need to be met. That list would take several things into account.

-What training, where and by whom has the individual had?

-How long has he/she been at it?

-What is his/her reputation among peers?

-What is his/her bedside manner?

-How does he/she deal with my questions and concerns?

Finally, what about EXPERIENCE?

David Brooks, a columnist with the New York Times, pointed out in his editorial yesterday that

"…the founders used the word "experience" 91 times in the Federalist papers." He pointed out that "democracy is not average people selecting average leaders. It is average people with the wisdom to select the best prepared." Sound counsel!

So when selecting a brain surgeon or a mechanic to rebuild your car’s engine or a wise leader to run the country, don’t you think experience counts? Experentia docet (experience teaches) is the Latin phrase I still remember from High School, back when we still had the opportunity to learn the dead language.

Of course, experience alone is not the only criteria. As I have pointed out above, a brain surgeon needs to bring skill, but also patience, and kindness, and preparation and insight and knowledge and wisdom and forthrightness and sensitivity and hope. It seems these are qualities useful in a politician as well.

Probably one of the most important characteristics is to be able to be honest and straight forward, to tell the truth to me, when I need to hear it. While I may not like the message, I would surely appreciate and respect having someone tell me what I need to know. I am perfectly capable acting on that information.

Please Mr. McCain, Ms Palin, Mr. Obama and Mr. Biden tell us the truth and we will be able to handle it.

Article provided by Dr. Jerry D. Elrod.

http://www.bestnewspolitics.com/2008/09/20/politics-and-medicine-choosing-brain-surgeons-and-presidents/#more-143

Aprender para aprehender y comprender críticamente al mundo actual III (Final), por Orlando Cruz Capote*

“[...] un complejo de conceptos que encierra
el conocimiento científico de una realidad, es
el concepto de esa realidad”.

Rainer M. Rilke.

Las realidades del mundo de hoy son algo complejas para ser aprehendidas y comprendidas rápidamente por cualquier ciudadano, son elementos esenciales -aunque no los únicos- de las enseñanzas y aprendizajes necesarios que corresponden asumirse como parte del ideario político, ideológico y cultural de las izquierdas. Esas realidades constituyen piezas indispensables de sus cuerpos teóricos y prácticos que, a su vez, deben ser transmitidas a todo el cuerpo societal con un lenguaje más comprensible y con el propósito de ganar conciencia en las grandes mayorías.

 Ejemplos existen de cómo realizarlo, aunque las experiencias a veces no sean las mejores. Muchos canales de televisoras capitalistas internacionales, algunas con cierta seriedad en el campo de la difusión de las ciencias naturales, exactas y aplicadas, sin omitir aquellas que transmiten problemáticas acerca de la psicología en las personas, son capaces de elaborar programas científicos de manera interesante y entretenida para un amplio público, si bien otras, en ocasiones, no logran evadir simplificaciones y parcializaciones y, en no pocos casos, se enredan en laberintos muy distorsionadores.

    Sin embargo, los medios alternativos de las izquierdas en el poder y los que se encuentran en la oposición  difunden sus mensajes, con cierta persistencia, en la simple y unívoca línea de la agitación-propaganda ideopolítica, olvidándose de la vida cotidiana de los individuos y las colectividades, y de  reflejar algunas de sus necesidades que parecieran ser intrascendentes. En otras ocasiones realizan los materiales con un didactismo esquemático que, pensando ponerlos al alcance de todos, rebajan sus contenidos hasta una vulgarización, deficiente calidad y una pobre imaginación-creadora sobre las problemáticas abordadas. Son llanamente aburridos. O, en su reverso, se embrollan en las fraseologías de moda asumiendo o copiando parte del discurso liberal y neoliberal light, sin percatarse que neutralizan sus mensajes  y  continúan en el peligroso filo imperceptible de la perspectiva reformista en cuanto a los valores axiológicos, la ética y la estética. Existen dudas, entonces, acerca de la vitalidad de una información-comunicativa, educativa y cultural verdaderamente alternativa.

La “torpeza” y “miopía” de los teóricos y políticos del capitalismo imperialista.

    Si leemos con detenimiento las doctrinas y los ejes centrales de los posicionamientos ideopolíticos de los representantes de la cultura capitalista descubriremos que están muy conscientes de lo que escriben y cómo lo expresan. Algunos  ejemplos  nos  pueden servir para demostrar su elaboración cientificista neo-conservadora. Dos de los padres del capitalismo neoliberal, Frederich Hayek y Thomas Friedman, plantearon que, y este es el primero, “[...] Simplemente, a la gente no le gusta pensar que ellas y sus hijos están a merced de algo que escapa a su control: el frío e invisible mercado. Como si todos no estuviésemos a merced del  Frío e invisible universo. [...] Mi filosofía básica no es un plan (humano) deliberado sino la supervivencia de los grupos más aptos, lo que ha engendrado la cultura y la civilización [...]”;  consumado expresó que, “[...] Lo que el mundo requiere ahora: para que  funcione  la  globalización, (es que) Norteamérica no puede tener miedo de actuar como la superpotencia todopoderosa que es [...]”. Metafóricos, descarnados y espinosos pero muy diáfanos en sus conclusiones. y, por su parte el otro neoliberal


    Quizás quien mejor expresó la nueva doctrina político-militar de los Estados Unidos de América, para defender el capitalismo transnacional neoliberal mundial, fue Zbigniew  Brzezinski  cuando  escribió, en 1998, de forma despectiva y brutal que “[...] los tres grandes imperativos de la estrategia geopolítica son impedir las confabulaciones y mantener a los vasallos dependientes en lo que respecta a su seguridad, conservar dóciles a los que pagan tributo y evitar que los bárbaros se junten”. (1)  Alusión vertical y sin ambages de los verdaderos propósitos de los centros de poder imperiales, en especial, del hegemónico imperialismo estadounidense, aún cuando no se había producido el ataque terrorista infringido -o auto infringido- contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. Posterior a ese hecho, tan bien transmitido -desde diferentes ángulos- una y otra vez, el “Ángel de la Guardia” y el  “juzgador supremo” del bien y el mal a nivel mundial recayó, extraña casualidad, en manos de los gobernantes imperiales que, en el caso del presidente de los EE.UU., hasta “habla con Dios” y éste le indica quienes son los pecadores a los que hay que sancionar. Recientemente, la candidata republicana a la vicepresidencia de los Estados Unidos de América, Sarah Palin afirmó que las guerras que libra su país en Afganistán e Irak son mandatos divinos y señales enviadas de la providencia. Ese mesianismo expansionista -cristianismo conservador in extremis- del Destino Manifiesto ha estado reciclándose a lo largo de la historia de esa nación hasta nuestros días.

    El enfoque de búsquedas estratégicas de posibles y reales enemigos antisistémicos se había forzado inmediatamente después del “Fin  de la Guerra  Fría” y la desaparición del bloque socialista este-centro europeo y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En ese momento los ideólogos y dirigentes del occidente capitalista desarrollado e industrial, el Norte rico, enfrentaron una  disyuntiva o coyuntura que necesitaba de una reorientación ideopolítica para poder, otra vez, “justificar” y ejecutar sus planes de dominación, hegemonización y homogenización del mundo. Incluso el Pentágono  y  la  Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU., en los inicios de la década de los 90, programaron varios posibles  escenarios  de guerras que abarcaron hasta algunos países de la Europa capitalista occidental. Aunque, en resumen, se transitó urgentemente de la  confrontación  Este-Oeste  a la siempre bien definida confrontación Norte-Sur.

    La pregunta de cuáles serían los nuevos enemigos fue respondida con distintas  designaciones  y  denominaciones  muy  bien  calculadas,  desempeñando un enorme rol en la delineación de ese contexto, las novedosas técnicas del papel de los juegos de lenguaje en la vida política, la redescripciones pragmáticas,  la  realidad  como  simulacro  y  la  semántica  del  engaño.  El  listado  de  los  presentes  y  futuros  tenebrosos  adversarios  anti-sistémicos fue confeccionado, finalmente, de la siguiente forma: el terrorismo;  el  narcotráfico;  los gobiernos violadores de los derechos humanos; las guerrillas y las izquierdas más radicales “criminalizadas” como parte intrínsecas de los terroristas y los narcotraficantes; los grupos paramilitares enlazados, según los intereses imperiales y oligárquicos, con  el  tráfico de la droga y las acciones terroristas pero, repetimos,  sólo si estos interesaban o no a los centros de poder del capitalismo; los “Estados fallidos, villanos, discapacitados y fracasados”; las “izquierdas irresponsables”; los gobiernos y autoridades denominados miembros del “Eje del Mal” (en sus diferentes órbitas de prioridades y movilidades determinadas por los EE.UU.), pero donde aparecen (o han aflorado por momentos), insistentemente, Irán, Corea del Norte, Sudán, Cuba, Siria, Bielorrusia, Myanmar, Zimbabwe, Libia, etc.), y la acción intelectualoide-práctica de demonizar a los intentos nacionalistas, populistas, reformistas y radicales. Y sobre todo, la oposición visceral a los nuevos movimientos sociales y políticos, organizaciones y agrupaciones que se oponen al Sistema de Dominación Múltiple (SDM) del vigente, hegemónico y unilateral capitalismo transnacionalizado y neoliberal. 

    Las acusaciones constantes han permitido desarrollar un procedimiento metódico de propaganda encubierta, sucia y desenfadada con vistas al adoctrinamiento  de  la  opinión  pública  mundial  y  lanzar,  sin  una  resistencia / oposición efectiva, la diplomacia y las represiones-guerras “preventivas,  sorpresivas  y  humanitarias”,  así  como las operaciones militares “quirúrgicas selectivas” y/o “masivas” con los consabidos, y enormes, “daños colaterales”, para defender los “derechos humanos” y evitar la “proliferación desautorizada” de armas atómicas y de destrucción masiva en países pre-seleccionados. Las acciones punitivas y armadas contra Palestina y el Líbano (agresiones permanentes efectuadas por parte de Israel), Panamá, Iraq (en dos ocasiones en menos de 15 años), Somalia, Afganistán, Haití (en varias  oportunidades),  Sudán,  Belgrado  y,  recientemente,  en Osetia  del Sur - este ataque ejecutado por Georgia, aliado de los EE.UU. y la OTAN, y adversario de Rusia -, demuestran el accionar de esa política.  

      El objetivo supremo de amenazar, al unísono, con la “guerra infinita” a “60 o más países” denominados, además, como “los más oscuros rincones del mundo”, es el de restablecer la democracia occidental con la fuerza de los cañones y culminar la nueva repartición de las riquezas estratégicas del globo terráqueo, como las energéticas y acuíferas, las forestales y los recursos minerales de mayor valía para la producción de los armamentos, así como la industria científico-tecnológica de punta o de avanzada. La “guerra sicológica” como forma de lucha para ganar las mentes y las voluntades de los hombres, viejo axioma del expresidente de los EE.UU., D. W. Eisenhower, continúa vigente.

   Paralelamente, en este mismo contexto de la década de los 90, hacen su aparición intencionada algunas seudo-teorías, también denominadas de pensamiento light (“blando o débil”), que tuvieron un enorme impacto ideopolítico y filosófico a escala  planetaria, entre las que se encontraron: “El Final de la Historia” (2) y “El Choque  de  las  Civilizaciones” (3), de los politólogos norteamericanos Francis  Fukuyama  y Samuel Huntington, en 1989 y 1993, respectivamente. Ambas concepciones hacían un llamado a la desmovilización revolucionaria al demostrar que había llegado el momento de la despolitización y  la  desideologización de las ciencias humanísticas y la política (¿?) que, según  Fukuyama -un ex-funcionario del Departamento de Estado de EE.UU.-, estaban señalando que en la realidad global se había impuesto una “[...] universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno  humano”. Para  el tecnócrata y analista político, convertido en un escritor apologista del capital, no hay alternativas y su alegato reabrió el viejo debate - al estilo hegeliano, pero nunca a la altura del gran pensador alemán - entre las posibilidades humanas de progreso infinito, muy a pesar de sus momentos de reversibilidad y de estancamiento, contraponiéndolas a las “bondades absolutas”  del capitalismo.

   Añadiéndose la otra proposición teórica de Huntington quien afirmó que los Estados nacionales habían entrado en una fase de declive total y que el futuro estaba ahora en las civilizaciones, entendiendo por éstas el nivel más amplio de identidad cultural de una persona, con especial hincapié en las costumbres, tradiciones, filosofías, idiomas y, sobre todo, en las religiones y en el conflicto brutal e inevitable entre ellas, -ocho civilizaciones señaló el profesor del Instituto Olin de Estudios Estratégicos de la Universidad de Harvard: la occidental, la eslava-ortodoxa, la confuciana, la islámica, la hindú, la japonesa, la Iberoamericana y una posible africana-, añadiendo que las ideologías serían sustituidas, absoluta y excluyentemente, por los conflictos que ocurrirían a lo largo de las líneas de quiebra culturales que separan a estas disímiles civilizaciones. Rematando su hipótesis con la siguiente afirmación: “[...] en el futuro, el origen de los conflictos no será ideológico, ni siquiera económico, sino cultural. Los choques se producirán entre países de diferentes civilizaciones”, proponiendo que el sistema de valores de occidente debían propiciar, otra vez, una “contención” para reducir sus vulnerabilidades ante “tamaño desafío”.

    En  esa  tendencia  de  creación y aparición de snobismos  surgió, además, una corriente denominada postmodernista de derecha (4) muy a tono con el discurso neoconservador neoliberal, las teorías enunciadas y los renovados discursos neo-reformistas de derecha. Estos postmodernistas reaccionarios, que  de  hecho  se  convirtieron  en  los  ideólogos del neoliberalismo - consciente e inconscientemente -, rechazaron los saberes absolutos, los sistemas racionales totalizantes y coherentes de la modernidad, incluidas la filosofía y la historia, como también los metarrelatos, el decursar histórico y sus valores más inestimables, llamando a su vez a considerar o realizar una visión atomizada y fragmentada de la historia, renegando la formulación de un proyecto de transformación de la realidad social. Para el postmodernismo de derecha no hay lugar a otra alternativa de solución a los problemas de la humanidad, aspirando cuando más, a la convivencia con los conflictos, las contradicciones, los antagonismos y promoviendo la captación pragmática de ese propio entorno capitalista transnacional. “No terminamos aún de ser modernos -tanto esfuerzo que ha costado- y ya debemos ser postmodernos”, podríamos exclamar los latinoamericanos y tercermundistas en general,  junto al destacado intelectual de Nuestra América, Tito Escobar.

La América Latina y el Caribe a tenor con la historia.    

   Hoy al fin se ha reconocido la deshonesta e indecorosa labor de las dictaduras militares y civiles en las economías, desde la  década del 60 y los años 70, aunque abarcaron hasta los 80 y algunas los 90, cuando comprometieron sus Estados-Naciones con el capital multinacional y luego transnacional. Fiel ejemplo de esta venta-privatización de todo fueron las tiranías brasileñas y, con mayor explicitez, las dictaduras chilenas y argentinas que fueron un patrón, muy fehaciente, del acatamiento disciplinado y temprano de los esquemas  neoliberales de los Chicago Boys. Por cierto, los gobiernos mexicanos de fines de los años 80 no escaparon de esa ola privatizadora hipnotizante y tremebunda, y aunque casi todos los países fueron atraídos a ese rumbo, solo mencionamos a estos por el peso específico que tienen en la región.

    También  en  la  actualidad,  se  distinguen  los  enormes estragos producidos por los regímenes  antidemocráticos  en la estructura  social,  de la (in)-capacidad  estatal  de  los  intolerantes gobiernos para resolver  o  regular  los  conflictos  sociales,  de  los  intentos   de  las doctrinas  de “seguridad nacional” por querer identificar el proyecto nacional con los intereses de las clases dominantes, el imperialismo y las  clases  dominadas, hecho irreconciliable y dicotómico. Las tiranías y los gobiernos democráticos que las sucedieron, lograron bajo un régimen de terror y represión insertar, asimétricamente, las economías latinoamericanas y  caribeñas  en  la  financiación  del  capital  transnacional  para  beneficio  de  este  último   y   de  las “escogidas” clases oligárquicas apoderadas - peones clientelistas del imperialismo - en la región. Un producto directo de esas políticas fue el intento, en algunos momentos y países, de  desmemorizar  al  pueblo,  en  especial,  a  las  nuevas   generaciones,  acerca de  lo  sucedido  con  los  golpes  de  Estado  y  sus secuelas: la desideologización, el adoctrinamiento político, incluido el apoliticismo, el  nihilismo  y  el  miedo-terror a la participación en una alternativa contestataria anticapitalista.    

    Las sociedades latinoamericanas, y otras tercermundistas, quedaron con regímenes de “democracias tuteladas, supervisadas, supeditadas y maniatadas” por reformas constitucionales que  sirven, más que todo, para que los partidos de derecha o de centro-derecha se vean reciclados en los procesos electorales, salvo las excepciones que han sucedido a finales del último decenio del siglo XX y, especialmente, en la nueva centuria. La “gobernabilidad democrática” promueve, lo que Hugo Zemelman define como, “la alternancia dentro del proyecto”, pero siempre sometidos al “proyecto liberal único”, (5) que no pueden modificar ni sustituir nada más allá de muy estrechos y estrictos márgenes.   

   En esa orgía neoliberal, y bajo los efectos del derrumbe del socialismo, la izquierda en el subcontinente fue duramente golpeada por las divisiones, subdivisiones y escisiones, así como las decepciones, las traiciones y las deserciones. Solo quedó como una luz pequeña, pero inextinguible, la Cuba revolucionaria y socialista en el denominado hemisferio occidental. Todo ello y muy a pesar de los llamados de algunos escritores y pensadores progresistas de no  participar  en  el  sepelio de ese comunismo europeo oriental. El  escritor   uruguayo  Eduardo  Galeano,  lo expresó de esta manera “[...] Estamos todos invitados al entierro mundial del socialismo. El cortejo fúnebre abarca, según se dice, a la humanidad entera. Yo confieso  que  no  me  lo  creo.  Estos  funerales se han equivocado de muerto”. (6)

    La explosión revolucionaria que vivimos hoy - generalización vs. excepciones, según el ángulo desde donde se miren concienzuda y analíticamente - que son portadoras de diferentes espectros ideopolíticos, denotan fehacientemente que hay un nuevo auge de las luchas emancipatorias. No obstante, no han resuelto, definitivamente, el dilema de  “quién ha vencido a quién”, definición leninista que supone la destrucción total del viejo aparato estatal-represivo y la construcción de uno nuevo. El optimismo no debe hacernos bajar la guardia.

Las derechas y sus continuados propósitos.

   Entonces, volviendo a los 90 del pasado siglo y los inicios del presente milenio, las oligarquías burguesas transnacionales y sus profesionales a sueldo nos quisieron obligar a la renuncia de la utopía y el sueño de los tercermundistas progresistas, imponernos una impotencia que nos llevaba a la inercia, el conformismo y la paralización de la lucha revolucionaria. Evocaron insistentemente el fin de la crítica a la realidad circundante haciendo de la filosofía política una abstracción  especulativa  y, por lo tanto, promoviendo la edulcoración  complaciente  del  presente.  Horkheimer  y  Adorno  lo plantearon de  la  siguiente  forma, “[...] las  metamorfosis de la crítica en aprobación no dejan inmune ni siquiera el contenido teórico, cuya verdad se volatiliza”. (7) Además, “[...] erosionan y fragmentan el mito, la ideología, la racionalidad histórica, los sistemas, las síntesis, el sujeto histórico, y todo aquello que conlleve a la formación de modelos, arquetipos, paradigmas.” (8) Es, en ese sentido, que el concepto de desconstrucción, de Jacques Derrida, es una clave para la caracterización de la postmodernidad.  

      Con los supuestos  teóricos del “fin de la historia”, “las ideologías”, (9) “las utopías” y “el choque de las civilizaciones”, se encubren o desaparecen, como  por arte de magia, el papel  de  las  vanguardias políticas,  el  rol de las fuerzas motrices, las clases o agentes sociales dinamizantes de la sociedad y propiciadores de la Revolución Social. A su vez, se eclipsan los cambios radicales y se omite el imperialismo, sus esencias, con las consiguientes secuelas de explotación, enajenación / alienación y opresión socioeconómica hacia los  trabajadores (los desposeídos) y los pueblos. La lucha de clases, los combates nacional-liberadores y sus antagonismos con los centros imperiales pasan a un nivel secundario o no están en el libreto de la obra. Fue y es tanto el peso del ataque ideológico enmascarado o totalmente abierto de tales presupuestos que ya no somos lo que éramos y ya no tenemos los mismos objetivos de lucha. La historia rebelde y la política subversiva han perdido legitimidad y representatividad. Como lo reflejara el escritor uruguayo Mario Benedetti: “Es [...] la No-historia (la) que nos quieren vender”. (10)

   La Revolución, en ese discurso postmodernista y conservador, desaparece del vocabulario político - por ende de la práctica - y todo lo que se parezca a un salto en la historia es considerado un accidente y/o un azar histórico anormal que pudiera endeudar el futuro. La evolución paulatina, las reformas dentro del status quo son el esquema a seguir. Se generaron y se producen discursos en donde proclaman al neoliberalismo como la única alternativa  y al pensamiento único como el único posible; y estos cooptan para sí a otros intelectuales originariamente vinculados de alguna manera a las luchas políticas y sociales, logrando una estratégica victoria a favor de la hegemonía del capital transnacional.

   La disertación acerca de la posthistoria ha determinado las barreras absolutas entre lo público y lo privado, difuminando lo primero, puesto que sugiere que, incuestionablemente, el Estado-Nación ha agotado todas sus potencialidades como principal agente organizado del desarrollo económico social y que el mercado es uno de los referentes históricos, el otro sería la democracia occidental burguesa, de la legitimación de la dominación transnacional neoliberal. Ello también ha fragilizado la Identidad Nacional en el mundo contemporáneo. Por eso, “[...]El resultado de [tal] estrategia política [neoliberal] para la instrumentación del Estado y de sus aparatos, conduce a sospechar que la humanidad en su conjunto - en cuanto que toda ella [supuestamente] se encuentra inmersa y afectada en diverso modo y grado por un irrefrenable proceso de globalización mundial -, es prisionera de un dilema mayúsculo, pues debe decidir entre ampliar los horizontes de acción, participación, deliberación y decisión democrática, o someterse de una vez por todas al círculo hipnotizador que produce el mercado a partir de la seducción creada por el mundo maravilloso de las mercancías.” (11)

    Los pensadores, filósofos y científicos sociales acríticos, preocupados cuando  más  por  la  semántica,  los  valores  estéticos  vacuos  y apartados de la realidad sociopolítica se convierten en profesores e investigadores con grandes salarios y hasta posibles fortunas, mecenazgo que le tributa la burguesía transnacional en el poder. En esa línea ideologizante, estos representantes intentan despojar a naciones y pueblos enteros de su historia y su memoria; no existe experiencia anterior y todo hay que comenzarlo de nuevo y de cero (más bien de menos cero), convocan al desmantelamiento del Estado-Nación-Soberano-Popular (el último epíteto se adapta al caso cubano)  frente al  otro  Estado  Nación-Imperial  para de esa forma imponer y consolidar la vieja-nueva dependencia, la soberanía limitada, la ilegitimación de la identidad y el poder nacional.

La guerra es ideológica-política y cultural.

    Las  esencias y manifestaciones fenoménicas, con mediaciones incluidas, no son más simples en la esfera cultural, terreno en el cual se desarrolla la gran batalla contemporánea de las ideas. El estudioso Germán Rey ha escrito categóricamente que “[...] Ya la cultura no es lo valiosamente accesorio, el “cadáver exquisito” que se agrega a los temas duros del desarrollo [...] sino una dimensión  que cuenta decisivamente en todo proceso de desarrollo tanto como el fortalecimiento institucional, la existencia de tejido y capital social, y la movilización de la ciudadanía”. Cualquier estudio que se realice del mensaje cultural del Primer Mundo es síntoma de que sus líderes, intelectuales, tecnócratas y especialistas de la propaganda  ideopolítica  y el marketing publicitario sí conocen diáfana y profundamente todo lo expuesto en los  párrafos anteriores.      

     Un “inofensivo” spot comercial, en la entrada de un restaurante McDonalds, en Indonesia, lo confirma cuando sugiere que: “Alá el Compasivo, el Misericordioso, McDonalds de Indonesia es propiedad de un nativo indonesio musulmán”. Otra valla de la Coca-Cola, enclavada en plena selva de La Lacandona, en territorio zapatista de Chiapas, “deslumbra e invita” ante la miseria y los intentos de reorganización liberadora de los “caracoles” indígenas de la zona. Estos son signos más que evidentes de la capitalización transnacionalizada del planeta a través de la imagen simbólica y real de la “MacDonalización”, la “Disneylandización” la “Cocalización” y la “waltmarkterización” (Walt-Mark), el McWorld de la vida cotidiana frente a toda forma de autonomía, soberanía y democracia. Obsérvese, por demás, cómo en cada película estadounidense se expone al público, más de una vez, la bandera de ese país, constituyéndose todas estas imágenes y mensajes, en verdaderos caballos de Troya, inmiscuidos constantemente en las culturas de los demás países y pueblos. (12) 

   Por su parte, una famosa estilista en los años 90, Dona Karen, explicaba con una naturalidad-virtual espantosa que era necesario crear consumidores a través de la promoción, la publicidad, la persuasión cultural con miras a absorber la oferta de los industriales, pero no centrándose solamente en el cuerpo sino en el verdadero blanco de la nueva economía de servicios inmateriales que vienen a ser la cabeza: el cerebro y su intelecto. Esa realidad ella la expresaba de la siguiente forma: “No quiero que los clientes tengan la impresión de que deambulan por una tienda de ropa, quiero que piensen que se están paseando por un ambiente nuevo, que los saco de su cotidianidad para hacerles vivir una experiencia que no tiene nada que ver con la ropa y que expresa su identidad como individuos”. El pasaje, que no deja de ser conmovedor, es un artificio holliwoodense de la espectacularidad de la vida porque la apariencia se convierte en una suerte de ideología alienante, que pretende convertirnos en consumidores natos, en unos enajenados de la realidad, extraños a las identidades que nos recorren, al país que vivimos, a nuestra localidad, nuestro pueblo, nuestro barrio, a nuestro propio género, raza y la clase a la que pertenecemos objetivamente. En ese imaginario pero realista supermercado todos somos virtualmente iguales, aunque solo entremos a ese “paraíso” para mirar, soñar o comprar lo más insignificante y barato.

    La unidimensionalidad del hombre, de la que escribiera con suma antelación Herbert Marcuse, (13) adquiere un ambiente geoespacial que se palpa en las galerías comerciales lo cual, muy al contrario de lo expresado por la estilista renombrada, está al margen de la mayoría de la sociedad - “esa vulgar, multirracial y peligrosa gente” -, semejando un universo ajeno, calmado, porque está resguardado por un cerrado y eficiente sistema de seguridad. Todo es un efecto de la videología  (video-ideología) que nos induce, a base de sonidos e imágenes, la insistente repetición del idioma inglés, las marcas, los logotipos, los filmes, los  video-clips y los anuncios publicitarios como únicas alternativas para ingresar al mundo más actualizado y que se convierten en una  maquinaria de  mezclar y comercializar todo. Síntesis inconclusa y confusa (fusión dirían unos y dis-fusión otros) de varias culturas, idiosincrasias y psicologías sociales, pero donde predominan los productos de los gigantescas transnacionales capitalistas.

    Y para re-imponer esa hegemonía cultural no fue casual que, sin esperar ni siquiera un segundo, los gurús de derecha arremetieran ofensivamente contra los “restos” del marxismo y el leninismo, el  pensamiento social crítico, la filosofía  de  la  liberación  y   todas  las  doctrinas  sociopolíticas revolucionarias - incluso aquellas que provenían del Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Francesa -, las cuales fueron cuestionadas fuertemente,  como  la  Revolución de Octubre, la China y la Cubana, y “puestas entre  paréntesis”, tal  como  expresara Husserl. El marxismo, como  ciencia / saber filosófico, se vio sometido a una pérdida  de  prestigio  y  de  legitimidad  sin  precedentes en la historia. Insólitamente bajo los escombros del Muro de Berlín intentaron  sepultar los socialismos europeos y, al mismo tiempo, la teoría original y creadora que poco tuvo que ver con esa hecatombe. No querían simplemente oposición práctica orgánica y sistémica ante su modelo dominador hegemónico, sino una destrucción y parálisis del pensamiento de izquierda.  

    Pero aun, en ese instante de triunfalismo y apología sin límites de la burguesía y, cuando muchos intelectuales y personalidades de izquierda y progresistas se sumaron al desencanto y diagnosticaron la “enfermedad del marxismo” o “la muerte de Marx”, los centros intelectuales imperiales y de la derecha mundial se mostraron mucho más cautelosos y si se quiere realistas. El Times Literary Supplement, de Londres, en 1998, en ocasión del aniversario del Manifiesto Comunista, publicaba una foto del “Prometeo de Trèveris” y una leyenda que decía: “Not dead yet” (Todavía no está muerto), y la revista estadounidense New Yorker culminó su cobertura, en ese mismo año, sobre el creador del fantasma que recorrería el mundo con una pregunta dubitativa, propia de una inquietud pasmosa pero al mismo tiempo diagnosticadora: “¿No será Marx el pensador del siglo XXI?”.

   La perplejidad de estos artículos - sin mucha difusión - no tanto por la posible ironía sino por la lucidez de esas mentes rivales en las que casi nadie creyó, son partes de los ingredientes más sutiles de la batalla ideopolítica y cultural.

Una dura realidad para transformar.


   En la actualidad, pudiera ser que Fukuyama haya perdido sus falsas apuestas porque las historias no terminaron y regresaron; que Huttington haya cedido espacio porque las ideologías están provocando guerras incesantemente y continúan superando la susodicha confrontación absoluta de culturas y civilizaciones; que las utopías hayan retornado nuevos bríos, fundamentalmente, por las tierras de Nuestra América; que el neoliberalismo esté en tránsito de un rotundo fracaso; que sea inminente una crisis económica del sistema capitalista, entre otros signos de debilitamiento del modo de producción explotador. Pero, ¿qué sucede y acontecerá cuando estamos conscientes que la iniciativa cultural se perpetúa en las manos y en esas mentes adversarias? 

   Los medios de comunicación masiva prosiguen en poder del capital y los alternativos, muchas veces, son escenarios de batallas bizantinas y querellas entre las diferentes escuelas, tendencias y corrientes de las izquierdas. La cultura predominante sigue siendo la de los centros imperiales, aunque hayan llegado al gobierno de algunos países, líderes que representan a las masas populares oprimidas. Una mirada a la Venezuela de hoy, muestra que el verdadero partido de oposición, proimperialista además, existente contra el presidente Hugo Rafael Chávez Frías y su proceso hacia un socialismo del siglo  XXI,  son el terrorismo mediático de las televisoras - incluidas las de cable -, las radios y los periódicos que no están dominados por el proceso revolucionario. Y es tan evidente esa realidad, que son capaces de dar la imagen de un golpe de estado - no tan  virtual - que casi le cuesta la vida al dirigente bolivariano, como el ocurrido el 11 de abril de 2002.

    Por otra parte, el destacado politólogo argentino Nestor Kohan ha disertado  sobre la complejidad de la lucha actual escribiendo recientemente “[...] ¿Qué hacer cuando los segmentos más lúcidos de la burguesía intentan resolver la crisis orgánica de hegemonía, legitimidad política y gobernabilidad apelando a discursos y simbología "progresistas", poniéndose a la cabeza de los cambios para desarmar, dividir, neutralizar y finalmente cooptar  o  demonizar  a  los sectores populares más intransigentes y radicales? (14).

    ¿Cómo cambiar las reglas del juego en el campo cultural? La respuesta siempre ha sido única para los verdaderos revolucionarios: luchar con audacia y valor, con la verdad, la integridad y la inteligencia, con la conciencia, la convicción y la voluntad irreductibles, sumándose a ese catálogo de principios y virtudes, las grandes experiencias y las enseñanzas que la historia les ha brindado en este largo camino de éxitos y derrotas. Las herencias están ahí para convertirlas en fortalezas.

    Hay que  dar  un  vuelco  radical  a  esa  situación  de  dominio  y hegemonía cultural que pretende volverse eterna. La originalidad y creatividad del socialismo que construyamos, o estemos construyendo, tiene que abandonar esa lógica-racionalista con un trabajo ideopolítico, educativo y cultural integral para sembrar nuevas ideas, principios, valores éticos y morales, construir una nueva cultura o contracultura anti-hegemónica. Muy diferente a las armas melladas del capitalismo que de poco servirán para esta larga, paciente y persuasiva batalla, quizás la más larga y difícil de todas las guerras por ganar las conciencias de millones de personas. Ganémosla a pensamiento.
 

Notas y referencias: 
 

(1)        Zbigniew Brzezinski  The Grand Chessboard: American Primacy and Geostrategic Imperatives (El gran tablero de ajedrez: la primacía norteamericana y sus imperativos), Basic Books, New York, 1997.

(2)        Francis Fukuyama  ¿El final de la Historia?, The National Interest, No. 16, 1989; y; The End of History and Last Man, Peguin Books, USA, 1992.

(3)        Samuel Huntington El Choque de las Civilizaciones y la reconfiguración de un nuevo orden mundial, Ediciones Paidos, Ibérica, S.A., Barcelona, 1997.

(4)        Frederic Jameson Postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío, en revista Casa de las Américas, No. 155-156, may.-jun., La Habana, 1986; La Política de la Teoría. Posiciones ideológicas en el debate sobre el postmodernismo, Revista Criterios, No. 25/28, La Habana, enero de 1989-diciembre de 1990; Ensayos sobre el Postmodernismo, Imago Mundi, Buenos Aires, 1995; El Postmoderno, el postmodernismo y su crítica, Selección de Desiderio Navarro, Centro Teórico-cultural Criterios, La Habana, 2007.

(5)        Hugo Zemelman   Enseñanzas del gobierno de la Unidad Popular en Chile, en Gobiernos de Izquierda en América Latina: el desafío del cambio, Beatriz Stolowicz (compiladora), Plaza y Valdés Editores, México DF, 1999.

(6)        Eduardo Galeano Un niño en la intemperie, en Interrogantes de la Modernidad, Ediciones TEMPO, La Habana, s/f.

(7)        Mark Horkheimer y Theodor W. Adorno Dialéctica del Iluminismo,  Editorial Sur, Buenos Aires,  1994.

(8)        Alejandro Serrano Caldera   El Doble Rostro de la Postmodernidad,  Editorial Amanecer, S. A., San José, Costa Rica, 1994.

(9)        Daniel Bell  El fin de las ideologías. Sobre el agotamiento de las ideas políticas en los años cincuenta, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1992.

(10)    Mario Benedetti  El capitalismo ha ganado un partido, pero no el campeonato, en Interrogantes de la Modernidad, Ediciones TEMPO, La Habana, s/f.

(11)    Jorge Velásquez Acosta  Democracia y Mercado ¿Nuevos modelos de legitimidad?, en Globalización y fin de la  historia, Universidad  Autónoma  de la Ciudad de México, México DF, 2005.

(12)    Benjamin Barber  Hacia una sociedad universal de consumidores. Cultura McWorld  contra  democracia, en  La  Gaceta  de  Cuba,  No. 6,  Nov-Dic., La Habana, 2001.

(13)    Herbert Marcurse  El hombre unidimensional, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968.

(14)    Nestor Kohan Crisis orgánica y revolución pasiva: el enemigo toma la iniciativa, en Rebelión, 22 de agosto de 2008.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

 

Aprender para aprehender y comprender críticamente al mundo actual II, por Orlando Cruz Capote*



“Han sido escrito miles de metros cúbicos
de libros contra Marx, y Marx está más vivo
que todos los que intentaron superarlo”.
Darcy Ribeiro.



A esta nueva cultura científica y cotidiana que es, además, política e integral, le es imprescindible el debate y la polémica desde la ética humanista concreta, que no obvia el carácter clasista; el saber escuchar, dialogar y comprender que nadie posee la verdad absoluta; tolerar al “Otro”, el diverso, que puede investir un diferente punto de vista pero también válido; ser capaz de aprender el nuevo sentido de dirigir obedeciendo con humildad y modestia; admitir que el verdadero conocimiento es aquel que duda; ser crítico-constructivos con nosotros mismos y con los objetos y sujetos sometidos al análisis. Sin embargo, hay que re-pensar y re-crear en todas las esferas de la vida material y espiritual, pero sin caer en ingenuidades, espontaneísmos y subjetivismos-voluntaristas inocentes, muchas veces signados por la inercia, la apatía, el nihilismo y el apoliticismo.

Mucho menos extrapolar los métodos y conceptualizaciones de las ciencias naturales, exactas y aplicadas al terreno de las sociales, sin estudiar el comportamiento individual y colectivo del ser humano ante todas las realidades complejas que enunciamos. Si partimos de que existen diferencias y similitudes, cualquier reduccionismo de un lado o del otro puede ser fatal. El darwinismo social, el (neo)-malthusianismo, el mecanicismo, el relativismo y otras tantas teorías -como el mencionado enfoque de la complejidad mal empleado- no pueden volver a obnubilar a los que trabajan los problemas sociopolíticos, económicos y culturales de la humanidad con fórmulas abstractas, no aplicables y otras muy específicas, pero no afines con la situación histórico-concreta del cuerpo societal.

Porque hay que distinguir en ese maremagnum de problemáticas, con un fino olfato ideopolítico, cuáles son las variantes que ayudan a la liberación nacional y social de los pueblos y las que pueden paralizar o hacer retroceder esas luchas, puesto que los procesos que caracterizan al Fast World capitalista actual están incidiendo en una visión subestimante y, a la vez, deprimente sobre los nacionalismos radicales (que provienen de su raíz histórica-cultural patriótica y solidaria, nunca racista y xenofóbica), hasta el nacional-reformismo y el populismo, los sentimientos y convicciones patrióticas, las tradiciones histórico-culturales originarias y más genuinas, así como las populares, que intentan sean reducidas a un simple folclor para turistas, al igual que las creencias, ritos y los mitos locales-nacionales que pretenden sean subalterizados.

Por eso los conceptos que reflejan, aunque no en todas sus aristas, los fenómenos reales de la multiculturalidad, la transfronterización, (1) la heterogeneidad y las complejas diversidades e identidades existentes hoy, provenientes algunas del pasado histórico, se encuentran en un franco tránsito hacia una pretendida re-dominación unilateral homogeneizante por su carácter globalizador natural y transnacional -este último además neoliberal- y han invadido la cotidianidad de la vida social y ciudadana en un numeroso grupo de naciones del planeta (o en casi todos), aunque los impactos más negativos se aprecian con mayor nitidez en el Tercer Mundo y en los bolsones tercermundistas de los países industrializados.

A su vez, el denominado “nomadismo identitario” - la multiplicidad de las identidades y/o el traspaso de unas a otras (el “Yo” en el “Otro” y en “Otros”)- se está produciendo con un carácter y una forma contraproducente, porque aunque muestra una movilidad, diversidad y entrecruzamiento interesante, proclive a un intercambio provechoso e identificaciones variadas, es también demostrativo de fuertes luchas por los espacios logrados o por conquistar, así como por los sentimientos encontrados de racismo, discriminación, xenofobia y exclusión presentes, en mayor o menor medida, en todas las sociedades.

También, porque los vínculos entre homogeneización (así como los propósitos de uniformización extrema) y pluralidad, entre universalismo y particularismo, (2) han cambiado en el sentido de la multiculturalidad que ya no solamente abarca aquella históricamente establecida -la que signaba las resistencias radicales de los pueblos originales y la de los mestizos nativos nacionales-clasistas explotados y oprimidos, contra los opresores y explotadores-, que no obstante continúan existiendo, sino la otra que convoca a una diversidad cultural, étnica, social y nacional que no son obstáculos irremediables para la modernización en el sentido positivo de los cuerpos societales. Porque todos ellos pueden asumir, y de hecho lo hacen, formas paralelas-alternativas que conviven en armonía o desarmonía, efímeramente o no, con las contradicciones endógenas y exógenas presentes.

Asimismo, porque la multiculturalidad e hibridación de los sistemas de vida están constantemente interpenetrándose e interceptándose de forma natural o violentamente. La heterogeneidad sociocultural y los desafíos de las costumbres surgen no solamente por la influencia exterior sino porque en cada región, nación y localidad coexisten varios códigos semánticos, se articulan redes complejas y heteróclitas de prácticas civilizatorias y signos, de préstamos de transacciones culturales muy diversas y universales, entre otras. Esta hibridación, a veces no completamente articulada o lograda, no elimina en el capitalismo el desigual acceso a la riqueza de las diferentes clases, grupos, sectores, segmentos y estratos sociales, su explotación, alienación / enajenación, opresión y marginación, pero está exigiendo reformular las concepciones que separaban maniqueamente lo extranjero de lo nacional, lo popular de lo elitista y lo tradicional de lo moderno. La calidad humana, ética y estética, además del contenido revolucionario del texto, del mensaje y las imágenes que se presenten es la línea divisoria de lo auténtico y legítimo vs. lo falso y lo no fidedigno.

En estos “nuevos” sistemas societarios, muchos de ellos transitando hacia formas económico-sociales y científico-técnicas superiores -esa es aún una remota posibilidad para todos los actores mundiales- hay, sin embargo, apropiaciones mutuas de conocimientos, simbologías, mitos, creencias, cultos, religiones y culturas, por lo que la modernidad o la “postmodernidad” no son obligatoriamente entes sustitutivos de las tradiciones preexistentes en los pueblos del Tercer Mundo y, en especial, los latinoamericanos y caribeños, y ni siquiera en las sociedades industrializadas.

Existe en la actualidad una tendencia a un intercambio creciente de saberes y conocimientos entre las culturas indígenas y/o oriundas acerca de la medicina natural, elementos curativos a través de la fuerza de la energía mental, el tratamiento con las manos, la acupuntura, la concentración yoga u otras variantes, así como creencias y nociones más adecuadas, ecológicamente, de cómo debe comportarse el hombre en su entorno natural, pero diverso y plural, y los descubrimientos científicos más avanzados de las civilizaciones y culturas adelantadas tecnológicamente, en especial las del mundo occidental industrializado, que brindan también elementos valiosos de sabidurías, así como formas educacionales-culturales aprovechables. La solución en esta fase de “culturalización de conflictos”, sería la subordinación relativa y la necesaria complementación / integración de las autonomías, las soberanías y todo ello sin perder las diversas identidades nacionales, culturales y otras tantas, autóctonas y auténticas, que nos recorren.

La realidad sociopolítica contemporánea y los impactos de la mundialización transnacional capitalista: La lucha de clases continúa.

No obstante haberse producido el colapso de los proyectos del autodenominado “socialismo real” en el centro-este europeo y la Unión Soviética, la pérdida de legitimidad y el desmantelamiento paulatino del Estado-Nación -incluyendo, paulatinamente, al fuerte, providencial y benefactor burgués-, la desintegración de Estados Multinacionales en pequeños y débiles estados nacionales, o mucho menos que eso, promovidos increíblemente por los diseñadores de la “Aldea Global”, en contraposición a la “Aldea Local”, han renacido con fuerza en los años finales de la pasada centuria, los gobiernos populares y revolucionarios, nacionalistas e integristas con la consabida aparición, resurgimiento y fortalecimiento, paradójicamente multiplicados, de las identidades diversas o heterogéneas, representadas por los nuevos movimientos sociales y políticos que abarcan disímiles grupos y sectores de la sociedades -la realización de los Forum Sociales Mundiales es un ejemplo de esa diversidad- que han derivado a un corrimiento hacia las identidades culturales, tanto regionales como locales, estas últimas de forma predominante, aunque con una lenta reanimación de los intentos políticos, económicos y sociales integracionistas regionales, complementarios y solidarios. Y también subsistieron los socialismos en Cuba, China. Vietnam, Corea del Norte y Camboya o Kampuchea, cualesquiera que sean sus características y particularidades, y que provienen de la pasada centuria.

Sin embargo, algunos de los movimientos sociales y políticos de nueva factura han subestimado y otras veces obviado que, fundamentalmente, sólo sobre la base de una articulación y una integración de lo diverso, de lo autonómico o local con lo nacional y estos, a su vez, con lo internacional, es y será posible una resistencia única y poderosa, articulando la heterogeneidad de estas organizaciones y/o movimientos, ante la hegemónica globalización capitalista neoliberal. Ello sin soslayar que la crítica principal a este modelo parte, evidentemente, de la capacidad de estos movimientos para organizar a diversas fuerzas políticas y sociales de carácter local, regional, nacional y mundial, que ya han demostrado una formidable y creciente resistencia tanto teórica como política, al señalar que la globalización no tiene que ser un proceso que transcurra desde una rayana hegemonía o hacia un inevitable sistema de dominación múltiple del capital, como ha venido ocurriendo, casi siempre, de forma fatalista.

No obstante, los intelectuales revolucionarios orgánicos, los líderes de izquierda de amplio espectro ideopolítico, los demócratas y progresistas, así como las organizaciones populares de base, aquellas que construyen el poder desde abajo, han puesto en entredicho ciertos esquemas dominantes en la reflexión político-social e histórica, pronunciándose por una globalización solidaria, humana, pacífica e integracionista en el que el tema de la democracia popular directa y representativa - teoría y práctica - sea un principio de legitimidad para que un mundo mejor sea necesario, posible e imprescindible.

Los que vivimos en este planeta y tiempo histórico sabemos -o debemos saber- que la época de la globalización transnacional capitalista neoliberal es también un período asimétrico de intensa mundialización natural de la humanidad y de procesos simultáneos de globalizaciones altercapitalistas, otros antiglobalizadores absolutos, así como de verdaderos “agujeros negros” societal-civilizatorios a los cuales no han penetrado, o lo han realizado en muy poca cuantía, estos fenómenos transnacionalizadores. En estos países y regiones los efectos son pobres aún o se les ha contrapuesto una enorme resistencia tradicionalista (religiosa, étnica, tribal, local y nacionalista) consciente e inconsciente; o ha sido consecuencia de la asimétrica difuminación de tales ideas y adelantos científico-técnicos.

Pero, la denominada “norteamericanización”, la “europeización” o la transnacionalización en términos de “glocalización” y la “indigenización” no sólo pretenden allanar las diversidades y heterogeneidades, sino “parasitar” más que todo estas diferencias regionales, nacionales, locales y culturales con vistas a obtener esperanzas de productividad, efectividad y ganancias, una mayor plusvalía según Carlos Marx. El autor Leslie Clark plantea que “[...] En cierta medida, la globalización económica ha cambiado [...] al facilitar la incorporación de socios locales a las redes transfronterizas de las corporaciones globalizantes y al permitir que estas aprovechen las ventajas de los socios y recursos locales, ventajas que pueden compartir con las élites locales.” (3)

En especial, a los gobiernos del denominado Tercer Mundo o de aquellos países que han sido arrastrados a ese status de subdesarrollo y dependencia, como sucede con las naciones del este-europeo (los ex-socialistas) y las zonas periféricas del Norte Industrializado, se les orienta que reduzcan el Estado-Nación al cumplimiento de funciones policiales para controlar a las masas populares; suprimir sus prerrogativas para decidir la planificación, regulación y control de las economías; invalidar y violar las leyes estatales, federales y autonómicas (las provinciales, municipales, distritales y también las locales); eliminar sus derechos para determinar los emplazamientos (cuáles y dónde) de nuevas industrias y servicios, incluidos los bancarios, culturales e informáticos. Asimismo, se les indica la ubicación, con la cantidad incluida, de las inversiones de capital transnacional, casi siempre hacia la propiedad privada, de las nuevas tecnologías, sobre el mercado destinatario, su comercio, que están privilegiando al sector privado de la oligarquía local, así como eludir las normas ecológicas y de protección medio ambiental, entre otras imposiciones-restricciones.

En muchos casos, además de la realidad actuante, se hacen verdaderos discursos teórico-políticos y “científicos” que pretenden tener como punto de partida una totalidad, subestimándose u omitiéndose las partes o componentes del Sistema de Dominación Múltiple del Capital (4) -se esconde la cultural con fines bien predeterminados-, disminuyendo arbitrariamente sus desigualdades, asimetrías, inequidades y, más que todo, las tendencias alternativas-críticas, gubernamentales y no gubernamentales (ONG) de la sociedad política y la sociedad civil. También se resta importancia a la acción de los Estados-Naciones populares, las autonomías, los esfuerzos de cooperativas locales y las formas de gobierno autogestionarias que se ensayan en procesos revolucionarios de variado espectro ideopolítico, y la fuerza, con mayor o menor dimensión, de las potencias emergentes, a los diversos procesos integracionistas y a los múltiples actores tradicionales y modernos, locales y regionales, nacionales y mundiales que desean un Nuevo Orden Internacional, así como al funcionamiento del multilateralismo y la necesidad de un reajuste más democrático y justo de los diversos escenarios. Aún más, se evitan, ocultan, minimizan o se prohíben a los pensadores de izquierda, quienes quedan relegados a las páginas Web de los periódicos alternativos digitales que, a pesar de todo, están siendo convertidos en verdaderas armas de combate contra los dueños de la informatización -pensamiento único- globalizada transnacional capitalista.

El debate ideopolítico esclarecedor y las izquierdas.

En este contexto, las izquierdas resaltan los problemas esenciales de la independencia, la soberanía, la autonomía, la integración solidaria y la urgencia de que se respeten los derechos de las naciones y pueblos (estos últimos casi siempre referidos a pueblos originarios que radican en varios Estados naciones fronterizos) a construir las sociedades colectivas que entiendan -en un marco jurídico que no afecten a terceros-, sobre la base de la mayor democracia participativa-directa posible y necesaria. Una democracia real y justa, de equidad, de libertad y justicia social en donde los individuos y los colectivos construyan sus ordenamientos y normativas jurídicas y éticas.

La movilización de la sociedad civil, en sus múltiples variantes y diversidad, como importante fuerza popular dinamizadora tiene que desempeñar un mayor rol en el proceso integracionista desde un comprometimiento que tenga sus raíces en lo local, lo nacional, tránsito de lo universal. Ello es tan necesario porque la mayoría de los discursos desde el poder han quedado en una promesa postergada, han sido cuestionados y han caído en una incredibilidad frustrante. Sólo con el apoyo decidido de los movimientos sociales y políticos contestatarios -nuevos y tradicionales- al Sistema de Dominación Múltiple del capitalismo se podrá catalizar y rescatar, a partir de las masas populares, la cultura política alternativa de un nuevo y positivo redimensionamiento del Estado-Nación, la Identidad Nacional, las autonomías, las soberanías y la urgencia de la articulación-integración de lo diverso.

La riqueza y complejidad de la realidad nos muestra paradojas que pueden ser aprovechadas, fortalezas que deben ser desafiadas o debilitadas desde dentro del sistema capitalista mundial, para brindar una respuesta y un accionar, no solo diagnosticador y propositivo, sino de tomar la iniciativa histórica. Porque la defensa de lo “local” o lo “nacional”, hasta lo regional, también transita por el riesgo de que esta sea usufructuada y reutilizada por los políticos nacionalistas y/o populistas (algunos de la peor especie, por ejemplo, los fascistoides) y, especialmente, por la denominada burguesía “nacional” y/o la “interior”, que tienen el objetivo de contrarrestar y minar el activismo de la clase obrera o desposeída -en su nueva reconfiguración y dimensión-, y de los movimientos sociales y políticos antiglobalización capitalista neoliberal.

Cualquier iniciativa “nacional” o local, de los “movimientos nacionalistas” y otros, que no tomen en cuenta el poder estructural y los intereses del capital transnacional, fundamentalmente del imperialismo norteamericano, deviene en una falsa dicotomía que puede llevar a la conclusión de que el capital nacional virtualmente es sinónimo de nación. Así, los intentos de los movimientos sociales, los partidos u organizaciones de izquierda y de la intelectualidad progresista de acometer la lucha antiglobalizadora transnacional negando el rol de la lucha de clases o el enfoque clasista de sus plataformas políticas, invalida o tuerce el camino hacia una resistencia y desarrollo activo-efectivo de la alteridad al hegemonismo capitalista neoliberal que es, asimismo, un signo de debilidad de la actual ideología de la izquierda alternativa mundial. Es lo que denomina el estudioso Gerard Greenfield, como el empleo de “[...] la retórica del antiimperialismo sin desafiar al capitalismo.” (5)

En algunos países y regiones, el redimensionamiento del Estado-Nación toma el rumbo de una transformación gerencial del orden público nacional. Esta construcción de un nuevo nacionalismo basado y disfrazado en un modelo gerencial (subordinado o subalterno) de gobernabilidad va más allá de un sistema-método autoritario que defiende únicamente los grandes negocios de la oligarquía burguesa en un país. Se convierte, y es así en la mayoría de algunos modelos nacionales y regionales, en una estrategia para insertar profundamente al capital “local”-nacional, con mixtura regional y transnacional, en la internacionalización capitalista. Y tratan de que esa reorganización del Estado-Nación opere como un agente de primer, segundo o tercer orden, con el fin de sesgar las protestas antiglobalizadoras y, muy especialmente, la omitida confrontación antagónica entre el trabajo y el capital, entre el obrero-asalariado y el capitalista, entre el poseedor y el desposeído.

De forma paradójica muchas demandas de la heterogénea izquierda planetaria contra la hegemonía del capitalismo transnacional coinciden -o la hacen coincidir algunos actores sociales- con los intereses nacionalistas del capital “local o nacional”. El sentido de la contradicción que trata de ocultarse es la existencia de una supuesta burguesía nacional en un mundo cada vez más transnacionalizado, en la que ella es igualmente nacionalista e internacionalizante. Olvidándose la sentencia del politólogo Nicos Poulantzas de “[...] No puede haber duda de que la política burguesa enfrentada cara a cara con la nación está sujeta a los peligros de sus intereses particulares: de hecho, la historia de la burguesía se caracteriza por una continua oscilación entre la identificación con - y la traición - a la nación [...].” (6) Concepción que es reforzada por una afirmación de Bob Jessop cuando explica que, para comprender el sentido de la clase capitalista local transnacionalizada y los cambios que han transformado a la burguesía nacional en una burguesía interior, es necesario saber que “[...] Esta burguesía interior no es totalmente dependiente del capitalismo externo - como lo es la burguesía compradora [importadora] -, la cual carece de una base propia de acumulación y está económica, política e ideológicamente subordinada. Tampoco es lo suficientemente independiente para jugar un rol de liderazgo en ninguna lucha antiimperialista genuina (como lo es la burguesía nacional). Esta posición intermedia no significa que la burguesía interior carezca de algún grado de independencia. Al contrario, tiene su propio basamento económico y sus bases de acumulación locales y externas y mantiene sus propias orientaciones políticas e ideológicas nacionales opuestas al capital norteamericano [...]”, (7) y no solo a éste, según los casos. Esta definición de burguesía interior, es un concepto operacional que permite realizar dos dimensiones críticas de la misma: la integración - paulatina y acelerada - con los circuitos del capital extranjero y, la posesión de su propio fundamento económico y bases de acumulación en el país y en el extranjero.

Todo ello nos conduce a corroborar que es sumamente importante, desde el ángulo táctico y estratégico, que los movimientos sociales y políticos antiglobalización comprendan que el capitalismo transnacional se apropia de la defensa de lo “local” como un medio de relegitimarse. Por ello una visión estrecha, dogmática y esquemática de la lucha frontal o de posiciones, con las respectivas políticas de alianzas y compromisos, de los diversos movimientos alterglobalizadores, antisistemicos o no, hacia el nacionalismo y las apelaciones a la soberanía nacional, con pretendidas ínfulas de defenderse ante lo extranjero, más la autosuficiencia nacional - entre otras consignas ideológicas donde el pragmatismo parece ser lo dominante - puede promover alternativas que refuerzan la lógica metabólica reproductiva del capital transnacionalizado.

Sin una mirada concienzudamente crítica y clasista cualquier política de izquierda en este mundo tan complejo puede perderse y convertirse en un boomerang más peligroso que la parálisis de pensamiento y acción. Cuando se pierde el enfoque clasista del análisis nacional, regional e internacional y se utilizan términos ambiguos para denominar a los explotados y oprimidos, como: “multitudes”, “gente indigente”, “ordinaria” y hasta “marginales” o “pobres”, se puede identificar a éstos y los explotadores con el ideal y la realidad de la nación, extrayendo la lucha de clases, siempre presente, de la ecuación alternativa que es, indudablemente, un punto de partida fundamental de la problemática del proceso globalizador capitalista transnacional neoliberal.

La historia que se construye debe entonces dejar de ser exclusivamente reflejo de la autoconciencia occidental -del Norte rico- que tanto ha gustado de edificar e imponer metarrelatos de sí misma a partir de sus propios referentes nacionales, culturales e históricos. Las otras historias, las de los pueblos naciones asiáticos, africanos, de Oceanía y las originales de América del Norte, y los grandes pueblos oriundos y mestizos de Latinoamérica y el Caribe -enclaustradas muchas veces en sus propios esquemas tradicionales, en parte por la exclusión y explotación a que han sido sometidas-, y lo más esencial, la historia de los explotados, marginados y excluidos de cualquier relato y protagonismo -los hombres y mujeres sin historia- deben incorporarse como expresiones relevantes de espacios y temporalidades trascendentes para toda la humanidad.

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Nestor García Canclini Cultura y Sociedad. Homogeneización y Pluralidad Cultural. Universalismos y Particularismo, en revista FERMENTUM, Año 3, No. Especial 6 y 7, enero-agosto, Mérida, Venezuela, 1993; Martin Hopenhayn ¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura, En Cultura, política y sociedad. Perspectivas latinoamericanas, (Daniel Mato, Compilador), CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(2) Daniel Mato Teoría y política de la construcción de identidades y diferencias en América Latina y el Caribe, Editorial Nueva Sociedad / UNESCO, Caracas, 1994; Des-fetichizar la “Globalización”, en Colectivo de Autores Cultura, política y sociedad, CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(3) Leslie Clark The Transnational Capitalist Class, Blackwill, Oxford, 2003.

(4) Gilberto Valdés Gutiérrez El Sistema de Dominación Múltiple del Capitalismo, Tesis de Doctorado en Ciencias Filosóficas, Biblioteca Especializada del Instituto de Filosofía, La Habana, 200l.

(5) Gerard Greenfield Bandung de vuelta: Imperialismo y nacionalismo antiglobalización en el sudeste asiático, en El Imperio Recargado, Editores Leo Panitch y Colin Leys, Socialist Register, (2005), CLACSO, 2005.

(6) Nicos Poulantzas State, Power, Socialism, Verso, London-New York, 2000.

(7) Bob Jessop Nicos Poulantzas: Marxist Theory and Political Strategy, Macmillan, London, 1985


*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba


Hablando de Sarah Palin, por Norelys Morales Aguilera

Poco a poco se va sabiendo sobre las ideas -o la escasez de ideas- de la propuesta a vice de John McCain. Entre las “ novedades” de la carrera hacia la Casa Blanca, el candidato republicano presentó a Sarah Palin en la Convención Republicana y ha armado tremendo alboroto. No es para menos: una mujer, joven y sin historial. Unos no salen del asombro, a otros les da miedo...

Lo que mejor sabemos de las elecciones en Estados Unidos es que no sabemos. No digo quién va a ganar, eso lo decidirán los votantes, que curiosamente y merced a un complicado sistema muy publicitado y poco entendido, no es la amplia mayoría de los ciudadanos que parecen involucrados en el ¨ejercicio democrático¨.  Si no, que no sabemos cuál trapo sucio tiene de veras cada quien y en qué momento alguna cascarilla o matiz decidirá en el curso de la campaña.

Valdría la pena darle la espalda a ese espectáculo, pero se trata del país más poderoso cuyas acciones, ya sea desatando una guerra o llevando al mundo a una crisis financiera puede decidir en la suerte de muchos en el planeta tierra. En este momento, las dificultades económicas internas hicieron pasar a segundo plano las guerras, gastos y muertos por ese motivo. Los dos principales aspirantes por el bipartidismo autoritario juegan a saber más de economía.

Ataques verbales de diverso calibre, vida privada, imagen… cualquier cosa pasa a ser importante y nadie ni se queja ni protesta en Estados Unidos del insultante despilfarro de dinero que se invierte por parte de cualquiera de los dos principales candidatos en el maratón electorero. Los candidatos independientes, por cierto, son también ricos.

Ya se ha iniciado lo que se considera la recta final de la carrera hacia la Casa Blanca. Es la versión moderna de Roma. Cada candidato, Barak Obama y John McCain han nombrado sus vicepresidentes optantes y el segundo trajo una gran sorpresa, sacó la carta escondida debajo de su manga.

Su vice es una mujer, desconocida casi hasta ese instante, Sarah Palin, dejando boquiabiertos a casi todos. Comenzó a hablarse del "Fenómeno político Palin". Mucho seguirá dando que hablar la señora. Por lo pronto la moda sigue sus gafas e Hillary Clinton rehusó contrastarse con su imagen.

Durante un discurso pronunciado en su iglesia, aseveró que la guerra en Iraq era un plan de Dios, que “sus líderes nacionales están enviando a los soldados a Iraq para llevar a cabo una tarea que viene de Dios”, y también se refirió a la construcción de un gasoducto en la parte del North Slope hacia el sur en Alaska, donde “la voluntad de Dios tiene que hacerse con la unificación de las personas y las compañías para conseguir que se construya esa línea de gas”, y los exhortó a orar por eso.

Difícilmente en Estados Unidos hoy alguien se presente como racista, pero el racismo subyace. Es evidente que las multitudes que deliran con la "barracuda de Alaska" son abrumadoramente blancas, motivadas por la mágica aparición, capaz de quitarles la contradicción en la que estaban sumidas frente a la perspectiva de tener que votar a John McCain para impedir que alguien como Barack Obama llegara a la Casa Blanca.

Barak Obama esta siendo presentado, en una audaz jugada publicitaria, como el producto insignia de universidades prestigiosas, el intelectual elitista imbuido de ideas foráneas, mientras Sarah Palin asume el papel de la mujer del pueblo, la madre quintaesencial, la que corporiza los valores tradicionales de la sociedad norteamericana como Dios, nación y familia.

Por eso, su pobre desempeño, en la entrevista que le concedió al periodista Charles Gibson, de la cadena ABC; su obvia falta de conocimiento de las cuestiones internacionales; sus respuestas vagas y prefabricadas difícilmente vayan a tener algún efecto sobre su masa de adoradores. Así considera Mario Diament de lanación.com.

Lo que Sarah Palin está demostrando es que el conocimiento, la formación, la cultura y la experiencia no son valores necesarios para gobernar en Estados Unidos, si Bush no fuese suficiente. Muchos han declarado que temen a esta mujer, miembro de la Asociación del Rifle y sentada en su despacho sobre la piel de un oso muerto.

Total, si en el 2008 se opuso a una propuesta para incluir al oso polar en la lista de especies amenazadas, arguyendo que perjudicaría el desarrollo de instalaciones de gas y petróleo en las costas norte y noroeste de Alaska y que no resultaría beneficiosa para estos animales.

Seguramente Sarah Palin nos muestre que resultará una peor variante para Latinoamérica que Joe Biden con Obama, tomando en cuenta además, que el asesor para América Latina de McCain y Palin es Otto Reich, un cubano que emigró a Estados Unidos huyendo de la revolución cubana, terrorista, corrupto y encargado de algunas de las guerras sucias libradas en Latinoamérica.

En cuanto a Cuba las ideas de McCain están muy claras: bloqueo, terrorismo, acoso y dinero para acabar con todo lo que la Revolución defiende y aliado a lo peor de la mafia cubano-americana. Por lo mismo está Sarah Palin. No se la puede imaginar de otro modo rifle en mano y recostada en un sofá teniendo sobre sí la piel de un oso, con su cabeza coronando la poltrona y la boca abierta en un gesto que recuerda más bien a un estertor. Remata un cangrejo que ningún pecado debe haber cometido.

Entre las defensoras de la aspirante a vicepresidenta de Estados Unidos, tenemos a Ileana Ros Lehtinen, competente para pedir que se asesine al presidente de Cuba, entre sus fechorías y "audacias" . Por otro lado, en su blog personal la artista norteamericana Lindsay Lohan defendió a la comunidad gay ante la postura de la gobernadora republicana sobre los homosexuales y le recomienda no posar más en portadas de tabloides. "No eres una celebridad, estás compitiendo para representar nuestro, tu, mi país", escribió.

A propósito de la última propuesta del profesor de Binghamton, por Felipe de J. Pérez Cruz

El Socialismo del Siglo XXI y el fin del internacionalismo:

Recién el profesor James Petras nos ha regalado sus nuevas consideraciones sobre el socialismo en el Siglo XXI (1). Se trata de un artículo que motiva más de una pregunta; sin embargo, de todas resulta muy significativa la que pudiera interesarse con el profesor de la Universidad del Estado de Nueva York, en Binghamton, sobre la devaluación que manifiesta de la política exterior de solidaridad y el internacionalismo de los Estados socialistas en el Siglo XX.

El equilibrio entre la política interna y externa de un Estado, resulta un tema bien complejo y no siempre se resuelve, como lo intenta hacer el profesor de Binghamton, por métodos contables y racionalidades económicas. Pero no pretendo iniciar un debate sobre teoría y praxis de relaciones internacionales. Me interesa más el aspecto histórico y su ética política.

¿Internacionalismo versus alienación?

“Frecuentemente –afirma el profesor Petras- los gobiernos socialistas del siglo XX alienaron a sus trabajadores desviando grandes cantidades de ayuda a países extranjeros... Esta tesis que vincula al ejercicio del internacionalismo con la alienación resulta insostenible.

No hay página más hermosa de la historia contemporánea que la que escribieron las naciones -del socialismo que realmente existió-, y en particular la URSS, en apoyo solidario a otros pueblos: ¿Pueden los españoles republicanos, chinos, coreanos y vietnamitas… dejar de reconocer lo que significó la ayuda material soviética en momentos de cerco y guerra imperialista? ¿Quién soportó los mayores rigores de la agresión nazi, quien aportó el mayor caudal de víctimas, quien ganó para la liberación de Europa y del mundo, las más decisivas batallas? Los cubanos patriotas, lo aseguro, jamás olvidaremos el aporte mundial y la solidaridad concreta recibida del pueblo soviético.

¿Y esta práctica internacionalista de qué “alienaba” a los trabajadores soviéticos? ¿De “inversiones masivas en viviendas de calidad bien equipadas –nos asegura el profesor de Binghamton- , transporte público y de infraestructura, de ropas y zapatos”, de más gramos de mortadela y queso? ¿De “conciencia medioambiental”?!!!

Se trata ésta de una lectura sumamente sesgada de la problemática económica soviética: los factores de retraso, freno e involución del modelo soviético, están suficientemente estudiados en estos últimos años, en muy documentados estudios. Es consensual que las causas fundamentales de la derrota, están en la negación de los postulados humanistas y revolucionarios del socialismo, en los errores de dirección económica, donde el cerco, el sabotaje y la subversión imperialista no dejaron de tener una presencia notable.

Para el profesor Petras el socialismo es una construcción económica automática, sin antagonistas, una alternativa de hacer o no hacer, “diversificación económica” de “invertir más en industrias”. Pero no nos dice de dónde salen los fondos de inversión, el capital y la tecnología: ¿Qué era Rusia a principios del Siglo XX: país atrasado, feudalizado, sólo con algunos enclaves industriales en la región europea, una cárcel de pueblos ferozmente oprimidos, hambreados…? ¿Y qué de la invasión y destrucción del naciente Estado soviético, por los ejércitos de las potencias imperialistas y las fuerzas contrarrevolucionarias de la oligarquía zarista? ¿Y la catástrofe humana y material que le fue impuesta a la URSS durante la II Guerra Mundial?

El establecimiento de un nuevo tipo de Estado multinacional, que aspiraba a desarrollar la amistad entre los pueblos, constituyó un hito en la historia humana, independientemente de los cursos negativos por los que la concreción de tal ideal derivó. Si en algo avanzó la socialidad socialista en la sociedad soviética, en medio del trauma represivo nunca resuelto del estalinismo, si por un buen número de años crecieron los ideales sociomorales socialistas, y se pudieron mitigar, entre otras, las secuelas de los errores de la política de nacionalidades, fue precisamente por las inmensas tareas solidarias que se realizaron en nombre del socialismo, tanto dentro del multinacional Estado como en otras partes del mundo.

Al formarse el sistema mundial del socialismo, tras la victoria de la URSS y los pueblos contra el fascismo, se abrió la posibilidad del establecimiento de nuevas y progresivas relaciones de paz y colaboración mutuamente ventajosa entre los Estados. Las naciones oprimidas por el imperialismo encontraron desde entonces seguros aliados y el mundo colonial pudo finalmente sacudir sus cadenas y derrotar en muchas partes las políticas neocoloniales.

La política solidaria e internacionalista de la Unión Soviética y de los países socialistas, respondió a los imperativos de la lucha de clases a nivel internacional, fue expresión legítima de las necesidades de fortalecer los entornos del Estado socialista y su comunidad, y se constituyó en tal medida en un instrumento de seguridad nacional.

La solidaridad y el internacionalismo no resultaron incólumes –y ello es parte de la lógica de los acontecimientos- a las tendencias negativas y los errores de la política exterior soviética y al seguidismo acrítico de la mayoría de sus aliados. Quienes pretenden criticar unilateralmente esta situación, descontextualizan la realidad histórica de un Estado sometido a bloqueo económico y cerco militar constante. Olvidan que no fue Iósiv Stalin, sino Winston Churchil en su discurso de Fulton (Missouri) en 1946, quien llamó a la creación de la “Cortina de Hierro”, con la que se hizo público el inicio de la Guerra Fría y la confrontación Este-Oeste.

¿Qué nos propone hacer el profesor Petras?

“La primera prioridad del socialismo del siglo XXI –afirma el profesor Petras- es la solidaridad en casa”. El profesor de Binghamton al parecer olvida dónde está la “casa”…

Vivimos tiempos en que el capital se internacionaliza y concentra como nunca antes en la historia. La sociedad globalizada de la propuesta neoliberal, implica una nueva división de tareas, que profundiza la injusta división internacional del trabajo existente, y agudiza los mecanismos de marginalidad productiva y científico-tecnológica, explotación y subdesarrollo de nuestros pueblos.

La concentración corporativa global por compras y fusiones entre empresas en todo el mundo alcanzó una cifra récord al cierre de 2006, cercana a los cuatro billones de dólares estadounidenses. Esto significa que las empresas son cada vez menos pero cada vez más grandes, con mayor poder para imponer sus productos y pautas de consumo a nivel planetario, determinar condiciones laborales o desempleo y ejercer presiones de todo tipo sobre congresistas, gobiernos o instituciones internacionales para lograr las normas y legislaciones que consideren necesarias.

Con la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las conferencias de Davos y las Cumbres del G-7, se perfecciona la coordinación de la explotación mundial, y se nos cierran muchos de los resquicios de negociación que le quedaban al Sur, como parte de las disputas inter imperialistas: a un obrero indio le imponen un salario de hambre bajo la amenaza de llevarse la fábrica para México; a su vez, al trabajador mexicano también lo extorsionan con el mismo expediente de mudar la maquila para la India… Mientras, la especialidad de la empresa moderna, la automatización y cibertrabajo, proletarizan a los más amplios contingentes de tecnólogos y profesionales.

El imperialismo mundial, liderado por los Estados Unidos, cada vez es más brutal, con sus flotas y ejércitos “multinacionales”, que desatan nuevas guerras de rapiña. Hasta son los mismos sujetos físicos los que hoy pueden estar asesinando en Irak y mañana en Afganistan. Y el torturador de la base yanqui en el territorio usurpado de Guantánamo, va en vuelo rápido, a asesorar en “interrogatorios” a sus émulos en Abu Ghraib o a alguna de las muy secretas cárceles situadas en cualquier “oscuro rincón del mundo”, incluida por supuesto la culta Europa, por donde vuelan con impunidad los secuestradores de la CIA y los servicios de inteligencia del Pentágono.

Niveles jamás alcanzados de pobreza material y espiritual para millones de seres humanos, exclusión y enajenación extremos, conforman el resultado inmediato de la internacionalización y concentración del capitalismo contemporáneo. Mientras, a mediano plazo se acerca la muerte del planeta, de la mano del irracional manejo del medio ambiente.

Frente a todo este panorama, el profesor de Binghamton insiste en que nos concentremos en la casa-país: ¿Y que las transnacionales sigan su festín de explotación en el resto del mundo? ¿Qué el hambre y el subdesarrollo flagele a otros? ¿Qué Estados Unidos continúe invadiendo matando, secuestrando y torturando?

¿Qué socialismo autosustentable podemos construir “dentro” del país, si nuestro mundo se caotiza por desastres naturales, si se envenena el aire, nos quemamos con los rayos ultravioletas, y diariamente mueren cientos de especies, que la naturaleza planetaria tardó millones de años en crear?

Una falsa propuesta

James Petras nos formula una falsa propuesta: El llamamiento de Carlos Marx: “Proletarios de todos los países, uníos!!, mantiene toda su vigencia. Solo la unidad en la lucha, la solidaridad y el internacionalismo de todos los pueblos y sujetos oprimidos, puede hacer frente al colosal sistema de retos planetarios, a la agudización de los peligros que asechan la vida humana, por la codicia y la irresponsabilidad de las transnacionales y los gobiernos imperialistas.

Los fundadores del marxismo no se equivocaron cuando consideraron que al carácter internacional del sistema de dominación, solo podía corresponder el carácter internacional de la lucha de los proletarios y pueblos oprimidos. Y este es sin dudas un legado fundamental del socialismo para todos los tiempos.

“Ninguna cuestión de importancia – afirmaba León Trotski en el 50 cumpleaños de Vladimir Ilich Lenin - puede encerrarse en un marco nacional. Amenazas visibles e invisibles solidarizan cada cuestión con docenas de fenómenos acontecidos en todos los extremos del mundo”.

El profesor Petras supedita el internacionalismo al nacionalismo, y pierde la esencia dialéctica de la cuestión: “El internacionalismo de Lenin –continúa Trotski- no es en manera alguna una forma de reconciliar verbalmente nacionalismo e internacionalismo, sino una forma de acción revolucionaria internacional”.

Para el profesor de Binghamton el internacionalismo es una construcción epistemológica, que somete a manipulación en su laboratorio de teoría reformista. Para los comunistas y luchadores consecuentes, el internacionalismo es una construcción desde y por la praxis revolucionaria: “El internacionalismo –afirmaba José Carlos Mariátegui- existe como ideal porque es la realidad nueva, la realidad naciente. No es un ideal arbitrario, no es un ideal absurdo de unos cuantos soñadores y de unos cuantos utopistas. Es aquel ideal que Hegel y Marx definen como la nueva y superior realidad histórica que, encerrada dentro de las vísceras de la realidad actual, pugna por actuarse y que, mientras no está actuada, mientras se va actuando, aparece como ideal frente a la realidad envejecida y decadente. Un gran ideal humano, una gran aspiración humana no brota del cerebro ni emerge de la imaginación de un hombre más o menos genial. Brota de la vida”.

Subsumido en un trasnochado socialchovinismo, el profesor James Petras no puede abrirse a la claridad del pensamiento de Trotski, Lenin o Mariátegui. Desprecia, porque no entiende –o no quiere entender-, la necesidad –la historicidad- de brindar y recibir, solidaridad, de forjar internacionalismo militante. Entonces, lo más fácil es decir, que el internacionalismo es una problemática secundaria u obsoleta.

¿Cómo construir un Socialismo en el Siglo XXI, reduciendo la solidaridad antimperialista, la colaboración y el internacionalismo socialista? Este es uno de los varios caminos seguros, para que no exista socialismo en el Siglo XXI.

Sin poder desembarazarse del mecanicismo y el pragmatismo de la filosofía y la economía política, que predomina y se enseña en la mayoría de las universidades estadounidenses, James Petras resuelve el internacionalismo con un simple ejercicio contable y lo encadena al costo económico.

La construcción del proyecto socialista, su ingeniería social y política, precisan cada vez más de racionalidad económica, pero jamás tal racionalidad podrá erigirse en un dictado sobre el curso de las fundamentales batallas de clase, sobre los imperativos de la propia lucha revolucionaria. La historia y la ética política una y otra vez nos dan respuestas precisas: ¿Tenía la URSS en pleno despliegue industrial de los años treinta, que medir costos para acudir a apoyar a la República Española? ¿O le era más importante resarciese de las profundas heridas de la guerra, antes de acudir a apoyar –a salvar- la Revolución China?

¿Podemos hoy abandonar a Bolivia en su desigual combate contra el imperio…por razones de costo económico, por preservar los recursos para inversiones nacionales, por comer, vestirnos y calzar mejor? ¿Es muy difícil comprender que en la batalla boliviana, está también comprometida nuestra suerte, la posibilidad del avance del socialismo o su freno: la suerte de cada uno de los pueblos de América?

 ¿Podrán entender algún día el profesor James Petras y sus émulos de la “racional” academia occidental, que el socialismo es y será por siempre creación heroica?


(1) Ver: James Petras: Reflexiones sobre el socialismo en el siglo XXI, Rebelión, 15-09-2008:

El 2042 y la unión más perfecta, por Eliades Acosta Matos

En medio de una contienda electoral como la que tiene lugar en los Estados Unidos, donde uno de los virtuales candidatos a la Presidencia es negro, no es de extrañar que el tema racial vaya colándose de contrabando en las opiniones de los periodistas y analistas, aún cuando todos juren que esa no es su intención. Porque, claro, se trata de un tema políticamente incorrecto, de esos que no es bien visto y que es temido, como si fuese capaz de destapar los odios del pasado, suponiendo que estos sean, realmente, un asunto circunscrito a la historia.

Al racismo de la sociedad norteamericana se le esconde en los aposentos más retirados de la mansión común, como haría una familia bien con la loca de la casa. No se quiere siquiera admitir que existió y existe, que lo sigue reflejando en las leyes anti-inmigrantes y en el muro que se construye en la frontera con México, en momentos en que el mismo candidato negro a la Presidencia acaba de irse a Berlín a hablar de libertad e igualdad de oportunidades, y a felicitar a los alemanes por haber hecho añicos el muro que dividía a esa ciudad.

En los años más duros de la Guerra Fría, un genio del pensamiento estratégico neoconservador llamado Albert Wohlstetter escribió, por encargo del gobierno, tres artículos para profundizar en las causas del creciente malestar y confrontación alrededor de la cuestión racial en los Estados Unidos, que tenían al país al borde de una guerra civil, agregando otro frente, esta vez interno, al de la catastrófica guerra de Vietnam. En “Metaphors and Models: Inequalities and Disorder at Home and Abroad”, del 27 de agosto de 1968, Wohlstetter planteaba, sin tapujos:

“Nuestras inequidades internas, tanto como los desórdenes civiles asociados a ellas, afectan nuestras relaciones con el Tercer Mundo, y también con nuestros aliados europeos. Los desórdenes raciales y la violencia sugieren una inestabilidad en el gigante americano, del cual Europa depende para su protección nuclear. La inequidad, que es la raíz de la violencia, afecta nuestro ejemplo ante el mundo”

Las medidas que sugería hace cuarenta años Wohlstetter para resolver este problema de imagen exterior y de relaciones públicas de su país, por supuesto que no iban dirigidas a atacar las causas profundas, más clasistas que raciales, que producían esas “inequidades”, que a su vez generaban la violencia racial. Jamás lo haría un neoconservador empeñado, ya se sabe, en preservar a toda costa el status quo. “Intentar desconectar nuestros problemas internos de los externos-era la primera recomendación-…y alentar el crecimiento de una clase media entre los negros”-era la segunda.

Hay que reconocer que el establishment paga bien a especialistas como Albert Wohlstetter, y que en consecuencia, suele tomar en serio sus recomendaciones. Transcurridos cuarenta años, más que molestarse por el éxito o ascenso social de personas pertenecientes a las minorías, lo alienta, en el entendido de que una clase media con tales orígenes vale su peso en oro, no solo a los efectos de desmentir la acción del racismo en Norteamérica, sino también para que actúe como estado-tapón conservador entre quienes participan de las ganancias de la explotación y son recompensados, y las mayorías que siguen en la misma situación de exclusión, marginalidad, violencia y desesperanza de los tiempos de Wohlstetter. ¿Acaso Condoleeza Rice, Colin Powell, Barack Obama, Tiger Wood y Armstrong William, por citar solo el caso de los negros, no lo evidencian?

Pero he aquí que Wohlstetter propone y la historia dispone. Un reciente artículo de Sam Roberts, publicado el pasado 14 de agosto en “The New York Times”, bajo el título de “En una generación las minorías podrían ser las mayorías en USA”, anunciaba que… “en el 2042 los norteamericanos que se identifican como hispanos, negros, asiáticos, indios americanos, nativos de Hawai y otras islas del Pacífico, de conjunto, superarán a los blancos no hispanos. Hace cuatro años se había pronosticado que esto ocurriría en el 2050.”

En el censo de 1790, la población blanca en los Estados Unidos representaba el 64%. En el 1909, tras la avalancha de inmigrantes europeos de fines del Siglo XIX y principios del XX, nueve de cada diez norteamericanos era blanco. Según las investigaciones del Census Bureau Projections, en las que se basa Sam Roberts para su artículo, “… en el 2023 la mayoría de los menores de 18 años, y en el 2039, de los norteamericanos en edad laboral, serán de las minorías…” No creo que las clases medias prefabricadas, de esos mismos segmentos poblacionales de que hablaba Wohlstetter como garantes de la perpetuación del sistema, puedan crecer a ese mismo ritmo. A menos que algo revolucione las raíces profundas de la exclusión, la marginación y las diferencias de oportunidades presentes en la sociedad norteamericana, los descontentos crecerán a un ritmo arrollador con respecto a los encargados de mantenerlos a raya con la utopía de que todos pueden alcanzar el sueño americano.

No exagero al hacer el anterior análisis. La situación actual de las minorías en los Estados Unidos, a pesar de la manera hipócrita en que un sistema profundamente racista intenta vendernos una imagen renovada, ha sido reconocida por el propio Barack Obama el pasado 18 de marzo, durante su discurso más acabado sobre este tema, pronunciado en Filadelfia y conocido como “A More Perfect Union”. Entonces Obama fue inusualmente claro, demostrando que a pesar de los esfuerzos de la familia bien por disimular su existencia, la loca de la casa sigue viva:

“En las comunidades blancas, el logro de una unión más perfecta significa reconocer que lo que ha dañado a la comunidad afro-norteamericana no existe sólo en las mentes de los negros; que el legado de discriminación, y los incidentes de discriminación actuales, aunque con menos frecuencia que en el pasado, son reales y deben ser enfrentados, no solo con palabras, sino mediante acciones, como por ejemplo, invirtiendo fondos en nuestras escuelas y en nuestras comunidades, garantizando nuestros derechos civiles y juicios justos en nuestras cortes; brindando a las presentes generaciones oportunidades de que no dispusieron las precedentes. Eso exige de todos los norteamericanos que no cumplan sus sueños a expensas de mis sueños; y que destinar fondos para la salud, la seguridad social y la educación de los niños de todas las razas ayudará a la prosperidad del país.”

El pasado 21 de junio, en el diario Las Américas de New York, un señor llamado Marcos Antonio Ramos publicó un curioso artículo titulado “Obama y Cuba”. En él, asombrosamente y desdiciendo lo reconocido por el propio candidato demócrata, se tilda a las criticas al racismo en los Estados Unidos como “propaganda anti-norteamericana”, algo así como el fruto de una campaña de calumnias urdidas en medio de alguna de las fantasmales conspiraciones que Franco denunciaba cada cierto tiempo en España, y a las que denominaba como “judeo-masónicas-bolcheviques”. La manipulación del Sr.. Ramos no tiene desperdicio. “El discurso oficial cubano hace énfasis en la discriminación racial en los Estados Unidos, -afirmó-… pero ahora se trata de la Casa Blanca, y no puede imponerse ya un límite a las lógicas aspiraciones de una persona de la raza negra en Estados Unidos o el mundo. La propaganda anti-norteamericana recibiría un golpe devastador en todas partes, incluyendo a Cuba…”

En efecto, más que curiosa esta lógica del Sr.. Ramos: tal parece que las denuncias contra el racismo y los racistas norteamericanos provienen de una línea oficial cubana, y no de la más palpable realidad norteamericana. Tal parece que se trata de una campaña de mentiras anti-norteamericanas, y no de los testimonios de problemas que siguen siendo tan agudos como para que Barack Obama, un estilista de la evasión y la espuma discursiva, se viese obligado a abordarlos con toda crudeza en un discurso especialmente dedicado a ello, moviéndose, como es natural, en el filo de la navaja de una opinión pública que sigue divida alrededor del tema, casi igual que en los tiempos -para unos, benditos- de la Confederación y Jefferson Davis. Y lo más curioso en este razonamiento algo tontorrón del señor Ramos: de ser proclamado Presidente de los Estados Unidos un negro, eso significaría que se habrá decretado extinguido al racismo y a los racistas de ese país.

Lo que vale la pena es enlazar esa posibilidad, sin dudas real, con los cambios demográficos ya en marcha, y los efectos de la propia lucha del pueblo norteamericano, y especialmente de sus minorías, contra los racistas y el racismo. Lo que vale la pena recordar al Sr. Ramos es la derrota del apartheid sudafricano, amamantado por el mismo imperialismo que hoy promueve a un representante de la clase media negra por la que clamaba hace cuarenta años Albert Wohlstetter, como candidato a la Presidencia de su país; y que esta derrota ocurrió a manos de los descendientes de los esclavos africanos, llevados a una islita del Caribe, junto a luchadores de Angola, Sudáfrica y Namibia. Y si queremos hablar del “representante de la etnia negra o mestiza de mayor importancia en la historia política de la Humanidad”, título casi nobiliario con el que identifica el seráfico Sr. Ramos a Barack Obama, conviene también recordarle un nombre que sí es un símbolo inspirador en estas lides y no el fruto de los consejos de George Clooney como asesor de imagen del candidato demócrata: el de Nelson Mandela.

Para disgusto de los eternos muñidores del imperialismo, y de sus estrategas más lúcidos, no será el verbo fácil ni las promesas de un candidato presidencial norteamericano los que garantizarán esa “unión más perfecta”, sin dudas, deseable, sino los procesos demográficos en marcha y el avance de la lucha de las minorías por sus derechos.

Habrá que ver si llegado el 2042 esos mismos hipócritas seguirán intentando negarle al mundo la existencia, atormentada y trágica, de la loca de la casa, como han hecho hasta el presente.

¿Qué es hoy ser de izquierda? (4) Por Darío L. Machado Rodríguez

La izquierda tiene que ser creativa y actuar

El pensamiento revolucionario de la izquierda anticapitalista tiene que estar acompañado de la acción. Una “izquierda” que solo piense y enarbole argumentos y puntos de vista, pero no practique políticamente, no corra riesgos, quedaría en la contemplación de los problemas y, de hecho, sus puntos de vista estarían lastrados por la falta de comprobación práctica, además de resultar poco o nada útiles a la sociedad y las más de las veces contraproducentes.

De nada sirve llenar cuartillas y gastar tiempo, haciendo revoluciones en el papel o en el discurso. El vínculo entre el pensar y el hacer constituye un principio de la existencia de la izquierda como fuerza del cambio.

Aquí se trata del carácter del movimiento social, no de enarbolar nombres o proclamarse “de izquierda”, sino del reconocimiento de la existencia de intereses raigalmente opuestos en el mundo de hoy, que exigen deslindar propósitos, explicar alternativas, construir objetivos que se conviertan en líneas de acción y actuar en consecuencia, acumular la experiencia, tanto del éxito como del fracaso, y seguir adelante. La derrota se convierte en experiencia solo si se continúa la lucha.

Cuando se habla de construir sentidos y de trazar finalidades de la lucha, no se está aludiendo a ningún programa en específico, ni a un modo determinado de concebirlo. Por ejemplo, las condiciones del mundo de hoy convierten en una finalidad revolucionaria el rescate de la soberanía, el rescate de las riquezas, la defensa de la cultura y la identidad nacional, propósitos elementales todos que permiten incluir dentro del concepto de pueblo y gestores del cambio a sectores que muy probablemente no compartirían propósitos ulteriores más profundos.

Sin embargo, son muchos los dogmas que el capitalismo ha sembrado en la conciencia de la población, los esquemas mentales que hacen entender sus señales y estereotipos de modo casi automático y que deben ser objeto de la batalla de ideas que tiene que enfrentar la izquierda.

Conceptos actuales como los de Estado de derecho, derechos civiles, derechos humanos, libertad, democracia, política, etc., constituyen para la izquierda objeto primario de abordaje revolucionario, de pensamiento crítico, de esclarecimiento de su torcida interpretación por los aparatos ideológicos de la dominación capitalista.

Eso implica para la izquierda un reto, el de ser renovadamente creativa, debe autoconocerse mejor, reconstruir su autoestima, sobre la base del reencuentro entre la militancia revolucionaria y la cotidianidad de la sociedad, para eso no tiene otra opción que salir del laberinto de sus propios mitos, de sus errores y esquemas mentales.

La creatividad siempre implica una ruptura con lo anterior, pero también una continuidad. Ser creativo es ser uno mismo y diferente a la vez. La creatividad es la negación del sometimiento a la rutina, al conocimiento alcanzado, pero no vigente; para la creatividad resulta imprescindible el optimismo, la confianza en el pueblo, el repudio a la soberbia que conduce inevitablemente al aislamiento y la soledad. La creatividad no puede ser autosuficiente, porque solo puede nacer de la realidad que existe, las personas sí, los individuos sí, porque los comportamientos humanos pueden estar guiados por desviaciones, hijas de la ignorancia y los malos hábitos.

Solo en un estrecho vínculo con la sociedad, puede la izquierda encontrar el camino de la creatividad. Aun en medio de la maleza a veces implacable de las costumbres corruptas que anidan en la propia población como resultado de largas décadas de enturbiamiento de las conciencias, es posible encontrar un hilo conductor para reinventar el tejido popular consciente en las nuevas condiciones.

Lo primero para ello es que cada quien con conciencia anticapitalista, con conciencia de izquierda, sea capaz de desembarazarse de sus propios fantasmas, de sus propios ariques y encontrar lo nuevo, aprender de ello y transformarse a sí mismos junto con todos.

La izquierda en su expresión cotidiana, esto es, las personas conscientes de su posición anticapitalista y las más diversas formas de asociación e integración de estas para luchar contra ese sistema, deben integrarse al máximo en los espacios prepolíticos o antepolíticos para vivir desde la cotidianidad su propia experiencia de lucha. No pocas veces la mayor debilidad de las izquierdas en el pasado siglo y todavía hoy estriba en ofrecer un mundo tan inalcanzable como ininteligible para los demás, no porque los demás sean ignorantes, sino porque esa izquierda ha sido ignorante, no ha sabido explicar ni explicarse a sí misma los caminos de los sentimientos humanos.

Lo anterior implica poner en un primer plano para todos el objetivo de la formación política, que toca a todos los revolucionarios. Una formación que debe ser en sí misma creativa en todos los órdenes, tanto en sus contenidos como en las formas de hacerse.

Lamentablemente, no pocas veces se asume la formación política como más de lo mismo, como repetición de lugares comunes, con el empleo de un lenguaje en desuso, como si nada en este mundo hubiera cambiado. Obviamente, las nuevas generaciones, quedan fuera con tales conceptos y prácticas. La creatividad de la izquierda implica constituirse en un foco de atracción para las personas, particularmente para la juventud.

La izquierda tiene que unir la creatividad a la alegría. La izquierda debe ser alegre porque le sobran razones para el optimismo histórico; el tono hierático y grandilocuente explicable y aceptable en muy escasas coyunturas históricas, no puede ser el estilo de comunicación de la práctica política de la izquierda.

La responsabilidad de cualquier movimiento sociopolítico que se reconozca de izquierda para con la sociedad en la que actúa implica la necesidad de verse en su realidad cultural como un ente requerido constantemente de renovación, a partir de su propia realidad le corresponde encontrar caminos para enfrentar con éxito el capitalismo tardío, caminos en los que lo nacional y lo internacional están hoy indisolublemente vinculados.

La izquierda es internacionalista por definición

Enfrentar al capitalismo tardío es una tarea de doble vía, es un problema nacional, pero simultáneamente es la expresión concreta de la crisis de un sistema mundial. Nadie puede avanzar en el mundo de hoy en el aislamiento total, nadie es autárquico, ni económica, ni políticamente.

La lógica internacionalista de la lucha contra el capitalismo es correspondiente con la realidad internacional del sistema, cuya voracidad no ha dejado prácticamente espacio donde no haya penetrado con sus reglas y ambiciones.

Lo que ha ocurrido en el mundo, luego de la desaparición del equilibrio bipolar, ha sido el reforzamiento de las formas institucionales globales de dominación de los poderes nortecéntricos. Las articulaciones de los centros de poder del primer mundo capitalista a través de reuniones de sus representantes gubernamentales, las internacionales liberales y socialdemócratas, la Unión Europea, la OMC, la expansión de la OTAN, la dominación mediática, el renacimiento de la IV Flota y muchas otras formas, contrasta con la aún escasa articulación de las fuerzas anticapitalistas.

Ante esta realidad, renunciar al internacionalismo significa abandonar el terreno estratégico de la lucha anticapitalista.

El principio del internacionalismo es para la izquierda un imperativo ético y político nacido de la realidad elemental que entraña la necesidad del apoyo mutuo; no es un principio imponderable, etéreo, sino necesario en el sentido más auténtico de la palabra. La solidaridad internacionalista es un propósito que da contenido a la lucha y se construye como uno de los sentidos de esa lucha, ante todo por su carácter de condición sine qua non para el éxito.

De hecho, hoy resulta muy difícil cuando no imposible lograr objetivos básicos de liberación, como la recuperación de las riquezas en manos de las transnacionales, o condiciones elementales para el desarrollo, sin avanzar en la cooperación e integración regional cada vez más plena, en el multilateralismo y en otras formas de cooperación internacional e integración regional. incluyendo eventualmente la integración política.

En la lógica de una estrategia revolucionaria, las posiciones de izquierda irían contra natura si no fuesen cada vez más internacionalistas. Lo anterior implica comprender dónde están los enemigos verdaderos de los pueblos y sin perder el fiel de esa brújula proyectar su estrategia de conocimiento de la realidad y de actividad sociopolítica transformadora.

A modo de “cierre” de lo que no puede ser “cerrado”.

He intentado explicar siete rasgos o características que pueden contribuir a conceptuar lo que hoy debemos entender por “ser de izquierda”. Sobra decir que todos son rasgos estrechamente vinculados entre sí, que se complementan mutuamente, pero que pueden ser diferenciados para contribuir a esclarecer la estructura del concepto que he querido esbozar.

Considero oportuno también recalcar al final de estos artículos la intención de contribuir a la elaboración de un mejor enfoque metodológico para el análisis, no para establecer diferenciaciones sectarias en política. Una cosa es la caracterización de una tendencia, como concepto general, otra los postulados y las acciones concretas de tal o cual expresión política orgánica.

La crítica obligada y necesaria de los errores del socialismo y de la izquierda como tendencia política, particularmente durante el siglo XX, pero también ahora, en modo alguno puede conducir a vaciar de contenido teórico el accionar político del enfrentamiento al capitalismo hoy globalizado y sostenido por los poderes nortecéntricos con una orientación neoliberal y la imposición de un pensamiento único, a lo cual se resisten masas cada vez más amplias de seres humanos. No puede oponerse al pensamiento único otro pensamiento único, pero tampoco puede vencerse al capitalismo sistémico, articulado mediante numerosos instrumentos económicos, financieros, comerciales, políticos, jurídicos, ideológicos, psicológicos, mediáticos, militares, sin una concepción también sistémica, sin una teoría del cambio, parte de la cual es también el estudio y conocimiento de las características de las fuerzas sociales que lo enfrentan.

Claro está, en el terreno de lo que debe comprenderse hoy como “ser de izquierda” no hay un punto final. Podría eludirse el debate sobre las posiciones, sobre el análisis de lo que significa hoy ser de izquierda, con el argumento de que ello provocaría obligadamente un enfoque sectario y traería la división. Ojalá el problema del sectarismo, tan vinculado con el egoísmo y la soberbia, con la tozudez y el engreimiento humano tuviera su solución con el silenciamiento de una discusión.