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Cuba: coraje y valor

Los Cinco de Cuba y la industria del castigo de Estados Unidos

Por Salvador Capote

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Leonard Weinglass se marchó habiendo cumplido bien la obra de la vida. La nota del Comité Internacional por la Libertad de los 5 Cubanos, informando de su muerte, nos recuerda su extraordinaria sensibilidad y solidaridad como ser humano, ante los crueles e innecesarios castigos a que han sido sometidos nuestros cinco hermanos en las prisiones de Estados Unidos y su denuncia constante del confinamiento en celdas de castigo y de las medidas arbitrarias para dificultar o impedir las visitas y la comunicación con los familiares más cercanos.

Me pregunto qué hubiera sido de los cinco héroes de Cuba de no ser por la firmeza ideológica, el coraje y el patriotismo que han mostrado a través de todo el proceso judicial, por la inmensa red de solidaridad internacional que no los ha abandonado, ni los abandonará hasta que podamos abrazarlos en libertad, y por hombres como Leonard Weinglass que representan lo más honrado, digno y generoso del pueblo norteamericano.

Len nos dejó sabiendo que la victoria es segura. Porque el sistema de prisiones de Estados Unidos está diseñado para destruir la identidad del prisionero, quebrar su voluntad, lograr que abandone, como a la entrada del infierno del Dante, toda esperanza. Y el sistema falló con los Cinco de Cuba. No han podido atemorizarlos, ni callarlos, ni rendirlos, y el clamor universal por su liberación persigue a los verdugos -Ricardo Alarcón lo advirtió- como una maldición gitana.

Los que encerrando a los hombres creen encerrar las ideas no han tomado en cuenta que las injusticias cometidas contra los Cinco atraen la atención del mundo hacia la crisis estructural y moral del sistema de justicia norteamericano.

¿Qué sistema de justicia condenó a los Cinco?

Estados Unidos es el país con mayor población penal del mundo, tanto en valores absolutos (2 292 133 prisioneros) como relativos (743 por 100,000 habitantes). Si se cuentan los que están en centros de detención especiales, los ex convictos, y los que están bajo el status de “probation” o “parole” (modalidades de libertad condicional), la cifra asciende a 6.9 millones, la cual, por sí sola, serviría para demostrar el fracaso del modelo democrático capitalista norteamericano (*). De acuerdo al “International Centre for Prison Studies” (cifras de 2005), de 9 000 000 de personas presas en instituciones penales de todo el mundo, la cuarta parte, 2 193 798, corresponde a Estados Unidos, 1.5 veces más que en China, que tiene una población cuatro veces mayor.

Pero las grietas del sistema son mucho más profundas y numerosas. Más del 70 % de los que están encerrados en las prisiones y cárceles de Estados Unidos son negros, aunque el primer lugar per cápita lo tienen los americanos nativos (indios). La población penal femenina, sobre todo de mujeres negras, ha ido en aumento a través de los años (8.9 % actualmente). El hacinamiento existe en todos los establecimientos penales pero es mucho mayor en las prisiones federales (150.1 % de la capacidad). En California, 50 presos mueren cada año debido a las condiciones higiénicas y a la falta de atención médica.

El encarcelamiento masivo en Estados Unidos se ha convertido en instrumento para tratar de resolver los problemas sociales, creando así un círculo vicioso. Los recursos que debían destinarse a programas para combatir la pobreza, la ignorancia, la drogadicción, el desempleo, son desviados para construir y mantener un número cada vez mayor de cárceles y prisiones.

En los dos últimos años fueron ejecutadas en Estados Unidos 98 personas (52 en 2009 y 46 en 2010), aproximadamente una cada semana. Una investigación independiente de la Universidad de Maryland (2004) reveló que, de 12 reos en el corredor de la muerte de ese Estado, casi todos provenían de un solo condado, Baltimore County y 8 de ellos eran negros.

La hiperplasia penitenciaria norteamericana ha sido tan enorme, que una parte del crecimiento ha sido absorbido por la empresa privada. La privatización de las cárceles y prisiones es tal vez la mayor aberración del sistema pero es altamente lucrativa. Cada preso cuesta $22,000 anuales al contribuyente. La “industria del castigo” -término acuñado por Ángela Davis-, es una de las actividades económicas más rentables.

El tema es muy amplio y no pretendo agotarlo. Tendría que hablar todavía de la corrupción en el poder judicial, de los prisioneros políticos (muchos más que los que han dado a conocer al pueblo norteamericano), de las torturas en Abu Ghraib, Guantánamo y en el propio territorio de Estados Unidos, de las cárceles clandestinas creados por Estados Unidos en diversos países, etc.

Este es el sistema de justicia –o injusticia- que impera en Estados Unidos. Los millones de hombres y mujeres que desde todos los países del mundo exigimos la inmediata libertad de los Cinco, no podemos dejar solos a nuestros hermanos ni la fracción infinitesimal de un segundo; que los verdugos sepan que -como aconsejaba Weinglass- el mundo estará vigilando continuamente y no podrán actuar con impunidad desde la sombra.

René González saldrá libre en octubre de este año sin que puedan impedirlo. ¿Qué harán entonces el gobierno de Estados Unidos, los políticos corruptos, los periodistas vendidos, los jueces venales, la mafia terrorista de Miami? ¿Cómo podrán impedir que reciba en la Isla el reconocimiento emocionado de todo un pueblo a su lealtad a la Patria, a su valor y a su entereza? ¿Cómo podrán evitar que la voz de René, con la tremenda autoridad que da el ejemplo, se multiplique en las voces de un coro universal que clamará entonces, con más fuerza que nunca, por la libertad del resto de sus compañeros?

(*) Salvo cuando se indica otra fuente, los datos de este artículo han sido tomados del U.S. Bureau of Justice Statistics.

Enviado por su autor a Cuba coraje

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