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Cuba: coraje y valor

Llama Machado Ventura a sustituir retórica por más solidaridad y cooperación con África

Machado Ventura se entrevistó con Ban Ki-Moon, secretario general de Naciones Unidas.Sostuvo entrevistas con el Secretario General de la ONU y el Presidente de la Asamblea General. Intercambió con varios mandatarios y cancilleres

Una amplia agenda cumplieron este lunes en la sede de las Naciones Unidas el Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros José Ramón Machado Ventura y la delegación que lo acompaña al pleno del 63 período de sesiones de la Asamblea General.

En la mañana de ayer el dirigente cubano asistió al panel sobre las Necesidades de Desarrollo de África; sostuvo entrevistas con el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, y el Padre Miguel D’Escoto, presidente de la actual Asamblea; al tiempo que intercambió con mandatarios y cancilleres de varios estados.

En el encuentro donde se debatieron asuntos relacionados con las Necesidades de Desarrollo de África, Machado Ventura llamó a poner fin a la retórica pues la situación de África —dijo— no se resolvería con condolencias, lamentaciones y la limitada ayuda caritativa que se le ofrece al dolido continente mientras en el Norte se derrochan fortunas en lujo y extravagancias. Se requieren —añadió— nuevas relaciones de solidaridad y cooperación plena con nuestros hermanos africanos.

Lo que hagamos —continuó expresando el jefe de la delegación cubana— será un ejercicio estéril si no se brinda respuesta al imperativo de establecer un nuevo sistema de relaciones Norte-Sur, que ponga fin al injusto e insostenible orden económico, comercial y financiero vigente en el mundo, que margina y sacrifica al 80 por ciento de la población mundial en función del derroche y las extravagancias de una exigua minoría. En este estado de cosas —agregó— se pretende demonizar el derecho de los pueblos a la solidaridad internacional y se niega el trato especial y diferenciado que requieren los países en desarrollo, en particular los africanos.

Es contradictorio —analizó el Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros— que varios de los estadistas del Norte que han venido a expresar su supuesta preocupación por África, sean al mismo tiempo los que imponen leoninas condiciones y esquemas de ajuste estructural a través de los organismos financieros internacionales que controlan.

«Cuba ha desarrollado profundos vínculos con África, la cooperación con el continente —añadió enfático— es un componente esencial de la política exterior de la Revolución. Eso ha posibilitado que en las últimas cinco décadas se graduaran en Cuba más de 32 mil jóvenes africanos y hoy estudien en nuestras universidades 2 253 jóvenes de 45 países de ese continente».

«Si Cuba puede desarrollar esas acciones —prosiguió—, ¿qué no podrían lograr los países del Norte, que cuentan sobradamente con los recursos que se necesitan? No faltan recursos, lo que falta es voluntad política, afirmó el dirigente partidista, que concluyó su discurso expresando:

«Los africanos no necesitan nuevas promesas ni recetas paternalistas. Los pueblos de África y todos los habitantes del planeta lo que exigen es el respeto a sus derechos, a un orden internacional justo y equitativo en el que la solidaridad y la cooperación en pos del bienestar de cada pueblo y ser humano, sean los principios rectores».

El Primer Vicepresidente cubano intercambió con los presidentes de Colombia Álvaro Uribe; Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, y de Cabo Verde, Pedro Pires, así como con los cancilleres de Angola, Argelia e Indonesia.

Anoche, el jefe de la delegación participó en un acto de solidaridad con Cuba en la iglesia Intercession, ubicada en el barrio neoyorquino de Harlem, encuentro organizado por grupos promotores de la campaña por la liberación de nuestros Cinco Héroes y en el cual participó el reverendo Lucius Walker, dirigente de la organización Pastores por la Paz, el abogado Leonard Weinglass y destacadas personalidades del movimiento solidario con Cuba, a quienes expresó el saludo de Fidel, Raúl y todo nuestro pueblo.

http://www.juventudrebelde.cu/internacionales/2008-09-23/llama-machado-ventura-a-sustituir-retorica-por-m
as-solidaridad-y-cooperacion-con-africa/

Poderoso anticiclón mundial contra el devastador huracán Bloqueo, por Patricio Montesinos


El insistente rechazo del régimen norteamericano a eliminar definitivamente el bloqueo impuesto a Cuba por casi cinco décadas ha generado un poderoso anticiclón internacional contra esa política agresiva de Washington, en momentos en que la isla caribeña vive una compleja situación tras ser azotada por los destructores huracanes Gustav e Ike.

Pese a que la actual administración de la Casa Blanca levantó en los últimos días una cortina de humo para intentar esconder su rancia conducta anticubana, miles de voces en el mundo se han alzado nuevamente y con mayor fuerza frente a la guerra económica, financiera y comercial que Estados Unidos aplica a la mayor de las Antillas.

Washington planeó encubrir su frustrado cerco a Cuba pregonando por doquier que estaba en disposición de brindarle ayuda, con cifras ridículas de dinero, además de mentir sobre supuestas licencias otorgadas a empresas norteamericanas para vender productos agrícolas a la Isla.

Para ello el gobierno del mandatario George W. Bush emprendió una cruzada mediática, utilizando sus poderosos medios propagandísticos, dirigida a procurar hacer ver que las autoridades de La Habana habían rechazado la farsante ayuda norteamericana.

Al mismo tiempo, Washington hizo silencio, postura que mantiene actualmente, ante la respuesta reiterada de Cuba de que al menos suspendiera temporalmente, por seis meses, el bloqueo, y le permitiera comprar productos necesarios para enfrentar los graves daños ocasionados por los ciclones Gustav e Ike.

La campaña propagandística estadounidense, desmontada por el gobierno cubano, tenía el propósito de tratar de desviar la atención sobre las insistentes demandas de la comunidad internacional para que se ponga fin al arreciado bloqueo contra la mayor de las Antillas.

La Casa Blanca emprendió esa contienda mediática precisamente un mes antes de que en la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) se someta a votación nuevamente un proyecto de resolución contrario al asedio que Washington mantiene hacia Cuba.

El venidero 29 de octubre la Asamblea General debatirá por decimoséptima ocasión el referido proyecto, que el pasado año obtuvo el voto favorable de 184 de las 192 naciones miembros de la ONU.

Estados Unidos está consciente de que su conducta agresiva anticubana será condenada abrumadoramente una vez más en la sede de la ONU, y por esa razón Bush ensayó utilizar como sus aliados a Gustav e Ike para pretender engañar, como suele hacerlo habitualmente, a la comunidad internacional.

Cuba, por su parte, continúa enfrascada en su recuperación y no cejará un instante en su empeño de derrocar de una vez por todas, con el apoyo creciente de las naciones del mundo, al bloqueo, el más prolongado y terrible huracán sufrido en toda su historia.

Aprender para aprehender y comprender críticamente al mundo actual III (Final), por Orlando Cruz Capote*

“[...] un complejo de conceptos que encierra
el conocimiento científico de una realidad, es
el concepto de esa realidad”.

Rainer M. Rilke.

Las realidades del mundo de hoy son algo complejas para ser aprehendidas y comprendidas rápidamente por cualquier ciudadano, son elementos esenciales -aunque no los únicos- de las enseñanzas y aprendizajes necesarios que corresponden asumirse como parte del ideario político, ideológico y cultural de las izquierdas. Esas realidades constituyen piezas indispensables de sus cuerpos teóricos y prácticos que, a su vez, deben ser transmitidas a todo el cuerpo societal con un lenguaje más comprensible y con el propósito de ganar conciencia en las grandes mayorías.

 Ejemplos existen de cómo realizarlo, aunque las experiencias a veces no sean las mejores. Muchos canales de televisoras capitalistas internacionales, algunas con cierta seriedad en el campo de la difusión de las ciencias naturales, exactas y aplicadas, sin omitir aquellas que transmiten problemáticas acerca de la psicología en las personas, son capaces de elaborar programas científicos de manera interesante y entretenida para un amplio público, si bien otras, en ocasiones, no logran evadir simplificaciones y parcializaciones y, en no pocos casos, se enredan en laberintos muy distorsionadores.

    Sin embargo, los medios alternativos de las izquierdas en el poder y los que se encuentran en la oposición  difunden sus mensajes, con cierta persistencia, en la simple y unívoca línea de la agitación-propaganda ideopolítica, olvidándose de la vida cotidiana de los individuos y las colectividades, y de  reflejar algunas de sus necesidades que parecieran ser intrascendentes. En otras ocasiones realizan los materiales con un didactismo esquemático que, pensando ponerlos al alcance de todos, rebajan sus contenidos hasta una vulgarización, deficiente calidad y una pobre imaginación-creadora sobre las problemáticas abordadas. Son llanamente aburridos. O, en su reverso, se embrollan en las fraseologías de moda asumiendo o copiando parte del discurso liberal y neoliberal light, sin percatarse que neutralizan sus mensajes  y  continúan en el peligroso filo imperceptible de la perspectiva reformista en cuanto a los valores axiológicos, la ética y la estética. Existen dudas, entonces, acerca de la vitalidad de una información-comunicativa, educativa y cultural verdaderamente alternativa.

La “torpeza” y “miopía” de los teóricos y políticos del capitalismo imperialista.

    Si leemos con detenimiento las doctrinas y los ejes centrales de los posicionamientos ideopolíticos de los representantes de la cultura capitalista descubriremos que están muy conscientes de lo que escriben y cómo lo expresan. Algunos  ejemplos  nos  pueden servir para demostrar su elaboración cientificista neo-conservadora. Dos de los padres del capitalismo neoliberal, Frederich Hayek y Thomas Friedman, plantearon que, y este es el primero, “[...] Simplemente, a la gente no le gusta pensar que ellas y sus hijos están a merced de algo que escapa a su control: el frío e invisible mercado. Como si todos no estuviésemos a merced del  Frío e invisible universo. [...] Mi filosofía básica no es un plan (humano) deliberado sino la supervivencia de los grupos más aptos, lo que ha engendrado la cultura y la civilización [...]”;  consumado expresó que, “[...] Lo que el mundo requiere ahora: para que  funcione  la  globalización, (es que) Norteamérica no puede tener miedo de actuar como la superpotencia todopoderosa que es [...]”. Metafóricos, descarnados y espinosos pero muy diáfanos en sus conclusiones. y, por su parte el otro neoliberal


    Quizás quien mejor expresó la nueva doctrina político-militar de los Estados Unidos de América, para defender el capitalismo transnacional neoliberal mundial, fue Zbigniew  Brzezinski  cuando  escribió, en 1998, de forma despectiva y brutal que “[...] los tres grandes imperativos de la estrategia geopolítica son impedir las confabulaciones y mantener a los vasallos dependientes en lo que respecta a su seguridad, conservar dóciles a los que pagan tributo y evitar que los bárbaros se junten”. (1)  Alusión vertical y sin ambages de los verdaderos propósitos de los centros de poder imperiales, en especial, del hegemónico imperialismo estadounidense, aún cuando no se había producido el ataque terrorista infringido -o auto infringido- contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. Posterior a ese hecho, tan bien transmitido -desde diferentes ángulos- una y otra vez, el “Ángel de la Guardia” y el  “juzgador supremo” del bien y el mal a nivel mundial recayó, extraña casualidad, en manos de los gobernantes imperiales que, en el caso del presidente de los EE.UU., hasta “habla con Dios” y éste le indica quienes son los pecadores a los que hay que sancionar. Recientemente, la candidata republicana a la vicepresidencia de los Estados Unidos de América, Sarah Palin afirmó que las guerras que libra su país en Afganistán e Irak son mandatos divinos y señales enviadas de la providencia. Ese mesianismo expansionista -cristianismo conservador in extremis- del Destino Manifiesto ha estado reciclándose a lo largo de la historia de esa nación hasta nuestros días.

    El enfoque de búsquedas estratégicas de posibles y reales enemigos antisistémicos se había forzado inmediatamente después del “Fin  de la Guerra  Fría” y la desaparición del bloque socialista este-centro europeo y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). En ese momento los ideólogos y dirigentes del occidente capitalista desarrollado e industrial, el Norte rico, enfrentaron una  disyuntiva o coyuntura que necesitaba de una reorientación ideopolítica para poder, otra vez, “justificar” y ejecutar sus planes de dominación, hegemonización y homogenización del mundo. Incluso el Pentágono  y  la  Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU., en los inicios de la década de los 90, programaron varios posibles  escenarios  de guerras que abarcaron hasta algunos países de la Europa capitalista occidental. Aunque, en resumen, se transitó urgentemente de la  confrontación  Este-Oeste  a la siempre bien definida confrontación Norte-Sur.

    La pregunta de cuáles serían los nuevos enemigos fue respondida con distintas  designaciones  y  denominaciones  muy  bien  calculadas,  desempeñando un enorme rol en la delineación de ese contexto, las novedosas técnicas del papel de los juegos de lenguaje en la vida política, la redescripciones pragmáticas,  la  realidad  como  simulacro  y  la  semántica  del  engaño.  El  listado  de  los  presentes  y  futuros  tenebrosos  adversarios  anti-sistémicos fue confeccionado, finalmente, de la siguiente forma: el terrorismo;  el  narcotráfico;  los gobiernos violadores de los derechos humanos; las guerrillas y las izquierdas más radicales “criminalizadas” como parte intrínsecas de los terroristas y los narcotraficantes; los grupos paramilitares enlazados, según los intereses imperiales y oligárquicos, con  el  tráfico de la droga y las acciones terroristas pero, repetimos,  sólo si estos interesaban o no a los centros de poder del capitalismo; los “Estados fallidos, villanos, discapacitados y fracasados”; las “izquierdas irresponsables”; los gobiernos y autoridades denominados miembros del “Eje del Mal” (en sus diferentes órbitas de prioridades y movilidades determinadas por los EE.UU.), pero donde aparecen (o han aflorado por momentos), insistentemente, Irán, Corea del Norte, Sudán, Cuba, Siria, Bielorrusia, Myanmar, Zimbabwe, Libia, etc.), y la acción intelectualoide-práctica de demonizar a los intentos nacionalistas, populistas, reformistas y radicales. Y sobre todo, la oposición visceral a los nuevos movimientos sociales y políticos, organizaciones y agrupaciones que se oponen al Sistema de Dominación Múltiple (SDM) del vigente, hegemónico y unilateral capitalismo transnacionalizado y neoliberal. 

    Las acusaciones constantes han permitido desarrollar un procedimiento metódico de propaganda encubierta, sucia y desenfadada con vistas al adoctrinamiento  de  la  opinión  pública  mundial  y  lanzar,  sin  una  resistencia / oposición efectiva, la diplomacia y las represiones-guerras “preventivas,  sorpresivas  y  humanitarias”,  así  como las operaciones militares “quirúrgicas selectivas” y/o “masivas” con los consabidos, y enormes, “daños colaterales”, para defender los “derechos humanos” y evitar la “proliferación desautorizada” de armas atómicas y de destrucción masiva en países pre-seleccionados. Las acciones punitivas y armadas contra Palestina y el Líbano (agresiones permanentes efectuadas por parte de Israel), Panamá, Iraq (en dos ocasiones en menos de 15 años), Somalia, Afganistán, Haití (en varias  oportunidades),  Sudán,  Belgrado  y,  recientemente,  en Osetia  del Sur - este ataque ejecutado por Georgia, aliado de los EE.UU. y la OTAN, y adversario de Rusia -, demuestran el accionar de esa política.  

      El objetivo supremo de amenazar, al unísono, con la “guerra infinita” a “60 o más países” denominados, además, como “los más oscuros rincones del mundo”, es el de restablecer la democracia occidental con la fuerza de los cañones y culminar la nueva repartición de las riquezas estratégicas del globo terráqueo, como las energéticas y acuíferas, las forestales y los recursos minerales de mayor valía para la producción de los armamentos, así como la industria científico-tecnológica de punta o de avanzada. La “guerra sicológica” como forma de lucha para ganar las mentes y las voluntades de los hombres, viejo axioma del expresidente de los EE.UU., D. W. Eisenhower, continúa vigente.

   Paralelamente, en este mismo contexto de la década de los 90, hacen su aparición intencionada algunas seudo-teorías, también denominadas de pensamiento light (“blando o débil”), que tuvieron un enorme impacto ideopolítico y filosófico a escala  planetaria, entre las que se encontraron: “El Final de la Historia” (2) y “El Choque  de  las  Civilizaciones” (3), de los politólogos norteamericanos Francis  Fukuyama  y Samuel Huntington, en 1989 y 1993, respectivamente. Ambas concepciones hacían un llamado a la desmovilización revolucionaria al demostrar que había llegado el momento de la despolitización y  la  desideologización de las ciencias humanísticas y la política (¿?) que, según  Fukuyama -un ex-funcionario del Departamento de Estado de EE.UU.-, estaban señalando que en la realidad global se había impuesto una “[...] universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno  humano”. Para  el tecnócrata y analista político, convertido en un escritor apologista del capital, no hay alternativas y su alegato reabrió el viejo debate - al estilo hegeliano, pero nunca a la altura del gran pensador alemán - entre las posibilidades humanas de progreso infinito, muy a pesar de sus momentos de reversibilidad y de estancamiento, contraponiéndolas a las “bondades absolutas”  del capitalismo.

   Añadiéndose la otra proposición teórica de Huntington quien afirmó que los Estados nacionales habían entrado en una fase de declive total y que el futuro estaba ahora en las civilizaciones, entendiendo por éstas el nivel más amplio de identidad cultural de una persona, con especial hincapié en las costumbres, tradiciones, filosofías, idiomas y, sobre todo, en las religiones y en el conflicto brutal e inevitable entre ellas, -ocho civilizaciones señaló el profesor del Instituto Olin de Estudios Estratégicos de la Universidad de Harvard: la occidental, la eslava-ortodoxa, la confuciana, la islámica, la hindú, la japonesa, la Iberoamericana y una posible africana-, añadiendo que las ideologías serían sustituidas, absoluta y excluyentemente, por los conflictos que ocurrirían a lo largo de las líneas de quiebra culturales que separan a estas disímiles civilizaciones. Rematando su hipótesis con la siguiente afirmación: “[...] en el futuro, el origen de los conflictos no será ideológico, ni siquiera económico, sino cultural. Los choques se producirán entre países de diferentes civilizaciones”, proponiendo que el sistema de valores de occidente debían propiciar, otra vez, una “contención” para reducir sus vulnerabilidades ante “tamaño desafío”.

    En  esa  tendencia  de  creación y aparición de snobismos  surgió, además, una corriente denominada postmodernista de derecha (4) muy a tono con el discurso neoconservador neoliberal, las teorías enunciadas y los renovados discursos neo-reformistas de derecha. Estos postmodernistas reaccionarios, que  de  hecho  se  convirtieron  en  los  ideólogos del neoliberalismo - consciente e inconscientemente -, rechazaron los saberes absolutos, los sistemas racionales totalizantes y coherentes de la modernidad, incluidas la filosofía y la historia, como también los metarrelatos, el decursar histórico y sus valores más inestimables, llamando a su vez a considerar o realizar una visión atomizada y fragmentada de la historia, renegando la formulación de un proyecto de transformación de la realidad social. Para el postmodernismo de derecha no hay lugar a otra alternativa de solución a los problemas de la humanidad, aspirando cuando más, a la convivencia con los conflictos, las contradicciones, los antagonismos y promoviendo la captación pragmática de ese propio entorno capitalista transnacional. “No terminamos aún de ser modernos -tanto esfuerzo que ha costado- y ya debemos ser postmodernos”, podríamos exclamar los latinoamericanos y tercermundistas en general,  junto al destacado intelectual de Nuestra América, Tito Escobar.

La América Latina y el Caribe a tenor con la historia.    

   Hoy al fin se ha reconocido la deshonesta e indecorosa labor de las dictaduras militares y civiles en las economías, desde la  década del 60 y los años 70, aunque abarcaron hasta los 80 y algunas los 90, cuando comprometieron sus Estados-Naciones con el capital multinacional y luego transnacional. Fiel ejemplo de esta venta-privatización de todo fueron las tiranías brasileñas y, con mayor explicitez, las dictaduras chilenas y argentinas que fueron un patrón, muy fehaciente, del acatamiento disciplinado y temprano de los esquemas  neoliberales de los Chicago Boys. Por cierto, los gobiernos mexicanos de fines de los años 80 no escaparon de esa ola privatizadora hipnotizante y tremebunda, y aunque casi todos los países fueron atraídos a ese rumbo, solo mencionamos a estos por el peso específico que tienen en la región.

    También  en  la  actualidad,  se  distinguen  los  enormes estragos producidos por los regímenes  antidemocráticos  en la estructura  social,  de la (in)-capacidad  estatal  de  los  intolerantes gobiernos para resolver  o  regular  los  conflictos  sociales,  de  los  intentos   de  las doctrinas  de “seguridad nacional” por querer identificar el proyecto nacional con los intereses de las clases dominantes, el imperialismo y las  clases  dominadas, hecho irreconciliable y dicotómico. Las tiranías y los gobiernos democráticos que las sucedieron, lograron bajo un régimen de terror y represión insertar, asimétricamente, las economías latinoamericanas y  caribeñas  en  la  financiación  del  capital  transnacional  para  beneficio  de  este  último   y   de  las “escogidas” clases oligárquicas apoderadas - peones clientelistas del imperialismo - en la región. Un producto directo de esas políticas fue el intento, en algunos momentos y países, de  desmemorizar  al  pueblo,  en  especial,  a  las  nuevas   generaciones,  acerca de  lo  sucedido  con  los  golpes  de  Estado  y  sus secuelas: la desideologización, el adoctrinamiento político, incluido el apoliticismo, el  nihilismo  y  el  miedo-terror a la participación en una alternativa contestataria anticapitalista.    

    Las sociedades latinoamericanas, y otras tercermundistas, quedaron con regímenes de “democracias tuteladas, supervisadas, supeditadas y maniatadas” por reformas constitucionales que  sirven, más que todo, para que los partidos de derecha o de centro-derecha se vean reciclados en los procesos electorales, salvo las excepciones que han sucedido a finales del último decenio del siglo XX y, especialmente, en la nueva centuria. La “gobernabilidad democrática” promueve, lo que Hugo Zemelman define como, “la alternancia dentro del proyecto”, pero siempre sometidos al “proyecto liberal único”, (5) que no pueden modificar ni sustituir nada más allá de muy estrechos y estrictos márgenes.   

   En esa orgía neoliberal, y bajo los efectos del derrumbe del socialismo, la izquierda en el subcontinente fue duramente golpeada por las divisiones, subdivisiones y escisiones, así como las decepciones, las traiciones y las deserciones. Solo quedó como una luz pequeña, pero inextinguible, la Cuba revolucionaria y socialista en el denominado hemisferio occidental. Todo ello y muy a pesar de los llamados de algunos escritores y pensadores progresistas de no  participar  en  el  sepelio de ese comunismo europeo oriental. El  escritor   uruguayo  Eduardo  Galeano,  lo expresó de esta manera “[...] Estamos todos invitados al entierro mundial del socialismo. El cortejo fúnebre abarca, según se dice, a la humanidad entera. Yo confieso  que  no  me  lo  creo.  Estos  funerales se han equivocado de muerto”. (6)

    La explosión revolucionaria que vivimos hoy - generalización vs. excepciones, según el ángulo desde donde se miren concienzuda y analíticamente - que son portadoras de diferentes espectros ideopolíticos, denotan fehacientemente que hay un nuevo auge de las luchas emancipatorias. No obstante, no han resuelto, definitivamente, el dilema de  “quién ha vencido a quién”, definición leninista que supone la destrucción total del viejo aparato estatal-represivo y la construcción de uno nuevo. El optimismo no debe hacernos bajar la guardia.

Las derechas y sus continuados propósitos.

   Entonces, volviendo a los 90 del pasado siglo y los inicios del presente milenio, las oligarquías burguesas transnacionales y sus profesionales a sueldo nos quisieron obligar a la renuncia de la utopía y el sueño de los tercermundistas progresistas, imponernos una impotencia que nos llevaba a la inercia, el conformismo y la paralización de la lucha revolucionaria. Evocaron insistentemente el fin de la crítica a la realidad circundante haciendo de la filosofía política una abstracción  especulativa  y, por lo tanto, promoviendo la edulcoración  complaciente  del  presente.  Horkheimer  y  Adorno  lo plantearon de  la  siguiente  forma, “[...] las  metamorfosis de la crítica en aprobación no dejan inmune ni siquiera el contenido teórico, cuya verdad se volatiliza”. (7) Además, “[...] erosionan y fragmentan el mito, la ideología, la racionalidad histórica, los sistemas, las síntesis, el sujeto histórico, y todo aquello que conlleve a la formación de modelos, arquetipos, paradigmas.” (8) Es, en ese sentido, que el concepto de desconstrucción, de Jacques Derrida, es una clave para la caracterización de la postmodernidad.  

      Con los supuestos  teóricos del “fin de la historia”, “las ideologías”, (9) “las utopías” y “el choque de las civilizaciones”, se encubren o desaparecen, como  por arte de magia, el papel  de  las  vanguardias políticas,  el  rol de las fuerzas motrices, las clases o agentes sociales dinamizantes de la sociedad y propiciadores de la Revolución Social. A su vez, se eclipsan los cambios radicales y se omite el imperialismo, sus esencias, con las consiguientes secuelas de explotación, enajenación / alienación y opresión socioeconómica hacia los  trabajadores (los desposeídos) y los pueblos. La lucha de clases, los combates nacional-liberadores y sus antagonismos con los centros imperiales pasan a un nivel secundario o no están en el libreto de la obra. Fue y es tanto el peso del ataque ideológico enmascarado o totalmente abierto de tales presupuestos que ya no somos lo que éramos y ya no tenemos los mismos objetivos de lucha. La historia rebelde y la política subversiva han perdido legitimidad y representatividad. Como lo reflejara el escritor uruguayo Mario Benedetti: “Es [...] la No-historia (la) que nos quieren vender”. (10)

   La Revolución, en ese discurso postmodernista y conservador, desaparece del vocabulario político - por ende de la práctica - y todo lo que se parezca a un salto en la historia es considerado un accidente y/o un azar histórico anormal que pudiera endeudar el futuro. La evolución paulatina, las reformas dentro del status quo son el esquema a seguir. Se generaron y se producen discursos en donde proclaman al neoliberalismo como la única alternativa  y al pensamiento único como el único posible; y estos cooptan para sí a otros intelectuales originariamente vinculados de alguna manera a las luchas políticas y sociales, logrando una estratégica victoria a favor de la hegemonía del capital transnacional.

   La disertación acerca de la posthistoria ha determinado las barreras absolutas entre lo público y lo privado, difuminando lo primero, puesto que sugiere que, incuestionablemente, el Estado-Nación ha agotado todas sus potencialidades como principal agente organizado del desarrollo económico social y que el mercado es uno de los referentes históricos, el otro sería la democracia occidental burguesa, de la legitimación de la dominación transnacional neoliberal. Ello también ha fragilizado la Identidad Nacional en el mundo contemporáneo. Por eso, “[...]El resultado de [tal] estrategia política [neoliberal] para la instrumentación del Estado y de sus aparatos, conduce a sospechar que la humanidad en su conjunto - en cuanto que toda ella [supuestamente] se encuentra inmersa y afectada en diverso modo y grado por un irrefrenable proceso de globalización mundial -, es prisionera de un dilema mayúsculo, pues debe decidir entre ampliar los horizontes de acción, participación, deliberación y decisión democrática, o someterse de una vez por todas al círculo hipnotizador que produce el mercado a partir de la seducción creada por el mundo maravilloso de las mercancías.” (11)

    Los pensadores, filósofos y científicos sociales acríticos, preocupados cuando  más  por  la  semántica,  los  valores  estéticos  vacuos  y apartados de la realidad sociopolítica se convierten en profesores e investigadores con grandes salarios y hasta posibles fortunas, mecenazgo que le tributa la burguesía transnacional en el poder. En esa línea ideologizante, estos representantes intentan despojar a naciones y pueblos enteros de su historia y su memoria; no existe experiencia anterior y todo hay que comenzarlo de nuevo y de cero (más bien de menos cero), convocan al desmantelamiento del Estado-Nación-Soberano-Popular (el último epíteto se adapta al caso cubano)  frente al  otro  Estado  Nación-Imperial  para de esa forma imponer y consolidar la vieja-nueva dependencia, la soberanía limitada, la ilegitimación de la identidad y el poder nacional.

La guerra es ideológica-política y cultural.

    Las  esencias y manifestaciones fenoménicas, con mediaciones incluidas, no son más simples en la esfera cultural, terreno en el cual se desarrolla la gran batalla contemporánea de las ideas. El estudioso Germán Rey ha escrito categóricamente que “[...] Ya la cultura no es lo valiosamente accesorio, el “cadáver exquisito” que se agrega a los temas duros del desarrollo [...] sino una dimensión  que cuenta decisivamente en todo proceso de desarrollo tanto como el fortalecimiento institucional, la existencia de tejido y capital social, y la movilización de la ciudadanía”. Cualquier estudio que se realice del mensaje cultural del Primer Mundo es síntoma de que sus líderes, intelectuales, tecnócratas y especialistas de la propaganda  ideopolítica  y el marketing publicitario sí conocen diáfana y profundamente todo lo expuesto en los  párrafos anteriores.      

     Un “inofensivo” spot comercial, en la entrada de un restaurante McDonalds, en Indonesia, lo confirma cuando sugiere que: “Alá el Compasivo, el Misericordioso, McDonalds de Indonesia es propiedad de un nativo indonesio musulmán”. Otra valla de la Coca-Cola, enclavada en plena selva de La Lacandona, en territorio zapatista de Chiapas, “deslumbra e invita” ante la miseria y los intentos de reorganización liberadora de los “caracoles” indígenas de la zona. Estos son signos más que evidentes de la capitalización transnacionalizada del planeta a través de la imagen simbólica y real de la “MacDonalización”, la “Disneylandización” la “Cocalización” y la “waltmarkterización” (Walt-Mark), el McWorld de la vida cotidiana frente a toda forma de autonomía, soberanía y democracia. Obsérvese, por demás, cómo en cada película estadounidense se expone al público, más de una vez, la bandera de ese país, constituyéndose todas estas imágenes y mensajes, en verdaderos caballos de Troya, inmiscuidos constantemente en las culturas de los demás países y pueblos. (12) 

   Por su parte, una famosa estilista en los años 90, Dona Karen, explicaba con una naturalidad-virtual espantosa que era necesario crear consumidores a través de la promoción, la publicidad, la persuasión cultural con miras a absorber la oferta de los industriales, pero no centrándose solamente en el cuerpo sino en el verdadero blanco de la nueva economía de servicios inmateriales que vienen a ser la cabeza: el cerebro y su intelecto. Esa realidad ella la expresaba de la siguiente forma: “No quiero que los clientes tengan la impresión de que deambulan por una tienda de ropa, quiero que piensen que se están paseando por un ambiente nuevo, que los saco de su cotidianidad para hacerles vivir una experiencia que no tiene nada que ver con la ropa y que expresa su identidad como individuos”. El pasaje, que no deja de ser conmovedor, es un artificio holliwoodense de la espectacularidad de la vida porque la apariencia se convierte en una suerte de ideología alienante, que pretende convertirnos en consumidores natos, en unos enajenados de la realidad, extraños a las identidades que nos recorren, al país que vivimos, a nuestra localidad, nuestro pueblo, nuestro barrio, a nuestro propio género, raza y la clase a la que pertenecemos objetivamente. En ese imaginario pero realista supermercado todos somos virtualmente iguales, aunque solo entremos a ese “paraíso” para mirar, soñar o comprar lo más insignificante y barato.

    La unidimensionalidad del hombre, de la que escribiera con suma antelación Herbert Marcuse, (13) adquiere un ambiente geoespacial que se palpa en las galerías comerciales lo cual, muy al contrario de lo expresado por la estilista renombrada, está al margen de la mayoría de la sociedad - “esa vulgar, multirracial y peligrosa gente” -, semejando un universo ajeno, calmado, porque está resguardado por un cerrado y eficiente sistema de seguridad. Todo es un efecto de la videología  (video-ideología) que nos induce, a base de sonidos e imágenes, la insistente repetición del idioma inglés, las marcas, los logotipos, los filmes, los  video-clips y los anuncios publicitarios como únicas alternativas para ingresar al mundo más actualizado y que se convierten en una  maquinaria de  mezclar y comercializar todo. Síntesis inconclusa y confusa (fusión dirían unos y dis-fusión otros) de varias culturas, idiosincrasias y psicologías sociales, pero donde predominan los productos de los gigantescas transnacionales capitalistas.

    Y para re-imponer esa hegemonía cultural no fue casual que, sin esperar ni siquiera un segundo, los gurús de derecha arremetieran ofensivamente contra los “restos” del marxismo y el leninismo, el  pensamiento social crítico, la filosofía  de  la  liberación  y   todas  las  doctrinas  sociopolíticas revolucionarias - incluso aquellas que provenían del Renacimiento, la Ilustración y la Revolución Francesa -, las cuales fueron cuestionadas fuertemente,  como  la  Revolución de Octubre, la China y la Cubana, y “puestas entre  paréntesis”, tal  como  expresara Husserl. El marxismo, como  ciencia / saber filosófico, se vio sometido a una pérdida  de  prestigio  y  de  legitimidad  sin  precedentes en la historia. Insólitamente bajo los escombros del Muro de Berlín intentaron  sepultar los socialismos europeos y, al mismo tiempo, la teoría original y creadora que poco tuvo que ver con esa hecatombe. No querían simplemente oposición práctica orgánica y sistémica ante su modelo dominador hegemónico, sino una destrucción y parálisis del pensamiento de izquierda.  

    Pero aun, en ese instante de triunfalismo y apología sin límites de la burguesía y, cuando muchos intelectuales y personalidades de izquierda y progresistas se sumaron al desencanto y diagnosticaron la “enfermedad del marxismo” o “la muerte de Marx”, los centros intelectuales imperiales y de la derecha mundial se mostraron mucho más cautelosos y si se quiere realistas. El Times Literary Supplement, de Londres, en 1998, en ocasión del aniversario del Manifiesto Comunista, publicaba una foto del “Prometeo de Trèveris” y una leyenda que decía: “Not dead yet” (Todavía no está muerto), y la revista estadounidense New Yorker culminó su cobertura, en ese mismo año, sobre el creador del fantasma que recorrería el mundo con una pregunta dubitativa, propia de una inquietud pasmosa pero al mismo tiempo diagnosticadora: “¿No será Marx el pensador del siglo XXI?”.

   La perplejidad de estos artículos - sin mucha difusión - no tanto por la posible ironía sino por la lucidez de esas mentes rivales en las que casi nadie creyó, son partes de los ingredientes más sutiles de la batalla ideopolítica y cultural.

Una dura realidad para transformar.


   En la actualidad, pudiera ser que Fukuyama haya perdido sus falsas apuestas porque las historias no terminaron y regresaron; que Huttington haya cedido espacio porque las ideologías están provocando guerras incesantemente y continúan superando la susodicha confrontación absoluta de culturas y civilizaciones; que las utopías hayan retornado nuevos bríos, fundamentalmente, por las tierras de Nuestra América; que el neoliberalismo esté en tránsito de un rotundo fracaso; que sea inminente una crisis económica del sistema capitalista, entre otros signos de debilitamiento del modo de producción explotador. Pero, ¿qué sucede y acontecerá cuando estamos conscientes que la iniciativa cultural se perpetúa en las manos y en esas mentes adversarias? 

   Los medios de comunicación masiva prosiguen en poder del capital y los alternativos, muchas veces, son escenarios de batallas bizantinas y querellas entre las diferentes escuelas, tendencias y corrientes de las izquierdas. La cultura predominante sigue siendo la de los centros imperiales, aunque hayan llegado al gobierno de algunos países, líderes que representan a las masas populares oprimidas. Una mirada a la Venezuela de hoy, muestra que el verdadero partido de oposición, proimperialista además, existente contra el presidente Hugo Rafael Chávez Frías y su proceso hacia un socialismo del siglo  XXI,  son el terrorismo mediático de las televisoras - incluidas las de cable -, las radios y los periódicos que no están dominados por el proceso revolucionario. Y es tan evidente esa realidad, que son capaces de dar la imagen de un golpe de estado - no tan  virtual - que casi le cuesta la vida al dirigente bolivariano, como el ocurrido el 11 de abril de 2002.

    Por otra parte, el destacado politólogo argentino Nestor Kohan ha disertado  sobre la complejidad de la lucha actual escribiendo recientemente “[...] ¿Qué hacer cuando los segmentos más lúcidos de la burguesía intentan resolver la crisis orgánica de hegemonía, legitimidad política y gobernabilidad apelando a discursos y simbología "progresistas", poniéndose a la cabeza de los cambios para desarmar, dividir, neutralizar y finalmente cooptar  o  demonizar  a  los sectores populares más intransigentes y radicales? (14).

    ¿Cómo cambiar las reglas del juego en el campo cultural? La respuesta siempre ha sido única para los verdaderos revolucionarios: luchar con audacia y valor, con la verdad, la integridad y la inteligencia, con la conciencia, la convicción y la voluntad irreductibles, sumándose a ese catálogo de principios y virtudes, las grandes experiencias y las enseñanzas que la historia les ha brindado en este largo camino de éxitos y derrotas. Las herencias están ahí para convertirlas en fortalezas.

    Hay que  dar  un  vuelco  radical  a  esa  situación  de  dominio  y hegemonía cultural que pretende volverse eterna. La originalidad y creatividad del socialismo que construyamos, o estemos construyendo, tiene que abandonar esa lógica-racionalista con un trabajo ideopolítico, educativo y cultural integral para sembrar nuevas ideas, principios, valores éticos y morales, construir una nueva cultura o contracultura anti-hegemónica. Muy diferente a las armas melladas del capitalismo que de poco servirán para esta larga, paciente y persuasiva batalla, quizás la más larga y difícil de todas las guerras por ganar las conciencias de millones de personas. Ganémosla a pensamiento.
 

Notas y referencias: 
 

(1)        Zbigniew Brzezinski  The Grand Chessboard: American Primacy and Geostrategic Imperatives (El gran tablero de ajedrez: la primacía norteamericana y sus imperativos), Basic Books, New York, 1997.

(2)        Francis Fukuyama  ¿El final de la Historia?, The National Interest, No. 16, 1989; y; The End of History and Last Man, Peguin Books, USA, 1992.

(3)        Samuel Huntington El Choque de las Civilizaciones y la reconfiguración de un nuevo orden mundial, Ediciones Paidos, Ibérica, S.A., Barcelona, 1997.

(4)        Frederic Jameson Postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo tardío, en revista Casa de las Américas, No. 155-156, may.-jun., La Habana, 1986; La Política de la Teoría. Posiciones ideológicas en el debate sobre el postmodernismo, Revista Criterios, No. 25/28, La Habana, enero de 1989-diciembre de 1990; Ensayos sobre el Postmodernismo, Imago Mundi, Buenos Aires, 1995; El Postmoderno, el postmodernismo y su crítica, Selección de Desiderio Navarro, Centro Teórico-cultural Criterios, La Habana, 2007.

(5)        Hugo Zemelman   Enseñanzas del gobierno de la Unidad Popular en Chile, en Gobiernos de Izquierda en América Latina: el desafío del cambio, Beatriz Stolowicz (compiladora), Plaza y Valdés Editores, México DF, 1999.

(6)        Eduardo Galeano Un niño en la intemperie, en Interrogantes de la Modernidad, Ediciones TEMPO, La Habana, s/f.

(7)        Mark Horkheimer y Theodor W. Adorno Dialéctica del Iluminismo,  Editorial Sur, Buenos Aires,  1994.

(8)        Alejandro Serrano Caldera   El Doble Rostro de la Postmodernidad,  Editorial Amanecer, S. A., San José, Costa Rica, 1994.

(9)        Daniel Bell  El fin de las ideologías. Sobre el agotamiento de las ideas políticas en los años cincuenta, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid, 1992.

(10)    Mario Benedetti  El capitalismo ha ganado un partido, pero no el campeonato, en Interrogantes de la Modernidad, Ediciones TEMPO, La Habana, s/f.

(11)    Jorge Velásquez Acosta  Democracia y Mercado ¿Nuevos modelos de legitimidad?, en Globalización y fin de la  historia, Universidad  Autónoma  de la Ciudad de México, México DF, 2005.

(12)    Benjamin Barber  Hacia una sociedad universal de consumidores. Cultura McWorld  contra  democracia, en  La  Gaceta  de  Cuba,  No. 6,  Nov-Dic., La Habana, 2001.

(13)    Herbert Marcurse  El hombre unidimensional, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1968.

(14)    Nestor Kohan Crisis orgánica y revolución pasiva: el enemigo toma la iniciativa, en Rebelión, 22 de agosto de 2008.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

 

 

Aprender para aprehender y comprender críticamente al mundo actual II, por Orlando Cruz Capote*



“Han sido escrito miles de metros cúbicos
de libros contra Marx, y Marx está más vivo
que todos los que intentaron superarlo”.
Darcy Ribeiro.



A esta nueva cultura científica y cotidiana que es, además, política e integral, le es imprescindible el debate y la polémica desde la ética humanista concreta, que no obvia el carácter clasista; el saber escuchar, dialogar y comprender que nadie posee la verdad absoluta; tolerar al “Otro”, el diverso, que puede investir un diferente punto de vista pero también válido; ser capaz de aprender el nuevo sentido de dirigir obedeciendo con humildad y modestia; admitir que el verdadero conocimiento es aquel que duda; ser crítico-constructivos con nosotros mismos y con los objetos y sujetos sometidos al análisis. Sin embargo, hay que re-pensar y re-crear en todas las esferas de la vida material y espiritual, pero sin caer en ingenuidades, espontaneísmos y subjetivismos-voluntaristas inocentes, muchas veces signados por la inercia, la apatía, el nihilismo y el apoliticismo.

Mucho menos extrapolar los métodos y conceptualizaciones de las ciencias naturales, exactas y aplicadas al terreno de las sociales, sin estudiar el comportamiento individual y colectivo del ser humano ante todas las realidades complejas que enunciamos. Si partimos de que existen diferencias y similitudes, cualquier reduccionismo de un lado o del otro puede ser fatal. El darwinismo social, el (neo)-malthusianismo, el mecanicismo, el relativismo y otras tantas teorías -como el mencionado enfoque de la complejidad mal empleado- no pueden volver a obnubilar a los que trabajan los problemas sociopolíticos, económicos y culturales de la humanidad con fórmulas abstractas, no aplicables y otras muy específicas, pero no afines con la situación histórico-concreta del cuerpo societal.

Porque hay que distinguir en ese maremagnum de problemáticas, con un fino olfato ideopolítico, cuáles son las variantes que ayudan a la liberación nacional y social de los pueblos y las que pueden paralizar o hacer retroceder esas luchas, puesto que los procesos que caracterizan al Fast World capitalista actual están incidiendo en una visión subestimante y, a la vez, deprimente sobre los nacionalismos radicales (que provienen de su raíz histórica-cultural patriótica y solidaria, nunca racista y xenofóbica), hasta el nacional-reformismo y el populismo, los sentimientos y convicciones patrióticas, las tradiciones histórico-culturales originarias y más genuinas, así como las populares, que intentan sean reducidas a un simple folclor para turistas, al igual que las creencias, ritos y los mitos locales-nacionales que pretenden sean subalterizados.

Por eso los conceptos que reflejan, aunque no en todas sus aristas, los fenómenos reales de la multiculturalidad, la transfronterización, (1) la heterogeneidad y las complejas diversidades e identidades existentes hoy, provenientes algunas del pasado histórico, se encuentran en un franco tránsito hacia una pretendida re-dominación unilateral homogeneizante por su carácter globalizador natural y transnacional -este último además neoliberal- y han invadido la cotidianidad de la vida social y ciudadana en un numeroso grupo de naciones del planeta (o en casi todos), aunque los impactos más negativos se aprecian con mayor nitidez en el Tercer Mundo y en los bolsones tercermundistas de los países industrializados.

A su vez, el denominado “nomadismo identitario” - la multiplicidad de las identidades y/o el traspaso de unas a otras (el “Yo” en el “Otro” y en “Otros”)- se está produciendo con un carácter y una forma contraproducente, porque aunque muestra una movilidad, diversidad y entrecruzamiento interesante, proclive a un intercambio provechoso e identificaciones variadas, es también demostrativo de fuertes luchas por los espacios logrados o por conquistar, así como por los sentimientos encontrados de racismo, discriminación, xenofobia y exclusión presentes, en mayor o menor medida, en todas las sociedades.

También, porque los vínculos entre homogeneización (así como los propósitos de uniformización extrema) y pluralidad, entre universalismo y particularismo, (2) han cambiado en el sentido de la multiculturalidad que ya no solamente abarca aquella históricamente establecida -la que signaba las resistencias radicales de los pueblos originales y la de los mestizos nativos nacionales-clasistas explotados y oprimidos, contra los opresores y explotadores-, que no obstante continúan existiendo, sino la otra que convoca a una diversidad cultural, étnica, social y nacional que no son obstáculos irremediables para la modernización en el sentido positivo de los cuerpos societales. Porque todos ellos pueden asumir, y de hecho lo hacen, formas paralelas-alternativas que conviven en armonía o desarmonía, efímeramente o no, con las contradicciones endógenas y exógenas presentes.

Asimismo, porque la multiculturalidad e hibridación de los sistemas de vida están constantemente interpenetrándose e interceptándose de forma natural o violentamente. La heterogeneidad sociocultural y los desafíos de las costumbres surgen no solamente por la influencia exterior sino porque en cada región, nación y localidad coexisten varios códigos semánticos, se articulan redes complejas y heteróclitas de prácticas civilizatorias y signos, de préstamos de transacciones culturales muy diversas y universales, entre otras. Esta hibridación, a veces no completamente articulada o lograda, no elimina en el capitalismo el desigual acceso a la riqueza de las diferentes clases, grupos, sectores, segmentos y estratos sociales, su explotación, alienación / enajenación, opresión y marginación, pero está exigiendo reformular las concepciones que separaban maniqueamente lo extranjero de lo nacional, lo popular de lo elitista y lo tradicional de lo moderno. La calidad humana, ética y estética, además del contenido revolucionario del texto, del mensaje y las imágenes que se presenten es la línea divisoria de lo auténtico y legítimo vs. lo falso y lo no fidedigno.

En estos “nuevos” sistemas societarios, muchos de ellos transitando hacia formas económico-sociales y científico-técnicas superiores -esa es aún una remota posibilidad para todos los actores mundiales- hay, sin embargo, apropiaciones mutuas de conocimientos, simbologías, mitos, creencias, cultos, religiones y culturas, por lo que la modernidad o la “postmodernidad” no son obligatoriamente entes sustitutivos de las tradiciones preexistentes en los pueblos del Tercer Mundo y, en especial, los latinoamericanos y caribeños, y ni siquiera en las sociedades industrializadas.

Existe en la actualidad una tendencia a un intercambio creciente de saberes y conocimientos entre las culturas indígenas y/o oriundas acerca de la medicina natural, elementos curativos a través de la fuerza de la energía mental, el tratamiento con las manos, la acupuntura, la concentración yoga u otras variantes, así como creencias y nociones más adecuadas, ecológicamente, de cómo debe comportarse el hombre en su entorno natural, pero diverso y plural, y los descubrimientos científicos más avanzados de las civilizaciones y culturas adelantadas tecnológicamente, en especial las del mundo occidental industrializado, que brindan también elementos valiosos de sabidurías, así como formas educacionales-culturales aprovechables. La solución en esta fase de “culturalización de conflictos”, sería la subordinación relativa y la necesaria complementación / integración de las autonomías, las soberanías y todo ello sin perder las diversas identidades nacionales, culturales y otras tantas, autóctonas y auténticas, que nos recorren.

La realidad sociopolítica contemporánea y los impactos de la mundialización transnacional capitalista: La lucha de clases continúa.

No obstante haberse producido el colapso de los proyectos del autodenominado “socialismo real” en el centro-este europeo y la Unión Soviética, la pérdida de legitimidad y el desmantelamiento paulatino del Estado-Nación -incluyendo, paulatinamente, al fuerte, providencial y benefactor burgués-, la desintegración de Estados Multinacionales en pequeños y débiles estados nacionales, o mucho menos que eso, promovidos increíblemente por los diseñadores de la “Aldea Global”, en contraposición a la “Aldea Local”, han renacido con fuerza en los años finales de la pasada centuria, los gobiernos populares y revolucionarios, nacionalistas e integristas con la consabida aparición, resurgimiento y fortalecimiento, paradójicamente multiplicados, de las identidades diversas o heterogéneas, representadas por los nuevos movimientos sociales y políticos que abarcan disímiles grupos y sectores de la sociedades -la realización de los Forum Sociales Mundiales es un ejemplo de esa diversidad- que han derivado a un corrimiento hacia las identidades culturales, tanto regionales como locales, estas últimas de forma predominante, aunque con una lenta reanimación de los intentos políticos, económicos y sociales integracionistas regionales, complementarios y solidarios. Y también subsistieron los socialismos en Cuba, China. Vietnam, Corea del Norte y Camboya o Kampuchea, cualesquiera que sean sus características y particularidades, y que provienen de la pasada centuria.

Sin embargo, algunos de los movimientos sociales y políticos de nueva factura han subestimado y otras veces obviado que, fundamentalmente, sólo sobre la base de una articulación y una integración de lo diverso, de lo autonómico o local con lo nacional y estos, a su vez, con lo internacional, es y será posible una resistencia única y poderosa, articulando la heterogeneidad de estas organizaciones y/o movimientos, ante la hegemónica globalización capitalista neoliberal. Ello sin soslayar que la crítica principal a este modelo parte, evidentemente, de la capacidad de estos movimientos para organizar a diversas fuerzas políticas y sociales de carácter local, regional, nacional y mundial, que ya han demostrado una formidable y creciente resistencia tanto teórica como política, al señalar que la globalización no tiene que ser un proceso que transcurra desde una rayana hegemonía o hacia un inevitable sistema de dominación múltiple del capital, como ha venido ocurriendo, casi siempre, de forma fatalista.

No obstante, los intelectuales revolucionarios orgánicos, los líderes de izquierda de amplio espectro ideopolítico, los demócratas y progresistas, así como las organizaciones populares de base, aquellas que construyen el poder desde abajo, han puesto en entredicho ciertos esquemas dominantes en la reflexión político-social e histórica, pronunciándose por una globalización solidaria, humana, pacífica e integracionista en el que el tema de la democracia popular directa y representativa - teoría y práctica - sea un principio de legitimidad para que un mundo mejor sea necesario, posible e imprescindible.

Los que vivimos en este planeta y tiempo histórico sabemos -o debemos saber- que la época de la globalización transnacional capitalista neoliberal es también un período asimétrico de intensa mundialización natural de la humanidad y de procesos simultáneos de globalizaciones altercapitalistas, otros antiglobalizadores absolutos, así como de verdaderos “agujeros negros” societal-civilizatorios a los cuales no han penetrado, o lo han realizado en muy poca cuantía, estos fenómenos transnacionalizadores. En estos países y regiones los efectos son pobres aún o se les ha contrapuesto una enorme resistencia tradicionalista (religiosa, étnica, tribal, local y nacionalista) consciente e inconsciente; o ha sido consecuencia de la asimétrica difuminación de tales ideas y adelantos científico-técnicos.

Pero, la denominada “norteamericanización”, la “europeización” o la transnacionalización en términos de “glocalización” y la “indigenización” no sólo pretenden allanar las diversidades y heterogeneidades, sino “parasitar” más que todo estas diferencias regionales, nacionales, locales y culturales con vistas a obtener esperanzas de productividad, efectividad y ganancias, una mayor plusvalía según Carlos Marx. El autor Leslie Clark plantea que “[...] En cierta medida, la globalización económica ha cambiado [...] al facilitar la incorporación de socios locales a las redes transfronterizas de las corporaciones globalizantes y al permitir que estas aprovechen las ventajas de los socios y recursos locales, ventajas que pueden compartir con las élites locales.” (3)

En especial, a los gobiernos del denominado Tercer Mundo o de aquellos países que han sido arrastrados a ese status de subdesarrollo y dependencia, como sucede con las naciones del este-europeo (los ex-socialistas) y las zonas periféricas del Norte Industrializado, se les orienta que reduzcan el Estado-Nación al cumplimiento de funciones policiales para controlar a las masas populares; suprimir sus prerrogativas para decidir la planificación, regulación y control de las economías; invalidar y violar las leyes estatales, federales y autonómicas (las provinciales, municipales, distritales y también las locales); eliminar sus derechos para determinar los emplazamientos (cuáles y dónde) de nuevas industrias y servicios, incluidos los bancarios, culturales e informáticos. Asimismo, se les indica la ubicación, con la cantidad incluida, de las inversiones de capital transnacional, casi siempre hacia la propiedad privada, de las nuevas tecnologías, sobre el mercado destinatario, su comercio, que están privilegiando al sector privado de la oligarquía local, así como eludir las normas ecológicas y de protección medio ambiental, entre otras imposiciones-restricciones.

En muchos casos, además de la realidad actuante, se hacen verdaderos discursos teórico-políticos y “científicos” que pretenden tener como punto de partida una totalidad, subestimándose u omitiéndose las partes o componentes del Sistema de Dominación Múltiple del Capital (4) -se esconde la cultural con fines bien predeterminados-, disminuyendo arbitrariamente sus desigualdades, asimetrías, inequidades y, más que todo, las tendencias alternativas-críticas, gubernamentales y no gubernamentales (ONG) de la sociedad política y la sociedad civil. También se resta importancia a la acción de los Estados-Naciones populares, las autonomías, los esfuerzos de cooperativas locales y las formas de gobierno autogestionarias que se ensayan en procesos revolucionarios de variado espectro ideopolítico, y la fuerza, con mayor o menor dimensión, de las potencias emergentes, a los diversos procesos integracionistas y a los múltiples actores tradicionales y modernos, locales y regionales, nacionales y mundiales que desean un Nuevo Orden Internacional, así como al funcionamiento del multilateralismo y la necesidad de un reajuste más democrático y justo de los diversos escenarios. Aún más, se evitan, ocultan, minimizan o se prohíben a los pensadores de izquierda, quienes quedan relegados a las páginas Web de los periódicos alternativos digitales que, a pesar de todo, están siendo convertidos en verdaderas armas de combate contra los dueños de la informatización -pensamiento único- globalizada transnacional capitalista.

El debate ideopolítico esclarecedor y las izquierdas.

En este contexto, las izquierdas resaltan los problemas esenciales de la independencia, la soberanía, la autonomía, la integración solidaria y la urgencia de que se respeten los derechos de las naciones y pueblos (estos últimos casi siempre referidos a pueblos originarios que radican en varios Estados naciones fronterizos) a construir las sociedades colectivas que entiendan -en un marco jurídico que no afecten a terceros-, sobre la base de la mayor democracia participativa-directa posible y necesaria. Una democracia real y justa, de equidad, de libertad y justicia social en donde los individuos y los colectivos construyan sus ordenamientos y normativas jurídicas y éticas.

La movilización de la sociedad civil, en sus múltiples variantes y diversidad, como importante fuerza popular dinamizadora tiene que desempeñar un mayor rol en el proceso integracionista desde un comprometimiento que tenga sus raíces en lo local, lo nacional, tránsito de lo universal. Ello es tan necesario porque la mayoría de los discursos desde el poder han quedado en una promesa postergada, han sido cuestionados y han caído en una incredibilidad frustrante. Sólo con el apoyo decidido de los movimientos sociales y políticos contestatarios -nuevos y tradicionales- al Sistema de Dominación Múltiple del capitalismo se podrá catalizar y rescatar, a partir de las masas populares, la cultura política alternativa de un nuevo y positivo redimensionamiento del Estado-Nación, la Identidad Nacional, las autonomías, las soberanías y la urgencia de la articulación-integración de lo diverso.

La riqueza y complejidad de la realidad nos muestra paradojas que pueden ser aprovechadas, fortalezas que deben ser desafiadas o debilitadas desde dentro del sistema capitalista mundial, para brindar una respuesta y un accionar, no solo diagnosticador y propositivo, sino de tomar la iniciativa histórica. Porque la defensa de lo “local” o lo “nacional”, hasta lo regional, también transita por el riesgo de que esta sea usufructuada y reutilizada por los políticos nacionalistas y/o populistas (algunos de la peor especie, por ejemplo, los fascistoides) y, especialmente, por la denominada burguesía “nacional” y/o la “interior”, que tienen el objetivo de contrarrestar y minar el activismo de la clase obrera o desposeída -en su nueva reconfiguración y dimensión-, y de los movimientos sociales y políticos antiglobalización capitalista neoliberal.

Cualquier iniciativa “nacional” o local, de los “movimientos nacionalistas” y otros, que no tomen en cuenta el poder estructural y los intereses del capital transnacional, fundamentalmente del imperialismo norteamericano, deviene en una falsa dicotomía que puede llevar a la conclusión de que el capital nacional virtualmente es sinónimo de nación. Así, los intentos de los movimientos sociales, los partidos u organizaciones de izquierda y de la intelectualidad progresista de acometer la lucha antiglobalizadora transnacional negando el rol de la lucha de clases o el enfoque clasista de sus plataformas políticas, invalida o tuerce el camino hacia una resistencia y desarrollo activo-efectivo de la alteridad al hegemonismo capitalista neoliberal que es, asimismo, un signo de debilidad de la actual ideología de la izquierda alternativa mundial. Es lo que denomina el estudioso Gerard Greenfield, como el empleo de “[...] la retórica del antiimperialismo sin desafiar al capitalismo.” (5)

En algunos países y regiones, el redimensionamiento del Estado-Nación toma el rumbo de una transformación gerencial del orden público nacional. Esta construcción de un nuevo nacionalismo basado y disfrazado en un modelo gerencial (subordinado o subalterno) de gobernabilidad va más allá de un sistema-método autoritario que defiende únicamente los grandes negocios de la oligarquía burguesa en un país. Se convierte, y es así en la mayoría de algunos modelos nacionales y regionales, en una estrategia para insertar profundamente al capital “local”-nacional, con mixtura regional y transnacional, en la internacionalización capitalista. Y tratan de que esa reorganización del Estado-Nación opere como un agente de primer, segundo o tercer orden, con el fin de sesgar las protestas antiglobalizadoras y, muy especialmente, la omitida confrontación antagónica entre el trabajo y el capital, entre el obrero-asalariado y el capitalista, entre el poseedor y el desposeído.

De forma paradójica muchas demandas de la heterogénea izquierda planetaria contra la hegemonía del capitalismo transnacional coinciden -o la hacen coincidir algunos actores sociales- con los intereses nacionalistas del capital “local o nacional”. El sentido de la contradicción que trata de ocultarse es la existencia de una supuesta burguesía nacional en un mundo cada vez más transnacionalizado, en la que ella es igualmente nacionalista e internacionalizante. Olvidándose la sentencia del politólogo Nicos Poulantzas de “[...] No puede haber duda de que la política burguesa enfrentada cara a cara con la nación está sujeta a los peligros de sus intereses particulares: de hecho, la historia de la burguesía se caracteriza por una continua oscilación entre la identificación con - y la traición - a la nación [...].” (6) Concepción que es reforzada por una afirmación de Bob Jessop cuando explica que, para comprender el sentido de la clase capitalista local transnacionalizada y los cambios que han transformado a la burguesía nacional en una burguesía interior, es necesario saber que “[...] Esta burguesía interior no es totalmente dependiente del capitalismo externo - como lo es la burguesía compradora [importadora] -, la cual carece de una base propia de acumulación y está económica, política e ideológicamente subordinada. Tampoco es lo suficientemente independiente para jugar un rol de liderazgo en ninguna lucha antiimperialista genuina (como lo es la burguesía nacional). Esta posición intermedia no significa que la burguesía interior carezca de algún grado de independencia. Al contrario, tiene su propio basamento económico y sus bases de acumulación locales y externas y mantiene sus propias orientaciones políticas e ideológicas nacionales opuestas al capital norteamericano [...]”, (7) y no solo a éste, según los casos. Esta definición de burguesía interior, es un concepto operacional que permite realizar dos dimensiones críticas de la misma: la integración - paulatina y acelerada - con los circuitos del capital extranjero y, la posesión de su propio fundamento económico y bases de acumulación en el país y en el extranjero.

Todo ello nos conduce a corroborar que es sumamente importante, desde el ángulo táctico y estratégico, que los movimientos sociales y políticos antiglobalización comprendan que el capitalismo transnacional se apropia de la defensa de lo “local” como un medio de relegitimarse. Por ello una visión estrecha, dogmática y esquemática de la lucha frontal o de posiciones, con las respectivas políticas de alianzas y compromisos, de los diversos movimientos alterglobalizadores, antisistemicos o no, hacia el nacionalismo y las apelaciones a la soberanía nacional, con pretendidas ínfulas de defenderse ante lo extranjero, más la autosuficiencia nacional - entre otras consignas ideológicas donde el pragmatismo parece ser lo dominante - puede promover alternativas que refuerzan la lógica metabólica reproductiva del capital transnacionalizado.

Sin una mirada concienzudamente crítica y clasista cualquier política de izquierda en este mundo tan complejo puede perderse y convertirse en un boomerang más peligroso que la parálisis de pensamiento y acción. Cuando se pierde el enfoque clasista del análisis nacional, regional e internacional y se utilizan términos ambiguos para denominar a los explotados y oprimidos, como: “multitudes”, “gente indigente”, “ordinaria” y hasta “marginales” o “pobres”, se puede identificar a éstos y los explotadores con el ideal y la realidad de la nación, extrayendo la lucha de clases, siempre presente, de la ecuación alternativa que es, indudablemente, un punto de partida fundamental de la problemática del proceso globalizador capitalista transnacional neoliberal.

La historia que se construye debe entonces dejar de ser exclusivamente reflejo de la autoconciencia occidental -del Norte rico- que tanto ha gustado de edificar e imponer metarrelatos de sí misma a partir de sus propios referentes nacionales, culturales e históricos. Las otras historias, las de los pueblos naciones asiáticos, africanos, de Oceanía y las originales de América del Norte, y los grandes pueblos oriundos y mestizos de Latinoamérica y el Caribe -enclaustradas muchas veces en sus propios esquemas tradicionales, en parte por la exclusión y explotación a que han sido sometidas-, y lo más esencial, la historia de los explotados, marginados y excluidos de cualquier relato y protagonismo -los hombres y mujeres sin historia- deben incorporarse como expresiones relevantes de espacios y temporalidades trascendentes para toda la humanidad.

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Nestor García Canclini Cultura y Sociedad. Homogeneización y Pluralidad Cultural. Universalismos y Particularismo, en revista FERMENTUM, Año 3, No. Especial 6 y 7, enero-agosto, Mérida, Venezuela, 1993; Martin Hopenhayn ¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura, En Cultura, política y sociedad. Perspectivas latinoamericanas, (Daniel Mato, Compilador), CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(2) Daniel Mato Teoría y política de la construcción de identidades y diferencias en América Latina y el Caribe, Editorial Nueva Sociedad / UNESCO, Caracas, 1994; Des-fetichizar la “Globalización”, en Colectivo de Autores Cultura, política y sociedad, CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(3) Leslie Clark The Transnational Capitalist Class, Blackwill, Oxford, 2003.

(4) Gilberto Valdés Gutiérrez El Sistema de Dominación Múltiple del Capitalismo, Tesis de Doctorado en Ciencias Filosóficas, Biblioteca Especializada del Instituto de Filosofía, La Habana, 200l.

(5) Gerard Greenfield Bandung de vuelta: Imperialismo y nacionalismo antiglobalización en el sudeste asiático, en El Imperio Recargado, Editores Leo Panitch y Colin Leys, Socialist Register, (2005), CLACSO, 2005.

(6) Nicos Poulantzas State, Power, Socialism, Verso, London-New York, 2000.

(7) Bob Jessop Nicos Poulantzas: Marxist Theory and Political Strategy, Macmillan, London, 1985


*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba


Aprender para aprehender y comprender críticamente al mundo actual (I) por Orlando Cruz Capote*

“No quiero que mi casa esté amurallada por los cuatro costados, ni que mis ventanas estén tapiadas. Deseo que la cultura de todas las tierras sople por mi casa con toda libertad, pero me niego a que cualquiera de ellas me lleve de un soplo”.


Mahatma Gandhi


Uno de los problemas más acuciantes de la contemporaneidad es la enorme existencia y afluencia de información sistemática, (in)-coherente, diversa e (in)-adecuada, en muchos casos, que el ciudadano planetario común recibe diariamente y a la cual debe enfrentarse a través de los grandes medios masivos de comunicación, transnacionalizados en su inmensa mayoría. De un denominado “cuarto poder” estos han pasado a ocupar el “primero”, como parte esencial de las dominadoras y hegemónicas clases políticas y socioeconómicas explotadoras y opresoras.

Los medios de comunicación masivos, que deben constituir una herramienta persuasiva que nos permita mantenernos en continua comunicación con los distintos sucesos sociales, políticos y económicos tanto a escala nacional como internacional, no están cumpliendo cabalmente, sin embargo, su función educativa, cognoscitiva-analítica-reflexiva, demostrativa de verdades aproximadas, de diálogos y debates interculturales constructivos; así como de ayudar a las personas, desde el punto de vista individual y colectivo, a edificar y modificar adecuadamente sus modelos de vida en este mundo aceleradamente interrelacionado.

Al unísono, (contrariamente a la pretensión legítima de ayudar a los seres humanos en la conformación de elecciones acertadas en sus múltiples ámbitos de actuación, de favorecer la defensa de las costumbres, tradiciones, creencias, mitos y folclor que no deben entrar en antagonismos con la denominada (post)-modernidad y la “Otra” heterogeneidad sociocultural sino complementarlas, de fortalecer en los hombres y mujeres sus comportamientos valorativos humanistas, morales y éticos más correctos, de variar las formas de consumo derrochadoras por las ahorrativa-racionales y de apoyar a la conformación de una opinión pública culta y humanística), estos medios de des-información desandan por caminos muy antagónicos a estos propósitos y objetivos honestos y justos.

Están tratando, de manera abierta y encubierta, de homogeneizar y uniformar y, paradójicamente, fragmentar y atomizar a los cuerpos societales con sus informaciones tendenciosas y manipuladoras, construyendo sus imágenes, noticias y comentarios con sensacionalismos de variado tipo, relatos banales, violencias exageradas, mentiras infundadas, coberturas y opiniones parcializadas, censuras de verdades incómodas, terrorismos mediáticos contra agrupaciones, naciones y sistemas ideopolíticamente adversos al capitalismo dominante, fobias paralizantes introducidas con oscuros propósitos políticos, exacerbación de ánimos contraproducentes a una lógica racional humanista, etc. Conociendo que son pocos los “elegidos” para dirigir tales instrumentos de comunicación y muy amplios los destinatarios de los mismos se dan el lujo de hacer y deshacer a su antojo.

La contradicción dialéctica de este proceso es que el hombre de nuestro mundo globalizado -y “glocalizado”- necesita de esa “cascada informática” cada vez más pero, al mismo tiempo, tiene que poseer un criterio electivo y selectivo, crítico en esencia, porque en numerosas ocasiones, los diversos conocimientos y saberes, no tienen un orden de prioridad, jerarquizaciones, ordenamiento y coherencia sistémica, y se desconoce por el ser individual y colectivo (societal también) cuáles son las informaciones que le son válidas para su quehacer laboral, vital y para su satisfacción espiritual. Se vive la constante sensación de que cada vez sabemos más de menos cosas.

Para ello, ese ser humano del presente y del futuro debe y tiene que poseer, imperativamente, un nivel educacional y cultural medio y/o elevado para aprender, aprehender y comprender críticamente esa cantidad y calidad de conocimientos. Pero debemos partir del criterio básico que una parte importante de la población de la Tierra, en especial, la del Tercer Mundo subdesarrollado y los bolsones periféricos del Primer Mundo desarrollado, son analfabetos, semianalfabetos y, en incontables latitudes, analfabetos funcionales, por lo que la tarea que enfrentamos los científicos, educadores, maestros, periodistas, divulgadores y comunicadores todos, hoy en día, es de una importancia elemental y trascendental. Muchos de estos ciudadanos, sin acceso a Internet, porque no poseen siquiera energía eléctrica ni teléfonos, y sin posibilidades de leer e interpretar una simple nota escrita o información oral, son convertidos en hombres y mujeres maleables, sin libertad de selección y elección. A esa parte de la humanidad hay que enseñarles a leer y a escribir, y a realizar esa lectura con sentido crítico-activo.

No estamos en medio de la llamada, eufemísticamente, Sociedad Global de la Información (SGI) -idea surgida en una Cumbre del G-7, en 1995-, sino de múltiples Sociedades del Saber, tal como lo afirmó Armand Mattelard, en las que se pueden aprovechar los elementos técnicos de avanzada, pero desde las diferencias y las culturas heterogéneas.

La mayoritaria información que se brinda a través de las grandes cadenas televisivas, radiales, la prensa escrita y en formato electrónico, verdaderas industrias culturales e informativas, no siempre goza de una calidad estética y educativa, ni humanista y ética que esté a la altura de la solución de los graves problemas de la humanidad. Las realidades virtuales, subliminales, al servicio de la publicidad y la propaganda política, económica y comercial de los poderosos, la selección anticipada de lo que quieren que veamos y escuchemos - y compremos - y el cómo debemos asimilarlo y consumirlo son grandes contradicciones de la época del ciberespacio y las grandes autopistas de la información-comunicación. A veces todo es un engaño mediático, una estafa de realidades que ni siquiera han sucedido y de medias verdades que nos confunden para reconocer los procesos reales en la política y hasta las guerras, la economía, las finanzas y en la cultura, incluida el arte, porque ahora casi toda actividad humana ha sido convertida en pura mercancía que debe garantizar la obtención de ganancias para la poderosa burguesía transnacional.

La traspolación o transmutación de los ideales más puros y genuinos de la humanidad hacia una simple mercancía es una de las especialidades de esta industria de la cultura del consumismo. “Les ofrecemos la libertad [...]”, reza una parte del slogan publicitario de una cadena de producción de papas precocidas del Midwest americano, para luego agregar de forma tajante “porque le damos la oportunidad de escoger la salsa acompañante”. No existen comentarios a no ser que se compare ese fenómeno con este otro: “En el planeta Reebook, las fronteras no existen”, que proclama arrebatadoramente la campaña del famoso fabricante de zapatos deportivos.

Las libertades y las fronteras permeables y porosas -ya escribiremos de la transfronterización- de la penetración cultural capitalista, a lo estadounidense, son sinónimos virtuales del consumo de patatas pre-elaboradas y de los tenis. Todo un logro de marketing de venta, de consumo de modas light y de bloqueo de las neuronas, porque una buena parte de los ciudadanos piensan, sin detenerse, que al escoger - sinónimo de comprar - la salsa adjunta autónomamente y las zapatillas de sport son irremediablemente libres y universales.

En esta globalizada y transnacionalizada sociedad capitalista-imperialista de consumismo irracional que es, además, patriarcal, machista, homofóbica, racista y discriminatoria, explotadora y opresora e, increíblemente, paternalista-demagógica que pretende extenderse hacia todas las latitudes; esos medios de comunicación e información, como la prensa escrita que incluyen periódicos, revistas, folletos y libros de variado tipo, la digital, así como la radio, la televisión pública, privada y la de cable, los DVD, los DMD, el Fax, el correo electrónico y la Internet, generalmente, contienen y emiten en cuantiosas ocasiones una desinformación o información manipulada, subproductos estéticos y culturales, y una seudocultura que no demanda de una mente reflexiva. Están concebidos para entretener y ser vistos con pasividad, evitando cualquier visión crítica y conduciendo a una “cultura” del “deseo más instintivo del hombre”. El conocido especialista francés Ignacio Ramonet ha afirmado que “[...] la idea de que los hombres desean ser fascinados, extraviados y embaucados en la confusa esperanza de que alguna satisfacción hipnótica les llevará a olvidar, por un instante, el mundo absurdo, cruel y trágico en que viven”. (1)

La humanidad en su largo decursar histórico parecía haber acumulado conocimientos suficientes para poder superar algunos de los problemas básicos y elementales, por lo menos, de su supervivencia. Sin embargo, los paradigmas de la modernidad, aquellos que tuvieron que ver con los adelantos científico-técnicos, el más puro racionalismo y los ideales del progreso ilimitado, fueron puestos en entredicho, o cuando menos destrozados en parte, porque la expectativa de solución que se esperaba de estos procesos emancipatorios nacionales y sociales, con las ciencias y las técnicas aplicadas, no fue completamente satisfactoria. En la mayoría de los casos, la sobre-suficiencia de la razón instrumental y la penuria de los valores éticos y morales humanistas que enunciaron los mejores exponentes de esa modernidad no fueron cumplidos y se alteraron las vías de los conocimientos científicos y sus resultados. La imaginación y conciencia social, política y cultural de la humanidad no estuvo ni ha estado a la altura de su imaginación científica y tecnológica.

La desigualdad, la asimetría y el desequilibrio de los cuerpos societales a escala internacional, nacional y local, en cuanto a la distribución de la riqueza material y espiritual, la falta de justicia social plena, las desproporciones entre

los muchos bienes acumulados por unos pocos países y ciudadanos y la polarización extrema de la pobreza por las muchas otras naciones y pobladores, es decir las deficiencias e insuficiencias de la equidad, la igualdad y la libertad, no han hecho accesible la posibilidad real de poner a disposición de la humanidad toda esos grandes logros y conquistas del Homo Sapiens. Ello es demostrativo de que el modo capitalista de producción definitivamente no triunfó, como han proclamado sus agoreros, porque en la mayoría de los casos, esas causas / consecuencias, han sido fruto de su decursar histórico en más 500 años de existencia, aunque pretendan reafirmar que, a pesar de ello, no existían otras alternativas posibles.

El pensamiento único (2) o el Canal Único, como lo denominan el politólogo Ignacio Ramonet y el zapatista Subcomandante Marcos, respectivamente, se rigen por el principio de la supremacía de la economía capitalista sobre todas las esferas de la vida de la sociedad, defendiéndose ese “determinismo” en nombre del realismo y el pragmatismo. Los conceptos claves de este unicidad son: el mercado, la competencia y la competitividad, el libre cambio, la desreglamentación, la privatización, la liberalización, la moneda fuerte (el dólar, aunque últimamente compartido ese rango con el Euro) y la mundialización. Todo este vocabulario conceptualizador es sometido a la circulación reiterada por los medios de comunicación - mediáticos - con una fuerza intimidatoria que logra anestesiar las conciencias, convirtiéndose en armas de control, parte de toda una ingeniería de la persuasión invisible, mediante la publicidad, los sondeos y el marketing. Las herramientas futuristas de la información y la comunicación sirven más para el condicionamiento y cerco de los ciudadanos que para su emancipación.

Y aunque el viejo reto contradictorio del ideal burgués ha intentado renacer, pero ahora en las nuevas condiciones del desarrollo del capitalismo y el imperialismo de finales del siglo XX y principios del XXI, con un ambiente internacional muy diferente, éste sigue consistiendo en que la burguesía para llegar a realizar su propio interés de clase, problema histórico inicial y eterno de la misma, tiene que sobrepasarse en su trascendencia ideológica, jugándose el todo por el todo por imposibles y utopías con el fin de lograr lo posible real, el dominio llano y raso de todas las esferas de la vida social y la obtención principalmente de la plusvalía en su beneficio absoluto.

Ese excedente ideológico trazado desde la Revolución Burguesa Francesa (1789), con los lemas universales e históricamente revolucionarios, de “la Igualdad, la Fraternidad y la Libertad”, además de su “falsa conciencia” acerca de los ideales del reformismo pequeño-burgués: el librecambismo universal, la autorregulación del mercado y la competencia perfecta pasan, constantemente, a ser manipulados de forma deliberada por la falsedad de la conciencia burguesa - la ideología del mercado total. Ella misma, la ideología burguesa, tiene que ser invertida y también convertida por sus “profetas” o ejército de profesionales en recurso, medio, instrumento y dispositivo ideológico que se arbitra su intencionalidad, expresado en una reproducción espontánea y premeditada, deseada y operacionalmente manipulada. Es entonces que el interés particular de clase - egoísta e individualista - y la “trascendencia” histórica de sus ideales universales se mezclan, sin poder cumplir con los últimos porque su carácter de clase explotadora, expoliadora y opresora a nivel nacional e internacional, se lo impide de forma natural.

La situación histórico-concreta contemporánea en las ciencias naturales, exactas, aplicadas y las sociales o humanísticas.

En la actualidad ese saber y comprender se ha complejizado de manera extraordinaria porque nos encontramos en una “Época de Perplejidades”, en un momento de crisis transicional-epocal, de civilización, de culturas, ideologías y de la ya mencionada modernidad. Los nuevos saberes científicos, los conocimientos y los métodos para abordar los viejos y nuevos problemas de la humanidad tienen que provocar un cambio esencial en la forma de pensar, reflexionar y accionar de los científicos y del sentido común del hombre cotidiano para poder asimilar y sintetizar esas nociones conceptualizadoras, muchas ya puestas en práctica, no siempre en beneficio de todos. (3)

El despliegue arrollador de la III Revolución Industrial, que algunos han denominado Postindustrial, Metaindustrial e Hiperindustrial y sus avances en las comunicaciones, la informática (computación, correo electrónico, Fax e Internet), el transporte, la industria aeroespacial, la robótica, la electrónica y microelectrónica, la biología, la biología molecular, la biogenética, la genética, la nanotología, los recientes descubrimientos de la física, la química, la bioquímica, etc., no pueden quedar en manos de élites políticas y académicos cientificistas irresponsables, no humanistas y anti-éticos porque corremos los mismos riesgos que sufrió la humanidad desde los tiempos del Renacimiento, la Ilustración y hasta de las anteriores Revoluciones Industriales.

Durante y después de esos procesos históricos se produjeron, entre otros acontecimientos, una enorme e incuantificable cantidad de guerras civiles y de intervenciones militares extranjeras, que hoy continúan ocurriendo a escalas imprevistas, muy a pesar del pregonado fin de la “Guerra Fría”, aconteciendo además, el desarrollo de una carrera armamentista inusitada; así como los incontrolados movimientos migratorios masivos de las zonas rurales hacia las ciudades y de los países más pobres hacia los más opulentos, incluyendo la compra o el robo de los mejores cerebros; el intenso comercio internacional desmedido, desigual y asimétrico para las zonas periféricas; se perpetúan las superexplotaciones de los obreros asalariados y de las naciones del denominado Tercer Mundo geopolítico, agobiadas por la enorme e impagable deuda externa; se multiplican los desempleados y los subempleados, así como los mercados informales, “subterráneos o negros”, que son fuentes inestables y precarias de trabajo; se desarrolló el fascismo - hoy neofascismo - con sus enormes cuotas de conflagraciones bélicas, crímenes, apartheid-racismo, xenofobia y exclusión; se retorna constantemente a la discriminación y marginación de las minorías étnico-nacionales, raciales, de géneros, generacionales y religiosas; se ha provocado la destrucción paulatina de las grandes zonas boscosas y de la fauna que habitan en ellas; se ha producido la agresión continuada a la biodiversidad de la Tierra; se ha incrementado la disminución de la capa ozono de la atmósfera terrestre; ha crecido la salinización y desertificación de los suelos fértiles; ha aumentado la toxicidad de los mares, los lagos y los ríos, entre otras calamidades, todo lo cual ha demostrado que el hombre en su afán de desarrollo a ultranza ha puesto en peligro el entorno, su medio ambiente y su propia existencia como especie. La investigadora Ilya Prigogine ha expuesto de una manera desoladora todas esas realidades de la siguiente forma: “El siglo XX ha transformado todo el planeta de mundo finito de certidumbre en mundo infinito de interrogación y duda”.

En la actualidad que vivimos, también las leyes de la mecánica, de la cuántica, de la termodinámica, la teoría de la relatividad, el “Big Bang”, los “agujeros negros” y los estudios analítico-críticos puros de muchas disciplinas científicas, así como la unilinealidad del progreso y otros paradigmas de las leyes universales del mundo de la física, la biología, la astronomía, la meteorología, entre otras ciencias duras-puras y las aplicadas, incluyendo las denominadas ciencias sociales, han caído en cierta “incertidumbre científica” y tienen abiertos nuevos caminos y enfoques, aunque continúan vigentes sus “núcleos duros” y las bases fundamentales de sus disciplinas. La realidades macro y micro, en muchas o en casi todas las esferas de la vida material y espiritual, han variado afectándose una a la otra de manera irreversible y todo se ha hecho más complejo, los reduccionismos han demostrado su no-validez y los conocimientos si no se adaptan a las nuevas condicionantes de la vida real y el propio desarrollo de las ideas, conceptos y teorías llevadas a la práctica, no podrán explicar y ni siquiera intentar transformar ese entorno.

Por otra parte, la mutabilidad y la reversibilidad de los procesos orgánicos e inorgánicos, los psíquicos y sociales, los políticos y económicos, el equilibrio en permanente desequilibrio, el caos y el orden en coexistencia posiblemente permanente, la difuminación y borrosidad, lo intangible, la influencia del azar en los sistemas regulares y estables, las pequeñas partes alterando el rumbo de los sistemas totales, los múltiples, grandes y pequeños, nodos-redes interrelacionándose más que nunca, así como la precariedad de los sistemas y sus paradojas ante la idea y la realidad de que los entes antagónicos coexisten necesariamente como parte del propio desarrollo, propiciando una dinámica real, tanto en los objetos como entre la intersubjetividad colectiva e individual, han subvertido en una gran magnitud y profundidad a todos los estudios científicos. Ya el todo no se puede sacrificar en el altar de las partes y viceversa. Y las crisis lejos de ser solamente destructoras pueden convertirse en la superación y en la creación de nuevas mutaciones y cambios totalizadores, con su ambigüedad, positiva y/o negativa, porque muchas esencias y fenómenos cohabitan en tensiones y dinámicas constantes.

La interdisciplinaridad, la multidisciplinaridad y la trasndisciplinaridad se han convertido en una urgencia para abordar colectivamente el estudio de cualquier problema científico. De ese modo surgió el marxismo en el siglo XIX y así debió continuar desarrollándose en el XX - aunque en algunos momentos no lo realizó de esa forma -, o sea tomando lo mejor de los avances de las ciencias naturales, exactas y sociales, e imbricándolas como un sistema para realizar un análisis concienzudo y profundo de la nunca simplista realidad que quería transformar. Porque nada debe observase, analizarse y experimentarse sin sus vínculos con otros sistemas y partes internas o externas.

Incluso hoy, el hombre-científico puede simular en los laboratorios situaciones “no normales”, es decir crear estados inestables en los cuales no existen parámetros medibles constantes, temperatura y presión por ejemplo. Asimismo sucede con los experimentos que se realizan en las naves espaciales, en una atmósfera sin gravedad y otras condiciones “extrañas” y especiales, en las cuales se pueden crear nuevos materiales sintéticos, químicos y hasta biológicos, abriendo caminos insospechados para algunas de las investigaciones científicas. La disipación, lo invisible y lo paranormal son acontecimientos reales, así como la autoorganización de los procesos y, todo lo que anteriormente eran polos opuestos y/o antagónicos irreconciliables, hoy no se excluyen en las ecuaciones de las posibles soluciones sino que se toman como complemento de esa realidad que, además de leyes, regularidades y normativas determinadas, tienen en cuenta los posibles quebrantamientos de esas “leyes”, no solo por parte de la subjetividad humana, sino por los propios procesos naturales, físicos y químicos, entre otros. La inclusión de muchas esencias y fenómenos, la heterogeneidad, la diversidad y lo múltiple son necesarios para entender las identidades, la integralidad y la unidad de nuestro mundo. La realidad que describió el marxismo de que el movimiento es eterno se consolida porque ese movimiento, en todas las direcciones y dimensiones, tensiona, induce dinámicas y, en última instancia, crecimiento y desarrollo, aunque también puede provocar desatinos, retrocesos y estancamientos. Aquella frase poética de Paul Eluard, parafraseándola, de que existen muchos mundos, pero todos están en éste, es un parte de esa posible verdad.

Sin embargo, esa síntesis de disciplinas no elimina ni subestima las particularidades de las diferentes ciencias y saberes científicos, que no han extraviado sus propios objetos de estudio y metodologías específicas, sino que deben y tienen que abrirse paso a una “nueva” dialéctica o, lo que es más correcto, hay que repensar dialécticamente la dialéctica. En el afán de desarrollar un nuevo pensamiento o enfoque teórico de la complejidad no puede dejar de preverse el peligro de establecer “teorías” que son mezclas y yuxtaposiciones, nunca síntesis creativas y originales, que retoman y reciclan lo que otras escuelas teóricas y metodológicas ya habían anunciado y enunciado. Aunque no resulta tan negativo investigar seriamente y tratar de forzar algunas de las regularidades y normativas, porque ello también conlleva a una dosis de singularidad creadora, pero siempre que mantengamos el control y la regulación de los proyectos y los procesos en curso.

El hombre-ciudadano, el pueblo y el intelectual revolucionario. Su articulación urgente.

La democratización máxima de los conocimientos científicos puede ayudar a evitar que continúe esta espiral insostenible de acciones violentas contra el ser humano y la naturaleza, que hoy se reconoce son partes de un todo indivisible, como lo determinaron los pueblos originarios. Pero ello solo es posible con un sistema sociopolítico y económico que garantice una educación con igualdad de oportunidades y un acceso libre a lo mejor de la cultura universal de todos los tiempos, incluido el presente, aunque a esta realidad no pueden estar ajenos la voluntad de los políticos y los gobernantes de las naciones, como tampoco la exigencia y participación protagónica de las masas populares en sus múltiples luchas reivindicativas permanentes y en el ejercicio del verdadero poder, léase la participación, representación, toma de decisiones y controlar-regular, verdadera forma de dominar y hegemonizar la nueva sociedad, libre de explotadores y opresores.

La ciencia contemporánea ha entrado en una nueva fase de desarrollo y urge de esa masificación popular de los conocimientos, porque debemos comprender qué es lo que está en juego con la clonación, el descubrimiento del genoma humano, las experiencias investigativas con el ADN, la implantación de las células madres, la eutanasia, hasta con las operaciones de cambio de sexo, y otros problemas que rebasan a la ciencia y caen, por su propio peso, en la ética y la bioética y, como correlato, en la sobrevivencia de la especie humana. Ello debe lograrse con una información y educación para todos y las determinaciones tienen que ser tomadas por una mayoría de forma consensuada, sin omitir y excluir a las minorías que no estén de acuerdo con las decisiones alcanzadas.

Sin embargo, los nuevos saberes y conocimientos requieren de un cuadro o especialista científico comprometido con las causas más elevadas de la humanidad, sea en el ámbito nacional o en el internacional, de un responsable académico maduro con una ética y humanismo universal, no ajeno a la suerte que pueden correr los desamparados, los desposeídos, hambrientos, los pobres, los marginados, explotados, discriminados y excluidos.

El científico que depara el futuro debe pensar y reflexionar, ante todo, en cómo transformar el mundo en algo mejor, sin distinción de razas, etnias, sexos, géneros, edades, religiones, ideas políticas y otras diversidades que deben coexistir en el más amplio consenso y con un gran objetivo delineado: hay que salvar a la humanidad y conducirla hacia el futuro con seguridad, sostenibilidad y desarrollo integral real. No se podrá ser, entonces, un buen comunicador y menos un mejor periodista y profesor si continuamos en la parcelación fragmentadora y no integradora de los conocimientos. Se requiere de un Educador con mayúscula y no de un simple maestro o instructor y, además, ser capaces de variar las técnicas de aprendizaje que tienen que ser muy interactivas para desarrollar la capacidad creativa de los que se involucren en el proceso. Y no es que se niegue la especialización, siempre tan necesaria, sino que se demanda también de una educación y cultura casi enciclopédica y holista para hacer posible que los demás aprendan, que sepamos enseñar-aprendiendo y comprendiendo juntos, incluyendo al ciudadano con el más común de los sentidos. En resumen, estamos urgidos de un intelectual revolucionario orgánico, tal como lo denominara el marxista italiano Antonio Gramsci, que sea capaz de “educar filosóficamente” a las masas populares para que no sean, otra vez, adoctrinadas maniqueamente y manipuladas con el propósito de desviarlas del rumbo emancipador nacional y social.

Nos viene a la mente, entonces, una anécdota singular: en la televisión de un hermano país de Nuestra América, salió una entrevista realizada a una cubana de la tercera edad, que versaba sobre la problemática de los ciclones y la meteorología. Al contestar a las preguntas de la periodista, esta mujer de pueblo, sin muchos dientes salvados, aspecto de gente muy humilde y con el trasfondo de una casa medio derruida, le hizo una explicación casi exacta de los problemas climatológicos y de las posibles apariciones de más ciclones en el Caribe y sus terribles impactos en Cuba. Su conocimiento empírico y, más que todo, interpretativo sobre esta temática estaba incorporado a su acervo cultural de forma definitoria gracias a las informaciones serias y rigurosas del Instituto de Meteorología de Cuba y su reflejo en la televisión y la radio del país. Era un símbolo real que rememoraba -con sus diferenciaciones de tiempo, espacio y situación educativa- aquella anécdota del famoso escritor inglés Gilbert K. Chesterton al ver a un grupo de campesinos de su país y que le hizo exclamar lleno de asombro, ante sus comportamientos correctos y adecuados: ¡que cultura tienen esos analfabetos!

Notas y referencias bibliográficas:

  1. Ignacio Ramonet Pensamiento único y nuevos amos del mundo, en Como nos venden la moto. Información, poder y concentración de medios, Editorial Paidos, Barcelona, 1998.
  2. Ignacio Ramonet  Un mundo sin rumbo, Debate, Madrid, 1997; Como nos venden la moto [...], Ob. Cit.; y, Propagandas Silenciosas, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2000.
  3. Pablo González Casanova  Las nuevas ciencias y las humanidades, De la Academia a la Política, Anthropos Editorial, México, 2004; Pedro Sotolongo Codina y Carlos Díaz Delgado La Revolución contemporánea del saber y la complejidad social. Hacia unas nuevas ciencias sociales de nuevo tipo, CLACSO, Buenos Aires, 2006.  

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba

Cuba también es un modelo de organización para luchar contra las calamidades de la naturaleza, por Emilio Marin

Tres huracanes en diez días azotaron a la Isla

En diez días a la Mayor de las Antillas la golpearon tres huracanes, que sembraron destrucción con vientos e inundaciones. La organización social y política cubana, un modelo contra catástrofes.

Para entender mejor cuán grave fue la catástrofe natural hay que acudir a la definición de Fidel Castro. En una de sus reflexiones de prensa la llamó “golpe nuclear”. Por el nivel de devastación súbita, fue como si su país hubiera sido objeto de un ataque atómico. Aunque, y en esto radica la ventaja del sistema social cubano, las víctimas principales no fueron los seres humanos, puestos a resguardo con previsión y organización envidiables, sino los bienes materiales.

Viviendas, cosechas, edificios, escuelas, hospitales, depósitos de alimentos, líneas eléctricas, etc., fueron barridas, destartaladas, volteadas, etc., por las ráfagas del viento del “Fey”, el “Gustav” y finalmente el “Ike”.

Y la temporada ciclónica no ha terminado en esa zona del Caribe, por lo que puede haber nuevos problemas de ese tipo.

Por suerte -y está mal aludir a la fortuna pues el gran artífice fue la planificación y la política-, la población no había tenido que lamentar muertos. Invicta en esta clase de lides, perdió esa condición con el “Ike”, que mató a siete personas que no acataron las directivas de la Defensa Civil y los propios vecinos.

En comparación, hay que decir que los muertos se contaron por más de doscientos en Haití, República Dominicana y otros países de la zona; incluso en Estados Unidos el “Gustav” mató a 26 ciudadanos pese a que allí tocó tierra en el golfo de México con la mitad de la fuerza asesina con que lo había hecho en Cuba. En esta no murió nadie en esa ocasión, pese a tratarse de un huracán categoría 4 en la escala Saffir-Simpson que se bebía los vientos a 240 kilómetros por hora.

Pero por más que en La Habana haya un gobierno dedicado a resolver los problemas de su gente con honradez y eficacia, si pasan tres huracanes en menos de dos semanas y a muchas zonas las barren los tres, al derecho y al revés, es inevitable que haya destrucción y dramas por todas partes.

Una de las pocas cosas favorables fue que los embalses se llenaron de agua. El Instituto Nacional de Recursos Hídricos informó que los 239 embalses que administra estaban al tope. Debió ser la única noticia positiva en medio de la catástrofe, pues suele ser afectado a dos puntas, alternativamente: sequías y huracanes.

Lo primero que surge a la vista cuando una nación es sometida a pruebas como esas, es la madera de la que están hechos sus gobiernos. En 2005 “Katrina” dejó 2.000 muertos en Estados Unidos, en su mayoría negros y pobres, con la administración Bush que mandó soldados para defender las propiedades. En Cuba, en cambio, lo fundamental a salvar eran las vidas. Por eso, además de planes específicos de prevención, en medio del “Gustav” se mando a grupos de rescates al mar durante horas hasta salvar a un grupo de pescadores. El texano los hubiera dejado como comida de tiburones. En la isla no se deja a nadie en la estacada. Otro ejemplo: el edificio del Consejo de Estado sirvió de albergue a los vecinos de La Timba, uno de los barrios más humildes de La Habana. ¿Alguien imagina a la Casa Rosada abriéndose para alojar a los vecinos de la Villa 31 de Retiro?

Poco luto, mucho dolor

Aclarado el punto de que en la isla generalmente no hay que llorar muertos ante estos ciclones, vientos huracanados e inundaciones, hay que decir que los daños materiales han sido colosales. Según el rápido inventario gubernamental, 445.000 viviendas han sido severamente dañadas, con voladura de techos y otros daños. Dentro de este lote, 64.000 casas directamente se vinieron abajo, sólo quedaron las ruinas, convirtiéndose en una prioridad para la tarea de reconstrucción.

Los cubanos tendrán que hacerlo, como hacen todo, basándose en sus propias fuerzas y secundariamente en ayuda de países de buena voluntad. Como se sabe, de los miles de millones de dólares que el Banco Mundial y el BID asignan a países del continente, aquellos están excluidos. No reciben ni un dólar.

La estructura hospitalaria y educacional también sufrió el duro impacto de “Gustav” e “Ike”. Más de 2.600 centros docentes fueron destruidos parcial o totalmente y más de 300 hospitales, policlínicos y consultorios fueron dañados. Sin embargo eso no fue óbice para que casi inmediatamente 2.5 millón de escolares reanudaran sus clases en las escuelas donde se podía funcionar o en otros establecimientos habilitados al efecto.

Las lluvias reportadas afectaron a más de 4.000 toneladas de alimentos en almacenes y bodegas del Estado, que normalmente los reparten entre la población. Fueron muy dañadas las cosechas de hortalizas, vegetales, caña y café, perdiéndose 32.000 hectáreas de plátano y más de 10.000 hectáreas de otros renglones en las provincias orientales.

A modo de balance, el gobierno de la isla ha estimado las pérdidas en 5.000 millones de dólares, que en ese país y en cualquier otro son un dineral, en particular para un país pequeño y bloqueado por una superpotencia en forma total desde hace 46 años.

Justamente la actitud de la Casa Blanca contrastó con las voces y aportes solidarios que hicieron gobiernos de Brasil, Rusia, Venezuela, China, Argentina y otros. George Bush ofreció 100.000 dólares de ayuda si previamente el gobierno de Raúl Castro autorizaba la llegada al lugar de un “equipo de evaluación humanitaria con el fin de inspeccionar las áreas afectadas”. La cancillería de Felipe Pérez Roque le contestó que el gobierno local tiene perfectamente evaluado lo sucedido. Añadió que EE UU debe levantar el bloqueo, para permitir a la isla adquirir alimentos y otros productos necesarios.

En las antípodas

Que durante la peor temporada de ciclones en 45 años, aún así, la administración Bush no aflojara ni un centímetro el bloqueo a Cuba, es una postal de su criminalidad.

En contraste, cuando EE UU sufrió los atentados a las Torres Gemelas, el gobierno de Fidel Castro ofreció sus aeropuertos para las tareas de salvataje. Y en ocasión de “Katrina”, puso a disposición de EE UU la brigada médica “Henry Reeves” para socorrer a los enfermos e inundados. Ni uno ni otro ofrecimiento fueron aceptados por Washington, pese a que el candidato Barack Obama pidió que se flexibilizara por tres meses la prohibición de viajes de norteamericanos a la isla y de girar remesas a los familiares.

Más allá de que algunos argentinos hagan culto del analfabetismo político con el credo de que “a mí la política no me interesa”, se demuestra que estas catástrofes naturales también demandan cierta formación política para poder sobrevivir.

Los cubanos sobreviven a esas “bombas nucleares” porque cuentan con un gobierno que cuenta con un plan de prevención, consistente en dos fases: el alerta y el programa de acción propiamente dicho.

En la primera etapa un rol determinante lo tiene el Instituto de Meteorología, con su director José Rubiera, de alto prestigio. A la hora de las acciones, se destacan todos los niveles del gobierno, comenzando por los principales dirigentes del Estado, el Partido, la Juventud, los Comités de Defensa de la Revolución, la Defensa Civil, los miles de voluntarios, las tropas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y tantas otras entidades.

Pero todas esas planificaciones quedarían reducidas a papel mojado, inservible, si la propia población no tuviera un alto nivel cultural y político, una disciplina y confianza en sus autoridades. Al contar con eso y mucho más, el Estado puede mover a lugares seguros a más de 3 millones de personas y utilizar como en esta oportunidad a más de 10.000 medios de transporte, sin reportarse ni un accidente. ¿Cómo es que allí no hubo pillajes ni saqueos, propios de las sociedades capitalistas donde prevalece el “sálvese quien pueda”? La respuesta está en el tipo de sociedad que se construye en la isla y los principios que orientan a la mayoría de su gente, no a toda por supuesto.

Aún los enemigos del socialismo de Cuba tendrán que admitir que ese sistema social y ese desarrollo educacional y cultural es capaz de superar tanto los bloqueos imperiales como los huracanes y otras catástrofes de la enojada naturaleza.

www.laarena.com.ar, editoriales

En el Foro de la Sociedad Civil Cubana exigen levantamiento definitivo del bloqueo, por Maria Julia Mayoral

Foro de la sociedad civil cubanaLa verdadera solidaridad con los cubanos sería el levantamiento definitivo del bloqueo que padecemos hace 50 años, dijeron ayer representantes de 166 organizaciones de la sociedad civil en la Isla, al considerar el supuesto interés del gobierno estadounidense de socorrer a nuestro pueblo en la difícil situación creada por los recientes huracanes.

En la Declaración Especial, emitida durante un foro sobre derechos humanos, también se respalda la posición del Gobierno Revolucionario de que si EE.UU. desea prestar alguna ayuda, autorice —al menos durante seis meses— la compra de materiales indispensables para la reconstrucción a empresas norteamericanas, y el otorgamiento de créditos normales en las operaciones comerciales.

El debate, que contó en su inauguración con la presencia del canciller Felipe Pérez Roque, fue convocado por 15 Organizaciones No Gubernamentales radicadas en nuestro país (13 nacionales, la Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes y la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina), todas ellas con estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC).

Los participantes en este segundo foro también aprobaron una Declaración Final en la que ratifican su rechazo al bloqueo y califican de inadmisible la pretensión de EE.UU. —en complicidad con otros gobiernos— de presentar a grupúsculos de mercenarios internos, financiados por la USAID, la CIA e instituciones afines, como si fueran defensores de los derechos humanos.

Dos destacados intelectuales, Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el doctor Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí, tuvieron a su cargo, respectivamente, el inicio y la clausura de la cita.

Cuba: la dialéctica de la Naturaleza, por Antonio Maira

Me duele Cuba hasta la rabia infinita, hasta que se me pulverizan las entrañas de dolor. Amo a Cuba como expresión social y humana de un futuro indiscutible; tan indiscutible como la esperanza y el amor a la vida.

Amo también a Cuba porque allí viven 10 millones de héroes -que sin más armas que el coraje- han defendido, frente a todos, agitando la bandera de la Revolución a los casi un millón de iraquíes asesinados por el Imperio en el peor genocidio de la Historia.

Amo a Cuba -10 millones de humanidades plenas- que han agitado la bandera de la Revolución frente a un bloqueo genocida, defendiendo hasta la extenuación física a centenares de millones de hambrientos que son parte de los miles de millones de sombras humanas que pueblan el planeta.

A los 10 millones de héroes y seres humanos admirables en su solidaridad, fraternidad, igualdad y dignidad, les voy a hacer partícipes de la dialéctica de la naturaleza y la barbarie.

A todos les dedico un Apéndice de esperanza. Y al sabio Fidel del que estoy a años luz del verdadero conocimiento. Él, con su dignidad y su amor a la Humanidad casi increíble, me hizo ver cómo es la dialéctica social en la Historia de las últimas décadas. Me ayudó a vislumbrar -y a poder ver con claridad empírica más tarde-, como este Imperio de ahora está también a años luz del de Hitler, en barbarie.

Nota científica:

Lo que produce las “gigantescas entradas del mar” -en ciudades como La Habana y la enorme proporción de tierras llanas y casi deshabitadas de Cuba; o en ciudades como Nueva Orleáns y el superpoblado delta del Missisipi-; no es el resultado de la combinación entre tormenta tropical (no huracán) entrando desde el sur de Cuba en mar abierta; sino entre elevación del nivel del mar debido a las mar

Lo que produce las “entradas de punta a punta” en la zona norte de la isla es la combinación entre tormenta tropical (no huracán) reducido a tormenta atlántica (con vientos fuertes aunque no huracanados, pero muy extensa), pero con vientos no huracanados, al norte de Cuba y grandes mareas atlánticas “desicigias”.

Eso sólo puede producirse cuando la luna llena se coloca entre el Sol y la Tierra.

El Sol se alinea con la Luna, con la tierra en medio. Son las noches blancas al revés.

Sólo puede ocurrir entre finales de agosto y el día 21 de septiembre: justo a medio camino entre el equinoccio de primavera y el solsticio de invierno.

El primer huracán devastador que cruzó por la zona más estrecha de Cuba –cortando perpendicularmente la provincia de Pinar del Río es un fenómeno infrecuente.

El segundo huracán catastrófico cruzando de Este a Oeste la isla completa fue un fenómeno vinculado con la astronomía de ciclo larguisímo. Sólo puede ocurrir con la luna llena saliendo por el horizonte justo en el punto cardinal Este cuando el Sol se está poniendo justo en el punto cardinal W.

Tal fenómeno –astronomía de ciclo larguísimo- va a ocurrir en los próximos años.

La inclinación de la parte ancha de Cuba con relación al Ecuador y hacia el Sur debe ser próxima a la inclinación de la línea equinoccial con relación al Ecuador.

El día terrible para un fenómeno de estas características estará en los próximos años en torno a finales de agosto o principios de septiembre.

Abrazo a Cuba.